martes, 5 de diciembre de 2017

PARA SITUAR LOS MISERABLES

En 1862 se publicó la novela LOS MISERABLES. Su autor, Victor Hugo (1802-1885), novelista además de poeta y dramaturgo, un francés que, aún niño, en 1811 y 1812 residió con su familia en Madrid, en el transcurso de la llamada Guerra de Independencia (1808-1814), en la que su padre, el general J. L. S. Hugo, participó formando parte del ejército napoleónico.

Obras importantes suyas, aparte de la citada, son:
Odas y poesías diversas (1822) y Las Orientales (1829), en el terreno poético.
En narrativa, la novela Nuestra Señora de París (1831)
Los dramas Marion Delorme (1828), Hernani (1830), Ruy Blas (1838), y Cromwell (1827), al que se considera el manifiesto fundacional del teatro romántico, caracterizado por el rechazo de las reglas del teatro neoclásico y por la proclamación de la libertad en el arte.

Tras el golpe protagonizado en 1851 por Napoleón III, al que Hugo era contrario, se exilió en el Reino Unido, de donde regresó en 1870. En ese tiempo escribió varias obras, entre ellas Los Miserables, en la que denunció la precaria situación de los sectores sociales más humildes.
Victor Hugo

Victor Hugo, republicano por los cuatro costados, también se dedicó a la política, pero por poco tiempo. Considerado uno de los más destacados escritores franceses, a su muerte el gobierno galo decretó un día de luto nacional y sus restos fueron trasladados al Panteón, cementerio de personas ilustres en el que están enterrados, entre otros, Voltaire, Rousseau, Zola, Jean Monnet, Alexandre Dumas y el matrimonio Curie.

En LOS MISERABLES sitúa al lector ante grandes temas de la vida individual y social: la ética, la justicia, el bien y el mal, la religión, la política, etc. El autor se posiciona en la defensa de los oprimidos así como en la oposición a la pena de muerte sea cual sea el lugar y el  momento histórico. La obra es un clarificador estudio de la sociedad del siglo XIX, en la que la pobreza era la condición de un segmento muy amplio de la población. Era aquella una sociedad conservadora, clasista y machista que provocaba descontento político en la burguesía y desazón social en las clases bajas por su situación económica; precisamente, la parte realmente importante de la obra es la gente, el pueblo.
Los sucesos revolucionarios de 1832 en París, que aparecen en la novela, no surgieron de la nada. Napoleón y su Imperio fueron vencidos definitivamente en 1815. En los años siguientes, con más o menos dificultades, el liberalismo y el nacionalismo irían difundiéndose por Europa, con tres ciclos revolucionarios en torno a las fechas de 1820, 1830 y 1848.
La libertad guiando al pueblo (E. Delacroix, 1830),
todo un icono de la revolución
Aunque el sector agrario predominaba en la economía francesa allá por 1830, la industria iba ganando terreno. Entre 1814 y 1830 los monarcas borbones Luis XVIII y Carlos X gobernaron el país de forma absolutista en la época llamada de la Restauración. La revolución de julio de 1830 acabó con ese régimen, dando inicio a la etapa de la monarquía liberal y burguesa con Luis Felipe de Orleáns, en el poder hasta que en febrero de 1848 estalló una nueva revolución.
En ese tiempo las masas populares fueron ganando espacio e influencia social al tiempo que se fueron difundiendo ideologías que las apoyaban, en un contexto en el que en las ciudades aumentaban su población con gentes llegadas de zonas rurales que poco a poco iban tomando conciencia de clase explotada en una sociedad cada vez más evolucionada y más injusta. Las tensiones sociales se incrementaron de forma paralela al surgimiento de sindicatos en las ciudades que se industrializaban, como París, donde en 1832 y 1834 se produjeron revueltas obreras.
Entre 1827 y 1832 hubo graves problemas económicos en Francia: sucesión de malas cosechas, escasez, subidas de precios, con la consiguiente desazón social. Por si fuera poco, en la primavera de 1832 por toda Europa se extendió el cólera. En París murieron más de 18.000 personas, con los barrios pobres como más afectados; allí tuvo lugar en junio de 1832 una insurrección de matiz republicano y antimonárquico, descrita en LOS MISERABLES.
EL MUSICAL
Fue creado por Alain Boublil y Claude-Michel Schönberg y estrenado en 1980 en París; cinco años después el evento tuvo lugar en Londres. A partir de entonces y hasta ahora ha sido representado en numerosas ciudades, como Madrid, donde se estrenó la versión en castellano en el Teatro Nuevo Apolo, siendo algunos de sus intérpretes Pedro Ruy-Blas y Gema Castaño.
El personaje central es Jean Valjean, que permaneció diecinueve años en prisión por un robo insignificante. Una vez libre, sobrevivir le resultó muy difícil por su pasado y se vio sometido a una implacable persecución policial. Él, como otros, se verían envueltos en la revolución parisina de 1832.


 A partir del 21 de diciembre este musical tendrá como escenario el Teatro Cervantes de Campo de Criptana con un fin solidario: contribuir a liquidar la parte de deuda pendiente contraída con motivo de las obras de restauración de la iglesia del antiguo Convento de Carmelitas Descalzos de esta villa, deuda consistente en el importe de lo que resta por satisfacer de un préstamo bancario que en su momento contrajo la Parroquia criptanense de Nuestra Señora de la Asunción para atender una porción del coste de la obra y al que ha ido haciendo frente la Asociación Benéfico-Cultural del Convento, que desde 2007 viene organizando actos de todo tipo para recaudar todo el montante del gasto derivado de la restauración del templo, una obra que ha superado ampliamente la cantidad de 700.000 euros.

Iglesia del Convento ( siglo XVIII)
La Asociación, de la que soy miembro, anima a todos a presenciar el espectáculo, preparado con mimo por gran cantidad de personas, y les da las gracias por su colaboración con el mencionado fin solidario.
    FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS




jueves, 16 de noviembre de 2017

EL PARQUE POR EXCELENCIA DE CAMPO DE CRIPTANA

Fragmento del Plan de Ensanche (1922)
con el Parque
Sí, me refiero al PARQUE con mayúsculas, al de siempre – desde que existió, claro -, el situado entre las actuales calles Antonio Espín, Colón y Avenida Juan Carlos I y dividido en dos sectores por la calle Agustín de la Fuente, el parque que durante unas décadas en el siglo XX, desde mediados de los años cincuenta hasta 1997 inclusive, fue el escenario principal de las celebraciones feriales en nuestro pueblo.

El parque durante mucho tiempo llamado municipal, el parque por excelencia de Campo de Criptana, empezó a gestarse cuando, siendo alcalde Domingo Esteso Maldonado, fue incluido en el Plan de Ensanche de Campo de Criptana de 1922, aprobado por el Ayuntamiento en sesión celebrada el 20 de diciembre de ese año y elaborado previamente por Enrique Alarcón López-Casero, ayudante y sobrestante de obras públicas.

Detalle del Parque en el Plan de Ensanche (1922)
Pasaron los años y fue durante la Segunda República, gobernando la izquierda en Campo de Criptana, cuando hubo ya un intento concreto de crearlo y ponerlo en funcionamiento; hago notar que la mejora del pueblo en todos sus aspectos fue una preocupación constante de los ayuntamientos criptanenses republicanos, fuesen del color político que fuesen, dicho sea generalizando y para contrarrestar la mala fama que todavía hoy hay quienes se empeñan en achacar a aquellas corporaciones de tiempos republicanos anteriores a la guerra civil destacando solamente lo más negativo de sus actuaciones.

El primer paso que había que dar era disponer de los terrenos necesarios. Así, en la sesión plenaria del 6 de enero de 1934, siendo alcalde Antíoco Alarcos, el socialista Manuel Vela López-Alcolado propuso que se hicieran las gestiones para adquirir los terrenos situados junto al pozo de la villa en el Paseo de la Estación (calle Agustín de la Fuente ahora) y que, según el plano de ensanche, habían de destinarse a parque público. El alcalde estimó conveniente ampliar las gestiones a los terrenos del “lado derecho” (es decir, al oeste) de esa vía urbana, que también se incluían en ese parque; así se acordó por el Ayuntamiento.

En las semanas siguientes ya se hicieron las gestiones oportunas. En principio se barajó el precio de 3,50 pesetas por m2. El asunto fue ampliamente discutido en el seno de la corporación municipal.
Había quien consideraba excesivo el gasto y que no debía hacerse la obra. También había quien pensaba que el parque debía salir adelante pero sin olvidar otras obras necesarias, como la construcción de grupos escolares, ya previstos, lo que evidencia la preocupación de aquellos políticos criptanenses por mejorar la enseñanza con nuevas instalaciones.

Aquel viejo Parque, nevado
(Fototeca municipal)
Parte de los terrenos pertenecía a los herederos de Bosch. El fallecido Enrique Bosch había estado casado con una de las grandes propietarias de Campo de Criptana, Pilar Baíllo Baíllo, hermana del 8º conde de Cabezuelas, Ramón María Baíllo Baíllo (1863-1930).  Eran los terrenos situados entre el Paseo de la Estación (llamado entonces Avenida de Gasset) y la Avenida de Canalejas (hoy denominada Avenida de Juan Carlos I). 

En mayo  de 1934 – el alcalde era Luis Sánchez-Manjavacas Díaz-Ropero -, el contraste de opiniones al respecto en el seno del Ayuntamiento seguía vivo. Algunos concejales entendían que el dinero a invertir en la construcción del parque se podía emplear en obras de más urgencia y necesidad, tales como el arreglo de caminos. Finalmente, a propuesta de José Simó, el Ayuntamiento acordó no comprar los terrenos de Bosch señalados para parque en el plano de ensanche, aunque no se abandonaba la idea de construirlo. En definitiva, fueron las dificultades económicas del  municipio, que por aquellos años fueron en aumento a medida que pasaba el tiempo, las que dieron al traste con el deseo de los políticos de entonces en el sentido de que el pueblo tuviera un parque, y el estallido de la guerra en julio de 1936, como es lógico, no mejoró las cosas.
El antiguo Paseo de la Estación, 
flanqueado por el Parque
(Fototeca municipal)

Fue tras la guerra cuando el proyecto contemplado en el Plan de Ensanche se retomó y puede decirse que en 1944 ya estaba completado.

En la sesión de 3 de junio de 1939 se tomó en consideración la propuesta del gestor o concejal Alfonso Cereceda Morán – durante varios meses de 1940 llegó a ser alcalde - en el sentido de que se expropiasen los terrenos para tal fin, es decir los de los herederos de Bosch y los de la era de Baíllo – éstos situados entre el Paseo de la Estación y el camino de la Puente (ahora calle Antonio Espín) -.  Pero el tiempo pasaba sin que eso se llevara a cabo; la economía en esos años no permitía embarcarse en muchos proyectos. En la sesión de 27 de mayo de 1942, a propuesta del alcalde Feliciano León, se acordó por unanimidad gestionar el arriendo, hasta que pudiera hacerse la expropiación, de los terrenos destinados a parque situados a ambos lados de la ya llamada Avenida de Agustín de la Fuente, para “poder comenzar cuanto antes la construcción del mismo”.

De 21 de diciembre de ese año data un contrato de compraventa en el que José Agudo Parra, vecino de Alcázar, figuraba como mandatario de los señores Alberto Bosch Baíllo y José María Yagüe Maza, dueños por mitad y proindiviso de un terreno de 7.556 m2 de superficie cuyos limites eran:
 Por el Este la Avenida de los Héroes del Alcázar de Toledo (ahora de Juan Carlos I).
El Parque en el plano actual
 Por el Sur la calle Colón, en la que estaba situado el Pozo llamado de la Villa.
 Por el Oeste, la Avenida Agustín de la Fuente.
 Por el Norte un cercado hacía poco construido por José Vicente Olivares.
El precio, a 2 pesetas el m2 , ascendió a la suma de 15.112 pesetas, a pagar en dos plazos, uno en 1943 y otro en 1944.

¿Y la otra parte?
En sesión de 30 de diciembre de 1942, a propuesta del alcalde por unanimidad se acordó abonar a Milagros Baíllo Melgarejo (viuda de Henríquez) y Dolores Baíllo Manso, a cada una de ellas, 4.500 pesetas a cuenta del precio que en definitiva se fijase por la compra o expropiación de la era llamada de D. Ramón” o “de Baíllo, sita junto a la calle Agustín de la Fuente, “que la Corporación tiene acordado adquirir para la construcción de un parque”. 

En la sesión de 27 de octubre de 1943, a propuesta del alcalde Feliciano León, por unanimidad se acordó definitivamente comprar dicha era, de una extensión aproximada de 6.828 m2, que tenía como límites:
     Por el Este la  Avenida Agustín de la Fuente.
     Por el Sur la calle Colón.
     Por el Oeste la calle Antonio Espín.
     Por el Norte la bodega de Dolores Baíllo Manso
El precio fue 10.000 pesetas para cada una de las dos propietarias; como ya había recibido cada una a cuenta 4.500 pesetas, quedaba pagar en total 11.000 ptas. De la parte de Dolores se podría segregar y reservarse ésta un rectángulo de 12 metros de ancho por 31 de largo junto a su bodega, para servir de acceso a la misma desde la calle Antonio Espín, dejando así franca la entrada y la descarga de uvas por el mediodía, si bien con la prohibición para la dueña de cercar y construir ninguna edificación en esa parcela, y con la obligación del Ayuntamiento de retirar los árboles que allí tenía plantados y obstruían el paso de carruajes; se dejaba claro que, si se efectuase tal segregación, se deduciría  del precio estipulado el valor proporcional de la misma.

Adquiridos los terrenos, quedaba por hacer la plantación, de la que se encargó ya en 1944 la empresa de Linares (Jaén) La Hortícola Linarense, propiedad de Manuel Gámez, que lo hizo por valor de 14.152 pesetas, a pagar en dos plazos, el primero con cargo al presupuesto de 1944 y el segundo con cargo al de 1945; a esa suma había que añadir los jornales y gastos del jardinero que para efectuar el trabajo de plantación enviase dicha empresa, que también se encargó de la instalación del riego por la cantidad de 3.733,06 pesetas. Además hubo que adquirir un grupo motobomba a la Casa S.E.M. de Madrid por valor de 3.600 pesetas. Así pues, sumando cifras, puede decirse que el parque supuso un gasto total en torno a 60.000 pesetas de la época. Luego vendrían más gastos pues, tal como se acordó en la sesión plenaria del 27 de marzo de ese año, se construyeron 50 bancos y 50 farolas de cemento, cuyos diseños y presupuestos hizo el concejal vocal de la Comisión de Obras Bernardo Ramírez Sánchez-Villacañas.

El viejo quiosco, trasplantado
Desde entonces el parque ha sido objeto de diversas remodelaciones, entre otras la construcción de un quiosco de obra, hoy inexistente, para conciertos de la Banda de Música Filarmónica Beethoven y otras actuaciones, y de la verbena municipal, modificada, a su vez, en varias ocasiones. La última remodelación fue inaugurada el 20 de marzo de 2015, pasando entonces a denominarse oficialmente Parque Luis Cobos, en homenaje a este músico criptanense; desde entonces uno de los dos sectores del parque, el oriental, cuenta con el quiosco metálico que durante muchos años estuvo en la actual Plaza Mayor, donde había servido de escenario de los conciertos de la Filarmónica Beethoven, un quiosco que ahora tiene menos altura que antes tuvo.

Por cierto, todo lo que en su momento rodeó la última inauguración del parque tuvo su polémica política. En el diario online La comarca de Puertollano el 21 de marzo de 2015 podía leerse lo siguiente:

Efigie de Luis Cobos
en el Parque
La portavoz del Grupo Municipal Socialista y candidata a la Alcaldía de Campo de Criptana, Carmen Olmedo, ha denunciado el uso puramente partidista que ha hecho el alcalde, Santiago Lucas-Torres, con la inauguración del nuevo parque ‘Luis Cobos’.

Un acto al que los concejales socialistas no asistieron “por la desfachatez que han tenido Lucas-Torres y los concejales del Partido Popular al no invitar a la Diputación de Ciudad Real cuando ha financiado las obras de este espacio con 120.000 euros”.

Además de este motivo, Olmedo ha alegado otro importante para los socialistas criptanenses, y es que “el gobierno del PP ha mentido al resto de grupos políticos rompiendo el acuerdo que se adoptó hace meses”, en el que se decía explícitamente que el nombre de esta zona de recreo sería Parque de la Música.


Cabe aclarar que los dirigentes socialistas de Campo de Criptana no tienen nada en contra del homenajeado en cuestión, el músico Luis Cobos. Todo lo contrario, le muestran un gran respeto y un enorme reconocimiento (...)”.

    FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS


miércoles, 11 de octubre de 2017

CAMPO DE CRIPTANA EN LEÓN

Ayuntamiento de León,
escenario de la inauguración del Congreso
La Real Asociación Española de Cronistas Oficiales (RAECO), de la que soy miembro desde hace casi veintinueve años, ha celebrado en la ciudad de  León durante los días 6, 7 y 8 de octubre su XLIII Congreso Nacional y I Hispano-Mexicano, que ha contado con 165 participantes procedentes de 24 provincias y 11 comunidades autónomas; de esas personas, 84 hemos asistido como cronistas, entre ellos 8 mujeres.
En el Congreso ha estado presente de manera activa una delegación de cronistas mexicanos de las localidades de Santa Caterina (Nuevo León), Ojocaliente (Zacatecas), Texcoco (estado de México), Valladolid (Yucatán), Monterrey (Nuevo León), Rayones (Nuevo León), Zacatecas, Cancún (Quintana-Roo), y Chiconcuac (estado de México), pertenecientes a la Federación Nacional de Cronistas Mexicanos, a los que ha acompañado un grupo de Danzantes Matlachines, que exhibieron sus bailes por diferentes calles de la ciudad.
Cronistas ante la Basílica de San Isidoro
En las sesiones de trabajo programadas se presentaron los resúmenes de 59 comunicaciones elaboradas por otros tantos cronistas, comunicaciones que serán publicadas próximamente. Como Cronista Oficial de Campo de Criptana he asistido a este Congreso, lo que me ha permitido profundizar en el conocimiento de la ciudad de León en sus diversos aspectos – histórico, artístico, etc., etc. – y divulgar entre todos los asistentes – con la consiguiente repercusión en los medios de comunicación de muy variados lugares – fragmentos de la historia de nuestro pueblo, dado que presenté una comunicación cuyo resumen reproduzco a continuación, un resumen muy escueto pues solamente se disponía de seis minutos por cada cronista para su exposición.
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PEDRO MARTÍNEZ DE CASTAÑEDA,
UN ESCULTOR SALMANTINO
EN TIERRAS DE CASTILLA-LA MANCHA
         
A lo largo de los siglos el Sistema Central, a pesar de constituir una barrera orográfica, ha sido también lugar de paso que ha permitido el trasiego de gentes ubicadas al norte o al sur de la misma, y esto ha sido así por motivaciones muy variadas: el afán por dominar territorios en el contexto de la expansión desde antiguo de pueblos diversos, las relaciones comerciales de todo tipo y, desde luego, ocupando un lugar destacado, el proceso repoblador medieval por parte de los reinos cristianos, que en La Mancha se prolongó en el tiempo más que en otras zonas.
Mi comunicación se centra en una época más reciente, en la Edad Moderna, y pone el acento en el campo de la actividad artística pues versa sobre un artista, un escultor, nacido en el siglo XVI y muerto en el XVII.
Un artista que tras su formación en tierras castellano-leonesas desarrolló su actividad profesional, orientada a la temática religiosa principalmente, en tierras de la actual comunidad autónoma de Castilla-La Mancha, y en gran medida para realizar encargos de la sede arzobispal toledana – y no sólo de ella -, bien es cierto que no trabajó solamente para la catedral primada sino también para diversas parroquias e instituciones religiosas, pudiendo afirmarse que su clientela por excelencia estuvo integrada por diferentes sectores de la Iglesia Católica, poderosa en todos los sentidos en el ámbito de la monarquía hispánica de los Austrias.
Me estoy refiriendo al escultor Pedro Martínez de Castañeda, que creó escuela - entre sus  discípulos tuvo a algún que otro criptanense – y tuvo continuador de su actividad como escultor a uno de sus propios hijos.
Entre los lugares donde dejó muestra de su obra figura Campo de Criptana, provincia de Ciudad Real, la “villa de los molinos”, como es conocido este pueblo desde hace no pocos años, o la “tierra de gigantes”, como es denominado en los tiempos más recientes por aquello de su atribuida relación con la aventura molinera de Don Quijote y por el interés en fomentar su atractivo turístico.
Campo de Criptana era un pueblo que había ido experimentando un notable crecimiento demográfico a lo largo de ese siglo XVI, con unos 4.500 habitantes en la parte final de aquella centuria.
En su estructura social, caracterizada por la existencia de notorias desigualdades económicas que se correspondían jurídicamente con un injusto sistema estamental, los poderosos en buena parte eran del estamento nobiliario, los hidalgos – la nobleza no titulada -, cuyo número osciló en la segunda mitad del siglo XVI entre la veintena y la treintena. Otro sector poderoso era el clero secular, unos veinte individuos, número nada escaso si se tiene en cuenta la cantidad de habitantes del pueblo, lo que hay que relacionar con una nada despreciable base económica que los sustentaba, fundamentalmente agraria.
También agraria era básicamente la economía del pueblo; los sectores secundario y terciario aportaban una parte bastante menor a la riqueza criptanense, si bien hay que destacar dos actividades que en las Relaciones de Felipe II (1575) tienen una resonancia especial; una, la elaboración de harina en los molinos de viento,  “... hay en esta sierra de Criptana junto a la villa muchos molinos de viento ...” dicen esas Relaciones filipinas, que también ponían de relieve la artesanía textil criptanense al afirmar que en el pueblo se labraban “...paños diezyochenos mejores que en otras partes ...”.
Palacio de los Guzmanes,
una de las sedes del Congreso
Esa base económica es la que permitió contratar a Pedro Martínez de Castañeda, un escultor de la escuela castellana de la segunda mitad del siglo XVI, que  también llegó a dominar la pintura, nacido en 1527 en Peñaranda de Bracamonte (Salamanca) donde residió hasta los 16 años; en 1543 marchó a Salamanca, donde aprendió el oficio de escultor con Pedro de Salamanca. Dos o tres años después se fue a Valladolid, donde estuvo durante cuatro o cinco años bajo las enseñanzas pictóricas y escultóricas de Alonso Berruguete, que entonces pasaba por el apogeo de su carrera; muy probablemente colaboró con él en la realización de la silla arzobispal y en el grupo escultórico de la Transfiguración de la catedral de Toledo.
Hacia 1550 se separó de su maestro. Trabajó también, aunque muy brevemente, durante dos meses, con el escultor Gregorio Pardo en Toledo; poco tiempo para recibir de él influencias en su estilo, todo lo contrario que lo sucedido con Berruguete, que sí dejó en él una más que decisiva impronta, hasta el punto de atribuírsele a éste algunas obras suyas por parte de algunos estudiosos del arte.
La independencia adquirida como artista vino quizás favorecida por el mecenazgo prestado por Miguel Muñoz, obispo de Cuenca, ciudad donde estuvo durante dos años y medio. Dicho obispo le encargó un retablo para la iglesia parroquial de Buendía (Cuenca), desaparecido en la guerra civil (1936-1939). A partir de entonces Pedro se dedicó al arte religioso exclusivamente, concretamente a la realización de retablos para iglesias, en lo que destacó siguiendo una dirección artística marcada por la influencia de su maestro Berruguete.
Tras unos años de trabajo en varios lugares se trasladó a Campo de Criptana, donde nacería su primer hijo, Juan, que también habría de ser escultor. Allí trabajó en los primeros años del último tercio del siglo XVI; una obra suya sin ningún género de dudas fue el retablo del altar mayor de la iglesia parroquial, durante muchos años atribuido a Alonso Berruguete y hoy únicamente visible a través de fotografías pues el templo, con todo lo que en él había – imaginería, archivo, etc. -, fue incendiado en agosto de 1936, justo al mes de haberse iniciado la última guerra civil española; otras obras atribuidas al  mismo escultor tuvieron como destino la ermita que es sede de la criptanense Cofradía de la Vera Cruz, una de las dos más antiguas hermandades pasionarias de esta población, ambas fundadas en el siglo XVI.
En torno a 1570 realizó el grandioso retablo de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Entre el vecindario criptanense fue muy popular e incluso de la localidad tuvo un discípulo aventajado, Francisco Hernández, que desarrolló su actividad escultórica en tierras manchegas, trabajando también en Toledo para iglesias y monasterios.
El retablo respondía a las características estilísticas del Renacimiento (naturalismo, simetría, etc.), de acuerdo con la formación del autor de manos del célebre Alonso Berruguete, en consonancia con lo cual puede decirse que estaba presente en su obra la impronta miguelangelesca (actitudes grandiosas, perfección de las formas, movimiento contenido), dada la influencia sobre Berruguete del polifacético artista de la Toscana italiana Miguel Ángel Buonarroti.
En la presentación de mi comunicación,
acompañado por el coordinador del acto 
La portada de la ermita de la Vera Cruz quedó rematada en 1573, según certifica una inscripción grabada en la piedra de su portada. Hay quien ha apuntado la participación de Pedro Martínez de Castañeda en algún otro elemento de esta ermita, como el primitivo retablo, hace ya mucho tiempo desaparecido. Es más que posible, como digo, que  él fuese el autor de la parte escultórica de la portada, tanto por la cronología pues por entonces estaba en el pueblo – independientemente de que pudo recibir el encargo de la obra aun residiendo ya en otra población, Toledo concretamente  – como, sin duda, por sus características estilísticas que antes mencioné. En todo caso, podría plantearse como hipótesis que el autor fuese un discípulo suyo, circunstancia perfectamente factible. No obstante, hay en esta portada un elemento que puede considerarse definitivo sobre la autoría, como defienden algunos: se cuenta con la letra P mayúscula grabada en uno de los relieves situados en la parte derecha que podría ser la inicial de su nombre propio, Pedro.        
En 1574 le fue encargado a Pedro el retablo para el templo parroquial de Sonseca (Toledo), obra que culminó en 1588 y en la que colaboró su hijo Juan. Se trata del único retablo que se conserva – restaurado hoy en día – de Pedro Martínez, a pesar de resultar parcialmente destrozado durante la guerra civil. Durante esos años siguió realizando algunos trabajos en Toledo para la catedral. Se le atribuyen también, en la provincia de Toledo, un retablo de la iglesia parroquial de Carranque, un retablo – desaparecido – de Magán y otro en Marjaliza, del que sólo queda un Crucifijo.
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FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS



lunes, 31 de julio de 2017

LA POBLACIÓN DE CAMPO DE CRIPTANA, EN CAÍDA LIBRE: MENOS NUMEROSA Y MÁS ENVEJECIDA

Hoy toca hablar de demografía, la ciencia que se ocupa de estudiar la estructura y la evolución a lo largo del tiempo de las poblaciones (conjunto de individuos que viven en los diferentes lugares del mundo). Más concretamente me ocupo, como es lógico y obligado, de la demografía de nuestra villa de los molinos.
Entre mediados del siglo XIX y la actualidad la población de Campo de Criptana se ha incrementado en un 119,1 %, al pasar de tener 6.257 habitantes a poco más de 13.700. Pero esa evolución no ha seguido un ritmo continuo. Veamos primero las cifras totales desde 1857, año en que puede decirse que se inició en nuestro país la era moderna en cuanto a recuentos demográficos se refiere:
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Población total de Campo de Criptana:
                                        Año      Habitantes
1857            6.257
1860            5.908
1877            6.586
1887            7.151
1897            7.566
1900            7.707
1910          10.928
1920          12.745
1930          14.279
1940          15.427
1950          15.659
1960          14.608
1970          13.405
1981          13.049
1986          13.433
1991          13.491
*1994          14.076
2001          13.184
*2003          13.595
*2004          13.924            
*2006          14.355
*2007          14.584
*2008          14.976
*2009          15.078
*2010          15.096
2011          14.640  (población de derecho)
  *2011          14.880
*2013          14.421
*2014          14.169
*2016          13.892
*2017          13.713
[* Años en que las cifras de habitantes proceden del Padrón municipal. En los demás, la fuente de referencia es el INE (Instituto Nacional de Estadística).]
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Adelantaba más arriba que las cifras totales de la población criptanense han presentado altibajos a lo largo del tiempo. En principio, desde 1860 hasta 1950 el crecimiento fue constante aunque con velocidades diferentes. El primer gran salto, podría decirse, se dio entre 1900 y 1910 y como causa de ello hay que apuntar hacia el buen tono económico, en gran parte ligado al desarrollo de la vid y la producción de vino, fenómeno que se daba ya en las últimas décadas del siglo XIX y persistió en las primeras décadas del XX (después también), fenómeno que no fue ajeno, entre otros elementos del contexto criptanense, a la presencia del ferrocarril, que ya circulaba por nuestro término municipal desde 1855, y a la más tardía incidencia que en otras regiones de la filoxera; fue a finales de aquella década cuando Campo de Criptana llegó a ser, demográficamente hablando, ciudad (en España el criterio utilizado para que un núcleo habitado sea considerado ciudad es la superación de los 10.000 habitantes).
La guerra civil (1936-1939) impidió, sin duda, que el crecimiento fuera mayor. Aun así, puede observarse cómo hasta 1950 el crecimiento se mantuvo. Curiosamente, durante la guerra la población residente en nuestro pueblo alcanzó cifras máximas: a 1 de diciembre de 1938, era de 16.176 habitantes, y todavía a 1 de diciembre de 1939, unos meses después de finalizar aquel conflicto bélico, se alcanzaron los 16.245 habitantes; pero no hay que engañarse, el periodo de guerra fue anómalo en muchos sentidos, también en lo demográfico, y es que en Campo de Criptana llegaron a residir muchas personas temporalmente, en su inmensa mayoría desplazadas desde otras zonas, especialmente de Extremadura y Andalucía. Acabada la guerra, la situación demográfica fue “normalizándose”, si bien poco a poco: todavía a 31 de diciembre de 1943 los criptanenses de derecho eran 16.098, si bien la población de hecho era de 15.586 habitantes.
A partir de 1950 se invierte la tendencia y se observa un retroceso, que fue mayor proporcionalmente en los años sesenta, y se contuvo en los setenta. Hasta 1986 no se rectificó la tendencia, pasando desde entonces a crecer otra vez, hasta 2010, cuando se registró otro máximo (15.096) pero ya sin superar los de los censos de 1940 y 1950. Para explicar el descenso bien visible de las décadas de los cincuenta, sesenta y setenta hay que contar con lo ocurrido en España en los llamados “años del desarrollo”, que tuvieron su periodo de apogeo en los sesenta: hubo regiones (Madrid y ciertas periferias territoriales) que vieron crecer no poco los sectores económicos secundario y terciario, que, por ello, demandaban mano de obra, mientras otras regiones, fundamentalmente del interior, como la nuestra, proporcionaron esa mano de obra, abundante y relativamente barata; muchos criptanenses se desplazaron, para residir y trabajar, a Madrid, Valencia y Cataluña básicamente.
Curiosamente, en los años de aquel desigual desarrollismo, unos cuantos millones de españoles marcharon en busca de trabajo a países europeos que se desarrollaron antes y más que España, especialmente a Francia y Alemania, entre otros; hasta esa Europa que se enriquecía con relativa rapidez también marcharon criptanenses.
Desde 1981 - se pone de manifiesto ya en 1986 - censos y padrones nos ofrecen un panorama diferente. De nuevo se invierte la tendencia y se observa cómo Campo de Criptana incrementa su población hasta lo que podemos señalar como un tope, en 2009 y 2010, años en que a duras penas se sobrepasan los 15.000 habitantes. Hay que hacer notar que el descenso registrado en esta nueva etapa en 2001 tiene que ver con el hecho de que Arenales de San Gregorio se erige como municipio, y por lo tanto independiente del nuestro, en 1999, por lo que en 2001 ya no está contabilizada la población arenalera dentro de la criptanense.
Ya en los años que llevamos de la segunda década del siglo XXI es claro y continuo el descenso poblacional de Campo de Criptana (debo hacer notar que los 14.640 habitantes de derecho del censo de 2011 es una cifra referida a diciembre de 2010). Los 13.713 habitantes de 2017 son los que figuraban a día 6 de julio en el padrón de nuestro Ayuntamiento; de ellos, españoles son 12.496 (menos que en 1920, hace casi un siglo) y extranjeros – sobre la población no nacional volveré después – 1.217, es decir, el 8,87% del total.
La población criptanense desciende, pues, en los últimos años y además cada vez está más envejecida. El índice de envejecimiento pone en relación la población de más de 65 años (2.802 en julio de 2017) con la población total: el resultado para esa fecha es un índice de 20,4 %, propio de un muy claro envejecimiento que, además, ha ido en progresivo aumento: en el año 1994 era 17,6%; en 2011,  18,09 %.
Cada vez, menos jóvenes ...
Otra forma de mostrar esta característica que comento es comparar los porcentajes de población joven (de 0 a 14 años) y de población vieja (de 65 años y más); una población está envejecida si la población joven es inferior al 25% del total y la población vieja supera el 12% del conjunto de habitantes. Pues bien, en julio de 2017 la población joven de Campo de Criptana es, redondeando las cifras, el 14% y la población vieja, como sabemos, el 20%; si se compara con el año 2007, por ejemplo, hace diez años la población joven era el 15,3% del total y la población vieja el 18%. No hay duda: tenemos por delante un Campo de Criptana cada vez menos juvenil y cada vez más envejecido.
En demografía se utiliza otra referencia, entre varias más, para caracterizar a una sociedad. Me refiero al índice de dependencia, que pone en relación a la considerada población dependiente - y no sólo económicamente -, es decir, los grupos de edad de 0 a 14 años y de más de 65, con la población adulta (grupos de 15 a 64 años). A 6 de julio de 2017 los dos primeros grupos suman 4.789 personas, cifra que dividida por los 8.924 adultos, da como resultado un índice de dependencia elevado, 53,66%, que va creciendo, pues en el año 2011 era del 49,83%, y habitualmente, como en el envejecimiento, por encima de la media española.
Por otra parte, y como ocurre en las sociedades de los países desarrollados, en los que la natalidad es un fenómeno a la baja, resulta muy difícil, por no decir imposible, conseguir hoy por hoy en Campo de Criptana el llamado relevo generacional. Por cierto, Campo de Criptana presenta una tasa de natalidad bastante baja, como ocurre con España en su conjunto y en los países desarrollados; valga indicar al respecto, y como ejemplo, que en nuestro pueblo en 2013 fue del 9,04 por mil (en España fue del 9,01 en ese año, mientras que en 1976, también en nuestro país, era del 18,7 por mil).
... cada vez, más mayores
El índice de relevo generacional se obtiene relacionando el grupo de adultos jóvenes (entre 30 y 44 años) y el grupo de adultos mayores o viejos (entre 45 y 64 años). Si el resultado de la división entre las cifras correspondientes a esos grupos supera la unidad, el relevo generacional se consigue; si el resultado es inferior a 1, no es posible tal relevo. Aplicándolo a Campo de Criptana con los datos de 6 de julio de 2017, se trata de dividir 2.873 (grupos de edad de 30 a 44 años) entre 3.662 (grupos de 45 a 64 años); el resultado es 0,78, notablemente lejos de la posibilidad de asegurar el relevo generacional, índice que ha ido disminuyendo paulatinamente, pues con los datos del año 2004 el índice era 1,09, lo que permitía afirmar que entonces sí era posible dicho relevo.
Otro aspecto a considerar de indudable importancia es la presencia de población extranjera. Resulta, pues, muy aleccionadora la comparación entre las cifras de población criptanense de origen nacional y las de los residentes en nuestro pueblo que proceden de otros países.
                     Población de Campo de Criptana
                                  Año       Nacional   Extranjera
2003       13.047         477
2006       13.028      1.357
2008       12.949      2.027
2009       12.927      2.151
2010       12.898      2.198
2011       12.781      2.099
2013       12.718      1.703
2014       12.666      1.503  
2016       12.560      1.332
2017       12.496      1.217   

Como se observa, la población nacional de nuestra localidad  no ha dejado de disminuir en la serie de años que se recogen en la misma, en tanto que hasta 2010 el número de extranjeros aumentó, siendo a partir de entonces cuando ha ido descendiendo, en un proceso paralelo al del conjunto de la población criptanense – recuérdense los datos recogidos al principio de este escrito -, lo que permite afirmar que en la evolución demográfica de Campo de Criptana en el siglo XXI, en cuanto a cifras absolutas, los extranjeros aquí residentes han tenido un claro protagonismo y una incontestable influencia. Por cierto esos 1.217 extranjeros proceden de 37 países; los más numerosos son los rumanos (908), seguidos de los marroquíes (169), que, siempre y por este orden, han ocupado los dos primeros puestos de esta particular clasificación.


Recopilar los datos demográficos de un país, o de un lugar, es algo muy necesario, porque tenerlos a mano permite planificar para gestionar las necesidades de futuro de una sociedad, además de poder analizar múltiples rasgos del funcionamiento de esa sociedad a través del tiempo, en definitiva, hace posible conocerla mejor. Con la lectura de todo lo que va expuesto el usuario de este blog o quien se aproxime á el, aunque sea esporádicamente, puede deducir o extraer una serie de conclusiones de todo tipo acerca de la población de Campo de Criptana, tanto sobre su presente como sobre su futuro, así como sobre sus aspectos materiales y no materiales; ruego a todos que hagan su particular reflexión.

    FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS