sábado, 30 de enero de 2016

PARA QUE CAMPO DE CRIPTANA MARQUE LA DIFERENCIA EN ATRACTIVO TURÍSTICO



Miguel de Cervantes,
centro de celebraciones
Estamos a caballo entre las celebraciones de dos centenarios, el cuarto de la publicación de la segunda parte de El Quijote, en 2015, y el cuarto de la muerte de Miguel de Cervantes, en 2016, año en el que con seguridad, pese a la polémica que de entrada ya se ha presentado entre la Real Academia de la Lengua y el Gobierno de España acerca de cómo hay que tratar a D. Miguel, fallecido en abril de 1616, menudearán – ya se están anunciando - actos (exposiciones, publicaciones, ciclos de conferencias, etc., etc.) que evocarán la figura y la época de Cervantes, actos que en diferentes lugares se verán enmarcados o de alguna manera relacionados con el fomento del turismo y la atracción de visitantes que dejen su dinero con el pretexto del autor (¿alcalaíno?, ¿alcazareño?; me niego a entrar en la discusión) de tantas obras literarias dignas de admiración, autor que ha tenido su presencia, como no podía ser menos, en FITUR, la Feria Internacional del Turismo que ha tenido recientemente a Madrid como escenario.
Sin duda, podemos hablar del 2016 como "año Cervantes", pretexto, pues, para tratar de potenciar el turismo y aprovechar la repercusión económica que puede y debe tener para Campo de Criptana y otras localidades de nuestra comunidad autónoma.
Centrándome en Campo de Criptana, y como todos sabemos, para 2015 su Ayuntamiento elaboró un  programa, que todavía podemos ver en su página web, que incluía gran cantidad (una especie de “totum revolutum”) de actos, parte de los cuales, asombrosamente, poco o nada tenían que ver con Cervantes y El Quijote y que formaban parte, en realidad, de la programación cultural y deportiva anual del municipio; un ejemplo simplemente: los conciertos del verano de la Banda de Música Filarmónica Beethoven, integrados en el cuarto centenario (¿?).
Por cierto, había algún acto programado que sí venía muy a cuento con la efeméride para el año pasado y que curiosamente no se ha celebrado – bien lo he echado de menos - que yo sepa, ni se ha explicado oficialmente el porqué; me refiero al que debería haber tenido lugar el viernes 18 de septiembre y que entiendo muy interesante: la charla del profesor Porras Arboledas anunciada bajo el título “Presentación de investigación sobre el origen de los molinos”, investigación subvencionada económicamente por el propio Ayuntamiento criptanense.
FITUR 2016
Volviendo a FITUR 2016, en el marco de esa feria el Ayuntamiento de nuestro pueblo ha presentado un “Plan Dinamizador de Turismo” que ha de desarrollarse en un plazo de cinco años, desde 2016 hasta 2020, y como integrante del eslogan que trata de atraer la atención hacia nuestra villa por parte de los posibles visitantes, se ha publicitado la expresión “Marca la diferencia”.
Iglesia del Convento de Carmelitas Descalzos
(siglo XVIII)
Dicho plan ha sido calificado de “estratégico, realista, integral, viable y económicamente rentable”. Me quedo con lo de “integral” para preguntarme si con el nuevo Plan efectivamente todos los recursos van a estar a disposición del potencial visitante, pregunta que relaciono concretamente con la iglesia del antiguo Convento de Carmelitas Descalzos, cuyo interior la mayoría de los turistas no ve por estar cerrado casi siempre. Algo tendrá que hacer el Ayuntamiento para que esa circunstancia cambie, por más que la propiedad del templo no sea municipal (por cierto, hubo tiempos en que sí lo fue, ¡cosas de la vida… y de la historia!). [Un inciso, ya que menciono inmuebles eclesiásticos. Cuando hace unos meses tuvo lugar “la noche del patrimonio”, me sorprendió que la visita a la iglesia parroquial no pasara de la puerta de entrada por estar cerrado el templo; habría sido una buena oportunidad para que los asistentes conocieran ciertos detalles muy interesantes del edificio].
Portada de LOS MOLINOS DE VIENTO
 DEL CAMPO DE CRIPTANA A MEDIADOS
 DEL SIGLO XVIII (2000)
En la noticia sobre el Plan puede leerse que “el equipo de gobierno junto con los técnicos del área de turismo han desarrollado un amplio proyecto centrado en treinta y cuatro actuaciones a desarrollar”. La cifra de 34 medidas no es gratuita. Ciertamente, se ha pensado en una cantidad simbólica: así como se pensó en los doce ventanucos que podemos ver en la parte superior de un molino de viento para el programa vigente “Doce vientos, doce aventuras”, ahora se ha se echado mano de esos más de treinta molinos que hubo en este pueblo. Conviene aclarar, no obstante, que no sabemos con certeza cuántos había en Campo de Criptana en el siglo XVI, si bien eran muchos. Esos 34 aludidos son los que se menciona en la respuesta 17ª del Interrogatorio General del llamado Catastro de Ensenada, que data, para este pueblo, del año 1752. Por otra parte, debemos tener claro que más de 34 llegó a haber en el término de Campo de Criptana (sobre esto ver mi libro, publicado por la Diputación Provincial de Ciudad Real en el año 2000, LOS MOLINOS DE VIENTO DEL CAMPO DE CRIPTANA A MEDIADOS DEL SIGLO XVIII, págs. 106-107).

No sé si esas treinta y cuatro medidas ya están programadas al detalle o ésta es una tarea que irá desarrollándose con el tiempo. Por más que he tratado de dar con ellas no las he encontrado, confío en que antes o después se irán conociendo, entonces será el momento de analizarlas.  Se han avanzado a través de los diferentes medios de difusión medidas como nuevo plan de señalización turística (falta hace, hay monumentos que no cuentan con ningún tipo de información en su exterior, p. ej.); la disposición de nuevos parking en la Sierra de los Molinos, respetando el entorno paisajístico (a pesar de los pesares, éste es un aspecto en el que, aunque parezca extraño, está casi todo por hacer); la mejora de los accesos al municipio; la actualización y mejora de la web y de las redes sociales vinculadas al turismo (la actualización es hoy por hoy urgente) , etc., etc.

Asignatura pendiente: molinos "sin" vehículos

Espero no tener que echar en falta algunas medidas a las que ya en otras ocasiones me he referido. Hablo de dos acciones en concreto, que en un Plan de cinco años de duración da tiempo a implementar. Una es montar un Centro de Interpretación de los Molinos de Viento de Campo de Criptana; otra es representar, al menos una vez al año, en la Sierra la aventura de Don Quijote con los molinos, en referencia al capítulo VIII de la primera parte de la famosa novela (no se confunda esto con las escenas cervantinas que se muestran junto al Burleta cuando se organiza una molienda). Serían dos acontecimientos que, indudablemente, marcarían la diferencia con otros pueblos de la comarca en cuanto al atractivo turístico, aparte de las singularidades con que ya cuenta nuestro pueblo.


Iremos viendo.

    FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS

lunes, 25 de enero de 2016

EL ALBAICÍN CRIPTANO

Vuelvo al Albaicín, pero esta vez me centro en la revista EL ALBAICÍN CRIPTANO.

Era a fines de 1990 cuando un grupo de personas nos reuníamos en torno a Víctor Quintanilla, entonces Concejal de Cultura del Excmo. Ayuntamiento de Campo de Criptana, para poner en marcha el proyecto de una nueva publicación en nuestro pueblo. Una publicación que, por una parte, fuese abierta a todos en cuanto a la posibilidad de participar en ella así como en cuanto a la amplitud y el nivel de sus contenidos, pero también que tuviese la mínima calidad necesaria y el adecuado rigor que hiciesen de ella un producto digno, un producto presentable.

Portada del número 0
Uno de los primeros asuntos que ocuparon a la Comisión que se encargó de la preparación y lanzamiento del número 0 fue el del nombre con el que sería bautizada la revista. Quien redacta estas líneas propuso el nombre de Albaicín, Revista Cultural del Campo de Criptana; lo de Albaicín, por lo que expuse en la entrega anterior de este blog, se justificaba en el afán de que la revista plasmara en su nombre la singularidad física de este pueblo comparado con las localidades vecinas, algo en lo que ahora no voy a insistir. La denominación definitiva, como todos saben, fue EL ALBAICÍN CRIPTANO; así que fue aceptada la primera parte de mi propuesta, y lo de criptano, un adjetivo muy del gusto de los poetas, se debió a la iniciativa de un poeta, nuestro Valentín Arteaga, bien sabido por todos, sin embargo, que el gentilicio propio de todo lo referido a nuestra villa es criptanense, asunto éste que ha motivado más de un crítica por quienes defienden el purismo de nuestra lengua, en lo que, desde luego, razón no les falta.

Así pues, en 1991 salió a la luz EL ALBAICÍN CRIPTANO, una revista de contenido cultural variado que, como otras publicaciones de sus características surgidas antes en nuestra villa, tuvo en una primera etapa una corta   vida  – ocho números en ocho años más el citado 0 - pero vida, al fin y al cabo, intensa e interesante por sus contenidos y en la que colaboraron con su pluma, entre otros, José López Martínez, Domingo F. Failde, Valentín Arteaga, Rafael Olivares, Miguel Lacruz, Andrés Escribano, José Aureliano de la Guía, Rogelio Sánchez Ruiz, Justo Ponce, Acacia Uceta, Domingo Miras, José González Lara, Isidro Antequera y, en fin, una larga lista de personas vinculadas con el mundo de la literatura, el arte y la cultura en general.

Portada del nº 6, dedicado
a los premios Pastora Marcela
Esta revista, después de todo, significaba la continuidad de inquietudes culturales que nuestra población había presenciado en épocas anteriores, plasmación de las cuales, valgan sólo estos ejemplos, fueron:
   
Hito. Cuaderno nuevo del Campo de Criptana, que se imprimía en Gráficas Flordy y acabó dirigiendo Isidro Antequera. Lo llevaron adelante prestigiosas firmas y lo ilustraban con sus dibujos el propio Isidro, Enrique Alarcón, Luis Ferreiro, Ángel Morales y Paco Valbuena.

Besana, surgida gracias al entusiasmo de los jóvenes de Acción Católica hacia finales de los años 60.

Así es ... la Villa del Campo de Criptana, que vio la luz en los años 50 y 60, antes de la citada Hito, también producto del “viejo submarino Flordy” , como gustaba llamar a aquel taller D. José Antonio Sánchez-Manjavacas.

Portada del nº 7, dedicado
al 98 español y criptanense
En este caminar a salto de mata por el recuerdo de la letra impresa en Campo de Criptana, es necesario evocar, fundados por José González Lara, El caballo volador y Clavileño, del que en 1955 salió un completísimo número extraordinario del que se me viene a la memoria un artículo del entonces párroco D. Gregorio Bermejo López sobre la iglesia parroquial incendiada en agosto de 1936, ilustrado con un magnífico dibujo del interior de ésta desde una perspectiva poco conocida.

Retrocediendo en el tiempo, nos encontramos en los años 20 con El Sarmiento, que se autotitulaba  “periódico quincenal independiente”, y se había “fundado para defender los intereses de la industria agrícola y sus derivadas en esta región”. Su redacción y administración estaba en calle Santa Ana, 28; en él podían leerse las colaboraciones de Adrián Millán o de Eduardo Cueto.

El 1 de septiembre de 1918 salió el primer número de Renovación , que se anunciaba como “periódico quincenal defensor de los intereses locales” y se vendía a 10 céntimos. Su director era Juan Vicente Alarcón y su redacción estaba en calle Santa Ana, 4; se elaboraba en la imprenta de Jerónimo Muñoz, sita en calle de la Reina, número 1.

En los primeros años del siglo XX se editaba Sancho Panza“periódico semi-serio y completamente independiente”,  con su domicilio en calle de la Soledad, 10. Se publicaba tres veces al mes y se servía a domicilio y por correo si uno se abonaba pagando diez números por adelantado. También lo imprimía Jerónimo Muñoz.

En 1903 nació El Pueblo , en cuya cabecera se leía: “Periódico republicano. Nuestro programa, Elecciones libres, Economías en la Administración Pública, Orden y Moralidad”.

Volviendo a EL ALBAICÍN CRIPTANO, Víctor Quintanilla en el escrito de presentación del nº 0 señalaba: “Nueva revista que como tantas otras que nos precedieron pretende ser materia viva y vehículo de aquello que ha ido conformando en el tiempo nuestra identidad como pueblo; es decir, nuestra historia: y aquellos otros aspectos que marcan el día a día, que llenan de contenido el presente y determinan nuestra `propia identidad cultural (…).
A este Ayuntamiento (…) le corresponde cuidar una parcela tan importante como es la cultura escrita y suscitar las acciones y proceder (sic) los fondos necesarios para que a partir de ahora sea habitual que cada cierto tiempo (…) un nuevo número del “Albaicín Criptano” nos hable de distintos aspectos de la cultura de Campo de Criptana”.

Por su parte, Fernando García-Casarrubios, sucesor de Quintanilla en la Concejalía de Cultura, aseguraba en el número 1:  “Campo de Criptana, pueblo de tradición cultural, tiene una ventana abierta a través de la revista “El Albaicín Criptano” para airear todas las inquietudes culturales de aquéllos que quieran manifestarse y transmitirnos su saber y su sentir por medio de la palabra escrita. Este medio de comunicación un poco olvidado ante los grandes avances tecnológicos de nuestra época (radio, televisión, teléfono etc.), es el que queremos fomentar desde la Concejalía como vehículo de transmisión cultural”.
  
Tras unos años de silencio, en 2012 regresaba a la vida. El entonces alcalde, Santiago Lucas-Torres escribía en sus páginas:  “El número 9 del “Albaicín” – publicación prestigiosa desde sus albores- sale a la luz en un formato acorde a los nuevos tiempos: únicamente en archivo digital. En su pantalla [indicaba al lector], o en papel si decide imprimir algunas de sus páginas, tiene un “Albaicín” más respetuoso con el medio ambiente y de menor coste pero sin que implique menos calidad (…)”.


Desde entonces la publicación ha seguido, divulgada a través de internet, hasta el nº 17 en 2015. Desconozco cuáles son los propósitos del nuevo equipo de gobierno municipal salido de las elecciones de mayo de ese año. Si su intención es seguir adelante con EL ALBAICÍN CRIPTANO, por mi parte no cabe sino animarlo en esa dirección, pero, por favor, aunque se siga editando en forma digital para que llegue al máximo número de lectores, no se olvide, aunque se trate de una tirada siquiera simbólica, editarlo también en papel, porque, amigos, el papel impreso y la cultura así divulgada, tienen una magia especial. 

   FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS

viernes, 8 de enero de 2016

ALBAICÍN, UN NOMBRE CON SOLERA EN EL NOMENCLÁTOR URBANO DE CAMPO DE CRIPTANA




Más de una vez me he ocupado de este asunto, y si ahora vuelvo a hacerlo es porque todavía hay personas a quienes les extraña que cuando se habla de cierto sector del casco urbano de nuestro pueblo se utilice tal denominación, Albaicín, e incluso se muestran radicalmente en contra de su uso para referirse a un barrio cuando de la “villa de los molinos” se trata, alegando que Albaicín es palabra exclusiva de la ciudad de Granada para designar uno de sus barrios.

Además de su uso como nombre propio en el sentido indicado, se trata de un sustantivo antiguo de origen árabe que etimológicamente significa “barrio en cuesta”, acepción apropiada para nombrar a ese sector urbano criptanense integrado por calles que presentan, por lo general, un perfil empinado. Hay que tener presente que si hay un rasgo destacable que da personalidad al primitivo Campo de Criptana – llamado El Campo cuando fue fundado por la Orden de Santiago - es la topografía del terreno en que se asentó  - una ladera al pie del Cerro de la Paz rematada por su Sierra -, rasgo que, a pesar de su crecimiento espacial a lo largo de los siglos, sigue dotando a nuestro pueblo de singularidad si lo comparamos con otras localidades de la comarca. Por otra parte, como veremos, no es una palabra inventada en los últimos tiempos por oportunismo turístico ni nada parecido, sino que efectivamente, echando la vista atrás en el tiempo, ya hace siglos parte del casco urbano tenía oficialmente esa denominación como una calle en el nomenclátor de las vías urbanas de la villa criptanense.

Límites de El Albaicín en el plano actual
En la actualidad el barrio conocido como  El Albaicín comprende varias decenas de vías urbanas situadas entre la calle de la Fuente del Caño por el Oeste y la calle Huertos por el Este, que enmarcan, como si fueran dos grandes brazos, esa parte del casco urbano que desemboca en la Sierra de los Molinos; por el sur sus límites son las calles Santa Teresa, Espada, Libertad, Rinconada y Buenavista. Es un sector en el que muchas calles llevan nombres de personajes y aventuras de la célebre novela cervantina Don Quijote de la Mancha – Princesa Urganda, Rocinante, Yelmo de Mambrino, etc., etc. -, rotuladas así por decisión del equipo municipal que en 1955 dirigía el alcalde José González Lara.

Planteada como hipótesis, cabría hacer la afirmación de que las características topográficas y un hecho histórico - el asentamiento de población de origen musulmán en esa zona en las últimas décadas del siglo XVI – habrían confluido en la decisión de otorgar, en su momento, el nombre al barrio que nos ocupa. Respecto del segundo motivo, en 1580 hay censado en nuestro pueblo casi un centenar de familias integradas por moriscos, que ya en 1603 se había reducido a la cifra de 41. Tales moriscos habían llegado en su momento a Campo de Criptana procedentes del Reino de Granada en virtud de la dispersión por tierras de Castilla a que fueron sometidos por decreto de Felipe II tras la sublevación que habían protagonizado en las Alpujarras a raíz de 1568.

Muy probablemente esos antiguos musulmanes, cristianos nuevos según la terminología de aquella época, establecieran sus hogares a las afueras de la villa, hacia el Este-Noreste; existe una tradición – recalco lo de tradición – que asegura que la Cruz levantada frente a la ermita antedicha habría servido desde entonces de separación entre el espacio habitado por los cristianos viejos y el ocupado por los cristianos nuevos pero, de cualquier forma, por la cantidad de personas de que hablamos, la superficie de terreno ocupada por ellos no sería muy extensa; sin embargo, ellos habrían sido los primeros pobladores del entonces Albaicín. Un documento de nuestro Archivo Histórico Municipal confirma las circunstancias críticas por las que atravesó ese barrio (en realidad, como otros) en el siglo XVII; concretamente, en 1684 sus treinta casas estaban casi arruinadas por efecto de las abundantes lluvias y del abandono producido por las defunciones causadas por epidemias y por la emigración de parte de sus moradores ante la excesiva presión fiscal.

Pero ese barrio no ha tenido siempre – me refiero a varios siglos atrás -, la extensión superficial que  ahora tiene, cosa más que lógica. El espacio natural, no ocupado por viviendas de ningún tipo, dominaba en la mayor parte de esos terrenos,; posteriormente la expansión urbana se habría de dar también hacia el Norte y hacia el Este. Hay que tener en cuenta que bien avanzado el siglo XVI parte de la actual calle de Santa Ana no existía. En efecto, la ermita que da nombre a esta calle se estaba levantando en 1575 fuera del casco urbano: en las llamadas Relaciones Topográficas de Felipe II, redactadas en ese año, podemos leer, en la respuesta nº 51 de la de Campo de Criptana, al mencionar las ermitas de la villa, que “… junto al pueblo se hace otra de Señora Santa Ana”; corría el mes de diciembre de dicho año.

Avatares coyunturales aparte, de lo que no debe caber ninguna duda es de que, como se indica después, el origen de El Albaicín es el entorno cercano a la Plazuela de Santa Ana. El primer censo de población propiamente demográfico en España data de 1857, pero con anterioridad a esa fecha contamos, no obstante, con un documento extraordinariamente valioso, el conocido como Catastro de Ensenada, que por lo tocante a Campo de Criptana lleva la fecha de 1752. Pues bien, en él El Albaicín figura como una vía urbana con once inmuebles, casas cuyos propietarios eran dos viudas (Catalina Harinero y María Martín Carramolino), cuatro jornaleros (Cristóbal Díaz Parreño, Vicente Martín Sevilla, Esteban Rodríguez Salinas y Alfonso Sánchez Guijaldo), un criado mandadero (José Díaz Hellín), dos pastores mayorales (Andrés Díaz Hellín y Miguel Ramos), un pequeño labrador (Custodio López Pardo) y un mayoral del campo (Nicolás Sánchez Guijaldo), todos ellos vecinos con un bajo nivel de renta. Las once casas se extendían por una superficie de unos 1.900 metros cuadrados y sus fachadas en conjunto sumaban unos cien metros lineales. De lo que hoy incluimos en El Albaicín como barrio, a mediados del siglo XVIII sólo existían, además, la calle Cebolla (ahora Espada) y la calle Rodadero, con 21 y 11 casas respectivamente, además de la calle Fuente, con bastante menos longitud que ahora. Como se comprueba, una parte muy pequeña del actual Albaicín, cuyo crecimiento es, por tanto, posterior.
Calles Rinconada, Libertad y Costanilla,
núcleo original de El Albaicín
Ciertamente el pueblo crecía espacialmente a medida que pasaba el tiempo. En la segunda mitad del siglo XIX la ordenación del espacio urbano de acuerdo con parámetros cada vez más racionales, y al tiempo cada vez más necesarios por el propio proceso de expansión de la villa, hizo que el Ayuntamiento regulara el propio plano con criterios de claridad. Esto es lo que llevó a cabo en 1890. En sesión plenaria municipal de 14 de abril de ese año se reorganizó el nomenclátor de las calles del pueblo, acuerdo que afectó a un buen número de ellas; para entonces El Albaicín se denominaba también calle Rinconada, una calle por cierto con tres ramificaciones, que entonces recibieron oficialmente los nombres de Rinconada, Costanilla y Libertad, las tres que se constituyen, pues, como el corazón o núcleo central del actual Albaicín.

 FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS

viernes, 13 de noviembre de 2015

DE CUANDO PARTICIPÉ EN UN "QUIJOTE" MUY ORIGINAL

Como escribía el pasado 6 de noviembre, en 1999 se publicó la primera parte de El Quijote entre todos, obra auspiciada por Isabel Fernández Morales, dueña y gestora de la Casa de la Torre, una casa rural de El Toboso. Se trataba de que 52 escritores y artistas castellano-manchegos redactaran, cada uno de ellos, uno de los 52 capítulos de la primera parte de la inmortal novela. El libro contenía dos prólogos, uno firmado por José Bono, presidente de nuestra Comunidad, el otro debido a la pluma del humorista y escritor José Luis Coll. También se añadió un capítulo cero, que redactó Mª Carmen Martínez Villaseñor, conocida profesionalmente como Maricarmen y sus muñecos.

 

Yo me pedí, como no podía ser menos, el capítulo VIII, el de la aventura del célebre hidalgo con los molinos de viento aunque ya ven que le cambié el título -, que compuse en clave criptanense, mezclando ficción con realidad, si bien - ¡ ojo !, ¡ lo advierto ¡ - con bastante más realidad de la que pudiera parecer a simple vista. Andrés Escribano aportó un inspirado dibujo para ilustrar el texto. Lo reproduzco a continuación, pues bien sé que ese libro en el que se incluye es un libro poco divulgado en nuestro pueblo y poco o nada conocido por mis paisanos; por lo demás, considero que es una buena forma, por mi parte, de cerrar este año de cuarto centenario quijotesco y cervantino, antesala de otro cuarto centenario que se celebrará en 2016, el de la muerte de Miguel de Cervantes Saavedra, al que pido disculpas por mi atrevimiento. Vamos con ello.


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DE CUANTO DON QUIJOTE Y SANCHO CONOCIERON CAMINO DE PUERTO LÁPICE



Mal, muy mal debía encontrarse Don Alonso Quijano para que aquella mañana, plena de sol y de aromas de tomillo, tomara la decisión de arremeter contra un molino de Campo de Criptana. Si, amigo lector, he dicho Campo de Criptana, afirmación hecha sin detenerme a pensar en si a Don Miguel se le pasó tal lugar por la cabeza. Séame permitida la licencia. En efecto, me gusta imaginármelo así (de sueños e ilusiones andamos en estas páginas) porque, a fuerza de hollar palmo a palmo, centímetro a centímetro, la Sierra de los Molinos contemplando la imponente planta de estos magníficos artefactos e imaginando (otra vez la palabreja) el porte de todos aquellos que hasta al menos en número de treinta y cuatro hubo en estos cerros, toparse con el caballero y el escudero por excelencia reposando y lamentándose, según el papel de cada uno, a la sombra de cualquiera de ellos es todo menos imposible.

"Mire vuestra merced, respondió Sancho, que
(...) no son gigantes sino molinos de viento"
Mas no es la visión del caballero vencido la que me atrae, sino la del hidalgo que reflexiona y generosamente ofrece el fruto de sus pensamientos, de su actitud ante la vida, a quien se digne escucharle. No me quedo con el derrotado, porque a espíritu tan noble y abierto no quiero verlo por los suelos. Y no me olvido del fiel Sancho; ¡qué buen conversador de plaza de pueblo hubiera sido! Prefiero adentrarme en el túnel del tiempo y verme recibiendo a Don Alonso y a Sancho al borde del Camino Viejo de El Toboso para tratar de convencer al señor de que en la Sierra de Criptana había gigantes, ¡ claro que sí !, pero gigantes de carne y hueso que en la única batalla en la que pensaban era en la diaria y sacrificada tarea de la molienda, que, si los “aires” eran propicios, ellos cumplían a satisfacción.

Hechas las presentaciones, conduzco a caballero y escudero hasta la puerta de El Guindalero, justo donde hace un alto en la faena Pedro Núñez, que presume de ser uno de los mejores molineros del Campo de Criptana. Todavía era noche cerrada cuando llegó hasta su molino y, sin perder ni pizca de tiempo, había dispuesto todo el aparejo para empezar el trabajo con las primeras luces del día (antes si podía ser) porque, ya se sabe, “hay que aprovechar el solano”.

A Pedro le gusta charlar con todo el que se acerca hasta “el corte”. El suyo es un trabajo duro           – acostumbra a decir - pero en su humildad se siente libre, aunque no deja de sobresaltarse cada vez que ve acercarse al alguacil, siempre vigilante y atento a que Pedro tenga en sitio bien visible, cerca del portón de la entrada, el arancel, la tarifa fijada desde tiempo inmemorial por el Concejo que le permite sostener a su familia y que – asegura – se gana honradamente a pesar de las quejas de algunos que no se fían de nadie, y de él tampoco, según lapidaria frase que circula como refrán por la villa : “cuarenta molinos hay en la Sierra, cuarenta ladrones viven en ella”. Habladurías - sentencia despreciativo Pedro – propias de quienes no saben calcular qué son las seis libras de harina que se cobra por fanega de trigo y que además no van a aprender nunca a distinguir la harina buena de la mala. ¡Ignorantes!, remacha Pedro con retintín.

El disgusto, que el molinero no puede ocultar, provocado en él por dichos como ése no le impide reiterar que su trabajo le hace disfrutar. Además, como siempre dice, no le falta entretenimiento, porque tarde sí, tarde no, se deja caer por allí Fernando Alonso, un amanuense al servicio del notario Agustín López que lo tiene al tanto de lo que acontece por el pueblo y que últimamente no hace más que hablarle de las obras que se llevan a cabo en la parroquial y en algunas ermitas: que si el señor cura reprende a quines no colaboran en el acarreo de piedra, que si el maestro Pedro, el escultor salmantino contratado para hacer el retablo grande, ya ha iniciado su trabajo ... y un montón de chismes más. ¡No sería mal recadero este Fernando! exclama mientras sonríe con sorna el molinero en tanto él mismo no para de parlotear.

Dibujo de Andrés Escribano
que ilustraba el capítulo
Buen pueblo le parece al caballero visto desde lo alto. ¡Y buena gente!, asevera Pedro, que se lleva bien con casi todo el mundo, de lo contrario su negocio y su bolsillo se resentirían. Sin embargo, es cierto que parte de los moradores de la villa no son como él, sino que miran mal a algunos vecinos, las familias de moriscos que hace pocos años se han asentado aquí, en las afueras, en la misma falda de la Sierra, en lo que se ha dado en llamar el barrio del Albaicín, nombre que según explica el lugareño, había sido una ocurrencia del preceptor de Gramática, D. Manuel Antonio Muñoz, que en lo tocante a asuntos como éste siempre encuentra valedores en alcaldes y regidores, en todo momento prestos a hacerle caso por la buena consideración en que lo tienen. ¡Bueno está!, se resigna Pedro, porque ni a él ni a su vecino Rodrigo, el zapatero, que no fueron a la escuela ni siquiera saben firmar, les van a pedir parecer en tales ocasiones.

Al oír la palabra moriscos Don Alonso había dado un respingo, y también Sancho. ¿Qué hacían por esta tierra? El molinero se encarga de aclararles su origen granadino, circunstancia que le hace fruncir el ceño porque aquello siempre le trae el recuerdo de la desgracia que se cernió sobre algunos vecinos que perdieron hijos en aquel reino cuando la leva los arrancó del hogar para ir a la guerra; un pariente suyo, y bien cercano, ya no regresó.

Pedro insiste en contar detalles sobre las ermitas a Don Alonso y a su criado y hace hincapié en dos: la de Veracruz, acabada en 1573 a expensas de la cofradía del mismo nombre, y la de Santa Ana, casi recién levantada extramuros del pueblo, allí por donde se inicia el Albaicín. Se ve que se siente a gusto hablando del tema, y acaba derivando en la Semana Santa, que no carece de sermones y procesiones, con mucha concurrencia de personal unos y otras, tanto la de la cofradía antedicha como la de la Madre de Dios. Acabar de oír esto Sancho y terciar en la conversación todo es uno. Se interesa por las cofradías y asegura a Pedro que si no fuera porque va de camino con su señor le pediría que lo condujera hasta los mayordomos y prebostes de ellas, y es que, como la cabra tira al monte, así él no puede olvidar que había sido muñidor de una de las tales cofradías que había en su pueblo.

Ante la atenta, y no exenta de sorpresa, mirada de Don Alonso, el molinero parece descansar en su plática, pero de inmediato retoma la palabra  e inquiere de los dos viajeros hacia dónde dirigen sus pasos. Le responden que a Puerto Lápice, lugar de mucho trasiego de gentes, donde uno lo mismo puede encontrar a soldados o frailes que a quienes van de paso desde las tierras de cierzo a las del mediodía, punto cardinal en el que muchos confluyen a ver si algo cae de lo que viene de las Indias o a embarcarse rumbo a ellas. ¿A las Indias?, reacciona Pedro. De aquí también partieron algunos hace ya tiempo. Uno de ellos fue Andrés Velázquez, del que se ha tenido noticia que ha vuelto de allí, como se dice, nadando en la abundancia; lo malo es que la enfermedad se ha cebado en él y, al ver cerca su fin, ha decidido hacer testamento: seis mil ducados ha dejado en manda para que se funde en Campo de Criptana un convento de carmelitas descalzos, algo de lo que mucho tiempo llevamos detrás en el pueblo, pero el definitorio del Carmen no lo autoriza.

Le recomienda al hidalgo, por lo que le había dicho de Puerto Lápice, que si lo que quiere es ver frailes, no hace falta que siga hasta allí, pues si toma el camino que sale del pueblo por la parte de abajo y lleva hasta el río Záncara llegará hasta el monasterio de San Benito, donde, sin duda, él y su compaña será bien atendidos. Y si es a gente de arriba, de la montaña y de cerca de la raya de Francia a quien quiere conocer, vizcaínos tenemos entre nosotros. Por estos días está  en la villa un tal Garay, que ha venido a cobrar el último plazo de la madera que trajo para la torre de la iglesia, y bien cerca de mi casa, en la calle del Granado, vive Antón Idiáquez, al que llamamos así, el vizcaíno, un trajinante que se ocupa en llevar a los pueblos de parte del reino de Toledo paños dieciochenos, vino y algunas cosillas más de poca monta.

Tras la presentación del libro (febrero de 1999).
Tercero por la derecha, Andrés Escribano;
primero por la izquierda, el cronista de Campo de Criptana .

Don Alonso, acuciado por la sed, recuerda que Pedro le había mentado el río Záncara. Pero no hace falta ir tan lejos, le indica el molinero, aparte de que no lleva agua todo el año, tan cierto es esto que el molino que hay junto a su cauce apenas puede moler cinco meses; ¡menos mal que están éstos, que si no ... ! Para beber, aconseja en tono solemne, tenemos bien cerca la fuente del Caño, y un poco más al Norte, por el camino que va a Villajos, la Poza del Cabrero, de abundante y rica agua. Incorporándose, Don Alonso señala a Sancho que ya es hora de levantar el vuelo, porque es preciso llegar a Puerto Lápice antes de que anochezca. Al oírlo Pedro les recuerda que no dejen de pasar por aquí a la vuelta, que seguro que lo encuentran en el molino; a lo mejor, para entonces ya se tiene Convento, que el Concejo está dispuesto a ceder la ermita de Santiago.


Así lo prometen caballero y escudero, que se ponen en marcha y van descendiendo hacia la fuente del Caño, desde donde, una vez saciada su sed, se dirigen a Alcázar por el Camino de las Peñas Rubias, dejando a un lado el molino Gambalúas y a otro el llamado Tardío. Al paso cansino del rucio y de Rocinante van recordando todo lo que sin concederse respiro, a veces atropelladamente, les ha ido relatando Pedro el molinero. Comenta Sancho que parece mentira que ni su señor ni él hayan casi tenido la oportunidad de intervenir en la charla, más monólogo que otra cosa, a lo que Don Alonso asiente - ¡con lo que uno y otro son para eso! - pero aconseja a Sancho no desesperar, que al regreso será la de ellos, que con la de aventuras que les ocurrirán por el camino no habrá para menos. Así lo ha de ser si Don Quijote lo anuncia, piensa Sancho al tiempo que se le iluminan los ojos, apenas visibles para protegerse del sol que abrasa el campo manchego.

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                     FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS

martes, 10 de noviembre de 2015

ANDANZAS, QUEHACERES, PERIPECIAS Y PERPLEJIDADES DE CRONISTA (Capítulo IV)


Japoneses, los excursionistas extranjeros
más numerosos en Campo de Criptana
Este capítulo merecería acortar su título y llamarse simplemente “peripecias y perplejidades de cronista”. Me explico. Hasta 2007 podían verse publicadas a través de www.campodecriptana.info las cifras de personas que visitaban Campo de Criptana, datos que yo utilizaba en clase de Geografía con mis alumnos del IES Isabel Períllán Quiros, por lo que me resultaban muy necesarios. Dado que desde 2008 ya no se hacían públicos, a principios de marzo de 2014 solicité esos datos a nuestro Centro de Iniciativas Turísticas, y puesto que mi petición no tuvo éxito me vi obligado a pedirlos por escrito pocas semanas después (20 de marzo) a la Junta de Gobierno Local de nuestro Ayuntamiento, con cuya negativa a dármelos me encontré por - me respondió el día 28 de ese mes literalmente – “estimar dicha información de carácter confidencial”, lo que a todas luces carece de toda lógica: unas cifras estadísticas son, o deben ser, públicas.
Fragmento de mi primer escrito a
la Junta de Gobierno Local
(2014)
Me vi obligado, por tanto, a pedir esos datos a la correspondiente Consejería de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha que sin problema alguno me los envió, advirtiéndome que desde el Ayuntamiento se me podrían haber facilitado. Cuando comprobé por la documentación recibida la cantidad de visitantes llegados  a nuestro pueblo que desde 2008 a 2013 habían sido registrados oficialmente, comprendí el recurso a la confidencialidad esgrimido con anterioridad por la Junta de Gobierno Local: en efecto, las cifras nada tenían que ver con la de 200.000 turistas al año proclamada oficialmente con reiteración. Lo ocurrido hasta entonces me llevó a publicar un escrito en el blog sobre historia local que yo tenía en www.campodecriptana.info gracias a la amabilidad que se me había brindado en tal página, escrito publicado el 1 de julio de 2014 bajo el título Las cifras del turismo.
Lo que sucedió después vino a chocar frontalmente con la idea que yo tengo de lo que debe ser una sociedad auténticamente democrática, en la que la libertad de expresión debe ser un derecho irrenunciable. El administrador de la página, según me comunicó él mismo, fue presionado para que mi escrito fuera eliminado, y así fue, mi escrito fue víctima de la censura y yo me enteré cuando abrí la citada página unos días después. A partir de entonces me creé mi propio blog y no volví a publicar en el anterior, razón por la que en él mi último artículo, ¿Monarquía? ¿República?, lleva fecha de 10 de junio de 2014. El artículo de la polémica puede leerse en mi blog con fecha 19 de julio de ese año.
La evolución de los acontecimientos posteriores queda bien reflejada en el escrito que remití a la Junta de Gobierno Local el 27 de marzo de 2015 y que transcribo a continuación:
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                                                                      Estimados/as   Sres./as.:
                                                       
            En la sesión plenaria celebrada por el Ayuntamiento de esta Villa el 9 de julio de 2014 el Sr. Alcalde, D. Santiago Lucas-Torres López-Casero, dijo  entre otras cosas, según recoge el acta de la misma, que        “… revisando el tema del Cronista Oficial de la Villa, resulta que no tenemos Cronista Oficial. En el acta nº 22/1988 se nombra un cronista oficial pendiente de ratificar por el Pleno, pero que está sin ratificar …”.
Tengo meridianamente claro que con anterioridad a la fecha mencionada de 2014 se había estado tratando de encontrar en el archivo municipal documentación sobre el nombramiento de cronista oficial de Campo de Criptana; en efecto, pocos días antes de la celebración del pleno del 9 de julio, el funcionario de Secretaría del Ayuntamiento criptanense, D. Antonio Cedenilla, me llamó por teléfono tres veces en un corto espacio de tiempo preguntándome cuándo se me había nombrado cronista oficial de esta Villa pues estaban buscando el nombramiento y no lo encontraban. Como es lógico, le facilité los datos sobre los que se interesaba. Así pues, no hay duda de que se estaba investigando acerca de mi nombramiento como tal cronista. Ruego, por tanto, se me aclare cuál fue el motivo de la investigación que se estaba realizando.
Fragmento de mi segundo escrito
a la Junta de Gobierno Local
(2015)
Entiendo que si en el asunto que estoy tratando existía un problema, llamémoslo burocrático-administrativo (la dicha ratificación), de la forma más rápida posible se me debería haber comunicado; parece esto lo más razonable y no tener que enterarme de ello por otras vías. Han pasado más o menos nueve meses desde aquel Pleno y en ningún momento nadie del equipo de gobierno municipal se ha dirigido a mí para hacerme ningún comentario sobre este tema, hecho este que resulta más que extraño e injustificable.
Al respecto he de poner en conocimiento de Vdes. que la Asociación Española de Cronistas Oficiales, en el Congreso que celebró en Ciudad Real en 1989, me hizo entrega de un diploma fechado a 14 de octubre de ese año, en el que  se me otorgaba el Título  acreditativo de mi pertenencia a tal Institución pues cumplía los requisitos que preceptúan sus Estatutos, entre ellos – según puede leerse en dicho Título - el acuerdo del “ayuntamiento pleno” de Campo de Criptana. Por otra parte, tras el Congreso de la Asociación celebrado en Oviedo en septiembre de 2014 he recibido el documento acreditativo de mi pertenencia a la Asociación a lo largo de 25 años.
Pero, si se prefiere, déjese aparte lo manifestado en el anterior párrafo, y situémonos en la hipótesis que planteaba el Sr. Alcalde: no hay tal ratificación de mi nombramiento en un Pleno. Ese hipotético hecho, de ser cierto, debería achacarse ni más ni menos que a un fallo administrativo (¿olvido tal vez?), pues el Ayuntamiento criptanense siempre, desde julio de 1988, me consideró Cronista Oficial de esta Villa; si esta consideración aludida por parte del Ayuntamiento no hubiese sido cierta - y por citar uno solo de los muchos hechos que la confirman y atestiguan a lo largo de más de un cuarto de siglo - el Ayuntamiento no habría apoyado e, incluso, patrocinado que el Congreso de la antes citada Asociación que tuvo lugar en octubre de 1989 en Ciudad Real celebrara una de sus jornadas de trabajo en Campo de Criptana y, por cierto, con su Cronista Oficial al frente (del libro de actas de aquel Congreso, una vez éstas publicadas, nuestro Ayuntamiento recibió el correspondiente ejemplar y debe estar en su poder).
                                                                                                
Por consiguiente, si aquel trámite no se cumplió, ¿qué problema ha tenido el equipo de gobierno municipal actual para no proceder a la ratificación del nombramiento? ¿Acaso no he cumplido con la labor de difundir a lo largo de los años los valores históricos, culturales, etc., de nuestro pueblo? En este sentido, les recuerdo que en 1976 me encontré con un archivo histórico municipal desorganizado, olvidado, convertido en un pequeño rincón marginado de la Casa Consistorial, que durante años lo fui ordenando, organización que a lo largo del tiempo ha ido permitiendo la publicación de retazos de nuestro pasado como pueblo en forma de artículos, libros e, incluso tesis doctorales de diferentes historiadores, aparte de las diferentes publicaciones que llevan mi firma, de cuyo listado, si es de su interés, puedo, cuando lo estimen conveniente, adjuntarles una copia.
Por lo tanto, les ruego:
1.- Me aclaren, como adelantaba más arriba, cuál fue el motivo de la investigación que se estaba realizando en julio de 2014 sobre mi condición de Cronista Oficial de Campo de Criptana.
2.- Me comuniquen,  si es que no existe prueba documental de la ratificación, si me consideran con los méritos suficientes para que el nombramiento que en julio de 1988 el Ayuntamiento de Campo de Criptana hizo a mi favor como Cronista Oficial sea ratificado por el Pleno de la actual corporación municipal criptanense.
3.- Me concreten, si consideran que no ha lugar para la ratificación, cuáles son los motivos que se tienen en cuenta para denegarla.
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Primera página de mi artículo
publicado en la revista de
Feria de 2015
He de aclarar que hasta el día de hoy no he recibido respuesta alguna a este escrito, pese a lo cual mi colaboración con el Ayuntamiento ha continuado siempre que he sido requerido para ello, de lo que, refiriéndome sólo a 2015, son ejemplos mi participación en la corrección de los textos de los paneles expuestos en el Museo “El Pósito” relativos a la historia de Campo de Criptana y mi artículo aparecido en la revista de la Feria y Fiestas. Por otra parte, es necesario reseñar que el nuevo alcalde, Antonio Lucas-Torres, en más de una ocasión se ha referido en público al tema del Cronista Oficial y a su voluntad de dar una solución a un problema que, ciertamente, este Cronista no ha creado; concretamente, en la sesión plenaria del Ayuntamiento celebrada el 23 de julio, en el turno de ruegos y preguntas, según recoge el acta en relación con una de las intervenciones de Antonio Lucas-Torres, puede leerse:

“En cuanto al Cronista Oficial (…) apenas hace un mes clausuró el curso escolar en el Instituto de Educación Secundaria “Isabel Perillán y Quirós”, donde es profesor D. Francisco Escribano, hizo pública allí la intención del Pleno de hacer oficialmente su nombramiento como Cronista Oficial. A partir de septiembre se hablará con la Secretaria para hacerlo viable”.

Lo que hay que añadir al respecto, por mi parte, es que se agilicen los trámites, sea cual sea el sentido de éstos, pues ya se han alargado demasiado. De cuanto acontezca a partir de ahora tendré informados a mis fieles lectores.

     FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS






 




viernes, 6 de noviembre de 2015

ANDANZAS, QUEHACERES, PERIPECIAS Y PERPLEJIDADES DE CRONISTA (Capítulo III)

Almodóvar del Campo, 1995.
En primer término a la derecha el Cronista
de Campo de Criptana
En el capítulo anterior rememoraba el Congreso Nacional de Cronistas Oficiales de 1989. De nuevo en 1995 Ciudad Real fue sede para la reunión anual de este colectivo, en este caso el Congreso XXI, que celebró sesiones en Valdepeñas, Viso del Marqués, Manzanares, Almagro, Tomelloso, Puertollano, Almodóvar del Campo y en la propia capital. Otro de los congresos que merece la pena recordar es el que tuvo lugar en 2005 en Córdoba, a cuya alcaldesa, Rosa Aguilar, tuve el honor de entregar un recuerdo de Campo de Criptana por encargo de nuestro alcalde, Santiago Lucas-Torres.  
XXXI Congreso (Córdoba, 2005).
Foto "de familia" de los Cronistas asistentes
Asimismo en 2001 y en 2005 participé en los Congresos Internacionales de Molinología celebrados en Alcázar de San Juan, en los que defendí los valores de nuestros molinos de viento, como defendí igualmente en esa localidad vecina los valores cervantinos de Campo de Criptana en las Jornadas que sobre Miguel de Cervantes se celebraron en noviembre de 2014.
Vista parcial del Archivo Histórico Municipal
de Campo de Criptana (1999)
Entre la asistencia a esos congresos – cuando mi trabajo y otras obligaciones me lo permitían – y el cumplir con mi profesión de docente en nuestro Instituto, continuaba con las tareas de cronista local. Recuerdo que mi intervención en el Archivo Histórico Municipal criptanense se remonta a 1976. Hoy el aspecto que presenta es muy diferente al que me encontré.  Por entonces la situación en que se encontraba era la de un auténtico cuarto trastero del anterior edificio del Ayuntamiento, junto a la sala de concejales, y de muy pequeñas dimensiones (si digo 11 metros cuadrados no estaré muy lejos de la realidad). Los documentos estaban ordenados de forma cronológica, si bien había errores de colocación por una mala lectura de algunos documentos. No estaban guardados en cajas, sino que algunos simplemente estaban atados en paquetes sin protección, otros tenían como única protección un papel que envolvía el paquete, y había otros que tenían unas pastas de cartón atadas con cintas o cuerdas.
1982
El polvo que cubría los documentos era el verdadero protagonista. En un principio no había siquiera mesas para trabajar –tampoco había espacio para ello -, sólo alguna silla desvencijada. Hasta 1982-1983 se ordenó cronológicamente y se hizo un fichero año por año. En ese momento se consideró “histórica” toda la información que había hasta 1939. La idea era que en el futuro más o menos inmediato el fichero que se iba confeccionando fuera reformado para que estuviera más presentable, así como que cada cierto número de años la cantidad de documentos fuera creciendo al ir pasando expedientes desde el archivo general municipal.
1982
Una vez hecha tal ordenación, como digo en unas condiciones físicas "imposibles” por la estrechez del local y la abundancia de documentación, siendo el concejal encargado del Archivo Gregorio Quirós (era la legislatura municipal 1979-1983), y con el apoyo e interés también de otro concejal, Rafael Olivares, se adquirieron las cajas con el lomo rojo, que hoy todavía existen, para guardar los documentos, con lo cual mejoró notablemente el aspecto del Archivo aparte de que aquéllos estaban mejor protegidos. Durante la legislatura 2003-2007 la documentación fue trasladada, también con mi participación, a una habitación de la planta baja del edificio de la Casa de Cultura y fueron numeradas aquellas cajas que aún no contaban con su número correspondiente. En este periodo se fue informatizando el viejo fichero, tarea en la que colaboré con el informático Fernando Calonge, que continúa hoy digitalizando la documentación; al mismo tiempo a los documentos se les dotaba de la presentación que aún hoy tienen en sus respectivas cajas o legajos. Posteriormente el Archivo se trasladó a la planta superior del citado edificio; la documentación está guardada en armarios-estantería especiales adquiridos por el Ayuntamiento.
1999
En cuanto a trabajos míos sobre nuestra historia local (algunos aparecen en la información gráfica de esta entrega), aparte de lo avanzado ya en el primer capítulo de esta serie, hay que señalar que son numerosos y variados: artículos en prensa, libros, textos diversos - para exposiciones, libros de fotografía, guías turísticas, revistas de Semana Santa, de Feria, El Albaicín Criptano, Effetá (unos 70 artículos en ésta), etc., etc.-. De todo ello quiero evocar en este momento el primer artículo, que, publicado en el diario LANZA de Ciudad Real – era el año 1981 -, trataba de los orígenes de la festividad del Cristo de Villajos, y como algo curioso quiero recordar mi colaboración en una obra promovida por quien regentaba y regenta La Casa de la Torre de El Toboso; la obra era El Quijote entre todos (1999) y yo me encargué de redactar, en clave criptanense, el famoso capítulo VIII de la primera parte.

Los molinos de viento del Campo de Criptana
a mediados del siglo XVIII (2000)
Para terminar, y puesto a recordar, no puedo evitar traer a colación lo publicado conjuntamente con algunos de mis alumnos de los Cursos de Historia Local de la Universidad Popular,  cursos en los que me propuse como uno de los objetivos conseguir que los alumnos fueran auténticos aprendices de historiador e hicieran sus pinitos en esto de contar la historia de Campo de Criptana. Así surgió parte del contenido del número 7 de El Albaicín Criptano, que rememoraba lo ocurrido en torno a una fecha muy significativa en la historia de España como fue 1898, y también la obra Estudios sobre el Campo de Criptana de la primera mitad del siglo XIX. Justo es enumerar aquí los nombres de aquellos alumnos: Pedro A. Manzaneque, Julia Mª Muñoz Alarcos, Manuel Sánchez-Carrillejo y José Ángel Muñoz.
2008
                  
Campo de Criptana,
una villa "serrana" en la llanura manchega
2012











1998

1999











        

  FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS