miércoles, 21 de octubre de 2015

DE LA VISITA AL CONVENTO

El pasado domingo 18 de octubre tuvo lugar una visita guiada a la iglesia del antiguo y desaparecido Convento de Carmelitas Descalzos de nuestra villa, visita que dirigí por encargo de la asociación cultural Korova Criptana, a la que agradezco que pensaran en mí para cumplir tal fin.
(Foto Korova)
He de manifestar, por una parte, mi admiración por las inquietudes culturales de las que viene dando testimonio esta asociación con las actividades que ha ido organizando desde su fundación y, por otra, mi reconocimiento al interés que todas las personas asistentes mostraron por conocer parte de nuestro pasado como comunidad local, todo un ejercicio, en cierta manera, de recuperación de nuestra particular memoria histórica.
Entiendo que esta iglesia es el más notable monumento religioso con que cuenta Campo de Criptana. Levantada en los primeros años del siglo XVIII, en 1704 se remató su construcción, que se llevó a cabo a partir del templo de tres naves – la ermita de Santiago - que en el mismo lugar existía en 1598, año en que la comunidad de carmelitas se estableció en nuestro pueblo, precisamente en torno a dicha ermita.
El Convento, como denominamos habitualmente a esta iglesia, sigue el modelo de templo jesuítico que los carmelitas difundieron por muchos lugares. Esta orden religiosa, como otras, tenía sus propios frailes arquitectos, como lo fue Fray Miguel de la Visitación, autor del diseño de este monumento criptanense. El maestro de obras fue Juan de Villanueva y Castillo. El coste total de la obra, expresado en la moneda de esa  época, fue de 120.000 reales, una suma nada despreciable, equivalente, más o menos, a 40.000 jornales de un asalariado de aquellos tiempos en una zona rural como la nuestra.
(Foto Korova)
La importancia de este monumento es algo que intenté dejar bien claro a todos los asistentes a la visita. De la misma forma les expresé mi perplejidad por el hecho de que no esté abierto habitualmente al turismo; en mi opinión, de manera fija durante varios días de la semana y con un horario determinado debería poder ser visitado. Igualmente les hice partícipes de mi decepción al comprobar que, en las rutas guiadas que se incluyen en la llamada “Noche del patrimonio” que organiza nuestro Ayuntamiento, la iglesia del Convento brilla por su ausencia.
(Foto Korova)
La conclusión es clara. Dado que el edificio no es público, puesto que actualmente – no siempre ha sido así – es propiedad de la Iglesia, Parroquia y Ayuntamiento deberían acordar un convenio que permitiera que quienes visitan Campo de Criptana no se marchen sin conocer como se merece “el Convento”.

Y una última anotación. Quien se refirió a algunos datos de mi biografía en la presentación del acto, señaló mi condición de cronista oficial de esta villa, lo que me llevó a apostillar que eso era algo que estaba puesto en entredicho por nuestro Ayuntamiento desde julio del año pasado. Sobre este tema creo que ya es hora de que la Corporación municipal criptanense tome una decisión clara, pues lo está alargando innecesaria e inexplicablemente.
         FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS





miércoles, 19 de agosto de 2015

LOS POLÍTICOS, EL PASADO Y LAS CALLES

Quienes me siguen a través de mis diferentes publicaciones saben que más de una vez me he referido a una práctica bastante extendida entre los gobernantes municipales de aquí o de allá, de antes y de ahora, como es la de quitar el nombre a una calle para adjudicarle otro por motivos varios pero que, en muchas ocasiones, se trata de una justificación puramente política.
Hago hincapié en un verbo que acabo de utilizar, quitar, pues no estoy en contra de que un ayuntamiento “bautice” calles, plazas, etc., pero siempre    que no sea a costa de arrebatar el nombre a una vía pública u otro espacio de un pueblo o ciudad; en efecto, para poner nombres nuevos aprovéchense calles, etc., que van surgiendo a medida que una población crece, así se evitarían – si no del todo, al menos en gran parte -polémicas innecesarias.
Ahora bien, quiero dejar muy clara mi postura en relación con todo esto: opino que lo lógico es respetar y mantener el nombre antiguo de una calle, pero insisto en lo de “antiguo”, lo cual nos traslada, normalmente, a varios siglos atrás; aclaro que hay calles que a lo largo del tiempo han tenido varias denominaciones según la preferencia de quienes ejercían el poder en cada momento, y lo que yo defiendo es la conservación del nombre original (en Campo de Criptana calle del Monte, calle [de la Fuente] del Caño, calle Castillo, calle Murcia, por citar sólo algunos ejemplos). Por otra parte, siempre y en todo lugar debería seguirse el criterio de no dedicar calles, plazas, etc., a personas, acontecimientos e instituciones que claramente tengan que ver con sistemas políticos no democráticos y/o no respetuosos con los derechos humanos, y si esta circunstancia ya se ha producido la solución es clara: hay que devolverles a esas vías o espacios su antiguo nombre.
Las reflexiones anteriores vienen a cuento de un caso muy concreto – hay muchos más, sin duda - que he podido conocer investigando el devenir de los años treinta del siglo XX en Campo de Criptana y que demuestra las contradicciones en que incurren a veces los políticos.
En la sesión que celebró la corporación municipal criptanense el 31 de octubre de 1934, el alcalde, Dionisio de la Torre, miembro del Partido Republicano Radical, presentó una moción en la que señalaba que la pasión política de los primeros momentos de la Segunda República, proclamada en 1931, pudo producir casos de injusticia que había que reparar si se veían las cosas serenamente.
Escudo de los Baíllo, en la "casa del Conde"
de la Plaza Mayor
Se refería al cambio de nombre de la calle Conde de Cabezuelas (hoy y desde su origen Tercia) por el de Álvaro de Albornoz. ¿Quiénes eran uno y otro? Juan de la Cruz Baíllo de la Beldad Marañón (1804-1890), sexto Conde de Cabezuelas, que nació y murió en Campo de Criptana, fue senador en las legislaturas de 1872 y 1876 y tenía fama de haber contribuido al fomento de la agricultura y de la ganadería, además de destacar – decían sus propios descendientes- por su fervor religioso y su labor caritativa. Fue primer contribuyente de la provincia de Ciudad Real por su riqueza territorial y, como concienzudos estudios de relevantes historiadores especialistas en la época de la Restauración borbónica han puesto de relieve, formó parte de una familia, los Baíllo, que durante años y años controló políticamente el distrito electoral de Alcázar de San Juan en aquella España que el regeneracionista Joaquín Costa definió con los términos “oligarquía y caciquismo”. Una vez muerto Juan de la Cruz, como se ha dicho, tuvo una calle dedicada en su pueblo.
Álvaro de Albornoz
Álvaro de Albornoz (1879-1954) fue abogado, escritor y político. Desde 1909 era miembro del Partido Republicano Radical, liderado por Alejandro Lerroux. Junto con Marcelino Domingo fundó en 1929 el Partido Republicano Radical Socialista, para acabar en 1934 integrado en Izquierda Republicana, el partido de Manuel Azaña. Fue diputado en las Cortes Constituyentes de la Segunda República, durante cuyo primer bienio fue ministro de Fomento y de Justicia. El Ayuntamiento de mayoría republicano-socialista de Campo de  Criptana, surgido de las elecciones del 12 de abril de 1931, le dedicó la calle, antes llamada Conde de Cabezuelas, en ese primer bienio.
Volviendo a la moción del alcalde, éste argumentaba que se le podría haber dedicado otra calle a Albornoz sin necesidad de quitársela al Conde y seguía manifestando que, para “evitar que pueda interpretarse que esta Corporación ha pretendido inferir agravio alguno a dicho señor, cuya memoria será siempre respetable, tanto por haber sido un hijo ilustre de este pueblo, que desempeñó elevados cargos políticos, como por haber fallecido”, su propuesta era que el Ayuntamiento [aclaro que el de ese momento era de signo ideológico conservador] restituyera a la calle “su antiguo nombre de Conde de las Cabezuelas”. Así fue aprobado por unanimidad.
Calle Tercia
Por mi parte, coincido con la primera idea del alcalde de la Torre: para nombrar una calle no es preciso quitar el nombre anterior. Pero no coincido con la idea en que se basa la moción pues ahí está la contradicción: cuando el 14 de abril de 1890 el Ayuntamiento rotuló una calle como Conde de Cabezuelas, no respetó el nombre anterior, el original, calle Tercia, que hay que suponer que así se le llamó siglos atrás por ser la calle que desde el centro de la población conducía al lugar donde se ubicaba la Casa de la Tercia. En definitiva, cuando interesó no se tuvo en cuenta el nombre anterior (es lo que hizo la Corporación de 1890), cosa que en 1934 se defendía para que esa fuera la calle en honor del Conde.
¿Desconocían los regidores criptanenses de 1934 el decreto municipal de abril de 1890 aprobado por sus predecesores, o simplemente pasaron de él? Desde luego, si hubieran sido coherentes con el criterio que defendían, no habrían devuelto el nombre de Conde de Cabezuelas a la calle sino que habrían respetado el antiguo de Tercia y habrían esperado la existencia de una calle nueva para dedicarla al Conde.
Y concluyendo: los políticos, si no tienen conocimiento de ciertos hechos del pasado de su pueblo, deben buscar asesoramiento de quien pueda iluminar sus mentes.


Casa de la Tercia,
en la plaza que lleva su nombre  

FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS



jueves, 6 de agosto de 2015

OCHENTA AÑOS ATRÁS. 1935: LA ÚLTIMA FERIA ANTES DEL ESTALLIDO DE LA GUERRA CIVIL


En  el verano de 1935 en España todavía gobernaba el centro-derecha después de su triunfo en las elecciones generales de noviembre de 1933, triunfo que dio inicio al periodo conocido en la historiografía de la Segunda República como Bienio radical-cedista. Gobiernos en ese tiempo hubo unos cuantos; desde mayo de 1935 el presidente era Alejandro Lerroux, y era ministro de Guerra José Mª Gil Robles, líder de la CEDA, que tenía a otros cuatro de sus miembros en aquel gabinete.
En Campo de Criptana desde septiembre de 1934 había un ayuntamiento no elegido democráticamente. El que salió de las urnas el 12 de abril de 1931 había sido suspendido y en su lugar gobernaba otra corporación designada gubernativamente.  Así pues, a 1 de enero de 1935 la Corporación municipal criptanense se componía de los  siguientes  miembros, todos nombrados “a dedo”:
Del Partido Republicano Radical de Lerroux eran 11: Dionisio de la Torre (alcalde), Aurelio López García, Santiago Luján Casarrubios, Vicente Díaz-Hellín Alberca, Francisco Iniesta Quintanar, Isidoro Abad Gutiérrez, Amadeo Badía Arnabat, Santiago Olivares Sepúlveda, Juan Bustamante Rodríguez, Ángel Morales Sánchez-Alarcos (hasta 27 de marzo de 1935) y Jesús Quintanar López-Pintor. En esa fecha el resto de concejales eran independientes: Gregorio Quirós Quirós, Julián López-Pintor, Julio Casero Palomino, Rufino Manzaneque Olivares, Francisco Lucerón Carrillejo, Francisco Lorente Alberca, Timoteo Mellado Camuñas, Alejandro Manzaneque Olmedo y Eusebio Olmedo Carramolino.
A 27 de febrero de 1935 fue aceptada la dimisión de Dionisio de la Torre en todos sus cargos. El 10 de abril se posesionaron dos nuevos concejales, nombrados por el gobernador: Juan Manuel Santos Montes y José Mª Molina Rodríguez. En sesión extraordinaria de ese día el Ayuntamiento eligió alcalde  a Juan Manuel Santos Montes.
No eran aquellos buenos momentos desde el punto de vista económico y social. La crisis mundial iniciada en Estados Unidos en 1929 también se dejó sentir en España, que no sólo se vio afectada en sus problemas por esa muy influyente causa. Una de sus consecuencias visibles, el incremento del paro, era bien notorio en el panorama diario de Campo de Criptana. A pesar de los problemas, los primeros días del mes de septiembre se identificaban con el acontecimiento tradicional de la Feria, cita anual que de ninguna manera podía faltar y, como año tras año a lo largo de siglos, el Ayuntamiento puso todo su empeño en llevarla a buen término. Sólo la contienda civil iniciada en 1936 supuso un corte en la costumbre, que se reanudaría en 1939.
La feria de 1935 tuvo lugar desde el 1 al 4 de septiembre, mes en el que desde sus inicios se celebró,  hasta 1956 inclusive. La Comisión de Festejos emanaba de la Comisión de Fomento, una de las que formaban parte del organigrama político-administrativo municipal. Aquel año la Comisión estaba presidida por Jesús Quintanar López-Pintor, concejal afiliado al Partido Republicano Radical; dos de los vocales eran Amadeo Badía y Timoteo Mellado.
Plaza de la Tercia, uno de los escenarios de la Feria
El programa de actos seguía los “usos y costumbres” tradicionales. Alternaban los actos religiosos – en honor del Cristo de Villajos”-, con “Te Deum”, misas y procesiones,  y los actos civiles, de contenido muy popular. Los escenarios de la Feria eran variados: calle Murcia y aledaños, Plaza de la Tercia y Plaza del Pozo Hondo, aparte – por supuesto – de la Plaza, entonces llamada de la Constitución.
La imagen del Cristo de Villajos
regresa a su ermita
Una Feria sin fuegos artificiales era impensable. Por aquellos años era habitual que se encargara de ellos el alcazareño Eusebio Chocano Angora (¿Angora Chocano?), que en agosto firmó el contrato con el Ayuntamiento por valor de 608 pesetas. Los gastos de comida de los operarios polvoristas también corrían por cuenta de la Comisión, que por tres cubiertos hubo de satisfacer 11,25 pesetas a Pedro Morales, encargado de la “Pensión del Sol”, situada junto a la Plaza.
El esfuerzo obtiene
recompensa en la cucaña
Entre los actos populares muy del gusto de la gente los había variados. Hubo carreras de sacos, cuyos premios en total fueron de 20 ptas. También carrera de cintas, a la que se dedicó 50 ptas. en premios. El juego de la cucaña tampoco podía faltar: un largo poste de madera convenientemente untado de grasa en cuyo final había premios para quien lograba escalarlo. Relacionado con la cucaña estaba el juego del chocolate por parejas, cuyos componentes, con los ojos vendados se daban mutuamente el dulce manjar; ese año se utilizaron dos roscas de porra de la conocida churrería de Florentino Sanz, además de dos docenas de bollos.
Cartel anunciador de la Vuelta a España de 1935
Hubo también carrera ciclista, deporte muy apreciado en todo el país (la primera edición de la Vuelta a España tuvo lugar precisamente en 1935). Se disputó el primer día de la feria. Cuatro fueron los premios en metálico concedidos, por un valor de 50, 35, 20 y 10 ptas. respectivamente, premios que recayeron en los que podemos considerar “esforzados de la ruta” Gerardo Alberca, Lorenzo Alberca, Mónico Pérez y Antonio Iniesta. Otro premio fue en especie, una cámara de bicicleta marca Michelín, cuyo beneficiario fue Manuel Angulo. Los ciclistas iban acompañados en el recorrido por algunos vehículos, uno de los cuales era el que llevaba a miembros de la Comisión de Festejos, conducido por el taxista Ramón Olivares, que cobró 30 pesetas por realizar su tarea. En caso de ocurrir algún percance, los ciclistas tenían a su disposición al practicante municipal Marino Moreno Ruescas, por cuya labor recibió 10 ptas., gratificación que tuvo que solicitar pues no estaba presupuestada.
Una carrera ciclista en 1935
El cine, sonoro y al aire libre, también estuvo presente aquel año. Por tres funciones cobró 975 pesetas Juan Garcia, arrendatario del Teatro Cervantes que también se ocupaba del cine durante  la Feria; el suministro eléctrico era un gasto aparte que importó 50 pesetas y estuvo a cargo de la empresa que tenía la concesión para el abastecimiento del pueblo, “LA LOSA, Centrales Eléctricas del Júcar y Alto Guadiana”, cuyo propietario era Julián Navarro.
Diploma acreditativo del 2º Premio obtenido
en Cuenca por la Filarmónica Beethoven
La música era uno de los “platos fuertes” de la feria. En 1935 la Banda de Música “Sociedad Filarmónica Beethoven” obtuvo el segundo premio en el Certamen de Cuenca y la Comisión de Festejos la agasajó en la medida de sus posibilidades; veamos el detalle del “homenaje”:
El tradicional dulce de los cordiales, de la confitería de Matías González: 1,5 kg, cuyo coste ascendió a la cantidad de 10,50 ptas.
Pastas variadas de Luis Marín: 3 kg, que valieron 21 ptas.
Y el refresco, elaborado con 1 arroba de vino, 1 litro de grosella y el contenido de 7,5 docenas de gaseosas, ingredientes facilitados por Julio Agudo por un valor total de 22,50 ptas.
Banda Filarmónica Beethoven
Y metidos en el campo musical, me detengo en los conciertos o veladas que asiduamente conformaban aquellos días de fiesta, si bien no eran ellos las únicas intervenciones de las Bandas, en plural porque por entonces Campo de Criptana contaba con dos. Una de ellas era la Sociedad Filarmónica Beethoven, dirigida desde 1934 por Manuel Angulo Sepúlveda, y la otra la denominada Santa Cecilia (en una ocasión es citada por la documentación disponible con el nombre de Mozart), cuyo director era Fabriciano López-Pintor. Entre ambas había un cierto “pique” y eran muy celosas de sus derechos, que procuraban no fuesen diferentes a los conseguidos por la “rival”. Testimonios de ello no faltan. Un ejemplo es el de abril de 1934 (era alcalde entonces Luis Sánchez Manjavacas), cuando la Beethoven reclamaba un contrato similar al de la Santa Cecilia, cosa que consiguió.
Banda Santa Cecilia
Para evitar conflictos el ayuntamiento procuraba que las dos Bandas alternaran en los actos oficiales, que se cotizaban a 100 pesetas por intervención y que, por otra parte, no se limitaban a los días de feria – con conciertos diarios durante ella - pues el verano era pródigo en conciertos. Sabemos que había conciertos los días de San Pedro, Santiago y Nuestra Señora de la Asunción (“la Virgen de Agosto”) y por las facturas cobradas por los tesoreros de las Bandas (Ricardo Torres, de la Santa Cecilia; Santiago Calonge, de la Beethoven), puede afirmarse que entre junio y septiembre giraba en torno a 20 el número total de ellos.

Plaza de la Constitución, con el
templo parroquial y el quiosco de la música
En conclusión, fue la de 1935 una Feria marcada por las dificultades económicas del momento – parece que no hubo corrida de toros, acontecimiento hasta cierto punto habitual en circunstancias normales -, con unos gastos que no superaron en mucho las 2.000 pesetas. Por lo demás, y por aquello de la evolución histórica del país, supuso el fin de un ciclo, interrumpido por la sublevación militar de 18 de julio de 1936, que condujo a una terrible guerra civil.

 FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS










lunes, 6 de julio de 2015

HACIA EL FINAL DE UN LARGO Y TORTUOSO CAMINO

El pasado 29 de junio tuvo lugar el acto de clausura del curso académico 2014-2015 en el IES Isabel Perillán y Quirós de Campo de Criptana. En su transcurso se homenajeó y despidió oficialmente a cinco profesores a los que les ha llegado la hora de la jubilación tras muchos años de servicio; del grupo dos se despiden con el curso, pero tres – yo me cuento entre ellos – lo harán ya en las primeras semanas del curso próximo.
Como es lógico, se produjeron algunas intervenciones por parte de los “jubilados”. Reproduzco a continuación el contenido de mi breve discurso:


Esta despedida no puede suceder como si tal cosa. Por esto he escrito unas líneas. Acepto que, si os aburro, me dediquéis al final de mi intervención una sonora pitada, aunque bien es verdad que no tengo aspecto de himno nacional.
Por  el discurrir de los acontecimientos – en este caso el fin de curso – se nos despide oficialmente aquí y ahora a unos cuantos, pese a que a algunos nos seguiréis viendo todavía durante las primeras semanas del próximo curso.
Aunque con esta despedida parece que se pone fin a algo y se da inicio a una nueva etapa en nuestra vida, ésta, la vida, es un continuo fluir que no admite cortes tajantes, lo que me recuerda  algunas palabras puestas en verso de mi, por muchas razones, admirado poeta Antonio Machado, que en El dios ibero nos recuerda que
“ … ni el pasado ha muerto, ni está el
      mañana – ni el ayer – escrito”.

Siguiendo con el mencionado poeta, en uno de sus Proverbios y cantares podemos leer que

“Todo pasa y todo queda,
  pero lo nuestro es pasar,
  pasar haciendo caminos …”

De mi pasar por este Centro deseo que algo quede para el recuerdo y que algún camino haya abierto. Tras recorrer varios institutos de nuestra provincia y alguno de alguna provincia vecina, llegué al de Campo de Criptana hace 28 años, tiempo que da para mucho, bueno y menos bueno. Naturalmente, deseo que se me recuerde por lo positivo, y menos o nada por lo negativo, que de todo ha habido.

Y puesto a evocar el pasado, aunque pueda resultar algo más bien anecdótico, os propongo que, al menos alguna de las veces que citéis, leáis o escribáis el nombre de este Instituto, Isabel Perillán y Quirós, tengáis presente que un buen día, y no por casualidad, se me ocurrió proponer el nombre de esta mujer criptanense del siglo XVII para bautizar a nuestro Centro; la mayoría de los compañeros y compañeras de claustro lo aceptaron, y hasta hoy.

Y ya que hablo de mis compañeros, en cierto modo viene a cuento otra cita de Antonio Machado, que en su Retrato afirmaba

“Y al cabo nada os debo; debéisme cuanto he escrito”.

Pues, mirad, lo siento por el bueno de Don Antonio, pero no puedo estar de acuerdo con él en ese pasaje. En el día a día he aprendido mucho de mis compañeros y compañeras, y espero seguir aprendiendo de todos ellos. Ciertamente, os debo casi todo y os estoy muy agradecido.

Y  pensando en el alumnado vuelvo a mi poeta, en otro de cuyos Proverbios y cantares decía, refiriéndose a muchos españoles de hace ya un siglo :

“Nuestro español bosteza.
¿Es hambre?  ¿Sueño?  ¿Hastío?
Doctor,  ¿tendrá el estómago vacío?
-           El vacío es más bien en la cabeza.”

Pues …, chicas y chicos, no permitáis que vuestra cabeza, vuestra mente esté vacía; llenadla con lo que mejor os parezca, pero no dejéis de llenarla con la semilla que el profesorado os ofrece y os ofrecerá de continuo.

Muchas gracias a todos por estos minutos que nos habéis dedicado en este acto.

      FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS


sábado, 6 de junio de 2015

BANDERAS

                         
A raíz de la instalación de una bandera española de considerable tamaño en el centro de la rotonda situada en la antigua carretera N-420, a la altura del Centro de Salud de Campo de Criptana, la polémica se desató y proliferaron comentarios hablados y escritos de todo signo, muchos de ellos guiados por la emoción y sin el necesario clima de sosiego que es el que debe presidir el debate de cualquier tema importante, y éste de la bandera lo es. Vayamos por partes.
Edificio del Senado español
En el artículo 4 de su Título Preliminar la vigente Constitución española de 1978, aparte de decirnos cómo es nuestra bandera nacional, nos indica cuáles son los lugares y acontecimientos obligados para que ondee la bandera del Estado y las de las Comunidades Autónomas, a saber, los edificios públicos y los actos oficiales.
Por su parte, la Ley 39/1981, de 28 de octubre, por la que se regula el uso de la bandera de España y el de otras banderas y enseñas (BOE nº 271 de 12 de noviembre), especifica dónde es obligatorio el uso de la bandera española:
-          El exterior e interior de todos los edificios y establecimientos de la administración central, institucional, autonómica, provincial o insular y municipal del Estado.
-          Edificios públicos militares, acuartelamientos, buques y aeronaves, establecimientos de las Fuerzas Armadas y de las Fuerzas de Seguridad del Estado.
-          Locales de las misiones diplomáticas y de las oficinas consulares en el extranjero.
-          Asimismo, en los “buques, embarcaciones y artefactos flotantes españoles, cualquiera que sea su tipo, clase o actividad, con arreglo a lo que establezcan las disposiciones y usos que rigen la navegación”.
Esta ley, por tanto, no obliga a poner la bandera en el centro de una rotonda, pero tampoco lo prohíbe, de la misma manera que tampoco prohíbe que se exhiba en camisetas, pulseras o cualquier otro objeto, siempre – se sobreentiende - que se utilice con el debido respeto, sobre lo que la citada ley igualmente es tajante. Así que es legítimo el uso de la bandera española de las múltiples maneras y en los muy variados lugares en los que hoy en día la podemos encontrar. Por cierto, dicha ley, en su artículo sexto, deja bien claro que “cuando se utilice la bandera de España ocupará siempre lugar destacado, visible y de honor”; nada que oponer en este aspecto normativo a la bandera de la rotonda.
Dicho lo cual hay que dejar bien claro que no es más español ni más patriota quien más exhibe la bandera o quien más habla de ella. Tan español y tan patriota como el anterior es quien no lo hace así. En esto, como en todo en la vida, se impone el sosiego, la mesura y el respeto a las opiniones y las actitudes de los demás.
La bandera de un país, estado o nación – cada cual utilice el término que prefiera – es un símbolo de ese país, estado o nación, símbolo de una comunidad de personas que aprecian sus señas de identidad y que, lógicamente, las defienden y no pueden ver con buenos ojos que, como cualquiera de todos sus símbolos, no sea respetado o sea ultrajado. A partir de esta constatación, cada cual expresará su aprecio por los símbolos con más o menos vehemencia, pero nunca puede derivarse de ello, como antes señalaba, que fulanito o menganito sea más o menos patriota.
En relación con todo lo anterior creo que conviene referirse al nacionalismo, concepto que vemos definido en cualquier libro de texto utilizado por nuestros adolescentes como la “ideología política que sostiene el derecho de los pueblos a decidir sobre ellos mismos y a defender su soberanía”; este concepto nos conduce al de nación, que se nos presenta como “un conjunto de individuos que poseen una serie de lazos culturales propios (religión, lengua, tradiciones, pasado …) y que desean vivir en común”.
Entre los lazos compartidos por una sociedad hay que añadir los símbolos, y entre éstos, en lugar destacado, las banderas. Ahora bien,  - y voy opinando y espero que mis opiniones se respeten como yo respeto las de todos los demás - yo entiendo - extendiendo mi comentario a todo el ámbito nacional español – que, de todos los componentes del concepto  nación, hay quien pone excesivo énfasis en los símbolos – por ejemplo, la bandera – y menos en la auténtica defensa de los derechos de sus compatriotas, muchos de ellos a veces olvidados, discriminados y hasta vejados por  ideologías, mentalidades y por algunos que dicen ser muy patriotas, y es que, las personas, nuestros conciudadanos, son el elemento esencial de una nación. Banderas bien, pero ciudadanos también.

Y al final del relato, añado mi opinión clara sobre la bandera de la rotonda en concreto: me parece una exageración, poniendo por delante mi respeto a quienes aplauden la decisión tomada.
                           FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS



lunes, 1 de junio de 2015

OTRO CUARTO CENTENARIO, DE CONTENIDO RELIGIOSO

Ermita de la Vera Cruz
Hace exactamente cuatrocientos años, en 1615, tuvo lugar en Campo de Criptana en el ámbito religioso, un acontecimiento que, dada la mentalidad dominante por entonces, seguro que fue calificado de extraordinario: la recepción de unas afamadas reliquias. Era el 27 de diciembre y en la ermita de la “Cofradía y Hermandad de la Santa Vera Cruz” se habían reunido, junto a un numeroso público, los miembros del clero y del ayuntamiento criptanenses. Pongamos nombres a algunos de ellos. El licenciado Cipriano Martínez era el cura párroco. Dos eran los alcaldes ordinarios, a saber, Gaspar de Herriega Guerrero (la calle Monescillo le estuvo dedicada durante mucho tiempo) y Pedro Díaz del Campo, y tres los regidores (concejales si utilizamos la terminología oficial de la actualidad): Esteban Suárez, Bartolomé Sánchez de Juana y Alonso Fernández del Quintanar.

El objeto de la concentración era la celebración de una procesión solemne, para la que se contaba con la oportuna licencia, emitida por el prior del Convento de Santiago de Uclés, doctor D. Antonio Mejía; téngase presente que en esa época nuestra villa dependía de la Orden de Santiago, en cuyo partido de Uclés y provincia de Castilla estaba enclavada. Las reliquias estaban colocadas sobre unas andas que habrían de portar sobre sus hombros varios sacerdotes. ¿De qué reliquias se trataba? La documentación conservada nos los aclara: “dos cabezas de las once mil vírgenes y un relicario con cuatro huesos, tomados los dos de las dichas santas y los otros dos de San Xereón, con otras partículas de santos, todo adornado en [un] relicario con las bordaduras, perlas y piedras que en él hay con la imagen de Nuestra Señora en medio de todo ello ”.

Capitán de los tercios de Flandes
¿Y de dónde procedían tales reliquias? Habían sido enviadas al pueblo por un hijo del mismo, un militar destinado bien lejos de estos pagos, nada menos que en Flandes, en tierras de la actual Bélgica. En efecto, el criptanense Juan Ramírez, capitán y gobernador del “Saxo de Gante” y miembro del Consejo de Guerra de Felipe III, que las había hecho llegar hasta aquí por medio del alférez, también criptanense, Sebastián Sánchez Quirós. La procesión discurrió por las que se consideraban calles principales del pueblo, es decir, y como no podía ser de otra manera, por las que habitualmente lo hacía cada año la procesión “del Santísimo Sacramento en su festividad”, o lo que es lo mismo, la llamada del Corpus Christi, exactamente el mismo itinerario que ésta sigue ahora, pero entonces en sentido contrario: Plaza, Magnes (Virgen), Castillo, Convento, Pozo Hondo, Torrecilla (Cervantes) y del Hospital o de la Torre (Soledad). La solemnidad requería que acompañasen a las reliquias todas “las cofradías, cruces, estandartes e imágenes que en esta Villa hay, y con danzas y músicas”. Queda claro, lo que ahora hay quien llama toda una Magna Procesión.

Alférez
El lugar destinado para las reliquias era la iglesia parroquial – la “iglesia mayor, advocación de Santa María”  - y dentro de ella, en principio, su altar mayor. Llegada la procesión al templo tuvieron lugar “vísperas solemnes, en que asistió la mayor parte del pueblo” y a renglón seguido el alférez antes mencionado transmitió las directrices a seguir según el deseo del capitán Juan Ramírez: en “el altar y capilla que fueren puestas lo estén para siempre jamás a honra y gloria de Dios Nuestro Señor y de sus santos, para bien y devoción de los fieles cristianos, sin que de la dicha iglesia se puedan sacar, prestar ni enajenar para otra parte.

Las instrucciones del capitán no se quedaban en lo expuesto. La ubicación exacta quedaba a voluntad del clero y del ayuntamiento, pero aquél señalaba que las reliquias debían quedar bajo cuatro llaves, cuyos depositarios habrían de ser el cura párroco, cada uno de los dos alcaldes y el presbítero Esteban Sánchez Berenguillo, a la muerte del cual esta última llave quedaría en manos del “sacerdote de misa más antiguo en la dicha dignidad de sacerdote que sea natural y residente en esta Villa ”. De momento, y hasta tanto no se decidiera el lugar concreto para depósito y exposición de las reliquias, “mandaron se pongan, como en efecto se pusieron, en la sacristía de la dicha iglesia, donde estén con la custodia y guarda necesaria debajo de candados y llaves”.

La anterior iglesia parroquial, punto
de destino de las reliquias
Éste es el relato de algo que debemos contextualizar en el ambiente religioso que se respiraba en España y en nuestro pueblo en pleno Siglo de Oro, una época en que tras la celebración del Concilio de Trento la reafirmación del catolicismo frente a reformas como la luterana se plasmaba en múltiples prácticas religiosas, tales como la devoción a las reliquias de santos y santas y la frecuencia de las procesiones.


El relicario, tal como se conserva ahora
Por cierto, la voluntad del citado Gobernador no se cumplió por “siempre jamás”. El relicario despareció cuando el incendio de la iglesia parroquial, en agosto de 1936, y por casualidad se encontró hace varias décadas en unas dependencias del antiguo Convento de Carmelitas Descalzos, en cuya iglesia están actualmente, si bien ya incompletas y sin todos los elementos de adorno que antaño tuvieron; sin embargo, su valor histórico y religioso sí lo conservan, razón por la que  están expuestas al público en una hornacina en uno de los muros laterales de dicho templo, según se entra en él a la derecha muy cerca de la puerta principal. 


                                    FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS

jueves, 21 de mayo de 2015

AVATARES DE ESTE CRONISTA



Título de miembro de la Asociación de Cronistas Oficiales de España que,
por mi condición de Cronista Oficial de Campo de Criptana,
se me entregó en el Congreso de esta Asociación
celebrado en Ciudad Real en 1989

En la anterior entrega de este blog anunciaba, en relación con el artículo LAS CIFRAS DEL TURISMO, que escribiría algo sobre la cola que aquello traería. Ahora que tengo tiempo, es el momento. Reproduzco a continuación el escrito que el 27 de marzo de este año 2015 envié a la Junta de Gobierno Local del Ayuntamiento de Campo de Criptana, escrito sobre el que a día de hoy, 21 de mayo, aún no he recibido respuesta.
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"Estimados/as   Sres./as.:

            En la sesión plenaria celebrada por el Ayuntamiento de esta Villa el 9 de julio de 2014 el Sr. Alcalde, D. Santiago Lucas-Torres López-Casero, dijo  entre otras cosas, según recoge el acta de la misma, que “… revisando el tema del Cronista Oficial de la Villa, resulta que no tenemos Cronista Oficial. En el acta nº 22/1988 se nombra un cronista oficial pendiente de ratificar por el Pleno, pero que está sin ratificar …”.
Tengo meridianamente claro que con anterioridad a la fecha mencionada de 2014 se había estado tratando de encontrar en el archivo municipal documentación sobre el nombramiento de cronista oficial de Campo de Criptana; en efecto, pocos días antes de la celebración del pleno del 9 de julio, el funcionario de Secretaría del Ayuntamiento criptanense, D. Antonio Cedenilla, me llamó por teléfono tres veces en un corto espacio de tiempo preguntándome cuándo se me había nombrado cronista oficial de esta Villa pues estaban buscando el nombramiento y no lo encontraban. Como es lógico, le facilité los datos sobre los que se interesaba. Así pues, no hay duda de que se estaba investigando acerca de mi nombramiento como tal cronista. Ruego, por tanto, se me aclare cuál fue el motivo de la investigación que se estaba realizando.
Entiendo que si en el asunto que estoy tratando existía un problema, llamémoslo burocrático-administrativo (la dicha ratificación), de la forma más rápida posible se me debería haber comunicado; parece esto lo más razonable y no tener que enterarme de ello por otras vías. Han pasado más o menos nueve meses desde aquel Pleno y en ningún momento nadie del equipo de gobierno municipal se ha dirigido a mí para hacerme ningún comentario sobre este tema, hecho este que resulta más que extraño e injustificable.
Al respecto he de poner en conocimiento de Vdes. que la Asociación Española de Cronistas Oficiales, en el Congreso que celebró en Ciudad Real en 1989, me hizo entrega de un diploma fechado a 14 de octubre de ese año, en el que  se me otorgaba el Título  acreditativo de mi pertenencia a tal Institución pues cumplía los requisitos que preceptúan sus Estatutos, entre ellos – según puede leerse en dicho  Título - el acuerdo del “ayuntamiento pleno” de Campo de Criptana. Por otra parte, tras el Congreso de la Asociación celebrado en Oviedo en septiembre de 2014 he recibido el documento acreditativo de mi pertenencia a la Asociación a lo largo de 25 años.
Pero, si se prefiere, déjese aparte lo manifestado en el anterior párrafo, y situémonos en la hipótesis que planteaba el Sr. Alcalde: no hay tal ratificación de mi nombramiento en un Pleno.                                                                                                                    
Ese hipotético hecho, de ser cierto, debería achacarse ni más ni menos que a un fallo administrativo (¿olvido tal vez?), pues el Ayuntamiento criptanense siempre, desde julio de 1988, me consideró Cronista Oficial de esta Villa; si esta consideración aludida por parte del Ayuntamiento no hubiese sido cierta - y por citar uno solo de los muchos hechos que la confirman y atestiguan a lo largo de más de un cuarto de siglo - el Ayuntamiento no habría apoyado e, incluso, patrocinado que el Congreso de la antes citada Asociación que tuvo lugar en octubre de 1989 en Ciudad Real celebrara una de sus jornadas de trabajo en Campo de Criptana y, por cierto, con su Cronista Oficial al frente (del libro de actas de aquel Congreso, una vez éstas publicadas, nuestro Ayuntamiento recibió el correspondiente ejemplar y debe estar en su poder).
Por consiguiente, si aquel trámite no se cumplió, ¿qué problema ha tenido el equipo de gobierno municipal actual para no proceder a la ratificación del nombramiento? ¿Acaso no he cumplido con la labor de difundir a lo largo de los años los valores históricos, culturales, etc., de nuestro pueblo? En este sentido, les recuerdo que en 1976 me encontré con un archivo histórico municipal desorganizado, olvidado, convertido en un pequeño rincón marginado de la Casa Consistorial, que durante años lo fui ordenando, organización que a lo largo del tiempo ha ido permitiendo la publicación de retazos de nuestro pasado como pueblo en forma de artículos, libros e, incluso tesis doctorales de diferentes historiadores, aparte de las diferentes publicaciones que llevan mi firma, de cuyo listado, si es de su interés, puedo, cuando lo estimen conveniente, adjuntarles una copia.
Por lo tanto, les ruego:
1.- Me aclaren, como adelantaba más arriba, cuál fue el motivo de la investigación que se estaba realizando en julio de 2014 sobre mi condición de Cronista Oficial de Campo de Criptana.
2.- Me comuniquen,  si es que no existe prueba documental de la ratificación, si me consideran con los méritos suficientes para que el nombramiento que en julio de 1988 el Ayuntamiento de Campo de Criptana hizo a mi favor como Cronista Oficial sea ratificado por el Pleno de la actual corporación municipal criptanense. 

3.- Me concreten, si consideran que no ha lugar para la ratificación, cuáles son los motivos que se tienen en cuenta para denegarla."
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Reconocimiento que se me otorgó en el Congreso la Asociación de Cronistas
celebrado en Oviedo en 2014 por mis 25 años como Cronista Oficial de Campo de Criptana
y miembro de aquélla

Bien, amigo lector o amiga lectora, seguiré teniéndote al tanto de las novedades que vaya dando de sí este asunto.

      FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS