lunes, 5 de junio de 2017

18 de JULIO DE 1945: CELEBRANDO UNA DE LAS FECHAS MÁS NEGRAS DE LA HISTORIA DE ESPAÑA

El golpe de estado acaecido en España en julio de 1936 se inició con una sublevación militar dirigida contra el Gobierno de la Segunda República surgido de las elecciones generales de febrero de ese año, sublevación cuyo fracaso parcial condujo a una guerra civil de casi tres años de duración y, derrotada la República, al establecimiento de una dictadura, vigente en el país hasta poco después de la muerte del dictador, el general Francisco Franco Bahamonde. No fue el primer episodio que tenía como objetivo subvertir el orden constitucional y democrático republicano. Ya el 10 de agosto de 1932 había tenido lugar un intento de golpe de estado contra la República, liderado por el general Sanjurjo, que fracasó al completo.
En 1936, desde el mismo momento de la victoria electoral de la coalición del Frente Popular en el mes de febrero, oficiales reaccionarios y monárquicos comenzaron la preparación de una sublevación militar, lo que más o menos coincidió en el tiempo con la actividad del propio dirigente de la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) José Mª Gil-Robles – el mismo que ya en diciembre de 1935 había contactado con altos jefes militares (Fanjul, Goded, Franco) para tantear su actitud ante un posible uso de la fuerza -, tendente a impedir que los vencedores en las elecciones llegaran al poder; trató de que el todavía presidente en funciones del Gobierno, Manuel Portela Valladares, declarase el estado de guerra y anulara las elecciones, y algo similar procuró Franco, que todavía era Jefe del Estado Mayor del Ejército.
18 de julio de 1936 en Ceuta.
Yagüe anuncia la llegada de Franco.
En la tarde del 17 de julio de 1936 el alzamiento de jefes militares caracterizados por su conservadurismo se inició en Melilla y se extendió con rapidez a Tetuán y Ceuta, ciudad de la que se apoderó el entonces teniente coronel Juan Yagüe. Cuando Franco, llegado desde Canarias, se puso al mando de las tropas coloniales sublevadas, el Marruecos español era dominado por los rebeldes. El día 18 la sublevación se fue extendiendo por la España peninsular.
El Fuero del Trabajo, una de las denominadas leyes fundamentales del franquismo, promulgada en 1938, declaró fiesta nacional el 18 de julio, “Fiesta de Exaltación del Trabajo” como conmemoración de la “iniciación del glorioso alzamiento”. Con ese doble valor de exaltación y conmemoración mantenía la efeméride la orden del Ministerio de la Gobernación del 15 de julio de 1939. Así fue hasta que el Consejo de Ministros el 1 de diciembre de 1977 decidió suprimir esa festividad tan ligada al golpismo militarista.
18 de julio de 1936 en Toledo.
Lectura del bando
que declaraba el estado de guerra
Para los vencedores en la guerra civil, cada 18 de julio era algo muy especial. En el segoviano palacio de la Granja de San Ildefonso Francisco Franco, Jefe del Estado y del Gobierno, anfitrión de altas personalidades nacionales y de diplomáticos de otros países, conmemoraba aquella sublevación militar que a la larga dio inicio a un régimen político dictatorial que se prolongó durante casi cuatro décadas y que tantas desgracias de todo tipo provocó para una gran parte de los españoles. En tal fecha a lo largo y ancho de España cada año menudeaban los desfiles militares.
Como una muestra de lo que en tal fecha se organizaba por el poder municipal en Campo de Criptana, traslado a este artículo el contenido de una nota sobre la cuenta de lo gastado por el Ayuntamiento criptanense en la comida que ofreció a las jerarquías locales del llamado Movimiento (léase Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista), al Sr. Cura Párroco y al Jefe de Puesto de la Guardia Civil con motivo del 18 de julio de 1945. Transcribo la nota del importe en pesetas del banquete tal como se conserva en el original:
Viaje a Alcázar para adquirir provisiones, 10
2 arrobas de vino, 46
1 kg de galletas, 20
7 kg de ternera a 16 pesetas, 112
1 lata de almejas, 25
Longaniza para entremés, 35
2 kg de gambas, 12
6 docenas de huevos, 66
10 litros de leche, 10
Vainilla, 1
1 kg de azúcar, 12
4 botes de guisantes,  15,40
8 panes,  14,40
Aceite y aceitunas,  13,40
Fruta de varias clases, 36
Asadura, 8
Diversos condimentos,  2,70
Leña y carbón, 9
Sifones y gaseosas, 16
Palillos, 0,60
12 botellas de sidra, a 7,50,  90
1 barra de hielo, 10
25 helados, 35
32 cañas de cerveza y 1,5 litros de vermut,  42
20 cigarros puros, 66

Ascendió, pues, el gasto a 708 pesetas, una cantidad que vista desde 2017 resulta irrisoria, pero que cobra más sentido si se tienen en cuenta otras cifras; por ejemplo, el salario medio diario por entonces en este pueblo era de unas 8 pesetas (dedúzcase su poder adquisitivo). Por otra parte, puede considerarse obsceno efectuar un gasto a todas luces innecesario cuando parte de la población de la localidad en su día a día lo estaba pasando mal, de lo que dan idea las cifras medias del número de parados (según cálculo oficial hecho por las autoridades locales criptanenses) por día durante los meses que se citan a continuación, precisamente del año 1945:

Enero, 120
Febrero, 100
Marzo, 92
Abril, 80
Mayo, 70
Junio, 45
Noviembre, 70
Diciembre, 115

Más obsceno aún cuando con poca diferencia temporal algún concejal decía que habiéndose “reproducido la plaga de mendigos que algún tiempo estuvo contenida (...) espectáculo deprimente que debía evitarse pues para eso existían los comedores de Auxilio Social, debería el alcalde publicar un bando en el que se prohibiera la mendicidad y “sancionando con multas tanto a los que pidan como los que den públicamente limosnas”. Y no se olvide que la represión sobre los vencidos continuaba.

     FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS




martes, 9 de mayo de 2017

ACCEDER A UN EMPLEO PÚBLICO DURANTE LA DICTADURA FRANQUISTA

A finales de marzo de 1939 concluyó la última guerra civil española, oficialmente el 1 de abril con el definitivo parte de guerra. Acabó la guerra, pero no empezó la paz en el sentido estricto de la palabra, sino la victoria, no en vano en el calendario de la época franquista el 1 de abril venía marcado como el “Día de la Victoria”. La victoria de unos españoles sobre los otros, sobre los que de una  manera u otra, con las armas en la mano o no, habían sido fieles a la República; la represión se ejerció posteriormente - como durante la guerra  - sobre este sector en sus más variadas formas, una de ellas negándoles la posibilidad de tener un trabajo público.

Edificio del Ayuntamiento criptanense
en el tiempo de la dictadura franquista
Los integrantes del bando vencedor y concretamente quienes intervinieron en el mismo durante el conflicto, así como sus familiares, encontraron recompensas varias en la posguerra (*), tales como la preferencia a la hora de acceder al desempeño de trabajos en la administración pública, sobre todo en el ámbito local. Visto en negativo, era igualmente una forma más de reprimir a los perdedores, a quienes se habían mostrado a favor de la República. La legislación al respecto fue variada y se remontaba en parte al tiempo de la guerra:

Ø  Decreto de 12 de marzo de 1937 sobre Provisión de Vacantes de Empleados Públicos: reservaba el 50% de las vacantes en organismos públicos en general a excombatientes del ejército franquista. Era la concepción del empleo público como recompensa a esa actividad.
Ø  Ley de 25 de agosto de 1939, que reformaba el Decreto anterior: reservaba el 80% de las vacantes que había el 18 de julio de 1936 o que hubo desde entonces en Ministerios, etc., a mutilados, excombatientes y familiares de las víctimas de la guerra de dicho bando.
Ø  Decreto del Ministerio de Trabajo, también de 25 de agosto de 1939: preferencia para trabajar en empresas a favor de excombatientes y familiares de “caídos por la Patria”, franquista por supuesto.
Ø  Órdenes complementarias de dichos decretos y ley.

Por lo que tiene que ver con Campo de Criptana, su Ayuntamiento - y sólo es un ejemplo de los que podrían ponerse, referido a este pueblo, del tema que   tratamos -, en la sesión de 23 de diciembre de 1942, en su apartado denominado “Provisión de vacantes de empleados subalternos”, acordó proveer por concurso, según la legislación citada, distintas plazas de empleados subalternos, 6 en total, que se asignaron a estos grupos:

ü  A excombatientes, la de Inspector Jefe de Policía Urbana, con sueldo de 5.000 pesetas al año.
ü  A excautivos “por la Causa Nacional”, la de un agente de policía urbana, con 3.420 pesetas al año.
ü  A huérfanos y otras personas dependientes económicamente de las “víctimas nacionales de la guerra y de los asesinados por los rojos”, una plaza de agente de Policía Urbana, con 3.420 pesetas al año.
ü  De libre provisión, dos plazas de agente de policía urbana y una de alguacil de Arenales de la Moscarda (actualmente de San Gregorio), con 3.420 pesetas al año cada una de ellas.
ü  Se añadía que “Se reconocerá a los voluntarios de la División Española [División Azul] los beneficios que les concede el Decreto de la Presidencia de 7 de mayo de 1942”.

Entre los requisitos exigidos figuraban:

Ser persona de indudable adhesión al Movimiento Nacional y a las ideas representadas por éste”.
Acreditar depuración favorable en caso de ser funcionario”.
Para Inspector Jefe de Policía Urbana, “haber sido Guardia Civil o de Seguridad o Sargento del Ejército Nacional, con seis meses de servicio como mínimo”.

Entre los documentos a presentar con la solicitud para dichos cargos, imprescindible era el “Certificado de adhesión al Glorioso Movimiento Nacional”, del que estarían exentos los militares a quienes se refería la Orden de la Presidencia de 5 de diciembre de 1942.

Tras el examen que todos tenían que hacer y en cuanto a los concursantes de plazas de libre provisión, en igualdad de puntuación obtenida se tendrían en cuenta méritos profesionales, académicos y políticos, entre ellos ser militante de F.E.T. y de las J.O.N.S (Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista), el partido único desde abril de 1937, liderado por el Jefe del Estado y del Gobierno Francisco Franco y puesto al servicio de éste, partido que había ido incrementando – y siguió haciéndolo – notablemente el número de afiliados por razones fácilmente deducibles, en un proceso similar a lo ocurrido en Italia con el partido único de Benito Mussolini, el Partido Nacional Fascista (PNF), al que irónicamente se le llamaba en ese país por la riada de afiliaciones que registró, y jugando con sus iniciales, “Por Necesidad Familiar”.

Puerta del Ayuntamiento
en un acto oficial en la segunda mitad

de los años cincuenta.
En la parte superior el yugo y las flechas,
icono del falangismo
En la sesión plenaria municipal de 5 de abril de 1943, puesto que con anterioridad había habido una reclamación por parte de la Comisión Inspectora Provincial de Mutilados de Guerra por la Patria acerca del concurso citado, se incluyó en la convocatoria en el Grupo Primero a Caballeros Mutilados por la Patria con 1 plaza de agente de Policía urbana con haber anual de 3.420 pesetas.

En la sesión de 26 de mayo de ese año, a la vista de la calificación de los ejercicios hechos el día 21 por los participantes en el concurso, se acordaron los nombramientos correspondientes en favor de personas que en su casi totalidad fueron agentes del orden en el municipio de Campo de Criptana durante muchos años.
   

(*) Ver MANUEL RAMÍREZ MUÑOZ: El empleo público como recompensa en la posguerra española. Boletín Millares Carlo, nº 12, 1993.

   FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS




sábado, 22 de abril de 2017

¡GLORIA A CERVANTES!

Otra vez un 23 de abril, otra vez el Día del Libro, de nuevo el recuerdo de Miguel de Cervantes Saavedra y de su obra literaria, en lugar destacado su Don Quijote de la Mancha, dicho sea así por abreviar título más largo.
 Autor, personaje y conmemoración que resuenan acá y allá por los cuatro puntos cardinales de nuestra geografía llegadas estas fechas primaverales con actos de la más variada índole, con más o menos carga cultural o institucional y con no poco - en ocasiones - oportunismo, todo hay que decirlo.
Se haya o no se haya leído El Quijote, o algún capítulo de él, cuántas veces se habrán traído a colación algunas frases de esta obra, que es un compendio de toda una época, la de aquel llamado Siglo de Oro, un tiempo cargado de elementos positivos y negativos que han quedado en el haber y en el debe de nuestro pasado como comunidad nacional o estatal – utilice cada cual uno u otro adjetivo según su particular ideología -.
Como apuntaba, El Quijote como obra señera de Cervantes, es un poco de todo, entre otras cosas, un océano de citas extraíbles según donde cada uno de sus lectores quiera poner el acento: la música, la literatura, la política, la religión, la discriminación social, el papel de la mujer en la sociedad, etc., etc. Para el autor de estas líneas, aprendiz de historiador toda su vida, El Quijote es una fuente de primera mano para conocer la historia de una España que entonces llegó a ser la primera potencia mundial, una potencia equiparable – dicho sea en honor a la verdad – a un enorme gigante con los pies de barro.
En torno a la efeméride en cada vez más lugares de nuestra Mancha se planean y ponen en marcha multitud de actividades que configuran Semanas, Jornadas Cervantinas u otras denominaciones semejantes; en nuestro Campo de Criptana en este año está en pleno desarrollo la trigésimo novena Semana Cervantina.
Algún día, cuando disponga de suficiente tiempo en la alforja, haré un recuento, un análisis todo lo pormenorizado que sea posible, de la multitud de celebraciones “cervantinas” que tienen por escenario tantas y tantas localidades de nuestra comarca y de nuestra región, e incluso fuera de ella y, por supuesto, de la Semana criptanense. Será el momento de reseñar actividades que vienen a cuento con lo que realmente se conmemora, así como todas aquellas – no  pocas – que son meras redundancias por lo rutinarias, e incluso será el momento de enumerar las que se echan de menos cuando de evocar a Cervantes y a su obra se trata.
La Semana Cervantina de Campo de Criptana corre a cargo de la Asociación de Hidalgos Amigos de los Molinos, una entidad con más de cuarenta años a sus espaldas. Lo he dicho en muchas ocasiones y vuelvo a repetirlo ahora, sin la pretensión de entrar en polémicas que pueden llegar a ser absurdas: en Campo de Criptana una asociación como ésta es muy necesaria, pero, en mi opinión, hace bastante tiempo que esta Asociación necesita una refundación, una reformulación de sus objetivos y medios y formas de actuación, en definitiva, una puesta al día. Y la Semana Cervantina precisa una reordenación en relación con esos objetivos a los que me refería.
Hoy, 23 de abril, haré como muchos días de mi vida y muchos 23 de abril: subiré hasta ese altar de la memoria que para los criptanenses conforman el Cerro de la Paz y la Sierra de los Molinos y disfrutaré de éstos y, hasta donde se pueda, del magnífico paisaje que los enmarca.
Y en un día como hoy, finalizo, por lo que decía de las citas, con una frase de Don Alonso Quijano tornado en Don Quijote de la Mancha que hace hincapié en la lectura:
     “... el que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho ...” (Capítulo XXV, 2ª parte).

Pues ya saben, hay que leer. ¡Ah! ..., ¡y andar!.


        FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS

miércoles, 19 de abril de 2017

CUANDO LA CARIDAD SE INSTITUCIONALIZA, ...

Hace unos días Joaquín Estefanía - periodista, economista y escritor - publicaba en el diario EL PAÍS un artículo relacionado con el Estado de Bienestar y con la Beneficencia en el que, haciéndose eco del recientemente hecho público INFORME SOBRE EL ESTADO SOCIAL DE LA NACIÓN 2017, elaborado por la Asociación de Directores y Gerentes de Servicios Sociales, entre otros contenidos señalaba lo siguiente:


"La mayor parte de los datos son conocidos (la renta media de los hogares se redujo un 13% de 2009 a 2015; más de ocho millones de trabajadores están por debajo del umbral de pobreza; casi 700.000 hogares no tienen ningún ingreso; la mala alimentación o el hambre on situaciones reales que afectan a más de un millón de personas; en uno de cada diez hogares se pasa frío o exceso de calor por no poder mantener la vivienda a la temperatura adecuada; el 24,7% de los parados llevan más de cuatro años en esa situación; etcétera), pero conviene evaluarlos juntos para filmar las cicatrices de la crisis y el carácter estructural de la pobreza y su transmisión generacional.


El informe citado entiende que superada la recesión y la emergencia, la sociedad se ha instalado en un nuevo escenario marcado por la precariedad y la falta de oportunidades. Estas últimas son, en el caso de que existan, individuales. Se pone en cuestión el carácter universal de las prestaciones sociales, que ha sido el principal avance social y el referente de nuestro modelo de convivencia. La beneficencia, con su desprecio por la dignidad humana, con su exhibicionismo impúdico de campañas y recogida de dinero, ropa y alimentos para "los más necesitados" vuelve del pasado para sustituir al Estado de Bienestar."

Partiendo de esos datos reseñados, coincido en líneas generales - salvo en algún calificativo - con el análisis entrecomillado. Se nos repite con frecuencia a través de los medios de comunicación lo que dicen en ese contexto algunos responsables políticos y económicos, es decir, que la economía española mejora, que se crea empleo, etc., etc.; pero hay que añadir que en muchos casos se trata de empleo precario y escasamente remunerado y que, por ello, las diferencias sociales se incrementan. La realidad es que con el tipo de empleo extendido desde hace un tiempo y con la injusticia salarial que se ve por doquier, las empresas se capitalizan y aumentan sus beneficios pero el factor trabajo sale malparado - aunque hay a quien le cuesta creerlo, a muchos asalariados y asalariadas les resulta imposible salir de la situación de pobreza - al tiempo que así contribuye a la competitividad de aquéllas. Y no hay que sorprenderse: debemos tener muy claro que vivimos en un sistema capitalista, cuyos rasgos tradicionales no hacen sino reafirmarse en la actualidad.

Interior de la nave de un "banco de alimentos"
Es muy loable la labor que realizan organizaciones y asociaciones de todo tipo cuyo objetivo es paliar las dificultades cotidianas de muchos ciudadanos, recogiendo para distribuirlos entre quienes lo necesitan, como se dice en el artículo, "dinero, ropa y alimentos". Muy loable también es la actuación generosa de quienes realizan las donaciones. Sin embargo, algo que debería ser, como mucho, estrictamente coyuntural, se ha convertido, y no sólo recientemente sino "per secula seculorum", en necesariamente habitual. Y es que cuando la caridad y la beneficencia se institucionalizan, algo falla, la ordenación social falla, la sociedad tiene una enfermedad crónica - la desigualdad - a la que no se pone remedio por muchas campañas bienintencionadas que se pongan en marcha y por mucho que se nos llene la boca de la palabra solidaridad. Hay que hacer algo más, hay que trabajar por cambiar la sociedad, y esto se puede hacer transitando algunos que otros caminos, pero sin duda elaborando leyes.

Estamos hablando de España, pero ¿qué hay de Campo de Criptana al respecto? Sencillamente, ... Campo de Criptana es parte de España.

           FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS






miércoles, 12 de abril de 2017

LA COFRADÍA DE LA VERACRUZ DE CAMPO DE CRIPTANA, DE ANIVERSARIO

 El pasado viernes 7 de abril el periódico alcazareño EL SEMANAL DE LA MANCHA me publicó un breve artículo sobre esta Cofradía, los detalles de cuyo contenido, salvo la fotografía que lo ilustraba -de en torno al año 1950- son conocidos por los habituales lectores de este blog; reproduzco, sin embargo, el artículo pensando especialmente en quienes no lo hayan leído en su momento.
                                                 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Tras el paréntesis que la última guerra civil (1936-1939) supuso en la evolución normal de los acontecimientos en todo el país, por lo que hace a Campo de Criptana y su Semana Santa los años cuarenta del siglo XX fueron de gran actividad con el objetivo de reanudar el funcionamiento de las dos antiguas cofradías pasionarias, existentes ya en el siglo XVI, la de Jesús Nazareno y la de la Veracruz – dicho sea así por resumir denominaciones más largas – y poner en marcha otras nuevas que por entonces se crearon.

Para la que tenía, y tiene, su sede en la ermita de la Veracruz, el 12 de febrero de 1942 fue una fecha muy señalada. Ese día se constituyó oficialmente la primera Junta Directiva tras el conflicto bélico en una reunión presidida por el párroco, Alfredo Aranda, que tuvo lugar en la sacristía de la iglesia del antiguo Convento  de  Carmelitas  Descalzos,  templo  que funcionó  como   parroquial    – parroquia del Carmen fue denominado – en sustitución del situado en la Plaza del pueblo y que fue incendiado en agosto de 1936, hasta que una nueva iglesia fue construida (su inauguración fue en 1958). Fue designado presidente Antonio Reíllo, vicepresidente Modesto Manzaneque y tesorero Jesús Quintanar López-Pintor, en una Junta que componían diez personas.

En agosto de 1936 fue destruido todo lo que había en dicha ermita, incluidas las imágenes, entre las que cabe destacar un Cristo atado a la Columna de época barroca y autor desconocido, así como un Descendimiento adquirido en 1906, obra, al parecer, del escultor valenciano José Gerique Chust, y que desfiló por primera vez en 1907. La ermita quedó cerrada y, según algún testimonio oral, durante parte de la guerra fue reconvertida en almacén de muebles incautados. Tras la guerra fueron  necesarias obras de reparación de la ermita que, dadas las dificultades económicas del momento, se alargaron en el tiempo. Hasta el 5 de marzo de 1944 no pudo la Junta Directiva celebrar sus reuniones en ella.

Ya con anterioridad a febrero de 1942 hubo contactos con artistas imagineros por parte de algunas personas con el fin de adquirir una nueva imagen de Cristo atado a la Columna, titular de la Cofradía, y fue la Junta citada la que lo adquirió a un taller de Barcelona, el del escultor  Francisco de Paula Gomara, por 5.770 pesetas, coste al que se sumó el valor de las andas (570 pesetas), realizadas por el criptanense Francisco Bustamante y pintadas por el también criptanense Ignacio Valbuena, que cobró por ello 140 pesetas.

En ese año desfiló, pues, la nueva imagen en la procesión del Jueves Santo por la tarde (llamada en tiempos antiguos “de la Oración del Huerto”) y en la del Viernes por la mañana, la conocida como “de Jesús al Calvario” y popularmente “del Paso”. Por entonces la Cofradía disponía también del paso conocido como la Cruz, que había sido realizada por Amador Bastante, miembro de la Junta.

Con el tiempo iría aumentando su patrimonio imaginero.  Concretamente, en 1946 ya contó con el nuevo paso del Descendimiento o “Desenclavo”, realizado en pasta de madera por un taller de Olot (Gerona), uno de los pasos más populares de los desfiles procesionales de Semana Santa en Campo de Criptana. Más tarde ese patrimonio ha ido incrementándose.

Por lo que se refiere a la ermita, que data del siglo XVI, la portada, que quedó rematada en 1573, muy probablemente fue realizada por el escultor salmantino, natural de Peñaranda de Bracamonte, Pedro Martínez de Castañeda, que en los primeros años setenta de ese siglo llevó a cabo el magnífico retablo del altar mayor de la iglesia parroquial de Campo de Criptana desaparecido con el incendio de ésta y que durante siglos se atribuyó al célebre Alonso Berruguete.


Esta Cofradía del Santísimo Cristo de la Columna y Descendimiento de Nuestro Señor – o de forma más breve, de la Veracruz -, está de aniversario, como señalaba al principio de este artículo. En efecto, el 75º aniversario de la Recuperación de la Imagen del Stmo. Cristo de la Columna, tal como ha titulado la Agenda de Actividades programadas a tal efecto y que iniciadas el 19 de diciembre del pasado año se han extendido hasta los primeros días del mes de marzo. Felicidades, por tanto.

       FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS 

sábado, 25 de marzo de 2017

LA COFRADÍA DE LA VERACRUZ DE CAMPO DE CRIPTANA (y VII)


El contenido de este capítulo, el último de la serie sobre esta Cofradía, se centra en los años treinta y parte de los cuarenta del siglo pasado.

En abril de 1931 se produjo en España un cambio político más que notable: de un Estado monárquico se pasó a la Segunda República, en la que todos los cargos políticos, incluido el del Jefe del Estado (Presidente de la República), eran elegidos por la ciudadanía. Pero el paso de un régimen a otro implicó más y profundos cambios, recogidos en la Constitución promulgada en diciembre de 1931.

Esa Constitución, por lo que más toca a lo que se viene tratando en esta serie, estableció, por un lado, una tajante separación Iglesia-Estado o, dicho de otra forma, una clara aconfesionalidad de éste; por otra parte, la libertad religiosa. Concretamente, en su artículo 27º se estipulaba, entre otros aspectos: “La libertad de conciencia y el derecho de profesar y practicar libremente cualquier religión quedan garantizados en el territorio español, salvo el respeto debido a las exigencias de la moral pública (…) Todas las confesiones podrán ejercer sus cultos privadamente. Las manifestaciones públicas del culto habrán de ser, en cada caso, autorizadas por el Gobierno (…).

Conjugar esos dos principios no resultó fácil y a veces surgieron conflictos, caso de la celebración de procesiones. Basándose en el precepto constitucional, la normativa establecía que el Gobernador Civil de la provincia respectiva era quien debía autorizar la celebración de las procesiones callejeras basándose en el informe preceptivo del alcalde de la población ante posibles alteraciones del orden, etc., etc. En mi opinión, y con la mirada puesta en los mencionados conflictos, faltó sentido común en los gobernantes y en los gobernados, al tiempo que en unos y en otros se dio un exceso de apasionamiento.

De la presentación de las cuentas se deduce que en 1931 hubo las procesiones acostumbradas y los sermones habituales. También en 1932, pero no en 1933, si bien hubo 24 pesetas en ingresos por 12 papeletas de las andas. Supongo que hubo hermanos dispuestos a coger las andas si procesiones hubiera habido y las limosnas quedaron dadas. Lo que recogen también las cuentas es el gasto habido en solicitar al Gobernador la realización de las procesiones, 9 pesetas en total, abonadas a quienes hicieron la solicitud, Santos Ortiz y Bernardo Alberca. La solicitud fue denegada, se deduce.

En 1934 sí las hubo pues están contabilizadas las subastas, así como en 1935. En 1936 ya no consta eso, si bien sí figuran algunas limosnas por andas. No volvería a haber procesiones de Semana Santa en Campo de Criptana hasta 1940.

En los años treinta, mientras hubo – digamos - normalidad, ingresaban nuevos hermanos en esta Cofradía: 4 en la anualidad 1930-1931, 1 en la de 1932-1933, 7 en la de 1933-1934 y 1 en la de 1934-1935. Pasada la guerra, los nuevos hermanos se multiplicaron: 139 en 1940-1941.

Procesión de El Paso
en la calle Caídas (1922)
En el Archivo Histórico Municipal de Campo de Criptana se conservan, del periodo republicano, las solicitudes para efectuar las procesiones de las dos cofradías pasionarias que por entonces existían – de una parte, la de Jesús Nazareno y Soledad Angustiada, y de otra la de la Santa Vera Cruz, según las denominaciones de entonces -:
     El Jueves Santo era la “llamada de la Oración del Huerto”.
   El Viernes Santo, a las seis de la mañana, se iniciaba la procesión        


Banda de Música Filarmónica Beethoven,
vestida con túnica, en la calle Cervantes
durante la procesión de El Paso (1946)


denominada “de Jesús al Calvario”, llamada vulgarmente “del Paso”.
    Ese mismo día por la tarde tenía lugar la del Santo Entierro.
   Poco más tarde, de nueve a diez de la noche, salía a la calle la de El  Traslado.   
Procesión del Santo Entierro
Se conserva, referida a 1932, la solicitud para celebrar la procesión de Jesús Resucitado el domingo de Pascua. La imagen de Jesús salía de la ermita de la Veracruz y al mismo tiempo salía de la de la Madre de Dios la imagen de la Virgen. Ambas se encontraban en la iglesia parroquial, donde tenía lugar la función religiosa correspondiente, terminada la cual la Virgen era trasladada a su ermita por la calle Soledad.

También, en este caso para el año 1935, se conserva la solicitud que elevaba Juan José Parreño a la Corporación municipal para que la Compañía de Soldados Romanos asistiera a las procesiones de Semana Santa y para salir formados a las calles tocando tambores y cornetas cuando se trasladaran  a las ermitas y para en la noche del Jueves Santo acudir a hacer guardia en los monumentos de la iglesia parroquial, Convento y Asilo tocando también.

Para el periodo inmediatamente posterior a la guerra civil he contado con un libro de actas - veintiuna en total - que abarca desde el 12 de febrero de 1942 a 8 de enero de 1945, límite cronológico que, “grosso modo”, utilizo en esta charla.

A finales de 1943 ya figura como asistente a las reuniones en lugar del párroco el coadjutor Aurelio Pérez. Mientras tanto seguían las obras en la ermita y se seguía pidiendo donativos. Una vez renovada la Junta Directiva en febrero de 1944, se subió la cuota anual satisfecha por los cofrades  - unos 200 por entonces - de 1 a 2 pesetas.

La reunión que la Junta Directiva celebró el  5 de marzo de 1944 ya tuvo como escenario la ermita, una vez hechas las obras de acondicionamiento del edificio. Hasta entonces se hacían en la sacristía de la llamada en la documentación parroquia del Carmen, es decir, la iglesia del antiguo Convento, pues el nuevo templo parroquial no existía, fue inaugurado en 1958.

Cofrades con el nuevo capirote blanco,
En el centro el presidente elegido en 1944,
Francisco López-Casero
En la reunión de 2 de abril de 1944 por primera vez tras la guerra se recoge la subasta de las imágenes y de las campanillas. En ella la Junta Directiva acordó cambiar el capirote antiguo encarnado por el capirote blanco, lo que no sería el último cambio en la vestimenta cofrade, más tarde habría alguno más, de la misma forma que con el paso de los años la Cofradía experimentó cambios y novedades, entre otras el aumento del número de sus pasos de Semana Santa.

En la reunión de 10 de mayo de 1944 se constataba que faltaba de todo en asunto de ornamentos y candelabros para los actos litúrgicos. No obstante, por lo que se observa en las cuentas que se presentan por entonces, y en adelante hasta principios de 1945, con celebración de rifas, etc., la situación económica de la Hermandad parece mejorar, hasta el punto de que en enero de ese año el saldo a favor era de 557,95 pesetas.

          FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS



lunes, 20 de marzo de 2017

LA COFRADÍA DE LA VERACRUZ DE CAMPO DE CRIPTANA (VI)


Retablo del altar mayor de
la destruida iglesia parroquial de
Campo de Criptana (siglo XVI),
obra de Pedro Martínez de Castañeda
Al final del capítulo anterior me aproximaba al origen en el tiempo de la ermita de la Veracruz. En 1604 los visitadores santiaguistas la describen y aportan datos sobre lo que había en ella. El techo – decían – era de madera, sin dar más detalles; en su interior la techumbre, pues, sería adintelada o, tal vez, a dos aguas. El edificio – de planta rectangular - tenía, hacia el norte una pequeña puerta que daba a un patio empedrado.

Describen los visitadores el retablo del altar mayor de entonces, de talla y dorado en parte,  de la siguiente forma:
En la calle central:
En un primer cuerpo, en relieve, la escena del Calvario (el Crucificado, la Virgen y San Juan).
En el siguiente cuerpo, una tabla pintada con la última Cena.
Y, completando la calle central, la escena de la Resurrección.
Rodeando la calle central, cuatro pinturas en tabla sobre la Pasión.

No parece ser ese el retablo conocido por las fotografías existentes anteriores a 1936, sino que debió ser modificado o sustituido por otro realizado en el siglo XVIII o en el XIX.

Parte superior de la portada,
con relieves distribuidos simétricamente,
característica del Renacimiento
La escena del Calvario,
en la portada de la ermita
Sobre la portada, hay quien ha apuntado que su autor habría sido el mismo escultor que realizó el retablo mayor de la desaparecida iglesia parroquial, es decir, Pedro Martínez de Castañeda, natural del pueblo salmantino de Peñaranda de Bracamonte. Y puede ser, en primer lugar por la cronología, pues por esos años, en torno a 1571-1573, él estuvo en Campo de Criptana trabajando en dicho retablo, y también por el estilo: discípulo de Alonso Berruguete, en su obra se aprecian esos rasgos miguelangelescos que Berruguete asimiló; es más, comparando las fotografías aquí reproducidas del retablo parroquial y de los relieves de la portada, concretamente la escena del Calvario de retablo y portada, encontramos bastante similitud, especialmente en alguna de las figuras. Y si no hubiera sido él el autor directo, podría haber sido algún discípulo suyo, entre ellos el criptanense Francisco Hernández, que trabajó con él en el retablo parroquial. Pero hay un detalle que puede resultar decisivo en cuanto a la autoría: en efecto,  se cuenta con lo que parece la letra P mayúscula grabada en la base de uno de los relieves que podría ser la inicial de su nombre propio, Pedro, como marca de autor.

En el centro, la escena
del Calvario en el retablo
del desaparecido templo parroquial


Detalle del Calvario de
la portada de la ermita, con una figura
casi idéntica a la del retablo parroquial




























La letra P, grabada en la base
de un relieve de la portada de la ermita
La cubierta interior, con el tiempo - ¿siglo XVII, siglo XVIII? - fue abovedada y había una cornisa que recorría los muros. La ermita a lo largo de los años tuvo bastantes intervenciones, cosa lógica en un edificio de siglos. Por citar sólo algunas:

En 1829 se levantó un pilar contrafuerte en la fachada de Mediodía, dado que el muro se inclinaba peligrosamente.
En enero de 1852 se abordó la manera de allegar dinero para hacer una obra muy necesaria pues el edificio se encontraba en un estado calificado de ruinoso. No se pudo reunir la cantidad necesaria y de momento el proyecto quedó aparcado.
    En febrero de 1862 otra vez se acuerda reparar la ermita; esta vez la gente fue más generosa y la empresa sí se puso llevar a cabo. La Junta Directiva en ese año estaba así formada:
Párroco:   Francisco Ansaldo Llamas
Mayordomos:   Francisco Vicente Salcedo y Gregorio Perucho
Vocales:  José Mª Salcedo, Juan Manuel Alarcón, Juan José Villacañas y José María Rubio
Alcaldes:   Nicanor Pizarro y Juan Antonio Palomino
Capellán:   Aurelio Bardón
Visitador:  Norberto Pizarro
Secretario:  Pedro Antonio Luján
Se pidió permiso para hacer la obra al Gobernador Eclesiástico, al que informó favorablemente el párroco, que, por cierto, hacía hincapié en que la Iglesia no prescindía de la propiedad de la ermita; literalmente señalaba “que [a la Cofradía] se [le] concedió unicamente para las funciones y juntas de espresada Cofradía”.

Interior de la
ermita de Santa Ana,
edificada en 1575
El pliego de condiciones de la obra era similar al de diez años antes, pero algo más preciso en ciertos detalles; por ejemplo, el cielo raso o cubierta interior sería como la de la ermita de Santa Ana, es decir, adintelada, con vigas de madera en resalte. Se presentaron a la subasta los constructores Rafael Castiblanque, Teodoro Millán  y Eduardo Pizarro; a este último se le adjudicó la obra por un importe que al final, tras algunas modificaciones acordadas con la Junta, quedó en 10.000 reales.

Interior de la ermita de la Veracruz,
con la cubierta adintelada
y vigas de madera en resalte,
similar a la cubierta de la ermita de Santa Ana
Posteriormente, en 1877, se reparó el testero de la puerta de saliente, y en 1891-1892 se pavimentaron la nave de la ermita y la sacristía. Más adelante, las cuentas de 1923 recogen, en la relación de gastos, los de la instalación del agua corriente, que supuso un coste de 60,20 pesetas. Por lo demás, la ermita se blanqueaba o enjalbegaba todos los años y con frecuencia había que ir haciendo alguna que otra reparación.

La guerra civil tuvo consecuencias nefastas en todos los sentidos para el templo. El 19 de agosto de  la ermita fue saqueada. Fueron destrozados retablos e imágenes, entre ellas - relatan los informes de posguerra - un antiguo Cristo de la Columna y un Descendimiento “de gran mérito artístico”, y la ermita fue convertida después en almacén de muebles incautados.

En más de una ocasión a lo largo de este y otros capítulos anteriores he mencionado las cuentas de la Cofradía. La norma o costumbre era que el mayordomo de los caudales rindiera cuentas anualmente, el 4 de mayo, del periodo que abarcaba desde ese día del año anterior hasta el 3 de mayo del año en que se presentaban.

Desde 1838 hasta 1841 no se presentaron pues decía el mayordomo, Francisco Vicente Salcedo, que había estado “agoviado de la revolucion que nos afligia”, frase con la que, sin duda, se refería a la inestabilidad producida por una de las guerras civiles que hubo en España en el siglo XIX, o sea, la primera guerra carlista, planteada tras la muerte de Fernando VII en 1833 y finalizada en 1840; seguía el mayordomo aclarando que desde entonces hasta 1852 la presentación de las cuentas no había sido permitida por la “delicadeza de la Junta”, expresión que entiendo tiene que ver con la adversa situación económica experimentada por la Cofradía tras ser decretada en 1841 la ya citada en esta serie desamortización de bienes eclesiásticos (de cofradías, etc.) durante la regencia del general Espartero, situación económica que hizo que el propio mayordomo Salcedo aportara de su bolsillo no pocos años el dinero necesario para que la Cofradía fuera atendiendo sus necesidades.

La presentación anual de las cuentas a veces tenía otro problema añadido, que no era otro que el poco control de la documentación. Así, en 1875 no se presentaron las cuentas en la fecha acostumbrada porque no se sabía dónde estaba el último libro de decretos y los dos últimos secretarios, Pedro Antonio Luján y José Martínez Borja, no los tenían.

Hasta 1893, como ya se dejó claro, la contabilidad se expresó en reales y maravedís; a partir de entonces, en pesetas. En reales, el mayor déficit anual fue en 1882, con 216 reales, pues el registrado por valor de más de 2.635 reales abarcó el periodo comprendido entre 1852 y 1863. En reales, el año de más superávit, con 698, fue el de las cuentas presentadas en 1891.

Ya en pesetas, solo hubo un año de los que se cuenta con datos, 1908, en el que se registró déficit, apenas algo más de 10 pesetas. En relación con los superávits, había diferencias notables de unos años a otros; hubo alguno, el 1927, en el que el saldo positivo alcanzó más de 551 pesetas, a pesar de lo cual no faltaban ocasiones en que la Junta hablaba de situación económica angustiosa, como sucedió en 1911.

Algunos aspectos curiosos que muestran las cuentas son los siguientes:
En gastos es habitual el del obsequio al clero y a la Banda de Música en la Función de la Cruz, el 3 de mayo, a base de bizcochos, vino y peladillas. La Banda de Bernardo Gómez, es decir, la Filarmónica Beethoven, por ejemplo en la anualidad 1904-1905 cobró 40 pesetas por tocar en misa, procesión y hoguera de la Cruz; en 1905-1906 dio 15 pesetas de limosna, en 1908-1909 no cobró nada.

Por primera vez en la anualidad 1896-1897 aparece el pago de palmas para llevarlas los miembros de la Junta en la procesión del Domingo de Ramos: 5 pesetas.

Por primera vez figura el gasto de cohetes en la fiesta de la Cruz en 1903-1904.

En ingresos, por primera vez aparece en 1898-1899 la rifa de un cerdo, rifa que después se hizo en bastantes años. A veces se rifaba, como en 1906-1907, una imagen del Cristo de la Columna, o de la Virgen del Carmen, como en 1919-1920. En 1908-1909 se rifaron unos cuadros regalados por Carmen Baíllo Melgarejo.

Por primera vez en ingresos en 1901-1902 se contabilizan las aportaciones hechas por otras cofradías existentes en la parroquia.

De los años posteriores a 1940, en los ingresos, además de subastas, cuotas de los hermanos, asistencia de la Cruz a entierros, andas para muertos y donativos, se incluye lo recaudado en sesiones de cine, elaboración de churros los días 2 y 3 de mayo en las fiestas de la Cruz, y las acostumbradas rifas, ya sea la de un cerdo o, alguna vez, la de 200 kg de harina, como en 1944-1945.

La Guerra Civil está presente literalmente en las cuentas de 1944 a 1945: 50 pesetas en gastos se dieron como limosna para las víctimas de la guerra.

Otra fuente de ingresos era la venta de estampas: en las cuentas de 1927-1928 es cuando por primera vez se incluyen gastos e ingresos por estampas del Cristo de la Columna y del Descendimiento.

Las sanciones a cofrades, aunque pocas veces, no faltan; en 1896-1897 en ingresos figura una multa de 1,25 pesetas al secretario, Jacinto Cuadra, por no asistir con tunicela [una pequeña túnica como la que llevaban los subdiáconos] a la procesión del Jueves Santo.

También hay un momento en que se comienza a confeccionar túnicas para su alquiler a quienes no las tenían. Se cobraba 2 pesetas por túnica, lo que  aparece por primera vez en la anualidad 1931-1932, en la que se compraron 44 varas de “pañete” para túnicas al comerciante Santiago Luján.

      FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS