miércoles, 11 de octubre de 2017

CAMPO DE CRIPTANA EN LEÓN

Ayuntamiento de León,
escenario de la inauguración del Congreso
La Real Asociación Española de Cronistas Oficiales (RAECO), de la que soy miembro desde hace casi veintinueve años, ha celebrado en la ciudad de  León durante los días 6, 7 y 8 de octubre su XLIII Congreso Nacional y I Hispano-Mexicano, que ha contado con 165 participantes procedentes de 24 provincias y 11 comunidades autónomas; de esas personas, 84 hemos asistido como cronistas, entre ellos 8 mujeres.
En el Congreso ha estado presente de manera activa una delegación de cronistas mexicanos de las localidades de Santa Caterina (Nuevo León), Ojocaliente (Zacatecas), Texcoco (estado de México), Valladolid (Yucatán), Monterrey (Nuevo León), Rayones (Nuevo León), Zacatecas, Cancún (Quintana-Roo), y Chiconcuac (estado de México), pertenecientes a la Federación Nacional de Cronistas Mexicanos, a los que ha acompañado un grupo de Danzantes Matlachines, que exhibieron sus bailes por diferentes calles de la ciudad.
Cronistas ante la Basílica de San Isidoro
En las sesiones de trabajo programadas se presentaron los resúmenes de 59 comunicaciones elaboradas por otros tantos cronistas, comunicaciones que serán publicadas próximamente. Como Cronista Oficial de Campo de Criptana he asistido a este Congreso, lo que me ha permitido profundizar en el conocimiento de la ciudad de León en sus diversos aspectos – histórico, artístico, etc., etc. – y divulgar entre todos los asistentes – con la consiguiente repercusión en los medios de comunicación de muy variados lugares – fragmentos de la historia de nuestro pueblo, dado que presenté una comunicación cuyo resumen reproduzco a continuación, un resumen muy escueto pues solamente se disponía de seis minutos por cada cronista para su exposición.
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PEDRO MARTÍNEZ DE CASTAÑEDA,
UN ESCULTOR SALMANTINO
EN TIERRAS DE CASTILLA-LA MANCHA
         
A lo largo de los siglos el Sistema Central, a pesar de constituir una barrera orográfica, ha sido también lugar de paso que ha permitido el trasiego de gentes ubicadas al norte o al sur de la misma, y esto ha sido así por motivaciones muy variadas: el afán por dominar territorios en el contexto de la expansión desde antiguo de pueblos diversos, las relaciones comerciales de todo tipo y, desde luego, ocupando un lugar destacado, el proceso repoblador medieval por parte de los reinos cristianos, que en La Mancha se prolongó en el tiempo más que en otras zonas.
Mi comunicación se centra en una época más reciente, en la Edad Moderna, y pone el acento en el campo de la actividad artística pues versa sobre un artista, un escultor, nacido en el siglo XVI y muerto en el XVII.
Un artista que tras su formación en tierras castellano-leonesas desarrolló su actividad profesional, orientada a la temática religiosa principalmente, en tierras de la actual comunidad autónoma de Castilla-La Mancha, y en gran medida para realizar encargos de la sede arzobispal toledana – y no sólo de ella -, bien es cierto que no trabajó solamente para la catedral primada sino también para diversas parroquias e instituciones religiosas, pudiendo afirmarse que su clientela por excelencia estuvo integrada por diferentes sectores de la Iglesia Católica, poderosa en todos los sentidos en el ámbito de la monarquía hispánica de los Austrias.
Me estoy refiriendo al escultor Pedro Martínez de Castañeda, que creó escuela - entre sus  discípulos tuvo a algún que otro criptanense – y tuvo continuador de su actividad como escultor a uno de sus propios hijos.
Entre los lugares donde dejó muestra de su obra figura Campo de Criptana, provincia de Ciudad Real, la “villa de los molinos”, como es conocido este pueblo desde hace no pocos años, o la “tierra de gigantes”, como es denominado en los tiempos más recientes por aquello de su atribuida relación con la aventura molinera de Don Quijote y por el interés en fomentar su atractivo turístico.
Campo de Criptana era un pueblo que había ido experimentando un notable crecimiento demográfico a lo largo de ese siglo XVI, con unos 4.500 habitantes en la parte final de aquella centuria.
En su estructura social, caracterizada por la existencia de notorias desigualdades económicas que se correspondían jurídicamente con un injusto sistema estamental, los poderosos en buena parte eran del estamento nobiliario, los hidalgos – la nobleza no titulada -, cuyo número osciló en la segunda mitad del siglo XVI entre la veintena y la treintena. Otro sector poderoso era el clero secular, unos veinte individuos, número nada escaso si se tiene en cuenta la cantidad de habitantes del pueblo, lo que hay que relacionar con una nada despreciable base económica que los sustentaba, fundamentalmente agraria.
También agraria era básicamente la economía del pueblo; los sectores secundario y terciario aportaban una parte bastante menor a la riqueza criptanense, si bien hay que destacar dos actividades que en las Relaciones de Felipe II (1575) tienen una resonancia especial; una, la elaboración de harina en los molinos de viento,  “... hay en esta sierra de Criptana junto a la villa muchos molinos de viento ...” dicen esas Relaciones filipinas, que también ponían de relieve la artesanía textil criptanense al afirmar que en el pueblo se labraban “...paños diezyochenos mejores que en otras partes ...”.
Palacio de los Guzmanes,
una de las sedes del Congreso
Esa base económica es la que permitió contratar a Pedro Martínez de Castañeda, un escultor de la escuela castellana de la segunda mitad del siglo XVI, que  también llegó a dominar la pintura, nacido en 1527 en Peñaranda de Bracamonte (Salamanca) donde residió hasta los 16 años; en 1543 marchó a Salamanca, donde aprendió el oficio de escultor con Pedro de Salamanca. Dos o tres años después se fue a Valladolid, donde estuvo durante cuatro o cinco años bajo las enseñanzas pictóricas y escultóricas de Alonso Berruguete, que entonces pasaba por el apogeo de su carrera; muy probablemente colaboró con él en la realización de la silla arzobispal y en el grupo escultórico de la Transfiguración de la catedral de Toledo.
Hacia 1550 se separó de su maestro. Trabajó también, aunque muy brevemente, durante dos meses, con el escultor Gregorio Pardo en Toledo; poco tiempo para recibir de él influencias en su estilo, todo lo contrario que lo sucedido con Berruguete, que sí dejó en él una más que decisiva impronta, hasta el punto de atribuírsele a éste algunas obras suyas por parte de algunos estudiosos del arte.
La independencia adquirida como artista vino quizás favorecida por el mecenazgo prestado por Miguel Muñoz, obispo de Cuenca, ciudad donde estuvo durante dos años y medio. Dicho obispo le encargó un retablo para la iglesia parroquial de Buendía (Cuenca), desaparecido en la guerra civil (1936-1939). A partir de entonces Pedro se dedicó al arte religioso exclusivamente, concretamente a la realización de retablos para iglesias, en lo que destacó siguiendo una dirección artística marcada por la influencia de su maestro Berruguete.
Tras unos años de trabajo en varios lugares se trasladó a Campo de Criptana, donde nacería su primer hijo, Juan, que también habría de ser escultor. Allí trabajó en los primeros años del último tercio del siglo XVI; una obra suya sin ningún género de dudas fue el retablo del altar mayor de la iglesia parroquial, durante muchos años atribuido a Alonso Berruguete y hoy únicamente visible a través de fotografías pues el templo, con todo lo que en él había – imaginería, archivo, etc. -, fue incendiado en agosto de 1936, justo al mes de haberse iniciado la última guerra civil española; otras obras atribuidas al  mismo escultor tuvieron como destino la ermita que es sede de la criptanense Cofradía de la Vera Cruz, una de las dos más antiguas hermandades pasionarias de esta población, ambas fundadas en el siglo XVI.
En torno a 1570 realizó el grandioso retablo de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Entre el vecindario criptanense fue muy popular e incluso de la localidad tuvo un discípulo aventajado, Francisco Hernández, que desarrolló su actividad escultórica en tierras manchegas, trabajando también en Toledo para iglesias y monasterios.
El retablo respondía a las características estilísticas del Renacimiento (naturalismo, simetría, etc.), de acuerdo con la formación del autor de manos del célebre Alonso Berruguete, en consonancia con lo cual puede decirse que estaba presente en su obra la impronta miguelangelesca (actitudes grandiosas, perfección de las formas, movimiento contenido), dada la influencia sobre Berruguete del polifacético artista de la Toscana italiana Miguel Ángel Buonarroti.
En la presentación de mi comunicación,
acompañado por el coordinador del acto 
La portada de la ermita de la Vera Cruz quedó rematada en 1573, según certifica una inscripción grabada en la piedra de su portada. Hay quien ha apuntado la participación de Pedro Martínez de Castañeda en algún otro elemento de esta ermita, como el primitivo retablo, hace ya mucho tiempo desaparecido. Es más que posible, como digo, que  él fuese el autor de la parte escultórica de la portada, tanto por la cronología pues por entonces estaba en el pueblo – independientemente de que pudo recibir el encargo de la obra aun residiendo ya en otra población, Toledo concretamente  – como, sin duda, por sus características estilísticas que antes mencioné. En todo caso, podría plantearse como hipótesis que el autor fuese un discípulo suyo, circunstancia perfectamente factible. No obstante, hay en esta portada un elemento que puede considerarse definitivo sobre la autoría, como defienden algunos: se cuenta con la letra P mayúscula grabada en uno de los relieves situados en la parte derecha que podría ser la inicial de su nombre propio, Pedro.        
En 1574 le fue encargado a Pedro el retablo para el templo parroquial de Sonseca (Toledo), obra que culminó en 1588 y en la que colaboró su hijo Juan. Se trata del único retablo que se conserva – restaurado hoy en día – de Pedro Martínez, a pesar de resultar parcialmente destrozado durante la guerra civil. Durante esos años siguió realizando algunos trabajos en Toledo para la catedral. Se le atribuyen también, en la provincia de Toledo, un retablo de la iglesia parroquial de Carranque, un retablo – desaparecido – de Magán y otro en Marjaliza, del que sólo queda un Crucifijo.
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FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS



lunes, 31 de julio de 2017

LA POBLACIÓN DE CAMPO DE CRIPTANA, EN CAÍDA LIBRE: MENOS NUMEROSA Y MÁS ENVEJECIDA

Hoy toca hablar de demografía, la ciencia que se ocupa de estudiar la estructura y la evolución a lo largo del tiempo de las poblaciones (conjunto de individuos que viven en los diferentes lugares del mundo). Más concretamente me ocupo, como es lógico y obligado, de la demografía de nuestra villa de los molinos.
Entre mediados del siglo XIX y la actualidad la población de Campo de Criptana se ha incrementado en un 119,1 %, al pasar de tener 6.257 habitantes a poco más de 13.700. Pero esa evolución no ha seguido un ritmo continuo. Veamos primero las cifras totales desde 1857, año en que puede decirse que se inició en nuestro país la era moderna en cuanto a recuentos demográficos se refiere:
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Población total de Campo de Criptana:
                                        Año      Habitantes
1857            6.257
1860            5.908
1877            6.586
1887            7.151
1897            7.566
1900            7.707
1910          10.928
1920          12.745
1930          14.279
1940          15.427
1950          15.659
1960          14.608
1970          13.405
1981          13.049
1986          13.433
1991          13.491
*1994          14.076
2001          13.184
*2003          13.595
*2004          13.924            
*2006          14.355
*2007          14.584
*2008          14.976
*2009          15.078
*2010          15.096
2011          14.640  (población de derecho)
  *2011          14.880
*2013          14.421
*2014          14.169
*2016          13.892
*2017          13.713
[* Años en que las cifras de habitantes proceden del Padrón municipal. En los demás, la fuente de referencia es el INE (Instituto Nacional de Estadística).]
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Adelantaba más arriba que las cifras totales de la población criptanense han presentado altibajos a lo largo del tiempo. En principio, desde 1860 hasta 1950 el crecimiento fue constante aunque con velocidades diferentes. El primer gran salto, podría decirse, se dio entre 1900 y 1910 y como causa de ello hay que apuntar hacia el buen tono económico, en gran parte ligado al desarrollo de la vid y la producción de vino, fenómeno que se daba ya en las últimas décadas del siglo XIX y persistió en las primeras décadas del XX (después también), fenómeno que no fue ajeno, entre otros elementos del contexto criptanense, a la presencia del ferrocarril, que ya circulaba por nuestro término municipal desde 1855, y a la más tardía incidencia que en otras regiones de la filoxera; fue a finales de aquella década cuando Campo de Criptana llegó a ser, demográficamente hablando, ciudad (en España el criterio utilizado para que un núcleo habitado sea considerado ciudad es la superación de los 10.000 habitantes).
La guerra civil (1936-1939) impidió, sin duda, que el crecimiento fuera mayor. Aun así, puede observarse cómo hasta 1950 el crecimiento se mantuvo. Curiosamente, durante la guerra la población residente en nuestro pueblo alcanzó cifras máximas: a 1 de diciembre de 1938, era de 16.176 habitantes, y todavía a 1 de diciembre de 1939, unos meses después de finalizar aquel conflicto bélico, se alcanzaron los 16.245 habitantes; pero no hay que engañarse, el periodo de guerra fue anómalo en muchos sentidos, también en lo demográfico, y es que en Campo de Criptana llegaron a residir muchas personas temporalmente, en su inmensa mayoría desplazadas desde otras zonas, especialmente de Extremadura y Andalucía. Acabada la guerra, la situación demográfica fue “normalizándose”, si bien poco a poco: todavía a 31 de diciembre de 1943 los criptanenses de derecho eran 16.098, si bien la población de hecho era de 15.586 habitantes.
A partir de 1950 se invierte la tendencia y se observa un retroceso, que fue mayor proporcionalmente en los años sesenta, y se contuvo en los setenta. Hasta 1986 no se rectificó la tendencia, pasando desde entonces a crecer otra vez, hasta 2010, cuando se registró otro máximo (15.096) pero ya sin superar los de los censos de 1940 y 1950. Para explicar el descenso bien visible de las décadas de los cincuenta, sesenta y setenta hay que contar con lo ocurrido en España en los llamados “años del desarrollo”, que tuvieron su periodo de apogeo en los sesenta: hubo regiones (Madrid y ciertas periferias territoriales) que vieron crecer no poco los sectores económicos secundario y terciario, que, por ello, demandaban mano de obra, mientras otras regiones, fundamentalmente del interior, como la nuestra, proporcionaron esa mano de obra, abundante y relativamente barata; muchos criptanenses se desplazaron, para residir y trabajar, a Madrid, Valencia y Cataluña básicamente.
Curiosamente, en los años de aquel desigual desarrollismo, unos cuantos millones de españoles marcharon en busca de trabajo a países europeos que se desarrollaron antes y más que España, especialmente a Francia y Alemania, entre otros; hasta esa Europa que se enriquecía con relativa rapidez también marcharon criptanenses.
Desde 1981 - se pone de manifiesto ya en 1986 - censos y padrones nos ofrecen un panorama diferente. De nuevo se invierte la tendencia y se observa cómo Campo de Criptana incrementa su población hasta lo que podemos señalar como un tope, en 2009 y 2010, años en que a duras penas se sobrepasan los 15.000 habitantes. Hay que hacer notar que el descenso registrado en esta nueva etapa en 2001 tiene que ver con el hecho de que Arenales de San Gregorio se erige como municipio, y por lo tanto independiente del nuestro, en 1999, por lo que en 2001 ya no está contabilizada la población arenalera dentro de la criptanense.
Ya en los años que llevamos de la segunda década del siglo XXI es claro y continuo el descenso poblacional de Campo de Criptana (debo hacer notar que los 14.640 habitantes de derecho del censo de 2011 es una cifra referida a diciembre de 2010). Los 13.713 habitantes de 2017 son los que figuraban a día 6 de julio en el padrón de nuestro Ayuntamiento; de ellos, españoles son 12.496 (menos que en 1920, hace casi un siglo) y extranjeros – sobre la población no nacional volveré después – 1.217, es decir, el 8,87% del total.
La población criptanense desciende, pues, en los últimos años y además cada vez está más envejecida. El índice de envejecimiento pone en relación la población de más de 65 años (2.802 en julio de 2017) con la población total: el resultado para esa fecha es un índice de 20,4 %, propio de un muy claro envejecimiento que, además, ha ido en progresivo aumento: en el año 1994 era 17,6%; en 2011,  18,09 %.
Cada vez, menos jóvenes ...
Otra forma de mostrar esta característica que comento es comparar los porcentajes de población joven (de 0 a 14 años) y de población vieja (de 65 años y más); una población está envejecida si la población joven es inferior al 25% del total y la población vieja supera el 12% del conjunto de habitantes. Pues bien, en julio de 2017 la población joven de Campo de Criptana es, redondeando las cifras, el 14% y la población vieja, como sabemos, el 20%; si se compara con el año 2007, por ejemplo, hace diez años la población joven era el 15,3% del total y la población vieja el 18%. No hay duda: tenemos por delante un Campo de Criptana cada vez menos juvenil y cada vez más envejecido.
En demografía se utiliza otra referencia, entre varias más, para caracterizar a una sociedad. Me refiero al índice de dependencia, que pone en relación a la considerada población dependiente - y no sólo económicamente -, es decir, los grupos de edad de 0 a 14 años y de más de 65, con la población adulta (grupos de 15 a 64 años). A 6 de julio de 2017 los dos primeros grupos suman 4.789 personas, cifra que dividida por los 8.924 adultos, da como resultado un índice de dependencia elevado, 53,66%, que va creciendo, pues en el año 2011 era del 49,83%, y habitualmente, como en el envejecimiento, por encima de la media española.
Por otra parte, y como ocurre en las sociedades de los países desarrollados, en los que la natalidad es un fenómeno a la baja, resulta muy difícil, por no decir imposible, conseguir hoy por hoy en Campo de Criptana el llamado relevo generacional. Por cierto, Campo de Criptana presenta una tasa de natalidad bastante baja, como ocurre con España en su conjunto y en los países desarrollados; valga indicar al respecto, y como ejemplo, que en nuestro pueblo en 2013 fue del 9,04 por mil (en España fue del 9,01 en ese año, mientras que en 1976, también en nuestro país, era del 18,7 por mil).
... cada vez, más mayores
El índice de relevo generacional se obtiene relacionando el grupo de adultos jóvenes (entre 30 y 44 años) y el grupo de adultos mayores o viejos (entre 45 y 64 años). Si el resultado de la división entre las cifras correspondientes a esos grupos supera la unidad, el relevo generacional se consigue; si el resultado es inferior a 1, no es posible tal relevo. Aplicándolo a Campo de Criptana con los datos de 6 de julio de 2017, se trata de dividir 2.873 (grupos de edad de 30 a 44 años) entre 3.662 (grupos de 45 a 64 años); el resultado es 0,78, notablemente lejos de la posibilidad de asegurar el relevo generacional, índice que ha ido disminuyendo paulatinamente, pues con los datos del año 2004 el índice era 1,09, lo que permitía afirmar que entonces sí era posible dicho relevo.
Otro aspecto a considerar de indudable importancia es la presencia de población extranjera. Resulta, pues, muy aleccionadora la comparación entre las cifras de población criptanense de origen nacional y las de los residentes en nuestro pueblo que proceden de otros países.
                     Población de Campo de Criptana
                                  Año       Nacional   Extranjera
2003       13.047         477
2006       13.028      1.357
2008       12.949      2.027
2009       12.927      2.151
2010       12.898      2.198
2011       12.781      2.099
2013       12.718      1.703
2014       12.666      1.503  
2016       12.560      1.332
2017       12.496      1.217   

Como se observa, la población nacional de nuestra localidad  no ha dejado de disminuir en la serie de años que se recogen en la misma, en tanto que hasta 2010 el número de extranjeros aumentó, siendo a partir de entonces cuando ha ido descendiendo, en un proceso paralelo al del conjunto de la población criptanense – recuérdense los datos recogidos al principio de este escrito -, lo que permite afirmar que en la evolución demográfica de Campo de Criptana en el siglo XXI, en cuanto a cifras absolutas, los extranjeros aquí residentes han tenido un claro protagonismo y una incontestable influencia. Por cierto esos 1.217 extranjeros proceden de 37 países; los más numerosos son los rumanos (908), seguidos de los marroquíes (169), que, siempre y por este orden, han ocupado los dos primeros puestos de esta particular clasificación.


Recopilar los datos demográficos de un país, o de un lugar, es algo muy necesario, porque tenerlos a mano permite planificar para gestionar las necesidades de futuro de una sociedad, además de poder analizar múltiples rasgos del funcionamiento de esa sociedad a través del tiempo, en definitiva, hace posible conocerla mejor. Con la lectura de todo lo que va expuesto el usuario de este blog o quien se aproxime á el, aunque sea esporádicamente, puede deducir o extraer una serie de conclusiones de todo tipo acerca de la población de Campo de Criptana, tanto sobre su presente como sobre su futuro, así como sobre sus aspectos materiales y no materiales; ruego a todos que hagan su particular reflexión.

    FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS


martes, 18 de julio de 2017

¡ÁBRETE ... IGLESIA DEL CONVENTO!

Quien escribe estas líneas ha sentido la tentación de titular este artículo con la frase que se inicia también con el término “ábrete” perteneciente a un famoso cuento oriental de aventuras integrado en la igualmente famosa recopilación de cuentos Las mil y una noches. Pero ... no. He decidido resistir a esa tentación por un respeto especial que siento por ese edificio que, en mi opinión, es el mejor monumento de tipo religioso con que cuenta Campo de Criptana: la iglesia del Convento de Carmelitas Descalzos, una comunidad de frailes que existió en nuestra villa desde 1598 hasta 1835, año en que empezó a aplicársele la legislación que desembocaría al año siguiente en la conocida como “desamortización de Mendizábal”, a partir de la cual sólo se conservó esa iglesia y otras antiguas dependencias conventuales, de lo que al día de hoy sólo permanece el templo recordado en el título inicial de este escrito.
Presentación del libro sobre el Convento
(19 de julio de 2008)
Por estas fechas de hace ya nueve años, precisamente el 19 de julio de 2008, fue presentado en la Casa de Cultura de nuestro pueblo el libro del que soy autor El Convento de Carmelitas Descalzos de Campo de Criptana, con cuya venta se pretendía obtener fondos para sufragar las obras, por entonces en realización, de restauración del citado templo. Fue esta publicación una de las muchísimas actuaciones promovidas por la Asociación Benéfico-Cultural del Convento – a cuya Junta Directiva pertenezco - para poder financiar unas obras ciertamente muy costosas y que han contado con la colaboración de instituciones diversas y de gran cantidad de personas, que han aportado medios económicos en la medida de sus posibilidades, por lo que puede hablarse de esta restauración como de un acontecimiento coral sin  ningún género de dudas. En la presentación del libro estuvieron presentes autoridades autonómicas y locales, como puede verse en la fotografía que se muestra.
Reapertura del templo; los discursos oficiales
(septiembre de 2009)
En septiembre de 2009, finalizadas las obras, tuvo lugar la inauguración del rehabilitado templo, en el marco de una misa solemne dirigida por el Obispo de la Diócesis y a la que asistieron autoridades civiles y religiosas, además de numeroso público. A partir de entonces volvieron a ser una realidad los actos litúrgicos que habitualmente programa para este templo la parroquia criptanense.
El acto religioso en la reapertura del templo
Este 16 de julio, festividad de la Virgen del Carmen, como vengo haciendo año tras año, he asistido a la procesión que con dicha imagen recorre unas cuantas calles del pueblo. Me gusta, particularmente, esperar la finalización de la procesión frente a la puerta de la iglesia conventual para así poder escuchar a esos jóvenes integrantes de la Banda de Música Filarmónica Beethoven que en su mayor parte constituyeron hace unos años la Charanga Los Monigotes cuando interpretan, con canto del Ave María incluido, la marcha procesional de Abel Moreno Encarnación coronada, lo que hacen a las mil maravillas. Como suelo ir con tiempo suficiente, antes de la llegada de la procesión paso al interior del templo y, al tiempo que disfruto de esa obra arquitectónica de los primeros años del siglo XVIII, me da por pensar en lo que dirían los frailes que allí hubo al ver todo lo que hoy se organiza comparándolo con lo que ellos cada año a su vez organizaban en torno a la Virgen del Carmen, incluida una procesión alrededor de todo el recinto conventual, al tiempo que reflexiono sobre lo que disfrutarían aquellos carmelitas con su templo restaurado, del que seguro que se sentirían orgullosos, tan orgullosos que no dudarían en estar deseosos de que cuantas más personas mejor a lo largo de los años pudieran disfrutar con la contemplación del edificio para cuya construcción contaron con arquitectos y maestros de obra de lo mejorcito que por entonces había .

Autoridades religiosas y civiles
y representantes de la Asociación en la reapertura
 
¡Pero ...! Siempre tiene que haber un “pero”, decimos en multitud de contextos a lo largo de la vida, y en éste que estoy tratando también lo hay. Cuando se proyectó la restauración de este edificio, uno de los objetivos que la Asociación citada perseguía era que el templo, aparte de la celebración de actos litúrgicos, etc., estuviese abierto, como otros monumentos religiosos en España y en todo el mundo, para que los visitantes pudieran acceder a él en horarios establecidos, con sus guías correspondientes, etc. Es cierto que a veces algunas visitas se han podido y pueden realizar; sin embargo, de lo que estoy hablando es de otra cosa, es decir, de que la iglesia del Convento sea visitable permanentemente de forma ordinaria y no ocurra lo que ocurre, pues de momento el excursionista y el turista se tienen que contentar con conocer de ella lo que puede ofrecerle un folleto turístico, algo que cualquier persona entiende que es insuficiente a todas luces. No desespero de que el objetivo se pueda conseguir pero ya ha pasado mucho tiempo desde septiembre de 2009 sin que se haya hecho nada en el sentido que propongo. Por ello, recordando el título de inicio, ¡ábrase de una vez por todas la iglesia del Convento!


 FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS

lunes, 5 de junio de 2017

18 de JULIO DE 1945: CELEBRANDO UNA DE LAS FECHAS MÁS NEGRAS DE LA HISTORIA DE ESPAÑA

El golpe de estado acaecido en España en julio de 1936 se inició con una sublevación militar dirigida contra el Gobierno de la Segunda República surgido de las elecciones generales de febrero de ese año, sublevación cuyo fracaso parcial condujo a una guerra civil de casi tres años de duración y, derrotada la República, al establecimiento de una dictadura, vigente en el país hasta poco después de la muerte del dictador, el general Francisco Franco Bahamonde. No fue el primer episodio que tenía como objetivo subvertir el orden constitucional y democrático republicano. Ya el 10 de agosto de 1932 había tenido lugar un intento de golpe de estado contra la República, liderado por el general Sanjurjo, que fracasó al completo.
En 1936, desde el mismo momento de la victoria electoral de la coalición del Frente Popular en el mes de febrero, oficiales reaccionarios y monárquicos comenzaron la preparación de una sublevación militar, lo que más o menos coincidió en el tiempo con la actividad del propio dirigente de la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) José Mª Gil-Robles – el mismo que ya en diciembre de 1935 había contactado con altos jefes militares (Fanjul, Goded, Franco) para tantear su actitud ante un posible uso de la fuerza -, tendente a impedir que los vencedores en las elecciones llegaran al poder; trató de que el todavía presidente en funciones del Gobierno, Manuel Portela Valladares, declarase el estado de guerra y anulara las elecciones, y algo similar procuró Franco, que todavía era Jefe del Estado Mayor del Ejército.
18 de julio de 1936 en Ceuta.
Yagüe anuncia la llegada de Franco.
En la tarde del 17 de julio de 1936 el alzamiento de jefes militares caracterizados por su conservadurismo se inició en Melilla y se extendió con rapidez a Tetuán y Ceuta, ciudad de la que se apoderó el entonces teniente coronel Juan Yagüe. Cuando Franco, llegado desde Canarias, se puso al mando de las tropas coloniales sublevadas, el Marruecos español era dominado por los rebeldes. El día 18 la sublevación se fue extendiendo por la España peninsular.
El Fuero del Trabajo, una de las denominadas leyes fundamentales del franquismo, promulgada en 1938, declaró fiesta nacional el 18 de julio, “Fiesta de Exaltación del Trabajo” como conmemoración de la “iniciación del glorioso alzamiento”. Con ese doble valor de exaltación y conmemoración mantenía la efeméride la orden del Ministerio de la Gobernación del 15 de julio de 1939. Así fue hasta que el Consejo de Ministros el 1 de diciembre de 1977 decidió suprimir esa festividad tan ligada al golpismo militarista.
18 de julio de 1936 en Toledo.
Lectura del bando
que declaraba el estado de guerra
Para los vencedores en la guerra civil, cada 18 de julio era algo muy especial. En el segoviano palacio de la Granja de San Ildefonso Francisco Franco, Jefe del Estado y del Gobierno, anfitrión de altas personalidades nacionales y de diplomáticos de otros países, conmemoraba aquella sublevación militar que a la larga dio inicio a un régimen político dictatorial que se prolongó durante casi cuatro décadas y que tantas desgracias de todo tipo provocó para una gran parte de los españoles. En tal fecha a lo largo y ancho de España cada año menudeaban los desfiles militares.
Como una muestra de lo que en tal fecha se organizaba por el poder municipal en Campo de Criptana, traslado a este artículo el contenido de una nota sobre la cuenta de lo gastado por el Ayuntamiento criptanense en la comida que ofreció a las jerarquías locales del llamado Movimiento (léase Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista), al Sr. Cura Párroco y al Jefe de Puesto de la Guardia Civil con motivo del 18 de julio de 1945. Transcribo la nota del importe en pesetas del banquete tal como se conserva en el original:
Viaje a Alcázar para adquirir provisiones, 10
2 arrobas de vino, 46
1 kg de galletas, 20
7 kg de ternera a 16 pesetas, 112
1 lata de almejas, 25
Longaniza para entremés, 35
2 kg de gambas, 12
6 docenas de huevos, 66
10 litros de leche, 10
Vainilla, 1
1 kg de azúcar, 12
4 botes de guisantes,  15,40
8 panes,  14,40
Aceite y aceitunas,  13,40
Fruta de varias clases, 36
Asadura, 8
Diversos condimentos,  2,70
Leña y carbón, 9
Sifones y gaseosas, 16
Palillos, 0,60
12 botellas de sidra, a 7,50,  90
1 barra de hielo, 10
25 helados, 35
32 cañas de cerveza y 1,5 litros de vermut,  42
20 cigarros puros, 66

Ascendió, pues, el gasto a 708 pesetas, una cantidad que vista desde 2017 resulta irrisoria, pero que cobra más sentido si se tienen en cuenta otras cifras; por ejemplo, el salario medio diario por entonces en este pueblo era de unas 8 pesetas (dedúzcase su poder adquisitivo). Por otra parte, puede considerarse obsceno efectuar un gasto a todas luces innecesario cuando parte de la población de la localidad en su día a día lo estaba pasando mal, de lo que dan idea las cifras medias del número de parados (según cálculo oficial hecho por las autoridades locales criptanenses) por día durante los meses que se citan a continuación, precisamente del año 1945:

Enero, 120
Febrero, 100
Marzo, 92
Abril, 80
Mayo, 70
Junio, 45
Noviembre, 70
Diciembre, 115

Más obsceno aún cuando con poca diferencia temporal algún concejal decía que habiéndose “reproducido la plaga de mendigos que algún tiempo estuvo contenida (...) espectáculo deprimente que debía evitarse pues para eso existían los comedores de Auxilio Social, debería el alcalde publicar un bando en el que se prohibiera la mendicidad y “sancionando con multas tanto a los que pidan como los que den públicamente limosnas”. Y no se olvide que la represión sobre los vencidos continuaba.

     FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS




martes, 9 de mayo de 2017

ACCEDER A UN EMPLEO PÚBLICO DURANTE LA DICTADURA FRANQUISTA

A finales de marzo de 1939 concluyó la última guerra civil española, oficialmente el 1 de abril con el definitivo parte de guerra. Acabó la guerra, pero no empezó la paz en el sentido estricto de la palabra, sino la victoria, no en vano en el calendario de la época franquista el 1 de abril venía marcado como el “Día de la Victoria”. La victoria de unos españoles sobre los otros, sobre los que de una  manera u otra, con las armas en la mano o no, habían sido fieles a la República; la represión se ejerció posteriormente - como durante la guerra  - sobre este sector en sus más variadas formas, una de ellas negándoles la posibilidad de tener un trabajo público.

Edificio del Ayuntamiento criptanense
en el tiempo de la dictadura franquista
Los integrantes del bando vencedor y concretamente quienes intervinieron en el mismo durante el conflicto, así como sus familiares, encontraron recompensas varias en la posguerra (*), tales como la preferencia a la hora de acceder al desempeño de trabajos en la administración pública, sobre todo en el ámbito local. Visto en negativo, era igualmente una forma más de reprimir a los perdedores, a quienes se habían mostrado a favor de la República. La legislación al respecto fue variada y se remontaba en parte al tiempo de la guerra:

Ø  Decreto de 12 de marzo de 1937 sobre Provisión de Vacantes de Empleados Públicos: reservaba el 50% de las vacantes en organismos públicos en general a excombatientes del ejército franquista. Era la concepción del empleo público como recompensa a esa actividad.
Ø  Ley de 25 de agosto de 1939, que reformaba el Decreto anterior: reservaba el 80% de las vacantes que había el 18 de julio de 1936 o que hubo desde entonces en Ministerios, etc., a mutilados, excombatientes y familiares de las víctimas de la guerra de dicho bando.
Ø  Decreto del Ministerio de Trabajo, también de 25 de agosto de 1939: preferencia para trabajar en empresas a favor de excombatientes y familiares de “caídos por la Patria”, franquista por supuesto.
Ø  Órdenes complementarias de dichos decretos y ley.

Por lo que tiene que ver con Campo de Criptana, su Ayuntamiento - y sólo es un ejemplo de los que podrían ponerse, referido a este pueblo, del tema que   tratamos -, en la sesión de 23 de diciembre de 1942, en su apartado denominado “Provisión de vacantes de empleados subalternos”, acordó proveer por concurso, según la legislación citada, distintas plazas de empleados subalternos, 6 en total, que se asignaron a estos grupos:

ü  A excombatientes, la de Inspector Jefe de Policía Urbana, con sueldo de 5.000 pesetas al año.
ü  A excautivos “por la Causa Nacional”, la de un agente de policía urbana, con 3.420 pesetas al año.
ü  A huérfanos y otras personas dependientes económicamente de las “víctimas nacionales de la guerra y de los asesinados por los rojos”, una plaza de agente de Policía Urbana, con 3.420 pesetas al año.
ü  De libre provisión, dos plazas de agente de policía urbana y una de alguacil de Arenales de la Moscarda (actualmente de San Gregorio), con 3.420 pesetas al año cada una de ellas.
ü  Se añadía que “Se reconocerá a los voluntarios de la División Española [División Azul] los beneficios que les concede el Decreto de la Presidencia de 7 de mayo de 1942”.

Entre los requisitos exigidos figuraban:

Ser persona de indudable adhesión al Movimiento Nacional y a las ideas representadas por éste”.
Acreditar depuración favorable en caso de ser funcionario”.
Para Inspector Jefe de Policía Urbana, “haber sido Guardia Civil o de Seguridad o Sargento del Ejército Nacional, con seis meses de servicio como mínimo”.

Entre los documentos a presentar con la solicitud para dichos cargos, imprescindible era el “Certificado de adhesión al Glorioso Movimiento Nacional”, del que estarían exentos los militares a quienes se refería la Orden de la Presidencia de 5 de diciembre de 1942.

Tras el examen que todos tenían que hacer y en cuanto a los concursantes de plazas de libre provisión, en igualdad de puntuación obtenida se tendrían en cuenta méritos profesionales, académicos y políticos, entre ellos ser militante de F.E.T. y de las J.O.N.S (Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista), el partido único desde abril de 1937, liderado por el Jefe del Estado y del Gobierno Francisco Franco y puesto al servicio de éste, partido que había ido incrementando – y siguió haciéndolo – notablemente el número de afiliados por razones fácilmente deducibles, en un proceso similar a lo ocurrido en Italia con el partido único de Benito Mussolini, el Partido Nacional Fascista (PNF), al que irónicamente se le llamaba en ese país por la riada de afiliaciones que registró, y jugando con sus iniciales, “Por Necesidad Familiar”.

Puerta del Ayuntamiento
en un acto oficial en la segunda mitad

de los años cincuenta.
En la parte superior el yugo y las flechas,
icono del falangismo
En la sesión plenaria municipal de 5 de abril de 1943, puesto que con anterioridad había habido una reclamación por parte de la Comisión Inspectora Provincial de Mutilados de Guerra por la Patria acerca del concurso citado, se incluyó en la convocatoria en el Grupo Primero a Caballeros Mutilados por la Patria con 1 plaza de agente de Policía urbana con haber anual de 3.420 pesetas.

En la sesión de 26 de mayo de ese año, a la vista de la calificación de los ejercicios hechos el día 21 por los participantes en el concurso, se acordaron los nombramientos correspondientes en favor de personas que en su casi totalidad fueron agentes del orden en el municipio de Campo de Criptana durante muchos años.
   

(*) Ver MANUEL RAMÍREZ MUÑOZ: El empleo público como recompensa en la posguerra española. Boletín Millares Carlo, nº 12, 1993.

   FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS