jueves, 12 de febrero de 2015

CERVANTES Y EL QUIJOTE EN EL CALLEJERO DE CAMPO DE CRIPTANA (X)


            SANCHO PANZA (cont.)


Entre señor y escudero son frecuentes los detalles de cariño que sentían uno hacia otro. En relación con ello, no son pocas las veces en que don Quijote se dirige a su escudero llamándole “Sancho el bueno“ o “Sancho bueno“.

"Sancho bueno, Sancho amigo"
Uno de los amores de Sancho es su rucio. Encontrarlo después de haberlo perdido le supuso una inmensa alegría cuando se produce el regreso a la aldea tras la segunda salida: “ vieron venir por el camino donde ellos iban á un hombre caballero sobre su jumento, y cuando llegó cerca les pareció que era gitano; pero Sancho Panza, que do quiera que veia asnos se le iban los ojos y el alma, apénas hubo visto al hombre, cuando conoció que era Gines de Pasamonte, y por el hilo del gitano sacó el ovillo de su asno, como era la verdad, pues era el rucio sobre que Pasamonte venia: el cual, por no ser conocido y por vender el asno, se habia puesto en traje de gitano. (...) Vióle Sancho y conocióle, y apenas le hubo visto y conocido, cuando á grandes voces le dijo: Ah ladron Ginesillo, deja mi prenda, suelta mi vida, no te empaches con mi descanso, deja mi asno, deja mi regalo, huye puto, auséntate ladron, y desampara lo que no es tuyo “ . Tras salir huyendo Ginés “ Sancho llegó á su rucio, y abrazándole le dijo: ¿ Cómo has estado, bien mio, rucio de mis ojos, compañero mio ? Y con esto le besaba y acariciaba como si fuera persona “ (Capítulo XXX, 1ª parte).  De forma semejante manifiesta Sancho el cariño hacia su caballería cuando tras abandonar la ínsula ambos caen por una sima y Sancho comparte con su rucio el alimento que llevaba: “ Estaba el rucio boca arriba, y Sancho Panza le acomodó de modo que le puso en pié, que apenas se podia tener; y sacando de las alforjas, que tambien habian corrido la mesma fortuna de la caida, un pedazo de pan, lo dio á su jumento, que no le supo mal; y díjole Sancho, como si lo entendiera: Todos los duelos con pan son buenos “  (Capítulo LV, 2ª parte).

Sobre su apariencia externa, Don Quijote lo caracteriza bien cuando tras afirmar de sí mismo Sancho lo señalado anteriormente y su elegancia cuando vista, si llega la ocasión, con ropa de duque, leemos: “ Bien parecerás, dijo don Quijote; pero será menester que  te rapes las barbas á menudo, que según las tienes de espesas, aborrascadas y mal puestas, si no te las rapas á navaja cada dos dias por lo ménos, á tiro de escopeta se echará de ver lo que eres  “ (Capítulo XXI, 1ª parte).

Sirve para caracterizarlo también lo que dice de sí mismo cuando al principio de la tercera salida, camino de El Toboso, Sansón Carrasco les refiere lo que hay escrito sobre ellos en la segunda parte apócrifa: “ bien es verdad que soy algo malicioso, y que tengo mis ciertos asomos de bellaco; pero todo lo cubre y tapa la gran capa de la simpleza mia, siempre natural y nunca artificiosa: y cuando otra cosa no tuviese sino el creer, como siempre creo, firme y verdaderamente en Dios y en todo aquello que tiene y cree la santa Iglesia católica romana, y el ser enemigo mortal , como lo soy, de los judíos, debian los historiadores tener misericordia de mí, y tratarme bien en sus escritos; pero digan lo que quisieren, que desnudo nací, desnudo me hallo, ni pierdo ni gano; aunque por verme puesto en libros, y andar por ese mundo de mano en mano, no me da un higo que digan de mí todo lo que quisieren “  ( Capítulo VIII, 2ª parte ).

Sobre el tratamiento que de Sancho hace la segunda parte apócrifa de la obra se habla estando en la venta cuando van camino de Zaragoza. Uno de los caballeros allí presente dice: “ no os trata este autor moderno con la limpieza que en vuestra persona se muestra: píntaos comedor y simple, y no nada gracioso, y muy otro del Sancho que en la primera parte de la historia de vuestro amo se describe “. Sancho replica: “ Que me maten, señores, si el autor deste libro que vuesas mercedes tienen, quiere que no comamos buenas migas juntos: yo querria que ya que me llaman comilon, como vuesas mercedes dicen, no me llamase tambien borracho “, a lo que contesta el mencionado caballero: “ Sí llama, dijo don Jerónimo; pero no me acuerdo en qué manera, aunque sé que son malsonantes las razones, y ademas mentirosas, según yo echo de ver en la fisonomía del buen Sancho que está presente “  (Capítulo LIX, 2ª parte).

También en relación con esa parte apócrifa, cuando de regreso definitivo a la aldea Don Quijote y Sancho se encuentran con Don Álvaro Tarfe, Sancho se describe a sí mismo: “ el verdadero Sancho Panza soy yo, que tengo más gracias que llovidas: y sino haga vuesa merced la experiencia, y ándese tras de mí por lo ménos un año, y verá que se me caen á cada paso, y tales y tantas, que sin saber yo las más veces lo que me digo, hago reir á cuantos me escuchan “  (Capítulo LXXI, 2ª parte).

Tras haberle ordenado Don Quijote volver a El Toboso para ver a Dulcinea y darle su recado, Sancho, comparándose con su señor, dice sobre él mismo: “ Este mi amo, por mil señales he visto que es un loco de atar, y áun tambien yo no le quedo en zaga, pues soy más mentecato que él, pues le sigo y le sirvo, si es verdadero el refran que dice: dime con quién andas, decirte he quién eres; y el otro de: nó con quien naces, sino con quien   paces “  (Capítulo X, 2ª parte).

Era terco. Es lo que manifiesta cuando decide marcharse de la ínsula: “ Yo soy del linaje de los Panzas,  que todos son testarudos, y si una vez dicen nones, nones han de ser, aunque sean pares, á pesar de todo el mundo “  (Capítulo LIII, 2ª parte).
  
Cervantes lo califica de caritativo con motivo del encuentro que, tras haber dejado la ínsula y yendo en busca de Don Quijote, tiene con unos peregrinos que le pedían limosna: “ sacó de sus alforjas medio pan y medio queso, de que venia proveido, y dióselo, diciéndoles por señas que no tenia otra cosa que darles “  (Capítulo LIV, 2ª parte). Por cierto, uno de esos peregrinos era Ricote el morisco, vecino de Sancho que se había marchado de casa en cumplimiento del bando real y había estado en Francia y otros países europeos.

Sancho era muy dado al uso de refranes. Por citar sólo algún ejemplo, en el pasaje en que están por Sierra Morena y van hablando sobre lo que les había contado Cardenio, Sancho enlaza unos cuantos: “ con su pan se lo coman” , “ de mis viñas vengo, no sé nada” ,” el que compra y miente en su bolsa lo siente “ , “ desnudo nací, desnudo me hallo, ni pierdo ni gano “ , “ muchos piensan que hay tocinos, y no hay estacas “ , etc., etc. Tantos utiliza, que hace saltar a su amo: “ ¡Válame Dios, dijo Don Quijote, y ¡qué de necedades vas, Sancho, ensartando! ¿ Qué va de lo que tratamos á los refranes que enhilas ? Por tu vida, Sancho, que calles “  (Capítulo XXV, 1ª parte).
Don Quijote aconseja a Sancho
(G. Doré)

Don Quijote, cuando está dándole consejos para cuando esté de gobernador de la ínsula, le advierte sobre esa costumbre de los refranes y entre ellos se traba una interesante conversación: “ Tambien, Sancho, no has de mezclar en tus pláticas la muchedumbre de refranes que sueles, que puesto que los refranes son sentencias breves, muchas veces los traes tan por los cabellos, que más parecen disparates que sentencias. Eso Dios lo puede remediar, respondió Sancho, porque sé más refranes que un libro, y viénenseme tantos juntos á la boca cuando hablo, que riñen por salir unos con otros; pero la lengua va arrojando los primeros que encuentra, aunque no vengan á pelo; mas yo tendré cuenta de aquí delante de decir los que convengan á la gravedad de mi cargo, que en casa llena presto se guisa la cena, y quien destaja no baraja, y á buen salvo está el que repica, y el dar y el tener seso ha menester. Eso sí, Sancho, dijo Don Quijote, encaja, ensarta, enhila refranes, que nadie te va á la mano: castígame mi madre, y yo trompógelas. Estoite diciendo que excuses refranes, y en un instante has echado aquí una letanía dellos, que así cuadran con lo que vamos tratando como por los cerros de Úbeda. Mira, Sancho, no te digo yo que parece mal un refran traido á propósito; pero cargar y ensartar refranes á trochemoche, hace la plática desmayada y baja “. Como Sancho proseguía con el refranero, su amo acaba indignándose: “ ¡Oh maldito seas de Dios, Sancho! dijo á esta sazon Don Quijote: sesenta mil satanases te lleven á ti y á tus refranes. Una hora ha que los estás ensartando, y dándome con cada uno tragos de tormento. Yo te aseguro que estos refranes te han de llevar un dia á la horca; por ellos te han de quitar el gobierno tus vasallos, ó ha de haber entre ellos comunidades.“ E insiste: “ Dime ¿dónde los hallas, ignorante? ¿o como los aplicas, mentecato? que para decir yo uno, y aplicarle bien sudo y trabajo como si cavase “  (Capítulo X,  2ª parte).

Pese al uso casi continuo de refranes, Sancho, al fin y al cabo, tenía poca cultura y no era raro que errara bastante en el uso del lenguaje. En el episodio de la boda de Camacho Don Quijote lo reprende por los juicios que vertía, a lo que él dijo: “ sé que no he dicho muchas necedades en lo que he dicho, sino que vuesa merced, señor mio, siempre es friscal de mis dichos y áun de mis hechos “, a lo que responde su amo: “ Fiscal has de decir (...) que nó friscal, prevaricador del buen lenguaje, que Dios te confunda “. Sancho justifica su falta de competencia en el uso del lenguaje: “ No se apunte vuesa merced conmigo (...), pues sabe que no me he criado en la corte, ni he estudiado en Salamanca, para saber si añado ó quito alguna letra á mis vocablos. Sí que, válgame Dios, no hay para qué obligar al sayagués á que hable como el toledano; y toledanos puede haber que no las corten en el aire en esto del hablar polido “  (Capítulo XIX, 2ª parte ). Sancho era incapaz de escribir o de leer, sólo escribía su nombre. Sobre los consejos de Don Quijote para ejercer como gobernador, decía él: “ no se me acuerda ni acordará más dellos que de las nubes de antaño; y así  será menester que se me den por escrito, que puesto que no sé leer ni escribir, yo se los daré á mi confesor para que me los encaje y recapacite cuando fuere menester (...). Bien sé firmar mi nombre, respondió Sancho, que cuando fui prioste en mi lugar aprendí á hacer unas letras como de marca de fardo, que decian que decia mi nombre “  (Capítulo XLIII, 2ª parte).

Lo cierto es que Sancho se caracterizaba por “ hablar por los codos ” . En relación con la elección de marido que hace Quiteria entre Basilio y el rico Camacho, Sancho protagoniza una larga parrafada que acaba así:   “ Sobre un buen cimiento se puede levantar un buen edificio, y el mejor cimiento y zanja del mundo es el dinero “ . Don Quijote le espeta: “ Por quien Dios es, Sancho (...), que concluyas con tu arenga, que tengo para mí que si te dejasen seguir en las que á cada paso comienzas, no te quedaria tiempo para comer ni para dormir, que todo lo gastarias en hablar “. Al respecto, y tras la plática que sobre el tema de la muerte mantienen caballero y escudero, dice don Quijote: “ No más, Sancho (...): tente en buenas y no te dejes caer, que en verdad que lo que has dicho de la muerte por tus rústicos términos es lo que pudiera decir un buen predicador. Dígote, Sancho, que si como tienes buen natural, tuvieras discreción, pudieras tomar un púlpito en la mano y irte por ese mundo predicando lindezas “  (Capítulo XX, 2ª parte).  

Sancho se tenía por hombre de poca memoria. Cuando Don Quijote, estando por Sierra Morena, le dice que le va a leer la carta que escribe a Dulcinea, por si se le pierde por el camino, contesta Sancho: “ Escríbala vuestra merced dos ó tres veces ahí en el libro, y démele, que yo le llevaré bien guardado; porque pensar que yo la he de tomar en la memoria es disparate, que la tengo tan mala que muchas veces se me olvida cómo me llamo “  (Capítulo XXV, 1ª parte).

Sancho Panza, hombre de buen apetito
(G. Doré)
Por su extracción social era de nivel cultural bajo, pero a veces se muestra muy razonable y muy agudo. Es lo que le dice su amo después de haberse encontrado con la carreta de los miembros de la compañía de teatro de Angulo el Malo en la conversación que mantienen: “ Cada dia, Sancho, dijo Don Quijote, te vas haciendo ménos simple y más discreto. Sí, que algo se me ha de pegar de la discreción de vuesa merced, respondió Sancho, que las tierras que de suyo son estériles y secas, , estercolándolas y cultivándolas vienen á dar buenos frutos: quiero decir que la conversación de vuesa merced ha sido el estiércol que sobre la estéril tierra de mi seco ingenio ha caido, la cultivacion el tiempo que ha que le sirvo y comunico; y con esto espero de dar frutos de mí que sean de bendición, tales que no desdigan ni deslicen de los senderos de la buena crianza que vuesa merced ha hecho en el agostado entendimiento mio. Rióse Don Quijote de las afectadas razones de  Sancho, y parecióle ser verdad lo que decia de su enmienda, porque de cuando en cuando hablaba de manera que le admiraba “ (Capítulo XII, 2ª parte).

Sancho tiene su parte de codicioso. Cervantes, al narrar cómo van en busca de Don Quijote el escudero, el cura y el barbero, y refiriéndose al hecho de haberse quedado Sancho con la maleta de Cardenio, dice:       “ siguieron su camino, guiándolos Sancho Panza, el cual les fue contando lo que les aconteció con el loco que hallaron en la sierra, encubriendo empero el hallazgo de la maleta y de cuanto en ella venia, que, magüer que tonto, era un poco codicioso el mancebo “    (Capítulo XXVII, 1ª parte). Esto tiene su punto de contradicción con el pasaje en que, tras haber abandonado Sancho la ínsula, el morisco Ricote le ofrece darle 200 escudos si lo acompaña a recoger un tesoro que había dejado enterrado antes de partir de su casa en el pueblo hacia el exilio: “ Ya te he dicho, Ricote, (...) que no quiero: conténtate que por mí no serás descubierto, y prosigue en buena hora tu camino, y déjame seguir el mio, que yo sé que lo bien ganado se pierde, y lo malo, ello y su dueño “  (Capítulo LIV, 2ª parte).

Abundando en esta actitud, cuando caballero y escudero proyectan su tercera salida, Sancho expone sus razones para cobrar un salario de forma puntual, pero al final queda convencido de lo que le argumenta su amo: “ Es el caso (...) que como vuesa merced mejor sabe, todos estamos sujetos á la muerte, y que hoy somos y mañana nó, y que tan presto se va el cordero como el carnero, y que nadie puede prometerse en este mundo más horas de vida de las que Dios quisiere darle; porque la muerte es sorda, y cuando llega á llamar á las puertas de nuestra vida, siempre va de priesa, y no la harán  detener ni ruegos, ni fuerzas, ni cetros, ni mitras, segun es pública voz y fama, y segun nos lo dicen por esos púlpitos (...) vuesa merced me señale salario conocido de lo que me ha de dar cada mes el tiempo que le sirviere, y que el tal salario se me pague de su hacienda, que no quiero estar á mercedes, que llegan  tarde ó mal o nunca; con lo mio me ayude Dios. En fin, yo quiero saber lo que gano, poco ó mucho que sea; que sobre un huevo pone la gallina, y muchos pocos hacen un mucho, y mientras se gana algo no se pierde nada. Verdad sea que si sucediese (lo cual ni lo creo ni lo espero) que vuesa merced me diese la ínsula que me tiene prometida, no soy tan ingrato, ni llevo las cosas tan por los cabos, que no querré que se aprecie lo que montare la renta de la tal ínsula, y se descuente de mi salario gata por cantidad “.

Don Quijote no está por ello: “ Mira, Sancho, yo bien te señalaria salario, si hubiera hallado en alguna de las historias de los caballeros andantes ejemplo que me descubriese y mostrase por algun pequeño resquicio qué es lo que solian ganar cada mes ó cada año; pero yo he leido todas ó las más de sus historias, y no me acuerdo haber leido que ningun caballero andante haya señalado conocido salario á su escudero; sólo sé que todos servian á merced, y que cuando ménos se lo pensaban, si á sus señores les habia corrido bien la suerte, se hallaban premiados con una ínsula ó con otra cosa equivalente, y por lo ménos quedaban con título ó señoría: si con estas esperanzas y aditamentos vos, Sancho, gustais de volver á servirme, sea en buena hora, que pensar que yo he de sacar de sus términos y quicios la antigua usanza de la caballería andante, es pensar en lo excusado: así que, Sancho mio, volveos á vuestra casa, y declarad á vuestra Teresa mi intención; y si ella gustare y vos gustáredes de estar á merced conmigo, bene quidem, y sino,  tan amigos como de ántes, que si al palomar no le falta cebo no le faltarán palomas; y advertid, hijo, que vale más buena esperanza que ruin posesion, y buena queja que mala paga. Hablo desta manera, Sancho,  por daros á entender que  tambien como vos sé yo arrojar refranes como llovidos; y finalmente quiero decir, y os digo, que si no quereis venir á merced conmigo y correr la suerte que yo corriere, que Dios quede con vos y os haga un santo, que á mí no me faltarán escuderos más obedientes, más solícitos, y nó tan empachados ni tan habladores como vos “.

Al oír de Don Quijote que con cualquier otro escudero estará contento pues Sancho no se dignaba ir con él, Sancho contesta afirmando su intención de acompañarle: “ Sí digno, respondió Sancho, enternecido y llenos de lágrimas los ojos, y prosiguió: no se dirá por mí, señor mio, el pan comido y la compañía deshecha: sí que no vengo yo de alguna alcurnia desagradecida, que ya sabe todo el mundo, y especialmente mi pueblo, quién fueron los Panzas de quien yo deciendo, y más que tengo conocido y calado por muchas buenas obras y por más buenas palabras el deseo que vuesa merced tiene de hacerme merced; y si me he puesto en cuentas de tanto más cuanto acerca de mi salario, ha sido por complacer á mi mujer , la cual, cuando toma la mano á persuadir una cosa, no hay mazo que tanto apriete los aros de una cuba como ella aprieta á que se haga lo que quiere; pero, en efeto, el hombre ha de ser hombre y la mujer mujer; y pues yo soy hombre donde quiera, que no lo puedo negar, tambien lo quiero ser en mi casa, pese á quien pesare; y así no hay más que hacer sino que vuestra merced ordene su testamento con su codicilo, en modo que no se pueda revolcar, y pongámonos luego en camino “  (Capítulo VII, 2ª parte).



               FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS

viernes, 6 de febrero de 2015

CERVANTES Y EL QUIJOTE EN EL CALLEJERO DE CAMPO DE CRIPTANA (IX)


           SANCHO PANZA

Después de salir de la venta donde, en el transcurso de su primera salida, supuestamente había sido armado caballero, Don Quijote piensa en hacer una nueva salida provisto de todo lo que debía acompañar a un caballero andante, incluido el escudero, profesión para la que ya tiene en mente la persona que puede ejercerla : “ La del alba seria cuando Don Quijote salió de la venta, tan contento, tan gallardo, tan alborozado por verse ya armado caballero, que el gozo le reventaba por las cinchas del caballo. Mas viniéndole á la memoria los consejos de su huésped [el ventero], cerca de las prevenciones tan necesarias que habia de llevar consigo, especial la de los dineros y camisas, determinó volver á su casa, y acomodarse de todo y de un escudero, haciendo cuenta de recebir á un labrador vecino suyo, que era pobre y con hijos, pero muy á propósito para el oficio escuderil de la caballería “ (Capítulo IV, 1ª parte).

Don Quijote convence a Sancho Panza
para acompañarlo
(G. Doré) 
Así pues, Don Quijote afronta su segunda salida ya provisto de escudero, al que se  caracteriza como bueno, pobre y poco inteligente: “ solicitó Don Quijote á un labrador vecino suyo, hombre de bien (si es que este título se puede dar al que es pobre), pero de muy poca sal en la mollera “. Las promesas del hidalgo lo convencieron: “ tanto le dijo, tanto le persuadió y prometió, que el pobre villano se determinó de salirse con él y servirle de escudero. Decíale, entre otras cosas, Don Quijote, que se dispusiese á ir con él de buena gana, porque tal vez le podia suceder aventura que ganase, en quítame allá esas pajas, alguna ínsula, y le dejase á él por gobernador della “ . En el mismo pasaje se nos da su nombre: “ Sancho Panza (que así se llamaba el labrador) dejó su mujer e hijos, y asentó por escudero de su vecino “ .

Segunda salida del caballero,
ya con su escudero
(G. Doré)
Asimismo se nos dice de qué iba provisto: [Don Quijote] “ le encargó que llevase alforjas. Él dijo que sí llevaria, y que ansimesmo pensaba llevar un asno que tenia muy bueno, porque él no estaba duecho á andar mucho á pié. En lo del asno reparó un poco Don Quijote, imaginando si se le acordaba si algun caballero andante habia traido escudero caballero asnalmente; pero nunca le vino alguno á la memoria: mas con todo esto determinó que le llevase, con presupuesto de acomodarle de más honrada caballería, en habiendo ocasión para ello, quitándole el caballo al primer descortés caballero que topase “. Ya de marcha, Sancho, esperanzado, no dejaba de pensar en lo dicho por Don Quijote: “ Iba Sancho Panza sobre su jumento como un patriarca, con sus alforjas y su bota, y con mucho deseo de verse ya gobernador de la ínsula que su amo le había prometido “. Y por si a éste se le iba de la cabeza, él se lo recordaba: “ Mire vuestra merced, señor caballero andante, que no se le olvide lo que de la ínsula me tiene prometido, que yo la sabré gobernar, por grande que sea “  (Capítulo VII, 1ª parte).

Con otro apellido es citado el escudero. Cuando Cervantes cuenta cómo halló en Toledo un libro sobre la historia de nuestro caballero, escrito por Cide Hamete Benengeli, en que se narraba la aventura de Don Quijote con el vizcaíno, señala que en un dibujo “ estaba Sancho Panza, que tenia del cabestro á su asno, á los piés del cuál estaba otro rétulo que decia: Sancho Zancas; y debia de ser que tenia, á lo que mostraba la pintura, la barriga grande, el talle corto y las zancas largas, y por esto se le debió de poner nombre de Panza y de Zancas, que con estos dos sobrenombres le llama algunas veces la historia”  (Capítulo IX, 1ª parte).

Sancho tenía dos hijos: Sanchico y Mari-Sancha. Hablando sobre la posibilidad de obtener algún cargo su marido, dice su esposa: “ Pero mirad, Sancho, si por ventura os viéredes con algun gobierno, no os olvideis de mí y de vuestros hijos. Advertid que Sanchico tiene ya quince años cabales, y es razon que vaya á la escuela, si es que su tio el abad le ha de dejar hecho de la Iglesia. Mirad  tambien que Mari-Sancha, vuestra hija, no se morirá si la casamos, que me va dando barruntos que desea tanto tener marido como vos deseais veros con gobierno “  (Capítulo V, 2ª parte).

Sancho Panza y su rucio
(G. Doré)
Cuando el escudero del Caballero del Bosque le dice que tiene tres hijos, Sancho habla de los suyos: “ Dos tengo yo, dijo Sancho, que se pueden presentar al papa en persona; especialmente una muchacha, á quien crio para condesa, si Dios fuere  servido, aunque á pesar de su madre “ . A raíz de esto sigue una chusca conversación entre los dos escuderos: “ ¿ Y qué edad tiene esa señora que se cria para condesa ? preguntó el del Bosque. Quince años, dos más ó ménos, respondió Sancho; pero es tan grande como una lanza, y tan fresca como una mañana de abril, y tiene una fuerza de un ganapan. Partes son esas, respondió el del Bosque, no solo para ser condesa, sino para ser ninfa del verde bosque. ¡Oh hideputa puta, y qué rejo debe de tener la bellaca! Á lo que respondió Sancho algo mohino: ni ella es puta ni lo fue su madre, ni lo será ninguna de las dos, Dios queriendo, miéntras yo viviere: y háblese más comedidamente, que para haberse criado vuesa merced entre caballeros andantes, que son las mesma cortesía, no me parecen muy concertadas esas palabras. ¡Oh qué mal se le entiende á vuesa merced, replicó el del Bosque, de achaque de alabanzas, señor escudero! ¡Cómo! ¿ y no sabe que cuando algun caballero da una buena lanzada al toro en la plaza, ó cuando alguna persona hace alguna cosa bien hecha, suele decir el vulgo: ¡oh hideputa puto, y qué bien que lo ha hecho! Y aquello que parece vituperio en aquel término, es alabanza notable ? Y renegad vos, señor, de los hijos ó hijas que no hacen obras que merezcan se les den á sus padres loores semejantes. Sí reniego, respondió Sancho; y dese modo y por esa misma razon  podia echar vuesa merced á mí y á mis hijos y á mi mujer toda una putería encima, porque todo cuanto hacen y dicen son extremos dignos de semejantes alabanzas “  ( Capítulo XIII, 2ª parte ). La hija es llamada por Cervantes Sanchica, “ de edad de catorce años poco más ó           ménos “ ( Capítulo L, 2ª parte ).  Por otra parte, Sancho estaba muy enamorado de su mujer, Teresa Panza; refiriéndose a ella en plática con la Duquesa, dice: “ á quien quiero más que á  las pestañas de mis ojos “  (Capítulo LXX, 2ª parte).

En relación con sus antecedentes sociales Sancho dice de sí mismo: “ yo cristiano viejo soy, y para ser conde esto me basta “  y abundando en su condición señala: “ un tiempo fui muñidor de una cofradía, y (...) me asentaba tan bien la ropa de muñidor, que decian todos que tenia presencia para poder ser prioste de la mesma cofradía “  (Capítulo XXI, 1ª parte). Cuando al tomar posesión del cargo de gobernador en la ínsula se le llama don Sancho Panza, dice al mayordomo: “ yo no tengo don, ni en todo mi linaje le ha habido: Sancho Panza me llaman á secas, y Sancho se llamó mi padre, y Sancho mi agüelo, y todos fueron Panzas, sin añadiduras de dones ni donas “  (Capítulo XLV, 2ª parte).


FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS


CERVANTES Y EL QUIJOTE EN EL CALLEJERO DE CAMPO DE CRIPTANA (VIII)

DON QUIJOTE DE LA MANCHA / ALONSO QUIJANO EL BUENO (cont.)


Don Quijote (I. Zuloaga)
He aquí ahora algunos juicios y consideraciones sobre la personalidad de Don Quijote. En el prólogo de la primera parte de la obra Cervantes lo presenta como “ luz y espejo de toda la caballería andante (...) de quien hay opinión por todos los habitadores del distrito del campo de Montiel, que fué el más casto enamorado y el más valiente caballero que de muchos años á esta parte se vió en aquellos contornos “. En otro pasaje dice de él  que “ era algo curioso, y siempre le fatigaban deseos de saber cosas nuevas “  (Capítulo XXIV, 2ª parte) y hacia el final de la segunda parte lo proclama “ el gran Manchego “  (Capítulo LXXII, 2ª parte). También Sancho Panza, su fiel escudero, se refiere a su personalidad haciéndose eco de las opiniones de otros; así, en la carta que escribe a su mujer desde el castillo de los Duques, camino de Zaragoza,  dice: “ Don Quijote, mi amo, según he oido decir en esta tierra, es un loco cuerdo y un mentecato  gracioso “. (Capítulo XXXVI, 2ª parte).

Don Quijote con los galeotes
(G. Doré)
Sancho apreciaba a su amo, de lo que es buen testimonio lo que dice de él al escudero del Caballero del Bosque: “ no tiene nada de bellaco, ántes tiene un alma como un cántaro: no sabe hacer mal á nadie sino bien á todos, ni tiene malicia alguna: un niño le hará entender que es de noche en la mitad del dia, y por esa sencillez le quiero como á las telas de mi corazon, y no me amaño á dejarle por más disparates que haga “ (Capítulo XIII, 2ª parte); y cuando ambos se encuentran con Don Álvaro Tarfe, caballero granadino con el que entran en conversación sobre la segunda parte apócrifa de la novela, el escudero le dice: “ el verdadero Don Quijote de la Mancha, el famoso, el valiente y el discreto, el enamorado, el desfacedor de agravios, el tutor de pupilos y huérfanos, el amparo de las viudas, el matador de las doncellas, el que tiene por única señora á la sin par Dulcinea del Toboso, es este señor que está presente, que es mi  amo “ ( Capítulo LXXII, 2ª parte ). 

Sobre la locura o cordura de Don Quijote, el mismo Cervantes asegura que “ solamente disparataba en  tocándole  en la  caballería, y en los  demás  discursos  mostraba  tener claro y desenfadado entendimiento “ (Capítulo XLIII, 2ª  parte). El propio autor lo alaba tratándolo de “ famoso español  (...) , luz y espejo de la caballería manchega “  y lo destaca como “el primero que en nuestra edad y en estos tan calamitosos tiempos se puso al trabajo y  ejercicio de las andantes armas, y al de desfacer agravios, socorrer viudas, amparar doncellas, de aquellas que andaban con sus azotes y palafrenes, y con toda su virginidad á cuestas, de monte en monte y de valle en valle “   (Capítulo IX, 1ª parte).
Parece obligado citar otras líneas de este capítulo IX de la 1ª parte en que afirma el autor: “ en tanto que Don Quijote fue Alonso Quijano el Bueno á secas, y en tanto que fue Don Quijote de la Mancha, fue siempre de apacible condicion y de agradable trato, y por esto no sólo era bien querido de los de su casa, sino de todos cuantos le conocían “.

Tras el prólogo cervantino a la primera parte de la obra pueden leerse algunos  poemas dedicados a don Quijote de la Mancha, de los que selecciono dos:

“ AMADIS DE GAULA Á DON QUIJOTE DE LA MANCHA

SONETO

Tú, que imitaste la llorosa vida
Que tuve, ausente y desdeñado, sobre
El gran ribazo de la Peña Pobre,
De alegre á penitencia reducida:

Tú, a quien los ojos dieron la bebida
De abundante licor, aunque salobre,
Y alzándote la plata, estaño y cobre,
Te dió la tierra en tierra la comida:

Vive seguro de que eternamente,
En tanto al ménos que en la cuarta esfera
Sus caballos aguije el rubio Apolo,

Tendrás claro renombre de valiente,
Tu patria será en todas la primera,
Tu sabio autor al mundo único y solo. “


“ DON BELIANIS DE GRECIA Á DON QUIJOTE DE LA MANCHA

SONETO

Rompí, corté, abollé, y dije, y hice
Más que en el orbe caballero andante;
Fuí diestro, fuí valiente, fuí arrogante:
Mil agravios vengué, cien mil deshice.

Hazañas dí á la fama que eternice;
Fuí comedido y regalado amante;
Fué enano para mí todo gigante;
Y al duelo en cualquier punto satisfice.

Tuve á mis piés postrada la fortuna,
Y trajo del copete mi cordura
A la calva ocasion al estricote.

Mas aunque sobre el cuerno de la luna
Siempre se vió encumbrada mi ventura,
Tus proezas envid¡o, i oh gran Quijote! “ .



Don Quijote (H. Daumier)
A través de estos poemas, como por medio de los dedicados a otros personajes, Cervantes realiza una fina, burlesca e ingeniosa sátira de los libros de caballerías; de la misma forma parodia la costumbre que en aquella época había de introducir ridículos versos elogiosos en los preliminares de las obras que se publicaban.



FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS

miércoles, 4 de febrero de 2015

CERVANTES Y EL QUIJOTE EN EL CALLEJERO DE CAMPO DE CRIPTANA (VII)

DON QUIJOTE DE LA MANCHA / ALONSO QUIJANO EL BUENO (cont.)

Hacia el final de la novela Don Quijote es derrotado en Barcelona por el supuesto caballero de la Blanca Luna    - en realidad el bachiller Sansón Carrasco -, lo que le obliga a volver - será la vuelta definitiva - a su aldea. En la ciudad catalana nuestro hidalgo estaba hospedado en casa de un rico caballero, Don Antonio Moreno. “ Seis dias estuvo Don Quijote en el lecho, marrido, triste, pensativo y mal acondicionado, yendo y viniendo con la imaginación en el desdichado suceso de su vencimiento “. Sancho trataba de consolarlo y le decía que lo que debían hacer era volverse a su casa, pero Don Quijote no quería aceptar el suceso ocurrido como algo definitivo: “ Calla, Sancho, pues ves que mi reclusion y retirada no ha de pasar de un año      [pausa en su  correrías  que le había impuesto el de la Blanca Luna]; que luego volveré á mis honrados ejercicios, y no me ha de faltar reino que gane y algun condado que darte “. Dos días después de su descanso salieron de Barcelona,  “ Don Quijote desarmado y de camino, Sancho á pié, por ir el rucio cargado con las armas “  (Capítulo LXV, 2ª parte).

Don Quijote tras su derrota
(G. Doré)
Vuelve enseguida el desánimo al hidalgo. “ Al salir de Barcelona, volvió Don Quijote á mirar el sitio donde habia caido, y dijo: Aquí fue Troya; aquí mi desdicha, y nó mi cobardía, se llevó mis alcanzadas glorias; aquí usó la fortuna conmigo de sus vueltas y revueltas; aquí se escurecieron mis hazañas; aquí, finalmente, cayó mi ventura para jamas levantarse “. Y reflexiona hablando con Sancho sobre lo que le había acontecido: “ Lo que te sé decir es que no hay fortuna en el mundo, ni las cosas que en él suceden, buenas ó malas que sean, vienen acaso, sino por particular providencia de los cielos; y de aquí viene lo que suele decirse, que cada uno es artífice de su ventura. Yo lo he sido de la mia, pero nó con la prudencia necesaria, y así me han salido al gallarin mis presunciones; pues debiera pensar que al poderoso grandor del caballo del de la Blanca Luna no podia resistir la flaqueza de Rocinante. Atrevíme, en fin, hice lo que pude, derribáronme, y aunque perdí la honra, no perdí ni puedo perder la virtud de cumplir mi palabra. Cuando era caballero andante, atrevido y valiente, con mis obras y con mis manos acreditaba mis hechos; y agora, cuando soy escudero pedestre, acreditaré mis palabras, cumpliendo la que dí de mi promesa.  Camina, pues, amigo Sancho, y vamos á tener en nuestra tierra el año del noviciado, con cuyo encerramiento cobraremos virtud nueva para volver al nunca de mí olvidado ejercicio de las armas “  (Capítulo LXVI, 2ª parte).

Más adelante, continuando de regreso, es cuando Don Quijote propone a Sancho dedicarse a una idealizada vida pastoril: “ si es que á ti te parece bien, querria, oh Sancho, que nos convirtiésemos en pastores, siquiera el tiempo que tengo que estar recogido. Yo compraré algunas ovejas, y todas las demas cosas que al pastoral ejercicio son necesarias, y llamándome yo el pastor Quijotiz, y tú el pastor Pancino, nos andaremos por los montes, por las selvas y por los prados, cantando aquí, endechando allí, bebiendo de los líquidos cristales de las fuentes, ó ya de los limpios arroyuelos, ó de los caudalosos rios. Daránnos con abundantísima mano de su dulcísimo fruto las encinas, asiento los troncos de los durísimos alcornoques, sombra los sauces, olor las rosas, alfombras de mil colores matizadas los extendidos prados, aliento el aire claro y puro, luz la luna y las estrellas, á pesar de la escuridad de la noche, gusto el canto, alegría el lloro, Apolo versos, el amor conceptos, con que podremos hacernos eternos y famosos, no sólo en los presentes sino en los venideros siglos “  (Capítulo LXVII, 2ª parte).

Don Quijote y Sancho Panza
regresan a su aldea
(G. Doré)
Al entrar a la aldea encuentran  al cura y al bachiller, que estaban rezando. A la puerta de la casa de Don Quijote estaban su ama y su sobrina; después él cuenta a sus dos amigos lo que le ha sucedido: “ Don Quijote, sin aguardar términos ni horas, en aquel mismo punto se apartó á solas con el bachiller y el cura, y en breves razones les contó su vencimiento, y la obligación en que habia quedado de no salir de su aldea en un año, la cual pensaba guardar al pié de la letra, sin traspasarla en un átomo, bien así como caballero andante, obligado por la puntualidad y órden de la andante caballería; y que tenia pensado de hacerse aquel año pastor, y entretenerse en la soledad de los campos, donde á rienda suelta podia dar vado á sus amorosos pensamientos, ejercitándose en el pastoral y virtuoso  ejercicio: y que les suplicaba, si no tenian mucho que hacer, y no estaban impedidos en negocios más importantes, quisiesen ser sus compañeros; que él compraria ovejas y ganado suficiente, que les diese nombre de pastores; y que les hacia saber que lo más principal de aquel negocio estaba hecho, porque les tenia puestos los nombres, que les vendrían como de molde. Díjole el cura que los dijese. Respondió Don Quijote que él se habia de llamar el pastor Quijotiz, y el bachiller el pastor Carrascon, y el cura el pastor Curiambro y Sancho Panza el pastor Pancino “  (Capítulo LXXIII, 2ª parte).  

Cuando el ama y la sobrina oyen el propósito de Don Quijote de hacerse pastor le dicen que si no es más recomendable seguir una vida tranquila en casa, a lo que él les responde: “ Callad, hijas, (...) que yo sé bien lo que me cumple: llevadme al lecho, que me parece que no estoy muy bueno; y tened por cierto que, ahora sea caballero andante, ó pastor por andar, no dejaré siempre de acudir á lo que hubiéredes  menester “ . Oido lo cual, “ le llevaron á la cama, donde le dieron de comer y regalaron lo posible “  (Capítulo LXXIII. 2ª parte).

En el capítulo LXXIV de la segunda parte se nos cuenta el fin de su andadura por este mundo: “ ya fuese de la melancolía que le causaba el verse vencido, ó ya por la disposición del cielo, que así lo ordenaba, se le arraigó una calentura, que le tuvo seis dias en la cama; en los cuales fué visitado muchas veces del cura, del bachiller y del barbero, sus amigos, sin quitársele de la cabecera Sancho Panza, su buen escudero “. Fue llamado el médico, que advirtió del peligro de muerte que corría: “ Rogó Don Quijote que le dejasen solo, porque queria dormir un poco. Hiciéronlo así, y durmió de un tiron, como dicen, más de seis horas, tanto que pensaron el ama y la sobrina que se habia de quedar en el sueño. Despertó al cabo del tiempo dicho, y dando una gran voz, dijo: Bendito sea el poderoso Dios, que tanto bien me ha hecho. En fin, sus misericordias no tienen límite, ni las abrevian ni impiden los pecados de los hombres “. Y prosiguió: “ Yo tengo juicio ya libre y claro, sin las sombras caliginosas de la ignorancia, que sobre él me pusieron mi amarga y continua leyenda de los detestables libros de las caballerías. Ya conozco sus disparates y sus embelecos, y no me pesa sino que este desengaño ha llegado tan tarde, que no me deja tiempo para hacer alguna recompensa, leyendo otros que sean luz del alma. Yo me siento, sobrina, á punto de muerte; querria hacerla de tal modo, que diese á entender que no habia sido mi vida tan mala, que dejase renombre de loco: que puesto que lo he sido, no querria confirmar esta verdad en mi muerte. Llámame, amiga, á mis buenos amigos el cura, el bachiller Sansón Carrasco, y á maese Nicolas, el barbero, que quiero confesarme y hacer mi testamento “.

Cuando los tres entraron en el aposento de Don Quijote, éste les dijo: “ Dadme albricias, buenos señores, de que ya yo no soy Don Quijote de la Mancha, sino Alonso Quijano, á quien mis costumbres me dieron mi renombre de Bueno. Ya soy enemigo de Amadis de Gaula, y de toda la infinita caterva de su linaje: ya me son odiosas todas las historias profanas de la andante caballería: ya conozco mi necedad, y el peligro en que me pusieron haberlas leido: ya por misericordia de Dios, escarmentando en cabeza  propia, las abomino ”.

Confesó e hizo testamento, cuyas mandas fueron las siguientes: “ es mi voluntad que de ciertos dineros que Sancho Panza, á quien en mi locura hice mi escudero, tiene, que porque ha habido entre él y mí ciertas cuentas, y dares y tomares, quiero que no se le haga cargo dellos ni se le pida cuenta alguna, sino que si sobrare alguno, después de haberse pagado de lo que le debo, el restante sea suyo, que será bien poco, y buen provecho le haga: y si como estando yo loco fui parte para darle el gobierno de la ínsula, pudiera agora, estando cuerdo, darle el de un reino, se le diera; porque la sencillez de su condicion y fidelidad de su trato lo merece “. Es entonces cuando Don Quijote, contestando a las consideraciones que manifiestan Sancho y el bachiller pronuncia esas palabras tan conocidas: “ ya en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño: yo fui loco, y ya soy cuerdo; fui Don Quijote de la Mancha, y soy agora, como he dicho, Alonso Quijano el Bueno “ .

A Antonia Quijana, su sobrina, deja toda su hacienda, “ á puerta cerrada (...) habiendo sacado primero de lo más bien parado della lo que fuere menester para cumplir las mandas que dejo hechas;  y la primera satisfacción que se haga quiero que sea pagar el salario que debo  del tiempo que mi ama me ha servido, y  más veinte ducados para un vestido “ . 

Hasta qué punto Don Quijote estaba arrepentido de su afición a los libros que le habían producido la locura, da idea la condición que le pone para heredar: “ es mi voluntad que si Antonia Quijana, mi sobrina, quisiere casarse, se case con hombre de quien primero se haya hecho información que no sabe qué cosas sean libros de caballerías: y en caso que se averiguare  que lo sabe, y con todo eso mi sobrina quisiere casarse con él y se casare, pierda todo lo que le he mandado, lo cual puedan mis albaceas distribuir en obras pias, á su   voluntad “.

Don Quijote en su lecho de muerte
(G. Doré) 
Tres días más vivió. Nos dice Cervantes: “  Andaba la casa alborotada; pero con todo comia la sobrina, brindaba el ama, y se regocijaba Sancho Panza; que esto de heredar algo borra ó templa en el heredero la memoria de la pena que es razon que deje el muerto. En fin, llegó él último de Don Quijote, después de recebidos todos los sacramentos, y después de haber abominado con muchas y eficaces razones de los libros de caballerías. Hallóse el escribano presente, y dijo que nunca habia leido en ningun libro de caballerías que algun caballero andante hubiese muerto en su lecho tan sosegadamente y tan cristiano como Don Quijote, el cual, entre compasiones y lágrimas de los que allí se hallaron, dio su espíritu: quiero decir que se murió “.


FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS

domingo, 1 de febrero de 2015

CERVANTES Y EL QUIJOTE EN EL CALLEJERO DE CAMPO DE CRIPTANA (VI)

DON QUIJOTE DE LA MANCHA/ALONSO QUIJANO EL BUENO (cont.)


Limpió unas armas de sus bisabuelos, se hizo una celada, “bautizó” a su caballo con el nombre de Rocinante, ocupación esta última que le llevó cuatro días, y se dio a sí mismo nombre de caballero: “ Puesto nombre y tan á gusto á su caballo, quiso ponérsele á sí mismo, y en este pensamiento duró otros ocho dias, y al cabo se vino á llamar DON QUIJOTE: de donde, como queda dicho, tomaron ocasión los autores desta tan verdadera historia que sin duda se debia de llamar Quijada, y nó Quesada, como otros quisieron decir. Pero acordándose que el valeroso Amadis no sólo se habia contentado con llamarse Amadis á secas, sino que añadió el nombre de su reino y patria por hacerla famosa, y se llamó Amadis de Gaula, así quiso, como buen caballero, añadir al suyo el nombre de la suya, y llamarse DON QUIJOTE DE LA MANCHA, con que á su parecer declaraba muy al vivo su linaje y patria, y la honraba con tomar el sobrenombre della “ (Capítulo I, 1ª parte).

Sólo le faltaba “ buscar una dama de quien enamorarse; porque el caballero andante sin amores era árbol sin hojas y sin fruto, y cuerpo sin alma. Decíase él: Si yo, por malos de mis pecados, ó por mi buena suerte, me encuentro por ahí con algun gigante, como de ordinario les acontece á los caballeros andantes, y le derribo de un encuentro, ó le parto por la mitad del cuerpo, ó finalmente le venzo y le rindo, ¿ no será bien tener á quien enviarle presentado, y que éntre y se hinque de rodillas ante mi dulce señora, y diga con voz humilde, y rendido: Yo, señora, soy el gigante Caraculiambro, señor de la ínsula Malindrania, á quien venció en singular batalla el jamas como se debe alabado caballero Don Quijote de La Mancha, el cual me mandó que me presentase ante vuestra merced, para que la vuestra grandeza disponga de mí á su talante ? “. Y puesto que cerca de su pueblo vivía Aldonza Lorenzo, labradora de quien estuvo enamorado, “ vino á llamarla DULCINEA DEL TOBOSO, porque era natural del Toboso “ (Capítulo I, 1ª parte).

Primera salida de Don Quijote como caballero andante
(G, Doré)
 Más tarde vendrían las varias salidas de su aldea que lo llevaron a un sinfín de aventuras  – entre ellas la popularmente conocidísima de los molinos de viento - por tierras de La Mancha, Campo de Montiel, Sierra Morena, Aragón y Cataluña. En el transcurso de ellas Don Quijote recibirá otros nombres. Así, Sancho, dirigiéndose a un bachiller que venía de la ciudad de Baeza e iba camino de Segovia acompañado de otros once sacerdotes (con los que en su locura se enfrentó el hidalgo manchego) que conducían el cadáver de un caballero muerto en aquella población, se refiere a Don Alonso Quijano como “el caballero de la Triste Figura”:   
Don Quijote se enfrenta a los molinos de viento
(G. Doré)
“ Don Quijote preguntó á Sancho que qué le haba movido á llamarle el caballero de la Triste Figura más entónces que nunca. Yo se lo diré, respondió Sancho, porque le he estado mirando un rato á la luz de aquella hacha que lleva aquel mal andante, y verdaderamente tiene vuestra merced la más mala figura, de poco acá, que jamas he visto; y débelo de haber causado, ó ya el cansancio deste combate, o ya la falta de las muelas y dientes  [se refería Sancho a los efectos del episodio del ataque de don Quijote a los dos rebaños de ovejas y carneros, del que salió bastante malparado]. No es eso, respondió Don Quijote, sino que el sabio á cuyo cargo debe de estar el escrebir  la historia de mis hazañas, le habrá parecido que será bien que yo tome algun nombre apelativo, como lo tomaban todos los caballeros pasados (...) y así digo, que el sabio ya dicho te habrá puesto en la lengua y en el pensamiento ahora que me llamases el caballero de la Triste Figura, como pienso llamarme desde hoy en adelante; y para que mejor me cuadre tal nombre, determino de hacer pintar, cuando haya lugar, en mi escudo una triste figura. No hay para qué gastar tiempo y dineros en hacer esa figura, dijo Sancho,, sino que lo que se ha de hacer es que vuestra merced descubra la suya, y dé rostro á los que le miraren, que sin más ni más, y sin otra imágen ni escudo, le llamarán el de la Triste Figura; y créame que le digo verdad, porque le prometo á vuestra merced, señor (y esto sea dicho en burlas), que le hace tan mala cara el hambre y la falta de las muelas, que, como ya tengo dicho, se podrá muy bien excusar la triste pintura. Rióse Don Quijote del donaire de Sancho, pero con todo propuso de llamarse  de  aquel nombre en pudiendo pintar su escudo ó rodela,  como  habia  imaginado “ (Capítulo XIX, 1ª parte).

Don Quijote se encuentra con los leones
(G. Doré)
En un momento determinado Don Quijote quiere dejar el apelativo de caballero de la Triste Figura y ser llamado caballero de los Leones. Se trata del pasaje en que, siguiendo la misma ruta que Don Diego Miranda, el caballero del Verde Gabán, se encuentra con unos leones que, enjaulados en un carro, eran enviados al Rey por “ el general de Orán “ ; Don Quijote quiso haberse enfrentado a ellos, pero ya el primero de los leones evidenció no desear pelea con el manchego, que consideró aquel encuentro como una muestra de su valor: “ besó las manos el leonero á Don Quijote (...) y prometióle de contar aquella valerosa hazaña al mismo rey, cuando en la corte se viese. Pues si acaso Su Majestad preguntare quién lo hizo, direisle, que el CABALLERO DE LOS LEONES: que de aquí adelante quiero que en este se trueque, cambie, vuelva y mude el que hasta aquí he tenido del caballero de la Triste Figura; y en esto sigo la antigua usanza de los andantes caballeros, que se mudaban los nombres cuando querian ó cuando les venia á cuento “  (Capítulo XVII, 2ª parte).


   

    


       FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS