domingo, 29 de enero de 2017

A FRANCISCO LÓPEZ-CASERO OLMEDO EN EL MOMENTO DE SU MUERTE

Francisco López-Casero en
fotografía publicada en
EL PAÍS (28-1-2017)
No es el frío de este mes de enero - en el que Campo de Criptana presencia la celebración de las fiestas de San Antón, de San Sebastián y de la Virgen de la Paz, los “santos frioleros” – el que me ha dejado helado, no ciertamente, sino la noticia de la muerte de Francisco López-Casero Olmedo, un criptanense eminente en el campo de la investigación sociológica, un criptanense referente – aquí sí que esta palabra no está usada con exceso – en el mundo universitario y de la cultura en general.

Recuerdo a Paco López-Casero, licenciado en Economía Política y Doctor en Sociología por la Universidad de Munich, y profesor en la Universidad alemana de Augsburgo, de cuando en 1982 el Ayuntamiento de Campo de Criptana nos publicó a él y a mí conjuntamente en un pequeño cuaderno (Semblanza histórico-cultural de la villa) dos breves trabajos que al fin y al cabo tenían que ver con Campo de Criptana, el suyo un breve fragmento de una de sus obras que están en el origen de La agrociudad mediterránea, obra colectiva publicada en 1989 con él como compilador.




Lo recuerdo también a través de las conversaciones que a veces mantuvimos cuando  visitaba su Criptana natal, conversaciones que – no podía ser de otra manera – versaban sobre nuestro pueblo común, a través de las cuales insistía en la importancia que para esta población se encerraba en su polígono industrial, con sus empresas en creciente actividad, cuando todavía no había hecho acto de presencia la grave crisis económica iniciada aproximadamente hace una decena de años, aquella actividad floreciente que él bien conocía a través de las entrevistas que realizaba a los empresarios allí radicados.


Solo esporádicamente y gracias a su aparición en alguna revista local de Campo de Criptana, o en alguna que otra charla que nos regaló, se le ha reconocido aquí, en su pueblo, a Paco la relevancia que su persona y su obra merecen.

Espero que en el futuro su lugar de origen le haga el reconocimiento debido y que es de justicia. Al respecto, y con el sello de urgencia con motivo de su fallecimiento, recomiendo la lectura de lo publicado sobre nuestro paisano en el diario EL PAÍS el pasado 28 de enero por Eduardo Moyano Estrada, sociólogo del CSIC, con el título Francisco López-Casero, un pionero de la sociología rural.

        FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS

jueves, 12 de enero de 2017

HOY SE CUMPLEN OCHENTA AÑOS DEL “DÍA DE LAS BOMBAS”

Así es. El 13 de enero de 1937 Campo de Criptana fue bombardeado por la aviación de una parte de España, aquélla que se había sublevado el 18 de julio de 1936 contra el gobierno legítimo del Estado de la Segunda República.

Hace unos años entrevisté a una persona, ya fallecida, que por entonces era un adolescente. Recordaba que aquel 13 de enero era ya de noche, hacia las diecinueve horas, cuando se dejaron oír los motores de los aviones y muy poco después el estruendo de las bombas, que produjeron – imagino – el lógico estupor entre la población criptanense. Otros testimonios me aseguraron a lo largo de los años que una niebla espesa envolvía a la localidad.

Efectos de un bombardeo en el transcurso
de la Guerra Civil española
¿Motivo del ataque? La tradición oral insiste en que aquel grupo de bombarderos tenía como objetivo un convoy de vehículos llenos de suministros que, estacionado cerca de la estación de ferrocarril, estaba a la espera de que éstos fueran cargados para su transporte.

El caso es que parte de la zona oriental del casco urbano sufrió directamente los efectos del bombardeo, con el resultado de tres personas muertas - según me indicó la persona citada -, que habrían sido dos si se sigue lo expuesto por cierta bibliografía; también hubo destrozos en parte de los inmuebles de dicha zona, en el entorno de la calle Guindalera.

Muchas veces he oído contar a mis mayores que la familia de mi madre vivía en la calle Blasco Ibáñez (General Mola la denominaron durante la dictadura franquista y algunos años de la presente etapa democrática) y que toda ella pasó mucho miedo, más aún cuando una de las bombas cayó en la conocida como “bodega de Juanito”, situada a pocos metros del domicilio familiar y con su entrada principal por la calle Concepción. Por suerte, la bomba no llegó a hacer explosión.

Igualmente, en innumerables ocasiones he escuchado lo ocurrido con mi abuelo materno, cuya inquietud y desasosiego ante el suceso también son fáciles de imaginar. Agricultor, se encontraba en su modesta casa de labor en el campo (cocedero, o “cocero” hablando coloquialmente) situada en la parte meridional del término municipal a unos cuantos kilómetros de distancia de la localidad. En medio del frío nocturno, junto a otro agricultor, pudo ver el horizonte iluminado por efecto del ataque aéreo, y en un momento determinado comunicó a su colega la determinación que acababa de tomar: “Me voy al pueblo, que una de esas bombas ha caído cerca de mi casa”. Desde luego, no le falló su intuición.


Me gustaría enumerar todos los detalles de aquel trágico suceso, pero desgraciadamente no cuento con más información por el momento; eso sí, lo traigo a colación y lo evoco porque, como todo lo que es pasado, aquella guerra, pese a algunas erróneas opiniones, no debe ser olvidada: será el mejor medio para que no vuelva a  repetirse. 

FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS

jueves, 17 de noviembre de 2016

AVISO URGENTE

Esta noche y durante varios jueves a las 22,30 horas el canal Discovery Max (DMAX) ofrece una serie sobre la Guerra Civil Española con materiales originales, en color, de la Filmoteca Española. Promete ser muy interesante.
Sugiero a los lectores que no dejen de verlo.


FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS

martes, 15 de noviembre de 2016

POR SANTA CECILIA ..., UNAS NOTAS MUSICALES CON LA FILARMÓNICA BEETHOVEN

La Filarmónica Beethoven en 1934
El 5 de septiembre de 1935 la Banda de Música Filarmónica Beethoven de Campo de Criptana obtuvo el 2º premio en el Certamen Nacional de Bandas celebrado en Cuenca. La obra obligada había sido Pinceladas de Castilla, de A. Ortega, la de libre elección La boda de Luis Alonso, de G. Giménez, y como pasodoble Sueños de artista, de M. Gimeno.

La Corporación criptanense se hizo eco del galardón obtenido y en la sesión municipal  que tuvo lugar seis días después, a propuesta del concejal Francisco Lorente Alberca, se hizo constar en acta “la satisfacción del Ayuntamiento por el triunfo que recientemente ha obtenido en Cuenca la Banda de Música que dirige D. Manuel Angulo”. Pero la cosa no acabó ahí.
Diploma acreditativo
del premio en Cuenca (1935)

En efecto, el 29 de octubre de ese año se desarrolló en el Teatro Cervantes un Festival Artístico Musical en homenaje a la Banda, imágenes de cuyo programa de mano se reproducen en este artículo. El Festival, cuyos beneficios económicos habrían de servir para comprar una tuba o bajo y en el que tomarían parte “distinguidas señoritas de la localidad, la orquesta RUYRA de Ciudad Real y otros valiosos elementos artísticos”, se compuso de dos partes. La primera constaría de:

. Saludo y ofrenda, por el niño Francisco Coronado.
. Canción, por el niño Antonio Huertas.
. Talaverana, de M. Ibáñez, R. Fandiño y M. Moras (por cierto, obsérvese el error en el programa de mano), a cargo de un coro de señoritas de la localidad.
. La Romanza en fa, de Beethoven.
. Una selección de El guitarrico, zarzuela de Agustín Pérez Soriano, para violín y piano, con Antonio Millán y Celedonio Cedenilla, respectivamente, como solistas.
. Linda flor, una canción de C. Cedenilla para coro de señoritas.
. Baile regional manchego, por cuatro niños de la localidad.
. Jotas, con las voces del niño Antonio Huertas y coro.
. Himno a Criptana, con letra de José Vicente Ortiz Muro y música del maestro Cedenilla.

En la segunda parte se entregaría al maestro Angulo una “artística batuta ofrecida por suscripción popular”, y posteriormente la Filarmónica ejecutaría las obras por las que fue premiada en Cuenca.

Como curiosidad hay que añadir que las localidades para el festival se podrían adquirir en el Estanco de la Plaza.

Como se ve, por entonces ya se había compuesto el Himno de este pueblo, pero todavía no estaba reconocido como tal. Sobre este asunto, el director de la Banda desde 1933, Manuel Angulo Sepúlveda, presentó una solicitud al Ayuntamiento fechada a 22 de abril de 1939, pocas semanas después de finalizada la Guerra Civil, y que la Corporación vio en sesión de 6 de mayo. El contenido resumido de la solicitud era el siguiente:

. En octubre de 1935 se hizo un himno a Campo de Criptana por el poeta José Vicente Ortiz Muro por encargo del propio Angulo.
. Le puso música Celedonio Cedenilla Fernández, “mártir entre otros del Glorioso Movimiento Salvador de España”.
. El himno se estrenó solemnemente en el Teatro Cervantes el 29 de octubre de 1935.
. No dio tiempo a que el himno fuera reconocido por las autoridades y pueblo en general como himno oficial del pueblo, porque “… entramos desgraciadamente en periodo marxista para luego convertirse en plena revolución roja …”.
. Por todo ello suplicaba que se incoara expediente para que fuese declarado legal el himno. Acompañaba copia de la letra y partitura de la música firmadas por sus autores.

Jesús Alarcos, Jefe local del partido único del régimen franquista, Falange Española Tradicionalista y de las J.O.N.S., remitió posteriormente un informe, fechado a 25 de abril de 1939, en el que hacía suya la petición de Angulo, entre otras razones  “… por salir [el himno] de inteligencias que en todo momento estuvieron á disposición de los hechos que culminaron en el Glorioso Movimiento Nacional, que nos ha dado la victoria …”.

El Ayuntamiento accedió a lo que se pedía. Así pues, desde mayo de 1939 el Himno de Campo de Criptana tiene carácter oficial. He de hacer notar al lector que las alusiones al conflicto bélico español iniciado en julio de 1936, incluidas en las frases entrecomilladas de las líneas anteriores, merecerían un comentario aparte en el que no voy a detenerme en este momento. Por otra parte, hay que hacer constar que Ortiz Muro era notario de profesión. En cuanto a Cedenilla, afiliado a Acción Popular, había sido sacristán y organista de la parroquia criptanense; procedente de Méntrida (Toledo), llevaba afincado hacía años en Campo de Criptana, donde fue asesinado en agosto de 1936.

La Plaza
 antes de la Guerra Civil,
con el quiosco para los conciertos
Hay otro aspecto que tiene que ver con la Filarmónica Beethoven por aquellos años con el que finalizo este artículo, el económico. La Banda, que no era la única que había en el pueblo antes de la Guerra Civil, cobraba por conciertos que ofrecía, como es lógico; así, en 1935, siendo su tesorero Santiago Calonge, por las diez actuaciones que tuvo en la temporada de verano y en los días de feria cobró 1.000 pesetas. Era aquél un tiempo de dificultades económicas, como deja bien claro lo que en la sesión de 26 de junio de ese año, y a pregunta de Juan Bustamante sobre si se iba a dar velada musical el día de San Pedro, el alcalde dijo que la situación económica del Ayuntamiento “impone la necesidad de restringir los gastos”, si bien, a  propuesta de Julio Casero, por unanimidad se le dio un voto de confianza al alcalde para decidir lo que estimara más conveniente sobre celebrar veladas musicales en las fiestas de costumbre, es decir, las de San Pedro, Santiago y la Asunción.

Manuel Angulo Sepúlveda,
director de la Banda
entre 1933 y 1983
Más adelante, cuando ya sólo hubo una Banda, se vio necesario el establecimiento de unas nuevas condiciones de financiación municipal, sentido que tiene la petición que el 8 de  noviembre de 1939 presentó al Ayuntamiento Manuel Angulo. El director empezaba exponiendo que la Banda vivió siempre huérfana de protección oficial; todo lo más, algunos particulares, y en contadas ocasiones, le prestaban su apoyo moral. Tras justificar lo bueno de la actividad de la Banda para los músicos y para el pueblo, comparaba la cantidad de dinero, en pesetas, que varios ayuntamientos asignaban a las bandas de música respectivas e indicaba la cuantía de los presupuestos de los mismos, comparación que no deja lugar a dudas sobre la diferencia entre lo que ocurría al respecto en Campo de Criptana y en otras poblaciones, según se ve a continuación:



Localidades             Presupuesto municipal   Asignación a la Banda      

Manzanares                           835.600                       16.845
Puertollano                            765.706                       15.250
Daimiel                                 519.864                       16.750
Almodóvar                             391.162                       20.000
Herencia                               301.800                       15.760
Santa Cruz de Mudela              258.000                       10.050
Malagón                                199.848                       12.400
Campo de Criptana                 411.474                         Nada

Añadía Angulo que había más pueblos de mucha menor importancia que Campo de Criptana que concedían asignación económica a su banda de música y terminaba pidiendo una subvención “proporcionada a las consignaciones que otros Ayuntamientos de esta provincia vienen invirtiendo” en sus agrupaciones musicales. En la sesión de 18 de noviembre se vio la solicitud y se acordó pasarla a la Comisión municipal de Hacienda.

Habría que concluir señalando que en todo tiempo parece lógico y conveniente el apoyo de cualquier ayuntamiento a la actividad musical, como lógica y conveniente debe ser la preocupación de esta institución por asegurar el aprovechamiento eficaz de dicho apoyo.


FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS





lunes, 7 de noviembre de 2016

OTRA INVITACIÓN

Pues sí, invito a los lectores a asistir al ENCUENTRO CERVANTINO que tendrá lugar el próximo viernes 11 de noviembre a partir de las 10 de la mañana en el Salón de Actos del Ayuntamiento de Alcázar de San Juan.

Como se puede ver en la imagen que se adjunta hay intervenciones variadas en sesiones de mañana y tarde. Concretamente, la mía está programada para las 5,30 de la tarde y, como puede verse, se centrará en los molinos de viento de Campo de Criptana, una manera inmejorable de encontrarse con Miguel de Cervantes Saavedra.


A lo dicho: quedan invitados.

   FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS

jueves, 22 de septiembre de 2016

EN FAVOR DE LA MEMORIA HISTÓRICA

Con frecuencia se oyen voces que defienden la conveniencia de dejar en el olvido, como si no hubieran ocurrido, acontecimientos históricos del pasado, pretendiendo así – dicen - evitar que enfrentamientos surgidos en la sociedad en otras épocas vuelvan a reproducirse dividiéndonos en bandos hasta la eternidad. Es lo que ocurre con la última guerra civil española, que hace ocho décadas asoló nuestro país.
En un artículo, titulado 18 de julio de 1936 (EL PAÍS, 17 de julio de 2016, pág. 20), el catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Extremadura, Enrique Moradiellos, se refería a la mencionada guerra (1936-1939) con frases y calificativos que perfectamente pueden ser aplicados al microcosmos social de Campo de Criptana de esos años: una cruel contienda fratricida que constituye el hito trascendental de la historia contemporánea (…) y está en el origen de nuestro tiempo presente (…) un cataclismo colectivo que abrió un cisma de violencia en la convivencia de una sociedad atravesada por múltiples líneas de fractura interna y grandes reservas de odio y miedo  conjugados …“.
El resumen de las cifras relativas a pérdidas demográficas por esa guerra que hace el autor citado es harto elocuente:
- Entre 150.000 y 200.000 muertos en acciones de guerra.
- Unos 155.000 muertos por efecto de la represión, de ellos 100.000 en zona franquista y alrededor de 55.000 en zona fiel a la República (zona en la que durante toda la guerra se mantuvo nuestra villa).
- 350.000 fallecidos por enfermedades, hambre, etc.
- Reducción del número de nacimientos en torno a 500.000.
- A estas pérdidas en vidas hay que sumar la pérdida de quienes, aun siguiendo vivos, buscaron otros lugares donde rehacer sus vidas. Son las cifras del exilio: unas 734.000 personas que lo hicieron temporalmente para luego regresar, y unas 300.00 que ya no volvieron.
En todos esos capítulos, sin ningún género de dudas, hay que contar con criptanenses, incluido - por supuesto - el apartado de los no nacidos y el de los exiliados, entre éstos los que sufrieron en sus carnes los campos de concentración nazis. ¡Como para dejar la guerra y sus consecuencias en el olvido!
Como criptanense y como modesto historiador no puedo tratar como si no hubieran existido a aquellos entre 15.000 y 16.000 paisanos míos que por ahora hace ochenta años tuvieron que afrontar situaciones tan dramáticas que tal vez nunca las hubieran imaginado ni como protagonistas activos ni como protagonistas pasivos. Los casi tres años de guerra fueron, a la larga, un trágico calvario para todos, con periodos especialmente virulentos, como lo fueron sin duda los primeros meses del conflicto - sin dejar de serlo el resto del tiempo - en el plano local, cuando la violencia acechaba a cada instante la vida de muchos.
Y la cosa no acabó ahí, el problema no desapareció con la proclamación oficial del final dela guerra el 1 de abril de 1939. Después de esa fecha unos y otros siguieron llorando a sus muertos, y muchos vieron sus vidas rotas para siempre. La violencia, que en el transcurso del conflicto a lo largo y ancho del país tuvo dos caras, ya sólo tenia un rostro, con matices contrapuestos: justiciera para unos, vengativa para otros, para los que – estos últimos - el silencio vital fue imponiéndose en el acontecer diario.
Pero así como el sueño de la razón produce monstruos, que diría Francisco de Goya, el olvido de cualquier retazo de nuestro pasado como comunidad no sólo facilitaría la caída en los mismos errores en un futuro más o menos cercano, sino que dejaría nuestra memoria colectiva manca y coja de por vida y haría de nosotros seres deformes, incompletos, desmemoriados en suma. Saber por saber ya es un buen fin, pero el de saber más para mejorar nuestra convivencia supera al anterior.
Portada de uno de los últimos libros
publicados sobre el tema.
Editorial Turner, 2016
Frente a quienes propugnan ese olvido - muchas veces con esa manida frase de “no hay que remover el pasado” - es preciso defender el conocimiento de lo ocurrido, que tenga su hueco en nuestra memoria, pues no se trata de agitar rencores y miedos sino de comprender que nuestro presente hunde sus raíces en el pasado, en todo el pasado, y no podemos permitirnos el lujo, como ciudadanos, de prescindir de ninguno de sus segmentos; hacerlo sería, y hablo ya como profesional de la Historia, cometer un crimen manifiesto contra la esencia misma de esta ciencia social.
Años llevo, aunque, bien es verdad, en etapas discontinuas, recabando datos de diferentes archivos históricos y publicaciones relativos a la guerra civil en Campo de Criptana para un trabajo que todavía me ocupará bastante tiempo. Mi propósito es dar a conocer a mis paisanos especialmente, pero en general a los lectores, lo que supuso tal conflicto en este pueblo. Cualquier información es bien acogida. Por esto, ruego a mis lectores que si disponen de ella  – documentos escritos, fotografías, etc., etc. -, y lo tienen a bien, me la faciliten poniéndose en contacto conmigo a través del correo electrónico franescribano@telefonica.net .Sus aportaciones serán, además de una inestimable ayuda, una fuente histórica insustituible. Gracias.

         FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS

sábado, 30 de julio de 2016

MI PREGÓN DE FERIA, EL PRIMERO DEL SIGLO XXI EN CAMPO DE CRIPTANA





En días éstos en que procede anunciar la cercanía de nuestra Feria y Fiestas no puedo dejar de recordar que hace quince años, el 2001, me tocó “la suerte” de ser el pregonero. El alcalde de entonces, el socialista Joaquín Fuentes Ballesteros, pensó en mí para ejercer tal papel y ésta es una de esas cosas a las que uno no puede negarse, si bien lo primero que piensas es “a ver qué digo yo” y en el hecho de que no tienes más remedio que bailar un vals, sepas o no sepas.

Una vez que te armas de valor para afrontar el reto lo primero que sigue es planear el enfoque que quieres darle al asunto, y eso hice. Traté de ser breve y de no caer en muchos lugares comunes que surgen en una situación así, y al mismo tiempo me propuse aportar algunos datos de interés, hacer pensar un poco al público oyente, así como no olvidar que estamos en tierra quijotesca por excelencia y no pasar del contexto de aquel momento, un tiempo de euforia económica todavía en el que nuestro pueblo aumentaba su población entre otros motivos por la llegada de inmigrantes atraídos por la posibilidad de encontrar, sin muchas dificultades, un trabajo, algo diferente a lo que ocurre hoy en día, en que Campo de Criptana últimamente, y año tras año, pierde población. Por lo demás, me importaba conseguir ser ameno en un acto en el que buena parte de quienes asisten no tienen como primer objetivo escuchar ningún tipo de discurso.

El resultado de mis planteamientos fue el texto que transcribo a continuación, eliminadas, eso sí, las alusiones iniciales de tipo protocolario.


PORTADA DE LA REVISTA DEL
PROGRAMA DE FERIA DEL AÑO 2001


                                               *   *    *    *   *   *   *

“Me resulta muy grato encontrarme aquí, ejerciendo de pregonero, todo un honor que agradezco a nuestro alcalde. Insisto en lo de honor y añado que es un privilegio, pues si bien todo hombre y toda mujer del Campo de Criptana están llamados a ser anunciadores de las fiestas de su pueblo, sólo uno o una de entre todos y todas puede serlo cada año. Privilegio, por tanto, señor alcalde, por el que le quedo muy agradecido.

Privilegio para un pregón que puede parecer innecesario. Podemos preguntarnos para qué sirve anunciar la fiesta si todos –niños, jóvenes, adultos- saben perfectamente cuándo llega. ¿Para qué? La respuesta, en mi opinión, es fácil: para cumplir el rito. La feria y su pregón son algunos de los muchos ritos que jalonan el ciclo anual de nuestras vidas; aunque no nos percatemos de ello, vivimos continuamente practicando ritos: familiares, sociales, lúdicos, religiosos, y así podríamos seguir con un largo etcétera. Dos ejemplos de los muchos que pueden extraerse de la misma feria: el corte de la cinta para inaugurar el ferial “la noche de la pólvora”, o bien, el que en el último de los conciertos que ofrece la Banda de Música “Filarmónica Beethoven” ésta interpreta antes del “Himno a Criptana” el pasodoble “Limiñana” de Bernardo Gómez, y por dos veces.

Pues bien, aquí estoy para hacer efectivo el rito. ¿De qué manera? Con la dignidad que corresponde a un acto como éste y con el respeto que todos ustedes me merecen. Miguel de Cervantes, en el prólogo de esa gran obra suya que sigue siendo de obligada lectura, “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha”, simula atender el consejo de un amigo sobre cómo hacer la presentación de la misma; el amigo le recomienda –cito textualmente-:

“... que leyendo vuestra historia, el melancólico se mueva á risa,
el risueño la acreciente, el simple no se enfade, el discreto se admire
de la invencion, el grave no la desprecie, ni el prudente deje de 
alabarla ...”.

Por mi parte, en el pregón o presentación de nuestra feria, no aspiro a tanto, entre otras razones porque no soy Cervantes. Me conformo con provocar en ustedes, con la brevedad que requiere la ocasión, una sencilla reflexión sobre el sentido de la fiesta que se aproxima y hacerles partícipes de la emoción que ésta nos transmite a todos, aun a costa, por lo que a mí hace y por aquello de la emoción, de no servir del todo a mi profesión, pues el historiador, decía Cervantes, no debe tener nada de apasionado para así poder ser puntual y verdadero.

La fiesta, toda fiesta, es cultura, forma parte de la cultura de un pueblo, entendida esa palabra en su acepción más amplia. La fiesta, en efecto, es inseparable de la forma de ver el mundo, de la forma de ver la vida que tiene un pueblo.

En la sociedad agraria tradicional, la fiesta por excelencia del verano venía a marcar el tiempo de descanso tras las labores de recolección, significaba el reposo bien ganado tras el esfuerzo, que se veía así recompensado. El Campo de Criptana, pueblo de economía básicamente cerealista en otros tiempos, tenía sus fiestas en septiembre, tras el “agosto” recolector; precisamente, una de las festividades religiosas de ese mes, la de la Virgen de la Asunción, la llamada “Virgen de agosto”, servía como referencia para que los agricultores, tras recoger sus cosechas de grano, devolvieran al Pósito el que anteriormente habían recibido en préstamo para poder llevar a cabo la siembra o, como se decía, el “empanar los campos”.

Con el correr del tiempo, el desarrollo del cultivo de la vid, dado el momento de inicio de recogida de su fruto, y su correspondiente preparación, obligó a ir adelantando las fechas festivas hasta dejarlas, como lo están ahora, en el mes vacacional por excelencia, el mes de agosto.

La fiesta, por tanto, considerada como descanso en medio de la actividad anual. En relación con esto, muchas veces hemos oído decir que es como hacer un alto en el camino, olvidarse un tanto de los problemas de la vida diaria para recobrar la fuerza vital que necesitamos para seguir adelante. Desde mi punto de vista, así debe ser en parte, pero la fiesta no debe ser motivo para dejar arrinconados por un tiempo los problemas en el desván de nuestras vidas; en todo caso, los días de asueto, que están ahí para divertirse, sin duda, deben servir también para reflexionar con calma sobre todo lo que nos preocupa en el acontecer diario.

La fiesta, por otra parte, y esto es muy importante, debe servir para abrirnos a todos, a todos los que regresan por esos días y a todos aquellos que nos visitan. Hospitalidad, solidaridad, son los valores y las actitudes de referencia. Y en estos tiempos que corren estos valores no han de ser palabras huecas, que se dicen porque uno queda bien al proclamarlas. Tenemos todos sobradas razones para ponerlas en práctica.

Vivimos tiempos en que nuestra sociedad cambia más deprisa de lo que nos parece, tiempos en que tenemos la oportunidad de mostrarnos a diario hospitalarios y solidarios con personas de más allá de nuestras fronteras que han venido, buscando mejores condiciones de vida, a vivir con nosotros. Si la fiesta forma parte de nuestra cultura, debemos también abrir nuestros brazos para acoger y ofrecerles nuestras costumbres a los inmigrantes que cada vez en mayor número habitan en nuestro pueblo y que cuanto antes, en razón de su justa, necesaria y legítima integración, deberían dejar de ser llamados así, inmigrantes. Y en este sentido sí que debería ser fiesta todo el año: la solidaridad y la hospitalidad, de la que siempre ha hecho gala el Campo de Criptana, son valores de obligado cumplimiento.

Y hablando de nuestra feria, permítanme cambiar el tercio, valga la expresión taurina, y remontarme a su origen, porque no debemos olvidar cómo comenzó todo. Hay que recordar que nuestra feria está ligada al culto del Crucificado de Villajos, al Cristo de Villajos, Patrón del Campo de Criptana. No es nada raro, sino todo lo contrario, que en un ámbito como el nuestro, el espacio cultural europeo-mediterráneo, por lo demás como en otras culturas, fiesta y religión vayan unidas.

En nuestro caso, el Ayuntamiento del Campo de Criptana decidió, en el inicio del último tercio del siglo XVII, establecer una festividad anual en honor de aquel Crucificado, al que las gentes de aquí y de los pueblos de alrededor tenían una especial devoción; la fiesta se celebraba en su ermita con gran afluencia de personas de los pueblos circundantes, y así fue durante casi un siglo, pues a partir de 1756, con la correspondiente licencia de la superioridad –el Consejo de las Órdenes Militares y el Prior de Uclés-, la fiesta ya tuvo por escenario nuestra villa, para lo cual anualmente se traía la imagen del Cristo desde su santuario, siempre el jueves anterior al domingo de su celebración, que si se cambió de lugar fue para poner coto a los enfrentamientos que con frecuencia se producían, a veces con gran violencia, en el entorno de la ermita en medio del jolgorio anual, hechos en los que destacaban por su especial protagonismo personas de Alcázar de San Juan y del Campo de Criptana, dando así la razón a lo que decía Sancho Panza en la novela cervantina:

“... la gente manchega es tan colérica como honrada, y
no consiente cosquillas de nadie ...” (Cap. X, 2ª parte).

Hay que aclarar que ya en 1755 la imagen había sido trasladada al pueblo, pero sin las formalidades antes indicadas. Por su parte, el día del Cristo sufrió variaciones: en un principio era el 14 de septiembre, festividad de la Exaltación de la Cruz, luego pasó a ser el domingo siguiente a ésta, y más tarde, en diversos años fue adelantándose, como se ha dicho antes. Mas por encima de los cambios, está fuera de toda duda que fue una sabia decisión la tomada por el Ayuntamiento criptanense aquel cuatro de agosto de 1669, hace nada más y nada menos que 332 años, y  digo sabia porque generación tras generación los criptanenses la han asumido, la hemos asumido, y todo lo que rodea el festejo, incluido el de la “Octava del Cristo”, que también tiene lugar desde antiguo, forma parte de lo más íntimo de nuestras vidas. Por ello, sirvan estas palabras de homenaje y de reconocimiento a los alcaldes ordinarios, Fancisco Baíllo de la Beldad y Bartolomé Sánchez Arias, y a los regidores –hoy diríamos concejales- Pedro Granero, Alfonso Granero de Heredia, Benito Fernández y Juan Núñez Jurado, todos los cuales integraban el consistorio municipal que adoptó aquel acuerdo en la fecha reseñada.

Conviene explicar el hecho de que hubiera dos alcaldes a la vez. En aquellos siglos muchos pueblos se regían por el sistema llamado “mitad de oficios”, consistente en que los nobles –unas pocas familias- tenían derecho a ocupar la mitad de los cargos municipales, en tanto que la otra mitad correspondía al pueblo llano o “pecheros”, así llamados porque pechaban o cargaban con los impuestos;  se trataba de un sistema radicalmente injusto, alejado de la actual democracia.

Utilicé al principio la palabra brevedad y no quiero alargarme. Es mi obligación, y lo hago con sumo gusto, invitar a todos a pasárselo bien, a disfrutar, pero háganlo con moderación, en relación con lo cual vienen a cuento algunos de los consejos que Don Quijote daba a Sancho Panza antes de que el fiel escudero se dirigiese a gobernar la ensoñada Ínsula Barataria. Por ejemplo, éste:

Come poco, y cena más poco, que la salud de todo
el cuerpo se fragua en la oficina del estómago”.

     O este otro:

Sé templado en el beber, considerando que el vino
demasiado ni guarda secreto ni cumple palabra” (Cap. XLIII, 2ª parte ).

Sabios consejos, desde luego. Y disfruten la fiesta en armonía, desterrando, si acaso las hubiere, posibles envidias y rencillas. Recuerden que, como también con acierto decía Sancho Panza, “... donde reina la envidia no puede vivir la virtud ...” (Cap. LXVII, 1ª parte).

Disfrútenla todos, los que aquí residen y los que vienen por estos días, y participen en los actos programados, porque al fin y al cabo los protagonistas de la fiesta somos todos. Y durante ella inviertan en ánimo; recuerden que la renta de júbilo de esos días debe alcanzarles hasta el año que viene.

Y una vez cumplido mi papel en este ritual del pregón, sólo me resta desearles felices fiestas y agradecerles la atención que me han dispensado. Muchas gracias”.

      FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS