sábado, 28 de febrero de 2015

CERVANTES Y EL QUIJOTE EN EL CALLEJERO DE CAMPO DE CRIPTANA (XIV)



                DULCINEA

Don Quijote, tras decidir ser caballero andante, puso nombre a su caballo (Rocinante) y a si mismo (Don Quijote de la Mancha) y “ se dio a entender que no le faltaba otra cosa sino buscar una dama de quien enamorarse; porque el caballero andante sin amores era árbol sin hojas y sin fruto, y cuerpo sin alma     (...) . Mucho se alegró “ cuando halló á quien dar nombre de su dama (...). Y fué, á lo que se cree, que en un lugar cerca del suyo habia una moza labradora de muy buen parecer, de quien él un tiempo anduvo enamorado, aunque, segun se entiende, ella jamas lo supo ni se dió cata dello. Llamábase Aldonza Lorenzo, y á ésta le pareció ser bien darle título de señora de sus pensamientos “. También la “bautizó” por su cuenta: “ y buscándole nombre que no desdijese mucho del suyo, y que tirase y se encaminase al de princesa y gran señora, vino a llamarla DULCINEA DEL TOBOSO, porque era natural del Toboso: nombre á su parecer músico y peregrino y significativo, como todos los demas que á él y á sus cosas había puesto “ (Capítulo I, 1ª parte).

Las invocaciones a Dulcinea por parte de Don Quijote son muy frecuentes a lo largo de la obra; he aquí un ejemplo del principio, en la primera salida del hidalgo: “ ¡ Oh princesa Dulcinea, señora deste cautivo corazon ! Mucho agravio me habedes  fecho en despedirme y reprocharme con el riguroso afincamiento de mandarme no parecer ante la vuestra fermosura. Plégaos, señora, de membraros deste vuestro sujeto corazon, que tantas cuitas por vuestro amor padece “ (Capítulo II, 1ª parte). Estando en Sierra Morena, Don Quijote dedica a su amada expresiones dignas de mención: “ Oh Dulcinea del Toboso, dia de mi noche, gloria de mi pena, norte de mis caminos, estrella de mi ventura “ (Capítulo XXV, 1ª parte).

El encuentro con los mercaderes toledanos
(G. Doré)
Para Don Quijote Dulcinea es el ser humano más excelso. Al encontrarse, tras salir de la venta donde fue armado caballero, con los mercaderes toledanos que iban a comprar seda a Murcia         “ levantó Don Quijote la voz, y con ademan arrogante dijo: Todo el mundo se tenga, si todo el mundo no confiesa que no hay en el mundo todo doncella más hermosa que la emperatriz de la Mancha, la sin par Dulcinea del Toboso “. Al darse cuenta de su locura, uno de los mercaderes, en tono de burla, le dice que para hacer esa declaración han de verla. Nuestro hidalgo, por defender la hermosura  de  su dama, no dudará  en enfrentarse a aquella gente: “ La importancia   está en que sin verla lo habeis  de creer, confesar, afirmar, jurar y defender; donde nó, conmigo sois en batalla, gente descomunal y soberbia: que ahora vengais uno á uno, como pide la órden de caballería, ora todos juntos, como es costumbre y mala usanza de los de vuestra ralea, aquí os aguardo y espero, confiado en la razon que de mi parte tengo “. Ante la insistencia en la burla, que atribuía supuestos defectos a su amada, Don Quijote se irrita: “ no es tuerta ni corcovada, sino más derecha que un huso de Guadarrama; pero vosotros pagareis la grande blasfemia que habeis dicho contra tamaña beldad como es la de mi señora. Y en diciendo esto, arremetió con la lanza baja contra el que lo habia dicho, con tanta furia y enojo, que si la buena suerte no hiciera que en la mitad del camino tropezara y cayera Rocinante, lo pasara mal el atrevido mercader. Cayó Rocinante, y fué rodando su amo una buena pieza por el campo, y queriéndose levantar, jamas pudo (...). Y entre tanto que pugnaba por levantarse, y no podia, estaba diciendo: Non fuyais, gente cobarde, gente cautiva; atended, que nó por culpa mia, sino de mi caballo, estoy aquí tendido “  (Capítulo IV, 1ª parte). Mal le fue al caballero, pues fue molido a palos.

Yendo Don Quijote y Sancho al entierro de Grisóstomo se encontraron con unos caballeros que iban a Sevilla, a uno de los cuales, llamado Vivaldo, le cuenta Don Quijote quién era su dama: “ su nombre es Dulcinea, su patria el Toboso, un lugar de la Mancha, su calidad por lo ménos ha de ser de princesa, pues es reina y señora mia; su hermosura sobrehumana, pues en ella se vienen á hacer verdaderos todos los imposibles y quiméricos atributos de belleza que los poetas dan á sus damas; que sus cabellos son oro, su frente campos elíseos, sus cejas arcos del cielo, sus ojos soles, sus mejillas rosas, sus labios corales, perlas sus dientes, alabastro su cuello, mármol su pecho, marfil sus manos, su blancura nieve, y las partes que á la vista humana encubrió la honestidad son tales, según yo pienso y entiendo, que sólo la discreta consideración puede encarecerlas y nó   compararlas “. Vivaldo le pregunta por su linaje y alcurnia. “ Á lo cual respondió Don Quijote: No es de los antiguos Curcios, Gayos y Cipiones romanos; ni de los modernos Colonas y Ursinos; ni de los Moncadas y Requesenes de Cataluña; ni ménos de los Rebellas y Villanovas de Valencia; Palafojes, Nuzas, Rocabertis, Corellas, Lunas, Alagones, Urreas, Foces y Gurreas de Aragon; Cerdas, Manriquez, Mendozas y Guzmanes de Castilla; Alencastros, Pallas y Meneses de Portugal; pero es de los del Toboso de la Mancha, linaje, aunque moderno, tal, que puede dar generoso principio á las más ilustres familias de los venideros siglos “. Oyendo todo esto, Sancho no permanecía impasible: “ Sancho Panza pensaba que cuanto su amo decia era verdad, sabiendo él quien era, y habiéndole conocido desde su nacimiento; y en lo que dudaba algo era en creer aquello de la linda Dulcinea del Toboso, porque nunca tal nombre ni tal princesa habia llegado jamas á su noticia, aunque vivia tan cerca del Toboso “ (Capítulo XIII, 1ª parte).

Don Quijote y Sancho
adentrándose en Sierra Morena
(G. Doré)
Cuando Don Quijote habla con Sancho en Sierra Morena sobre una carta que éste ha de llevar a Dulcinea, dice de ésta: “ á  lo que yo me sé acordar, Dulcinea no sabe escribir ni leer “. Sobre su relación amorosa, aclara: “ mis amores y los suyos han sido siempre platónicos, sin extenderse á más que á un honesto mirar, y áun esto tan de cuando en cuando, que osaré jurar con verdad, que en doce años que ha que la quiero más que á la lumbre destos ojos que ha de comer la tierra, no la he visto cuatro veces, y áun podrá ser que destas cuatro veces no hubiese ella echado de ver la una que la miraba “, lo que Don Quijote relaciona con la actitud de los padres de Dulcinea: “ tal es el recato y encerramiento con que su padre Lorenzo Corchuelo y su madre Aldonza Nogales la han criado “. Cuando esto dice Don Quijote, Sancho afirma saber quién es: “ bien la conozco (...) y sé decir que tira tan bien una barra como el más forzudo zagal de todo el pueblo: vive el Dador que es moza de chapa, hecha y derecha, y de pelo en pecho, y que puede sacar la barba del lodo á cualquier caballero andante ó por andar que la tuviere por señora. ¡ Oh hideputa, qué rejo que tiene, y qué voz !  Sé decir que se puso un dia encima del campanario del aldea á llamar unos zagales suyos que andaban en un barbecho de su padre, y aunque estaban de allí más de media legua, así la oyeron como si estuvieran al pié de la torre; y lo mejor que tiene es que no es nada melindrosa, porque tiene mucho de cortesana; con todos se burla, y de todo hace mueca y donaire. Ahora digo, señor, caballero de la Triste Figura, que no solamente puede y debe vuestra merced hacer locuras por ella, sino que con justo título puede desesperarse y ahorcarse, que nadie habrá que lo sepa que no diga que hizo demasiado de bien, puesto que le lleve el diablo “.

Y prosigue Sancho: “ hasta aquí he estado en una grande ignorancia, que pensaba bien y fielmente que la señora Dulcinea debia de ser alguna princesa de quien vuestra merced estaba enamorado, ó alguna persona tal que mereciese los ricos presentes que vuestra merced le ha enviado, así el del vizcaíno como el de los galeotes, y otros muchos que deben ser, según deben de ser muchas las vitorias que vuestra merced ha ganado y ganó en el tiempo que yo  aún no era su escudero; pero bien considerado, ¿ qué se le ha de dar á la señora Aldonza Lorenzo, digo, á la señora Dulcinea del Toboso, de que se le vayan á hincar de rodillas delante della los vencidos que vuestra merced le envia y ha de enviar ? porque podria ser que al tiempo que  ellos llegasen estuviese ella rastrillando lino ó trillando en las eras, y ellos se corriesen de verla, y ella se riese y enfadase del presente “.


Don Quijote le contesta: “ Sancho, por lo que yo quiero á Dulcinea del Toboso, tanto vale como la más alta princesa de la tierra: sí que no todos los poetas que alaban dama debajo de un nombre que ellos á su albedrío les ponen, es verdad que las tienen. ¿ piensas tu, que las Amarilis , las Filis, las Silvias, las Dianas, las Galateas, las Alidas, y otras tales de que los libros, los romances, las tiendas de los barberos, los teatros de las comedias están llenos, fueron verdaderamente damas de carne y hueso, y de aquellos que las celebran  y celebraron ? nó por cierto, sino que las más se las fingen por dar sujeto á sus versos, y porque los tengan por enamorados y por hombres que tienen valor para serlo; y así, bástame á mí pensar y creer que la buena de Aldonza Lorenzo es hermosa y honesta, y en lo del linaje importa poco, que no han de ir á hacer la información dél para darle algun hábito, y yo me hago cuenta que es la más alta princesa del mundo; porque has de saber, Sancho, si no lo sabes, que dos cosas solas incitan á amar más que otras, que son la mucha hermosura y la buena fama, y estas dos cosas se hallan consumadamente en Dulcinea, porque en ser hermosa ninguna le iguala, y en la buena fama pocas le llegan: y para concluir con todo, yo imagino que todo lo que digo es así, sin que sóbre ni falte nada; y píntola en mi imaginación como la deseo, así en la belleza como en la principalidad; y ni la llega Elena, ni la alcanza Lucrecia, ni otra alguna de las famosas mujeres de las edades pretéritas, griega, bárbara  ó latina: y diga cada uno lo que quisiere, que si por esto fuere reprendido de los ignorantes, no seré castigado de los rigurosos “ (Capítulo XXV, 1ª    parte).

FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS



sábado, 21 de febrero de 2015

CERVANTES Y EL QUIJOTE EN EL CALLEJERO DE CAMPO DE CRIPTANA (XIII)



                     SANCHO PANZA (cont.)

En el capítulo XLV de la 2ª parte Sancho toma posesión como supuesto gobernador de la supuesta ínsula, menester en el que tiene que soportar no pocas burlas, entre las que se cuenta la de hacerle juzgar en causas tales como resolver las diferencias entre un sastre y su cliente, resolver el pleito entre una mujer y un hombre al que acusaba de haberla forzado, etc., etc.

Sancho Panza y sus problemas
con el doctor Pedro Recio por la comida
(G. Doré)
Una de ellas es la de la comida, que abundantemente se le pone delante pero le es prohibida por una u otra razón por el médico Pedro Recio Agüero de Tirteafuera. Sancho, con hambre notable, dice, dirigiéndose al médico: “ quíteseme luego de delante; sino voto al sol que tome un garrote, y que á garrotazos, comenzando por él, no me ha de quedar médico en toda la ínsula, á lo menos de aquellos que yo entienda que son ignorantes; que á los  médicos sabios, prudentes y discretos los pondré sobre mi cabeza, y los honraré como á personas divinas: y vuelvo á decir que se me vaya Pedro Recio de aquí, sino tomaré esta silla donde estoy sentado, y se la estrellaré en la cabeza; y pídanmelo en residencia, que yo me descargaré con decir que hice servicio á Dios en matar á un mal médico, verdugo de la república; y denme de comer, ó sino tómense su gobierno, que oficio que no da de comer á su dueño, no vale dos habas “  (Capítulo XLVII, 2ª parte).

Sobre las costumbres gastronómicas de Sancho es ejemplar lo que dice al doctor Pedro Recio: “ Mirad, señor doctor, de aquí adelante no os cureis de darme á comer cosas regaladas ni manjares exquisitos, porque será sacar á mi estómago de sus quicios, el cual está acostumbrado á cabra, á vaca, á tocino, á cecina, á nabos y a cebollas, y si acaso le dan otros manjares de palacio, los recibe con melindre y algunas veces con asco: lo que el maestresala puede hacer es traerme estas que llaman ollas podridas, que mientras más podridas son, mejor huelen, y en ellas puede embaular y encerrar todo lo que él quisiere, como sea de comer, que yo se lo agradeceré y se lo pagaré algun dia “  (Capítulo XLIX, 2ª parte).

La entrada al pueblo cuando el regreso definitivo tiene como hecho trascendental, tras los saludos al cura y al bachiller, el encuentro con su mujer y su hija. La esposa se extraña de verlo como venía y no como gobernador. Sancho hace balance de su aventura: “ Calla, Teresa, respondió Sancho, que muchas veces donde hay estacas no hay tocinos; y vámonos á nuestra casa, que allá oirás maravillas. Dineros traigo, que es lo que importa, ganados por mi industria y sin daño de nadie “  (Capítulo LXXIII, 2ª  parte).

Caballero y escudero
regresan definitivamente a su pueblo
(G. Doré)
Los seis días que Don Quijote estuvo, antes de morir, en la cama con calentura estuvo “ sin quitársele de la cabecera Sancho Panza, su buen escudero “  relata  Cervantes. Como sus amigos, Sancho animaba al enfermo. Cuando el médico que lo atendió dijo que su vida corría peligro y debía ponerse a bien con Dios, Sancho, al igual que el ama y la sobrina, lloraba “ tiernamente “ como si su amo hubiera ya muerto. Don Quijote días después se confiesa y Sancho vuelve a la casa: “ Sancho (que ya sabia por nuevas del bachiller en qué estado estaba su señor) hallando á la ama y á la sobrina llorosas, comenzó á hacer pucheros y á derramar lágrimas “. Cuando el cura confirma que se va a morir Don Quijote y que va a hacer testamento, Sancho vuelve a llorar y suspirar.

El caballero no se olvida de su fiel escudero en el testamento, según se dijo más arriba. Don Quijote después le pide perdón por las locuras pasadas, lo que hace reaccionar a Sancho: “ ¡Ay! respondió Sancho llorando, no se muera vuesa merced, señor mio, sino tome mi consejo y viva muchos años, porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir sin más ni más, sin que nadie le mate, ni otras manos le acaben que las de la melancolía. Mire no sea perezoso, sino levántese desa cama, y vámonos al campo, vestidos de pastores, como tenemos concertado; quizá tras de alguna mata hallaremos á la señora Dulcinea desencantada, que no haya más que ver. Si es que se muere de pesar de verse vencido, écheme á mí la culpa, diciendo que por haber yo cinchado mal á Rocinante le derribaron: cuanto más que vuesa merced habrá visto en sus libros de caballerías ser cosa ordinaria derribarse unos caballeros á otros, y el que es vencido hoy, ser vencedor mañana “. Tres días vivió Don Quijote desde que hizo testamento. Tras morir “ andaba la casa alborotada; pero con todo comia la sobrina, brindaba el ama, y se regocijaba Sancho Panza; que esto del heredar algo borra ó templa en el heredero la memoria de la pena que es razon que deje el muerto “  (Capítulo LXXIV, 2ª parte). Aun así, lo dice también Cervantes, no dejó de estar presente el llanto de Sancho.

Tras el prólogo de la primera parte se insertan varios poemas, dos de ellos dedicados a Sancho Panza: 

“ GANDALIN, ESCUDERO DE AMADIS DE GAULA, Á SANCHO PANZA,

ESCUDERO DE DON QUIJOTE

SONETO

Salve, varon famoso, á quien fortuna,
Cuando en el trato escuderil te puso,
Tan blanda y cuerdamente lo dispuso,
Que lo pasaste sin desgracia alguna.

Ya la azada ó la hoz poco repuna
Al andante ejercicio, ya está en uso
La llaneza escudera con que acuso
Al soberbio que intenta hollar la luna.

Envidio á tu jumento y á tu nombre,
Y á tus alforjas igualmente envidio,
Que mostraron tu cuerda providencia.

Salve otra vez, oh Sancho, tan buen hombre,
Que á solo tú, nuestro español Ovidio
Con buzcorona te hace reverencia. “


“ DEL FAMOSO POETA ENTREVERADO Á SANCHO PANZA

Soy Sancho Panza, escude-
Del manchego Don Quijo-;
Puse piés en polvoro-
Por vivir á lo discre-;
Que el tácito Villadie-
Toda su razon de esta-
Cifró en una retira-,
Según siente Celesti-,
Libro en mi opinión divi-,
Si encubriera más lo huma-. “

Y he aquí lo que decía de Sancho uno de los académicos de Argamasilla: 


“ DEL BURLADOR, ACADÉMICO ARGAMASILLESCO,

Á SANCHO PANZA

SONETO

Sancho Panza es aqueste en cuerpo chico,
Pero grande en valor (¡ milagro extraño ! );
Escudero el más simple y sin engaño
Que tuvo el mundo, os juro y certifico:

De ser conde no estuvo en un tantico,
Si no se conjuraran en su daño
Insolencias y agravios del tacaño
Siglo, que aún no perdonan á un borrico.

Sobre él anduvo (con perdon se miente)
Este manso escudero, tras el manso
Caballo Rocinante, y tras su dueño.

¡ Oh vanas esperanzas de la gente,
Cómo pasais con prometer descanso,
Y al fin parais en sombra, en humo, en sueño ! “
( Capítulo LII, 1ª parte ).  



                FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS

lunes, 16 de febrero de 2015

CERVANTES Y EL QUIJOTE EN EL CALLEJERO DE CAMPO DE CRIPTANA (XII)

           SANCHO PANZA (cont.)

Sancho tenía muy asumido el asunto de la ínsula, como queda muy claro tras la pelea de Don Quijote con el vizcaíno: “ Viendo, pues, ya acabada la pendencia, y que su amo volvía a subir sobre Rocinante, llegó a tenerle el estribo, y ántes que subiese se hincó de rodillas delante dél, y asiéndole de la mano se la besó y le dijo: Sea vuestra merced servido, señor Don Quijote mío, de darme el gobierno de la ínsula que en esta rigurosa pendencia se ha ganado, que, por grande que sea, yo me siento con fuerzas de saberla gobernar tal y tan bien como otro que haya gobernado ínsulas en el mundo“ . No obstante, cuando piensa en que hay otra forma posible de hacer fortuna con más facilidad, no le importa dejar de pensar en ese gobierno. En efecto, Don Quijote, tratando de hacerse curar las heridas recibidas en la lucha contra el vizcaíno, le menciona las cualidades del bálsamo de Fierabrás: “ Es un bálsamo (...) con el cual no hay que tener temor á la muerte, ni hay que pensar morir de ferida alguna: y ansí, cuando yo le haga y te le dé, no tienes más que hacer sino que, cuando vieres que en alguna batalla me han partido por medio del cuerpo, como muchas veces suele acontecer, bonitamente la parte del cuerpo que hubiere caido en el suelo, y con mucha sotileza, ántes que la sangre se hiele, la pondrás sobre la otra mitad que quedare en la silla, advirtiendo de encajallo igualmente y al justo: luego me darás á beber solo dos tragos del bálsamo que he dicho, y verásme quedar más sano que una manzana“. Ante tales bondades ve claro el negocio: “ Si eso hay, dijo Panza, yo renuncio desde aquí el gobierno de la prometida ínsula, y no quiero otra cosa en pago de mis muchos y buenos servicios, sino que vuestra merced me dé la receta de ese extremado licor, que para mí tengo que valdrá la onza adonde quiera más de á dos reales, y no he menester yo más para pasar esta vida honrada y descansadamente “  (Capítulo X, 1ª parte).

Sancho Panza es manteado
en la venta (G. Doré)
También hay ocasión en que Sancho se desanima, a pesar de la promesa recibida, y quiere volver a la vida anterior a la de escudero. Así, tras haberlo pasado bastante mal, al ser manteado en la venta, dice a don Quijote: “ y lo que yo saco en limpio de todo esto es, que estas aventuras que andamos buscando, al cabo al cabo nos han de traer á tantas desventuras, que no sepamos cuál es nuestro pié derecho; y lo que seria mejor y más acertado, según mi poco entendimiento, fuera el volvernos á nuestro lugar, ahora que es tiempo de la siega, y de entender en la hacienda, dejándonos de andar de zeca en meca y de zoca en colodra, como dicen “  (Capítulo XVIII, 1ª parte).

Pero a pesar de los pesares, a lo largo de la obra Sancho Panza se va convenciendo de que Don Quijote hará que él tenga algún cargo o título, y por ello desea que su amo llegue a ser rey o emperador, mas no arzobispo pues en ese caso qué cargo o nombramiento recibiría él dado que estaba casado y con hijos. En este sentido, cuando la bella Dorotea se hace pasar por la princesa heredera del imaginario reino de Micomicón y hace a don Quijote promesas de casamiento si la libra de un malvado gigante, y el hidalgo, pensando en Dulcinea, le dice que la boda no podrá ser, Sancho se le rebela, señal no sólo de su codicia personal sino de cómo se integra en las fantasías de su amo: “ Parecióle tan mal á Sancho lo que últimamente su amo dijo, acerca de no querer casarse, que con grande enojo, alzando la voz, dijo: Voto á mí, y juro á mí, que no tiene vuestra merced, señor Don Quijote, cabal juicio: pues ¿ cómo es posible que pone vuestra merced en duda el casarse con tal alta princesa como aquesta ? ¿ piensa que le ha de ofrecer la fortuna tras cada cantillo semejante ventura como la que ahora se le ofrece ? ¿ es por dicha más hermosa mi señora Dulcinea ? Nó por cierto, ni aún con la mitad, y aún estoy por decir que no llega á su zapato de la que está delante: así noramala alcanzaré yo el condado que espero, si vuestra merced se anda á pedir cotufas en el golfo: cásese, cásese luego, encomiéndole yo á Satanas, y tome ese reino que se le viene á las manos de vobis vobis, y en siendo rey hágame marques ó adelantado, y luego siquiera se lo lleve el diablo todo “  (Capítulo XXX, 1ª parte).

Sancho administrando justicia
durante su gobierno en la ínsula
(G. Doré)
Manifestada por Don Quijote a Sansón Carrasco su voluntad de efectuar una tercera salida, Sancho confía en recibir recompensa, tal como Don Quijote le había prometido: “ Yo, señor Sansón, no pienso granjear fama de valiente, sino del  mejor y más leal escudero que jamas sirvió á caballero andante: y si mi señor Don Quijote, obligado de mis muchos y buenos servicios, quisiera darme alguna  ínsula de las muchas que su merced dice que se ha de topar por ahí, recibiré mucha merced en ello; y cuando no me la diere, nacido soy, y no ha de vivir el hombre en hoto de otro, sino de Dios; y más que tan bien y aun quizá mejor me sabrá el pan desgobernado, que siendo gobernador:  y  ¿ sé yo por ventura si en esos gobiernos me tiene aparejada el diablo alguna zancadilla donde tropiece y caiga y me deshaga las muelas ?  Sancho nací, y Sancho pienso morir. Pero si con todo esto, de buenas á buenas, sin mucha solicitud y sin mucho riesgo,  me deparase el cielo alguna ínsula, ó otra cosa semejante, no soy tan necio que la desechase, que tambien se dice: cuando te dieren la vaquilla, corre con la soguilla; y cuando viene el bien, mételo en tu casa “. Sansón Carrasco le dice que un reino le dará su amo, a lo que Sancho responde:    “ no echara mi señor el reino que me diera en saco roto; que yo he tomado el pulso á mí mismo, y me hallo con salud para regir reinos y gobernar ínsulas “ . Sansón entonces le indica “ que los oficios mudan las costumbres, y podría ser que, viéndoos gobernador, no conociésedes á la madre que os parió “ , a lo que Sancho contesta: “ Eso allá se ha de entender (...) con los que nacieron en las malvas, y nó con los que tienen sobre el alma cuatro dedos de enjundia de cristianos viejos, como yo los tengo “   (Capítulo IV, 2ª parte).

Sancho es objeto de burlas en la ínsula
(G. Doré)
La mezcla de realidad y fantasía que se da en la mente de Sancho se deja ver en las reflexiones que hace cuando vuelven a la aldea con Don Quijote enjaulado tras su segunda salida: 
“ Ahora, señores, quiéranme bien ó quiéranme mal por lo que dijere, el caso de ello es, que así va encantado mi señor don Quijote como mi madre: él tiene su entero juicio, él come y bebe, y hace sus necesidades como los demas hombres, y como las hacia ayer ántes que le enjaulasen. Siendo esto ansí, ¿ cómo quieren hacerme á mí entender que va encantado ? Pues yo he oido decir á muchas personas, que los encantados ni comen, ni duermen, ni hablan, y mi amo, si no le van á la mano, hablará más que treinta procuradores. Y volviéndose á mirar al cura, prosiguió diciendo: ¡Ah señor cura, señor cura! 
¿ pensaba vuestra merced que no le   conozco ? ¿ y pensará que yo no calo y adivino adonde se encaminan estos nuevos encantamentos? Pues sepa que le conozco, por más que se encubra el rostro, y sepa que le entiendo, por más que disimule sus embustes. En fin, donde reina la envidia no puede vivir la virtud, ni adonde hay escasez la liberalidad. Mal haya el diablo, que si por su reverencia no fuera, esta fuera ya la hora que mi señor estuviera casado con la infanta Micomicona, y yo fuera conde por lo ménos, pues no se podia esperar otra cosa, así de la bondad de mi señor el de la Triste Figura , como de la grandeza de mis servicios; pero ya veo que es verdad lo que se dice por ahí, que la rueda de la fortuna anda más lista que una rueda de molino, y que los que ayer estaban en pinganitos hoy están por el suelo. De mis hijos y de mi mujer me pesa, pues cuando podian y debian esperar ver entrar á su padre por sus puertas hecho gobernador ó visorey de alguna ínsula ó reino, le verán entrar hecho mozo de caballos. Todo esto que he dicho, señor cura, no es más de por encarecer á su paternidad haga conciencia del mal tratamiento que á mi señor se le hace, y mire bien no le pida Dios en la otra vida esta prisión de mi amo, y se le haga cargo de todos aquellos socorros y bienes que mi señor Don Quijote deja de hacer en este tiempo que está preso “  ( Capítulo XLVII, 1ª parte).

Ante la inminencia de ir a gobernar la ínsula, es interesante la conversación entre amo y escudero: “ Dios te guie, Sancho, y te gobierne en tu gobierno, y á mí me saque del escrúpulo que me queda, que has de dar con toda la ínsula patas arriba; cosa que pudiera yo excusar con descubrir al Duque quién eres, diciéndole que toda esa gordura y esa personilla que tienes no es otra cosa que un costal lleno de refranes y de malicias. Señor, replicó Sancho, si á vuesa merced le parece que no soy de pro para este gobierno, desde aquí le suelto, que más quiero un solo negro de la uña de mi alma, que á todo mi cuerpo; y así me sustentaré Sancho á secas con pan y cebolla, como gobernador con perdices y capones; y más que mientras se duerme todos son iguales, los grandes y los menores, los pobres y los ricos; y si vuesa merced mira en ello,  verá que sólo vuesa merced me ha puesto en esto de gobernar, que yo no sé más de gobiernos de ínsulas que un buitre; y si se imagina que por ser gobernador me ha de llevar el diablo, más me quiero ir Sancho al cielo, que gobernador al infierno “. Esto que dice convence a su señor: “ Por Dios, Sancho, dijo Don Quijote, que por solas estas últimas razones que has dicho, juzgo que mereces ser gobernador de mil ínsulas: buen natural tienes, sin el cual no hay ciencia que valga “   (Capítulo XLIII, 2ª parte).



     FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS


viernes, 13 de febrero de 2015

CERVANTES Y EL QUIJOTE EN EL CALLEJERO DE CAMPO DE CRIPTANA (XI)

                         


             SANCHO PANZA (cont.)

Sancho era buen bebedor de vino. Camino de Puerto Lápice, tras la aventura de los molinos de viento, “ se acomodó Sancho lo mejor que pudo sobre su jumento, y sacando de las alforjas lo que en ellas habia puesto, iba caminando y comiendo detrás de su amo muy de su espacio, y de cuando en cuando empinaba la bota con tanto gusto, que le pudiera envidiar el más regalado bodegonero de Málaga. Y en tanto que él iba de aquella manera menudeando tragos, no se le acordaba de ninguna promesa que su amo le hubiese hecho, ni tenia por ningun trabajo, sino por mucho descanso, andar buscando las aventuras, por peligrosas que fuesen “ (Capítulo VIII, 1ª parte).   

De igual manera era buen conocedor de vinos. Estando en animada conversación con el escudero del Caballero del Bosque, ambos deciden beber algo porque de tanto hablar se les secaba la boca. Sancho bebe del vino que se le ofrece empinando la bota: “ estuvo mirando las estrellas un cuarto de hora; y en acabando de beber dejó caer la cabeza á un lado, y dando un gran suspiro, dijo: ¡Oh hideputa bellaco, y cómo es católico! (...) dígame, señor, por el siglo de lo que más quiere, ¿ este vino es de Ciudad Real ? ¡Bravo mojon! respondió el del Bosque; en verdad que no es de otra parte, y que tiene algunos años de ancianidad “. Sancho manifiesta que es lógico que entienda de vinos pues en ese menester tenía buenos antecedentes familiares:   “ ¡Á mí con eso! dijo Sancho, no tomeis ménos sino que se me fuera á mí por alto dar alcance á su conocimiento. ¿ No será bueno, señor escudero, que tenga yo un instinto tan grande y tan natural en esto de conocer vinos, que en dándome á oler cualquiera, acierto la patria, el linaje, el sabor y la dura, y las vueltas que ha de dar, con todas las circunstancias al vino atañaderas ? Pero no hay de que maravillarse, si tuve en mi linaje, por parte de mi padre, los dos más excelentes mojones que en luengos años conoció la Mancha “  (Capítulo XIII, 2ª parte).
  
Don Quijote y Sancho con los cabreros
(G. Doré)
Sobre las costumbres de Sancho al comer buen ejemplo es el pasaje en que están con los cabreros y Don Quijote le dice a Sancho que coma junto a él “ porque de la caballería andante se puede decir, lo mesmo que del amor se dice, que todas las cosas iguala “. Sancho le responde: “ sé decir á vuestra merced, que como yo tuviese bien de comer, tan bien y mejor me lo comeria en pié y á mis solas, como sentado á par de un emperador. Y aún, si va á decir verdad,, mucho mejor me sabe lo que como en mi rincón, sin melindres ni respetos, aunque sea pan y cebolla, que los gallipavos de otras mesas, donde me sea forzoso mascar despacio, beber poco, limpiarme á menudo, no estornudar ni toser, si me viene gana, ni hacer otras cosas que la soledad y la libertad traen consigo “ (Capítulo XI, 1ª parte).  Acerca del modo de comer de Sancho, cuando están en Barcelona, en casa del rico caballero Don Antonio Moreno, es muy elocuente la conversación entre ellos: “ Estando á la mesa, dijo Don Antonio á Sancho:  Acá, tenemos noticia, buen Sancho, que sois tan amigo de manjar  blanco y de albondiguillas, que si os sobran las guardais en el seno para el otro dia. Nó señor, no es así, respondió Sancho, porque tengo más de limpio que de goloso; y mi señor Don Quijote, que está delante, sabe bien que con un puño de bellotas ó de nueces nos solemos pasar entrambos ocho dias: verdad es que si tal vez me sucede que me den la vaquilla, corro con la soguilla; quiero decir, que como lo que me dan, y uso de los tiempos como los hallo; y quien quiera que hubiere dicho que yo soy comedor aventajado, y nó limpio, téngase por dicho que no  acierta “. Don Quijote corrobora lo que dice Sancho: “ Por cierto, dijo don Quijote, que la parsimonia y limpieza con que Sancho come se puede escribir y grabar en láminas de bronce, para que quede en memoria eterna en los siglos venideros. Verdad es que cuando él tiene hambre parece algo tragon, porque come apriesa y masca á dos carrillos; pero la limpieza siempre la tiene en su punto, y en el tiempo que fue gobernador aprendió á comer á lo melindroso, tanto, que comia con tenedor las uvas y aun los granos de la granada “ (Capítulo LXII, 2ª parte).
Sancho, hombre
de buenas maneras en el comer
(G. Doré)

No era inclinado a la pendencia por la pendencia. Cuando don Quijote lo alecciona en el sentido de que sólo puede tomar las armas para ayudarle cuando no sea atacado por un caballero, Sancho le asegura: “ Por cierto, señor, (...) que vuestra merced sea muy bien obedecido en esto; y más que yo de mio me soy pacífico y enemigo de meterme en ruidos ni pendencias: bien es verdad que en lo que tocare á defender mi persona, no tendré mucha cuenta con esas leyes, pues las divinas y humanas permiten que cada uno se defienda de quien quisiere agraviarle “  (Capítulo VIII, 1ª parte).

Una característica de la personalidad de Sancho es su facilidad para decir lo que sabe. Así, cuando en la venta, tras el episodio con Maritornes, Don Quijote quiere que le guarde el secreto de algo que le va a contar, Sancho dice: “ Soy enemigo de guardar mucho las cosas, y no querria que se me pudriesen de guardadas “  (Capítulo XVII, 1ª parte).

Don Quijote tenía una idea muy clara de cómo era su escudero. Estando en la residencia de los duques dice de él:“ Sancho Panza es uno de los más graciosos escuderos que jamas sirvió á caballero andante: tiene á veces unas simplicidades tan agudas, que el pensar si es simple ó agudo causa no pequeño contento: tiene malicias que le condenan por bellaco, y descuidos que le confirman por bobo: duda de todo, y créelo todo: cuando pienso que se va á despeñar de tonto, sale con unas discreciones que le levantan al cielo. Finalmente, yo no lo trocaria con otro escudero, aunque me diesen de añadidura una ciudad; y así estoy en duda si será bien enviarle al gobierno de quien vuestra grandeza le ha hecho merced  [la ínsula] , aunque veo en él una cierta aptitud para esto de gobernar, que atusándole tantico el entendimiento, se saldria con cualquiera gobierno, como el rey con sus alcabalas; y más que ya por muchas experiencias sabemos que no es menester ni mucha habilidad ni muchas letras para ser uno gobernador, pues hay por ahí ciento que apenas saben leer, y gobiernan como unos girifaltes: el toque está en que tengan buena intención y deseen acertar en todo, que nunca les faltará quien les aconseje y encamine en lo que han de hacer, como los gobernadores caballeros y no letrados, que sentencian con asesor “ (Capítulo XXII, 2ª  parte).

Hablando con la Duquesa, cuando ésta le dice que mire cómo ha de gobernar en la ínsula que el duque le había prometido, Sancho dice de sí mismo: “ soy caritativo de mio, y tengo compasión de los pobres (...) soy perro viejo, y entiendo todo tus tus, y sé despabilarme á sus tiempos, y no consiento que me anden musarañas ante los ojos, porque sé dónde me aprieta el zapato: dígolo porque los buenos tendrán conmigo mano y concavidad, y los malos ni pié ni entrada (...) quien ha sido buen escudero, será buen gobernador “  (Capítulo XXXIII, 2ª parte).

Sobre el carácter y forma de ser de Sancho, no puede dejar de recordarse el pasaje en que siente mucho miedo cuando él y Don Quijote, en medio de la noche, oyen ruidos raros, que en realidad eran los producidos por el funcionamiento de un batán: “ oyeron á deshora otro estruendo que les aguó el contento del agua, especialmente á Sancho, que naturalmente era medroso y de poco ánimo: digo que oyeron que daban unos golpes á compas, con un cierto crujir de hierros y cadenas, que, acompañados del furioso estruendo del agua, pusieran pavor á cualquier otro corazon que no fuera el de Don Quijote “.

Ante el batán que tanto miedo
infundió a Sancho
(G. Doré)
El miedo de Sancho crece cuando Don Quijote le dice que lo espere por espacio de tres días mientras él se ocupa de la nueva aventura que al parecer se le presenta, y que si pasados los tres días no vuelve vaya a El Toboso a dar la mala noticia de su muerte a Dulcinea:  “ Cuando Sancho oyó las palabras de su amo, comenzó á llorar con la mayor ternura del mundo y á decile: Señor, yo no sé por qué quiere vuestra merced acometer esta tan temerosa aventura: ahora es de noche, aquí no nos ve nadie, bien podemos torcer el camino y desviarnos del peligro, aunque no bebamos en tres dias; y pues no hay quien nos vea, ménos habrá quien nos note de cobardes: cuanto más que yo he oido predicar al cura de nuestro lugar, que vuestra merced bien conoce, que quien busca el peligro perece en él  (...), muévale el pensar y creer que apenas se habrá vuestra merced apartado de aquí, cuando yo de miedo dé mi ánima a quien quisiere llevarla “. Es entonces cuando Sancho menciona que había sido pastor, al hablarle a Don Quijote de su conocimiento del paso del tiempo; Don Quijote le pregunta cómo es que sabe tanto sobre cálculo del tiempo siendo la noche tan oscura y no viéndose ninguna estrella, y Sancho le responde: “ pero tiene el miedo muchos ojos, y ve las cosas debajo de tierra, cuanto más encima en el cielo, puesto que por buen discurso bien se puede entender que hay poco de aquí al dia “ .

Ante la insistencia de Don Quijote de marcharse y dejarlo solo, Sancho amaneó a Rocinante para que no pudiese andar y lograr que Don Quijote no se fuese: “ de manera que cuando don Quijote se quiso partir no pudo, porque el caballo no se podia mover sino á saltos (...) y  [Sancho] llegándose á él, puso la una mano en el arzón delantero, y la otra en el otro, de modo que quedó abrazado con el muslo izquierdo de su amo, sin osarse apartar dél un dedo: tal era el miedo que tenia á los golpes que todavía alternativamente sonaban “. Es entonces cuando Sancho narra a su señor el cuento de la pastora Torralba, al finalizar el cual tiene lugar un episodio más que divertido:

“ parece ser, ó que el frio de la mañana que ya venia, ó que Sancho hubiese cenado algunas cosas lenitivas, ó que fuese cosa natural (que es lo que más se debe creer), á él le vino en voluntad y deseo de hacer lo que otro no pudiera hacer por él; mas era tanto el miedo que habia entrado en su corazon, que no osaba apartarse un negro de uña de su amo: pues pensar de no hacer lo que tenia gana, tampoco era posible; y así, lo que hizo, por bien de paz, fue soltar la mano derecha, que tenia asida al arzón trasero, con la cual bonitamente y sin rumor alguno se soltó la lazada corrediza con que los calzones se sostenian, sin ayuda de otra alguna, y en quitándosela dieron luego abajo, y se le quedaron como grillos: tras esto alzó la camisa lo mejor que pudo, y echó al aire entrambas posaderas, que no eran muy pequeñas: hecho esto (que él pensó que era lo más que tenia que hacer para salir de aquel terrible aprieto y angustia) le sobrevino otra mayor, que fue que le pareció que no podia mudarse sin hacer estrépito y ruido, y comenzó á apretar los dientes y á encoger los hombros, recogiendo en sí el aliento todo cuanto podia; pero con todas estas diligencias fué tan desdichado, que al cabo al cabo vino á hacer un poco de ruido, bien diferente de aquel que á él le ponia tanto miedo. Oyólo Don Quijote y dijo: ¿ Qué rumor es ese, Sancho ? No sé, señor, respondió él, alguna cosa nueva debe de ser, que las aventuras y desventuras nunca comienzan por poco. Tornó otra vez á probar ventura, y sucedióle tan bien, que sin más ruido ni alboroto que el pasado, se halló libre de la carga que tanta pesadumbre le habia dado: mas como Don Quijote tenia el sentido del olfato tan vivo como el de los oidos, y Sancho estaba tan junto y cosido con él, que casi por línea recta subian los vapores hácia arriba, no se pudo excusar de que algunos no llegasen á sus narices; y apenas hubieron llegado, cuando él fué al socorro, apretándolas entre los dos dedos, y con tono algo gangoso dijo: Paréceme, Sancho, que tienes mucho miedo. Sí tengo, respondió Sancho; mas ¿ en qué lo echa de ver vuestra merced ahora más que nunca ? En que ahora más que nunca hueles, y nó á ámbar, respondió Don Quijote. Bien podrá ser, dijo Sancho; mas yo no tengo la culpa, sino vuestra merced, que me trae á deshoras y por estos no acostumbrados pasos. Retírate tres ó cuatro allá, amigo, dijo Don Quijote (todo esto sin quitarse los dedos de las narices), y desde aquí adelante ten más cuenta con tu persona, y con lo que debes á la mia, que la mucha conversación que tengo contigo ha engendrado este menosprecio. Apostaré, replicó Sancho, que piensa vuestra merced que yo he hecho de mi persona alguna cosa que no deba. Peor es meneallo, amigo Sancho, respondió Don Quijote “.

Al llegar el día, ya suelto Rocinante, Don Quijote vuelve a decir que él se va y que Sancho vaya a ver a Dulcinea para darle el recado de parte de Don Quijote. “ De nuevo tornó a llorar Sancho, oyendo de nuevo las lastimeras razones de su buen señor , y determinó de no dejarle hasta el último tránsito y fin de aquel negocio. Destas lágrimas y determinación tan honrada de Sancho Panza, saca el autor desta historia que debia de ser bien nacido, y por lo ménos cristiano viejo “ (Capítulo XX, 1ª parte). Es entonces cuando ambos descubrieron el batán.


       FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS

jueves, 12 de febrero de 2015

CERVANTES Y EL QUIJOTE EN EL CALLEJERO DE CAMPO DE CRIPTANA (X)


            SANCHO PANZA (cont.)


Entre señor y escudero son frecuentes los detalles de cariño que sentían uno hacia otro. En relación con ello, no son pocas las veces en que don Quijote se dirige a su escudero llamándole “Sancho el bueno“ o “Sancho bueno“.

"Sancho bueno, Sancho amigo"
Uno de los amores de Sancho es su rucio. Encontrarlo después de haberlo perdido le supuso una inmensa alegría cuando se produce el regreso a la aldea tras la segunda salida: “ vieron venir por el camino donde ellos iban á un hombre caballero sobre su jumento, y cuando llegó cerca les pareció que era gitano; pero Sancho Panza, que do quiera que veia asnos se le iban los ojos y el alma, apénas hubo visto al hombre, cuando conoció que era Gines de Pasamonte, y por el hilo del gitano sacó el ovillo de su asno, como era la verdad, pues era el rucio sobre que Pasamonte venia: el cual, por no ser conocido y por vender el asno, se habia puesto en traje de gitano. (...) Vióle Sancho y conocióle, y apenas le hubo visto y conocido, cuando á grandes voces le dijo: Ah ladron Ginesillo, deja mi prenda, suelta mi vida, no te empaches con mi descanso, deja mi asno, deja mi regalo, huye puto, auséntate ladron, y desampara lo que no es tuyo “ . Tras salir huyendo Ginés “ Sancho llegó á su rucio, y abrazándole le dijo: ¿ Cómo has estado, bien mio, rucio de mis ojos, compañero mio ? Y con esto le besaba y acariciaba como si fuera persona “ (Capítulo XXX, 1ª parte).  De forma semejante manifiesta Sancho el cariño hacia su caballería cuando tras abandonar la ínsula ambos caen por una sima y Sancho comparte con su rucio el alimento que llevaba: “ Estaba el rucio boca arriba, y Sancho Panza le acomodó de modo que le puso en pié, que apenas se podia tener; y sacando de las alforjas, que tambien habian corrido la mesma fortuna de la caida, un pedazo de pan, lo dio á su jumento, que no le supo mal; y díjole Sancho, como si lo entendiera: Todos los duelos con pan son buenos “  (Capítulo LV, 2ª parte).

Sobre su apariencia externa, Don Quijote lo caracteriza bien cuando tras afirmar de sí mismo Sancho lo señalado anteriormente y su elegancia cuando vista, si llega la ocasión, con ropa de duque, leemos: “ Bien parecerás, dijo don Quijote; pero será menester que  te rapes las barbas á menudo, que según las tienes de espesas, aborrascadas y mal puestas, si no te las rapas á navaja cada dos dias por lo ménos, á tiro de escopeta se echará de ver lo que eres   (Capítulo XXI, 1ª parte).

Sirve para caracterizarlo también lo que dice de sí mismo cuando al principio de la tercera salida, camino de El Toboso, Sansón Carrasco les refiere lo que hay escrito sobre ellos en la segunda parte apócrifa: “ bien es verdad que soy algo malicioso, y que tengo mis ciertos asomos de bellaco; pero todo lo cubre y tapa la gran capa de la simpleza mia, siempre natural y nunca artificiosa: y cuando otra cosa no tuviese sino el creer, como siempre creo, firme y verdaderamente en Dios y en todo aquello que tiene y cree la santa Iglesia católica romana, y el ser enemigo mortal , como lo soy, de los judíos, debian los historiadores tener misericordia de mí, y tratarme bien en sus escritos; pero digan lo que quisieren, que desnudo nací, desnudo me hallo, ni pierdo ni gano; aunque por verme puesto en libros, y andar por ese mundo de mano en mano, no me da un higo que digan de mí todo lo que quisieren “  ( Capítulo VIII, 2ª parte ).

Sobre el tratamiento que de Sancho hace la segunda parte apócrifa de la obra se habla estando en la venta cuando van camino de Zaragoza. Uno de los caballeros allí presente dice: “ no os trata este autor moderno con la limpieza que en vuestra persona se muestra: píntaos comedor y simple, y no nada gracioso, y muy otro del Sancho que en la primera parte de la historia de vuestro amo se describe “. Sancho replica: “ Que me maten, señores, si el autor deste libro que vuesas mercedes tienen, quiere que no comamos buenas migas juntos: yo querria que ya que me llaman comilon, como vuesas mercedes dicen, no me llamase tambien borracho “, a lo que contesta el mencionado caballero: “ Sí llama, dijo don Jerónimo; pero no me acuerdo en qué manera, aunque sé que son malsonantes las razones, y ademas mentirosas, según yo echo de ver en la fisonomía del buen Sancho que está presente “  (Capítulo LIX, 2ª parte).

También en relación con esa parte apócrifa, cuando de regreso definitivo a la aldea Don Quijote y Sancho se encuentran con Don Álvaro Tarfe, Sancho se describe a sí mismo: “ el verdadero Sancho Panza soy yo, que tengo más gracias que llovidas: y sino haga vuesa merced la experiencia, y ándese tras de mí por lo ménos un año, y verá que se me caen á cada paso, y tales y tantas, que sin saber yo las más veces lo que me digo, hago reir á cuantos me escuchan “  (Capítulo LXXI, 2ª parte).

Tras haberle ordenado Don Quijote volver a El Toboso para ver a Dulcinea y darle su recado, Sancho, comparándose con su señor, dice sobre él mismo: “ Este mi amo, por mil señales he visto que es un loco de atar, y áun tambien yo no le quedo en zaga, pues soy más mentecato que él, pues le sigo y le sirvo, si es verdadero el refran que dice: dime con quién andas, decirte he quién eres; y el otro de: nó con quien naces, sino con quien   paces “  (Capítulo X, 2ª parte).

Era terco. Es lo que manifiesta cuando decide marcharse de la ínsula: “ Yo soy del linaje de los Panzas,  que todos son testarudos, y si una vez dicen nones, nones han de ser, aunque sean pares, á pesar de todo el mundo “  (Capítulo LIII, 2ª parte).
  
Cervantes lo califica de caritativo con motivo del encuentro que, tras haber dejado la ínsula y yendo en busca de Don Quijote, tiene con unos peregrinos que le pedían limosna: “ sacó de sus alforjas medio pan y medio queso, de que venia proveido, y dióselo, diciéndoles por señas que no tenia otra cosa que darles “  (Capítulo LIV, 2ª parte). Por cierto, uno de esos peregrinos era Ricote el morisco, vecino de Sancho que se había marchado de casa en cumplimiento del bando real y había estado en Francia y otros países europeos.

Sancho era muy dado al uso de refranes. Por citar sólo algún ejemplo, en el pasaje en que están por Sierra Morena y van hablando sobre lo que les había contado Cardenio, Sancho enlaza unos cuantos: “ con su pan se lo coman” , “ de mis viñas vengo, no sé nada” ,” el que compra y miente en su bolsa lo siente “ , “ desnudo nací, desnudo me hallo, ni pierdo ni gano “ , “ muchos piensan que hay tocinos, y no hay estacas “ , etc., etc. Tantos utiliza, que hace saltar a su amo: “ ¡Válame Dios, dijo Don Quijote, y ¡qué de necedades vas, Sancho, ensartando! ¿ Qué va de lo que tratamos á los refranes que enhilas ? Por tu vida, Sancho, que calles “  (Capítulo XXV, 1ª parte).
Don Quijote aconseja a Sancho
(G. Doré)

Don Quijote, cuando está dándole consejos para cuando esté de gobernador de la ínsula, le advierte sobre esa costumbre de los refranes y entre ellos se traba una interesante conversación: “ Tambien, Sancho, no has de mezclar en tus pláticas la muchedumbre de refranes que sueles, que puesto que los refranes son sentencias breves, muchas veces los traes tan por los cabellos, que más parecen disparates que sentencias. Eso Dios lo puede remediar, respondió Sancho, porque sé más refranes que un libro, y viénenseme tantos juntos á la boca cuando hablo, que riñen por salir unos con otros; pero la lengua va arrojando los primeros que encuentra, aunque no vengan á pelo; mas yo tendré cuenta de aquí delante de decir los que convengan á la gravedad de mi cargo, que en casa llena presto se guisa la cena, y quien destaja no baraja, y á buen salvo está el que repica, y el dar y el tener seso ha menester. Eso sí, Sancho, dijo Don Quijote, encaja, ensarta, enhila refranes, que nadie te va á la mano: castígame mi madre, y yo trompógelas. Estoite diciendo que excuses refranes, y en un instante has echado aquí una letanía dellos, que así cuadran con lo que vamos tratando como por los cerros de Úbeda. Mira, Sancho, no te digo yo que parece mal un refran traido á propósito; pero cargar y ensartar refranes á trochemoche, hace la plática desmayada y baja “. Como Sancho proseguía con el refranero, su amo acaba indignándose: “ ¡Oh maldito seas de Dios, Sancho! dijo á esta sazon Don Quijote: sesenta mil satanases te lleven á ti y á tus refranes. Una hora ha que los estás ensartando, y dándome con cada uno tragos de tormento. Yo te aseguro que estos refranes te han de llevar un dia á la horca; por ellos te han de quitar el gobierno tus vasallos, ó ha de haber entre ellos comunidades.“ E insiste: “ Dime ¿dónde los hallas, ignorante? ¿o como los aplicas, mentecato? que para decir yo uno, y aplicarle bien sudo y trabajo como si cavase “  (Capítulo X,  2ª parte).

Pese al uso casi continuo de refranes, Sancho, al fin y al cabo, tenía poca cultura y no era raro que errara bastante en el uso del lenguaje. En el episodio de la boda de Camacho Don Quijote lo reprende por los juicios que vertía, a lo que él dijo: “ sé que no he dicho muchas necedades en lo que he dicho, sino que vuesa merced, señor mio, siempre es friscal de mis dichos y áun de mis hechos “, a lo que responde su amo: “ Fiscal has de decir (...) que nó friscal, prevaricador del buen lenguaje, que Dios te confunda “. Sancho justifica su falta de competencia en el uso del lenguaje: “ No se apunte vuesa merced conmigo (...), pues sabe que no me he criado en la corte, ni he estudiado en Salamanca, para saber si añado ó quito alguna letra á mis vocablos. Sí que, válgame Dios, no hay para qué obligar al sayagués á que hable como el toledano; y toledanos puede haber que no las corten en el aire en esto del hablar polido “  (Capítulo XIX, 2ª parte ). Sancho era incapaz de escribir o de leer, sólo escribía su nombre. Sobre los consejos de Don Quijote para ejercer como gobernador, decía él: “ no se me acuerda ni acordará más dellos que de las nubes de antaño; y así  será menester que se me den por escrito, que puesto que no sé leer ni escribir, yo se los daré á mi confesor para que me los encaje y recapacite cuando fuere menester (...). Bien sé firmar mi nombre, respondió Sancho, que cuando fui prioste en mi lugar aprendí á hacer unas letras como de marca de fardo, que decian que decia mi nombre “  (Capítulo XLIII, 2ª parte).

Lo cierto es que Sancho se caracterizaba por “ hablar por los codos ” . En relación con la elección de marido que hace Quiteria entre Basilio y el rico Camacho, Sancho protagoniza una larga parrafada que acaba así:   “ Sobre un buen cimiento se puede levantar un buen edificio, y el mejor cimiento y zanja del mundo es el dinero “ . Don Quijote le espeta: “ Por quien Dios es, Sancho (...), que concluyas con tu arenga, que tengo para mí que si te dejasen seguir en las que á cada paso comienzas, no te quedaria tiempo para comer ni para dormir, que todo lo gastarias en hablar “. Al respecto, y tras la plática que sobre el tema de la muerte mantienen caballero y escudero, dice don Quijote: “ No más, Sancho (...): tente en buenas y no te dejes caer, que en verdad que lo que has dicho de la muerte por tus rústicos términos es lo que pudiera decir un buen predicador. Dígote, Sancho, que si como tienes buen natural, tuvieras discreción, pudieras tomar un púlpito en la mano y irte por ese mundo predicando lindezas “  (Capítulo XX, 2ª parte).  

Sancho se tenía por hombre de poca memoria. Cuando Don Quijote, estando por Sierra Morena, le dice que le va a leer la carta que escribe a Dulcinea, por si se le pierde por el camino, contesta Sancho: “ Escríbala vuestra merced dos ó tres veces ahí en el libro, y démele, que yo le llevaré bien guardado; porque pensar que yo la he de tomar en la memoria es disparate, que la tengo tan mala que muchas veces se me olvida cómo me llamo “  (Capítulo XXV, 1ª parte).

Sancho Panza, hombre de buen apetito
(G. Doré)
Por su extracción social era de nivel cultural bajo, pero a veces se muestra muy razonable y muy agudo. Es lo que le dice su amo después de haberse encontrado con la carreta de los miembros de la compañía de teatro de Angulo el Malo en la conversación que mantienen: “ Cada dia, Sancho, dijo Don Quijote, te vas haciendo ménos simple y más discreto. Sí, que algo se me ha de pegar de la discreción de vuesa merced, respondió Sancho, que las tierras que de suyo son estériles y secas, , estercolándolas y cultivándolas vienen á dar buenos frutos: quiero decir que la conversación de vuesa merced ha sido el estiércol que sobre la estéril tierra de mi seco ingenio ha caido, la cultivacion el tiempo que ha que le sirvo y comunico; y con esto espero de dar frutos de mí que sean de bendición, tales que no desdigan ni deslicen de los senderos de la buena crianza que vuesa merced ha hecho en el agostado entendimiento mio. Rióse Don Quijote de las afectadas razones de  Sancho, y parecióle ser verdad lo que decia de su enmienda, porque de cuando en cuando hablaba de manera que le admiraba “ (Capítulo XII, 2ª parte).

Sancho tiene su parte de codicioso. Cervantes, al narrar cómo van en busca de Don Quijote el escudero, el cura y el barbero, y refiriéndose al hecho de haberse quedado Sancho con la maleta de Cardenio, dice:       “ siguieron su camino, guiándolos Sancho Panza, el cual les fue contando lo que les aconteció con el loco que hallaron en la sierra, encubriendo empero el hallazgo de la maleta y de cuanto en ella venia, que, magüer que tonto, era un poco codicioso el mancebo “    (Capítulo XXVII, 1ª parte). Esto tiene su punto de contradicción con el pasaje en que, tras haber abandonado Sancho la ínsula, el morisco Ricote le ofrece darle 200 escudos si lo acompaña a recoger un tesoro que había dejado enterrado antes de partir de su casa en el pueblo hacia el exilio: “ Ya te he dicho, Ricote, (...) que no quiero: conténtate que por mí no serás descubierto, y prosigue en buena hora tu camino, y déjame seguir el mio, que yo sé que lo bien ganado se pierde, y lo malo, ello y su dueño “  (Capítulo LIV, 2ª parte).

Abundando en esta actitud, cuando caballero y escudero proyectan su tercera salida, Sancho expone sus razones para cobrar un salario de forma puntual, pero al final queda convencido de lo que le argumenta su amo: “ Es el caso (...) que como vuesa merced mejor sabe, todos estamos sujetos á la muerte, y que hoy somos y mañana nó, y que tan presto se va el cordero como el carnero, y que nadie puede prometerse en este mundo más horas de vida de las que Dios quisiere darle; porque la muerte es sorda, y cuando llega á llamar á las puertas de nuestra vida, siempre va de priesa, y no la harán  detener ni ruegos, ni fuerzas, ni cetros, ni mitras, segun es pública voz y fama, y segun nos lo dicen por esos púlpitos (...) vuesa merced me señale salario conocido de lo que me ha de dar cada mes el tiempo que le sirviere, y que el tal salario se me pague de su hacienda, que no quiero estar á mercedes, que llegan  tarde ó mal o nunca; con lo mio me ayude Dios. En fin, yo quiero saber lo que gano, poco ó mucho que sea; que sobre un huevo pone la gallina, y muchos pocos hacen un mucho, y mientras se gana algo no se pierde nada. Verdad sea que si sucediese (lo cual ni lo creo ni lo espero) que vuesa merced me diese la ínsula que me tiene prometida, no soy tan ingrato, ni llevo las cosas tan por los cabos, que no querré que se aprecie lo que montare la renta de la tal ínsula, y se descuente de mi salario gata por cantidad “.

Don Quijote no está por ello: “ Mira, Sancho, yo bien te señalaria salario, si hubiera hallado en alguna de las historias de los caballeros andantes ejemplo que me descubriese y mostrase por algun pequeño resquicio qué es lo que solian ganar cada mes ó cada año; pero yo he leido todas ó las más de sus historias, y no me acuerdo haber leido que ningun caballero andante haya señalado conocido salario á su escudero; sólo sé que todos servian á merced, y que cuando ménos se lo pensaban, si á sus señores les habia corrido bien la suerte, se hallaban premiados con una ínsula ó con otra cosa equivalente, y por lo ménos quedaban con título ó señoría: si con estas esperanzas y aditamentos vos, Sancho, gustais de volver á servirme, sea en buena hora, que pensar que yo he de sacar de sus términos y quicios la antigua usanza de la caballería andante, es pensar en lo excusado: así que, Sancho mio, volveos á vuestra casa, y declarad á vuestra Teresa mi intención; y si ella gustare y vos gustáredes de estar á merced conmigo, bene quidem, y sino,  tan amigos como de ántes, que si al palomar no le falta cebo no le faltarán palomas; y advertid, hijo, que vale más buena esperanza que ruin posesion, y buena queja que mala paga. Hablo desta manera, Sancho,  por daros á entender que  tambien como vos sé yo arrojar refranes como llovidos; y finalmente quiero decir, y os digo, que si no quereis venir á merced conmigo y correr la suerte que yo corriere, que Dios quede con vos y os haga un santo, que á mí no me faltarán escuderos más obedientes, más solícitos, y nó tan empachados ni tan habladores como vos “.

Al oír de Don Quijote que con cualquier otro escudero estará contento pues Sancho no se dignaba ir con él, Sancho contesta afirmando su intención de acompañarle: “ Sí digno, respondió Sancho, enternecido y llenos de lágrimas los ojos, y prosiguió: no se dirá por mí, señor mio, el pan comido y la compañía deshecha: sí que no vengo yo de alguna alcurnia desagradecida, que ya sabe todo el mundo, y especialmente mi pueblo, quién fueron los Panzas de quien yo deciendo, y más que tengo conocido y calado por muchas buenas obras y por más buenas palabras el deseo que vuesa merced tiene de hacerme merced; y si me he puesto en cuentas de tanto más cuanto acerca de mi salario, ha sido por complacer á mi mujer , la cual, cuando toma la mano á persuadir una cosa, no hay mazo que tanto apriete los aros de una cuba como ella aprieta á que se haga lo que quiere; pero, en efeto, el hombre ha de ser hombre y la mujer mujer; y pues yo soy hombre donde quiera, que no lo puedo negar, tambien lo quiero ser en mi casa, pese á quien pesare; y así no hay más que hacer sino que vuestra merced ordene su testamento con su codicilo, en modo que no se pueda revolcar, y pongámonos luego en camino “  (Capítulo VII, 2ª parte).



               FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS