martes, 29 de julio de 2014

Políticos y partidos en tiempos turbulentos (V)

Publicado por primera vez en marzo de 2014

El Partido Republicano Radical (PRR), fundado en 1908, tuvo como líder nacional a 
Alejandro Lerroux  García, nacido en La Rambla (Córdoba). En un principio este
partido se caracterizó por un radicalismo populista anticlerical y violento, que le llevó
a verse envuelto en los hechos de la Semana Trágica de Barcelona (1909); más tarde evolucionó hacia la moderación y el conservadurismo, en consonancia con los 
intereses del sector social que definitivamente configuró su base, es decir, una 
burguesía media industrial y comerciante.


Alejandro Lerroux
Después de participar en 1931 en el gobierno presidido por Manuel Azaña, a raíz de las elecciones de noviembre de 1933 el PRR se constituyó, desde posiciones de centro-derecha, en el principal componente de sucesivos gobiernos republicanos, en principio en solitario y más tarde en coalición con la CEDA de José María Gil-Robles; gobiernos, por cierto, progresivamente debilitados por diversos escándalos de corrupción en que se vieron envueltos algunos de los líderes radicales, lo que condujo a que en las elecciones de febrero de 1936, en las que triunfó la coalición de izquierdas denominada Frente Popular, la representación parlamentaria del PRR se viera reducida a la mínima expresión (4 diputados).


Aurelio López
En Campo de Criptana en los años anteriores a la Guerra Civil (de la que en este mes de marzo de 2014 se cumple el 75º aniversario de su conclusión) formaba parte del PRR, entre otros segmentos de la sociedad criptanense, un sector de propietarios de cierto nivel económico. Eran miembros, por citar sólo a algunas personas, Aurelio López García-Yébenes, Amadeo Badía Arnabat (en junio de 1934 era presidente del partido), Jesús Leal, José Simó, Ángel Morales Sánchez-Alarcos, Timoteo Mellado Camuñas, Santiago Luján Casarrubios, Francisco Iniesta Quintanar, Francisco Lucerón Carrillejo, Julián López-Pintor y Juan Manuel Santos Montes.
Dionisio de la Torre

El 13 de septiembre de 1934 se produjo por decisión gubernativa la toma de posesión de un nuevo ayuntamiento que, por lo tanto, no fue resultado de las urnas. De los 20 designados 11 eran miembros del partido Radical, que así contó, merced al procedimiento indicado, con mayoría absoluta; los otros eran catalogados como independientes. De esta forma podemos señalar que también eran miembros del PRR Jesús Quintanar López-Pintor, Santiago Olivares Sepúlveda, Isidoro o Isidro Abad Gutiérrez, Juan Bustamante Rodríguez, Vicente Díaz-Hellín Alberca y Dionisio de la Torre García, que en la fecha indicada fue nombrado alcalde.

De las intervenciones de los radicales en las sesiones plenarias que celebraba el Ayuntamiento pueden deducirse algunas de sus preocupaciones habituales en relación con la marcha del pueblo en esos años tan difíciles para la vida de sus habitantes.

Junto con otras fuerzas de derecha en abril de 1934 el PRR criptanense sacó adelante la propuesta de pedir al ministro de la Gobernación la concesión de tres parejas de la Guardia Civil de a caballo para el servicio de guardería en el campo; a cargo de los propietarios correría el gasto de casa, luz, agua y manutención del ganado. A tenor de la propuesta citada da la impresión de que la derecha estaba más preocupada por velar por la propiedad que por atajar las raíces de algunas conductas cuyo origen estaba en el paro obrero, tema este que, por lo demás también era objeto de interés para éste como para otros partidos, con el recurso a la necesidad de llevar a cabo obras públicas para combatirlo y con intervenciones que mostraban el interés por el hecho de que se observara turno riguroso a la hora de dar empleo a los solicitantes en paro, o de dar preferencia al respecto a los jornaleros de la propia localidad.

Juan Manuel Santos 
Un acontecimiento de la trascendencia que tuvo la llamada “revolución de octubre” de 1934, protagonizada por diversos sectores de la izquierda política y sindical tuvo naturalmente su repercusión en los temas tratados por el Ayuntamiento por entonces. Así, en la sesión de 10 de octubre la Corporación expresó su adhesión al Gobierno de España por su actitud ante aquel movimiento subversivo. El 31 de ese mes se acordó contribuir con 250 pesetas a la petición del alcalde de Oviedo “para remediar la angustiosa situación creada (...) a consecuencia del pasado movimiento revolucionario”. Amadeo Badía Arnabat pidió que se otorgara voto de confianza al alcalde para abrir información con el fin de depurar la participación o complicidad que algunos funcionarios municipales pudieran haber tenido en los hechos de octubre; se aprobó con el voto en contra de Timoteo Mellado, que entendía que tal apertura de información envolvía cierta animosidad personal contra tales funcionarios.

En la sesión de 7 de noviembre la derecha, y este partido mayoritariamente, aplaudía la represión sobre los participantes en la revolución de octubre; a propuesta de Aurelio López, primer teniente de alcalde por entonces, se aprobó contribuir con el resto de la consignación presupuestaria a la suscripción nacional abierta por el Gobierno para recompensar a las fuerzas armadas que habían intervenido en la represión del movimiento revolucionario. Así pues, para eso sí había dinero, en tanto que, por otra parte, la financiación de obras para combatir el paro resultaba insuficiente.

Otros asuntos objeto de interés de los radicales tenían que ver con la economía, tales como la manera de hacer frente a los efectos negativos de la filoxera en las viñas y la replantación de viñedos, o el tema recurrente del precio del pan, que según constataban algunos se vendía más caro aquí que en otros pueblos cercanos.

Una vez comenzada la Guerra Civil algunos miembros del PRR fueron represaliados y alguno de ellos asesinado, caso de Ángel Morales Sánchez-Alarcos, recordado en una pequeña lápida junto a la carretera que conduce a Alcázar de San Juan.




FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS

Políticos y partidos en tiempos turbulentos (IV)



Publicado por primera vez en febrero de 2014

El Partido Comunista Español (PCE) fue creado en abril de 1920 por un sector de las Juventudes Socialistas después de que en el año anterior se hubiera fundado en Moscú la Tercera Internacional o Internacional Comunista, a la que se adhirió. La anarquista CNT (Confederación Nacional del Trabajo) no se sumó a esa Internacional, al igual que hizo por mayoría el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), una minoría del cual se escindió en 1921 y fundó el Partido Comunista Obrero Español, que acabó unificándose con el PCE, que con la denominación de Partido Comunista de España celebró su primer Congreso en Madrid en marzo de 1922.

En el plano local, los datos sobre este partido que se puede encontrar en el Archivo Histórico Municipal de Campo de Criptana se sitúan ya en el periodo inmediatamente anterior a la Guerra Civil. La sección local era denominada Radio Comunista. Sus miembros coinciden en no pocos casos con los de la Comuna Uribe, lo que indica el influjo y el sello comunista en esta entidad surgida ya durante la guerra. Por otra parte, miembros suyos participaron en el Ayuntamiento en la época de la guerra hasta su salida en marzo de 1939.

Algunos de sus afiliados fueron:

Francisco Olmedo Sepúlveda, que ocupaba el cargo de secretario general del Partido y de la Comuna Uribe en febrero de 1938.  Probablemente es el mismo Francisco Olmedo que presidía en 1931 La Constancia, una asociación de gañanes integrante de la Casa del Pueblo. En enero de 1939 ejercía el cargo de alcalde, cargo que mantuvo hasta principios de marzo del mismo año.

Manuel Lucas, miembro del Comité Agrícola local desde el 20 de noviembre de 1936.

Julián Violero Torres, miembro de dicho Comité hasta la citada fecha, en que pasó a serlo del Comité Pro-Defensa de la República.

J. Olmedo, también relacionado con el Comité Agrícola y dirigente en 1931 de El Trabajo, asociación obrera de albañiles. 

José Mª Ortega Escribano, presidente del Radio Comunista entre el 15 de diciembre de 1936 y el 17 de febrero de 1937, y vocal de la Junta para la Reforma Agraria.

Jesús Lucas Madrid, nombrado el 18 de diciembre de 1936 para formar parte de la Comisión de Incautación y Agricultura.

José Vicente Manjavacas, vocal de la Junta de Reforma Agraria  y miembro de la Comuna Uribe.
Agosto de 1936: edificio de la
actual Casa Parroquial, sede del
Partido Comunista durante la guerra

 Fue ésta una de las organizaciones que en Campo de Criptana pusieron en práctica durante la guerra la colectivización de la propiedad agraria. Su nombre evocaba la figura de Vicente Uribe Galdeano, dirigente del PCE y ministro de Agricultura entre 1936 y 1939, en los gobiernos de Francisco Largo Caballero y de Juan Negrín.
Esta Comuna tuvo su centro administrativo en la calle Virgen de Criptana, en la casa, previamente incautada, de Juan Manuel Santos Montes. Uno de sus dirigentes fue Federico Lucas-Torres Flores. Antes de la guerra estaba afiliado a la Unión General de Trabajadores (UGT) y era miembro de Izquierda Republicana, el partido liderado  a nivel nacional por Manuel Azaña. Cuando la llamada “Revolución de octubre” de 1934, en la noche del 5 al 6 de ese mes se sumó al movimiento revolucionario, que en Campo de Criptana quedó sofocado esa misma noche. En 1936 se afilió al Partido Comunista; precisamente en mayo abrió un centro comunista en el que ocupó el cargo de secretario local. Tras el estallido de la guerra fue miliciano; en la noche del 17 al 18 de julio de 1936, para contrarrestar la sublevación militar ya iniciada entonces en Melilla, reunió a todos los afiliados al Partido Comunista y los movilizó para intentar impedir a nivel local el triunfo de la sublevación. Participó en la incautación de la Casa Parroquial, donde se instaló el partido bajo el nombre de Radio Comunista.
El Partido Comunista había ido adquiriendo cada vez un mayor protagonismo a lo largo de la guerra en el territorio fiel a la República, lo que cambió a raíz del golpe dirigido por el coronel Casado en Madrid a principios de marzo de 1939. La nueva situación se reflejó en el plano local; en Campo de Criptana el Ayuntamiento o Consejo Municipal se reunió en sesión extraordinaria el día 8 de dicho mes por orden del comandante militar José Peña Fernández, que presidió la misma. El único punto del orden del día de aquella sesión fue el “cese de los consejeros comunistas”, motivado, según instrucciones de los nuevos gobernantes del régimen republicano español, por el hecho de que el Partido Comunista se había colocado al margen de la ley y, por lo tanto, sus afiliados debían cesar en todos los cargos públicos que ocupaban. En el nuevo Consejo elegido compartieron la presidencia el socialista Juan Antonio Navarro y el cenetista Manuel Rey.  Por su pertenencia al PC fueron también cesados el sargento de la guardia municipal, Ricardo Pintado Malpesa, y los guardias Casto Muñoz Manzaneque y Manuel Lucas Flores. Lo peor para los comunistas vendría, sin embargo, tras el fin de la guerra, cuando bajo el régimen franquista fueron fusilados, entre muchos otros, Francisco Olmedo Sepúlveda y Julián Violero Torres.

FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS






Políticos y partidos en tiempos turbulentos (III)

Publicado por primera vez en diciembre de 2013


También denominado Partido Radical Socialista (PRS), en el plano nacional este 
partido nació en 1929 como una escisión del Partido Republicano Radical de 
Alejandro Lerroux. Algunos de sus líderes destacados fueron Marcelino Domingo
y Álvaro de Albornoz. Se trataba de un partido defensor de un tipo de Estado laico, 
de ideología anticlerical y claramente reformista. Su sector más progresista 
acabaría fusionándose en 1934 con Acción Republicana – partido dirigido por 
Manuel Azaña - y con la Organización Republicana Gallega Autónoma (ORGA)
para crear Izquierda Republicana, partido liderado por el propio Azaña que tendría 
un protagonismo notable en la coalición del Frente Popular, vencedora en las 
elecciones a Cortes de febrero de 1936.

Emblema del Partido Republicano Radical Socialista


En Campo de Criptana fueron miembros del PRS, entre otros, Juan Manuel Sánchez-Calcerrada, Antíoco Alarcos, Gumersindo Alberca, Pedro Vicente Gómez, José Serrano Batanero, Joaquín Gisbert, Diómedes Ortiz, Manuel Quirós, Leovigildo Romeral y Hermógenes Martín-Serrano. A principios de 1934 Leovigildo y Hermógenes figuraban como presidente y secretario, respectivamente, del Círculo Republicano Radial Socialista. Buena parte de los integrantes de este partido acabaron integrándose en la citada Izquierda Republicana a partir de 1934.

En la etapa final de la monarquía el partido se preparaba para hacerse presente en la vida municipal criptanense. Así, por primera vez se encuentra citado en la documentación del Ayuntamiento el 20 de marzo de 1931, cuando solicitaba celebrar dos días después una conferencia sobre política en el Teatro Cervantes. Ya en el periodo republicano, uno de sus líderes, Antíoco Alarcos, alcanzó la alcaldía el 7 de agosto de 1933 al ser en ese momento la persona que,  de quienes todavía formaban parte de la Corporación, más votos había obtenido en las elecciones municipales del 12 de abril de 1931. Algunas de las intervenciones de miembros de este partido en las sesiones municipales se exponen a continuación.


Antíoco Alarcos
Sobre los arrendamientos de tierras en diversas ocasiones hizo oír su voz Manuel Quirós. Según 
él, los arrendatarios se veían presionados por los terratenientes, por lo que, a propuesta suya, el Ayuntamiento acordó (agosto de 1931) distribuir por el pueblo hojas impresas sobre los decretos aprobados por el Gobierno republicano español, con el fin de recordar su contenido y alertar a la opinión pública sobre la necesidad de su cumplimiento; Quirós tenía claro que los patronos agrarios tergiversaban el contenido de la legislación para atraerse a los pequeños propietarios.


ü    Por otra parte, dudaba Quirós acerca de la fidelidad al régimen republicano por parte de la organización patronal, que, según él, conspiraba contra el mismo en sus reuniones, por lo que llegó a proponer que a éstas asistiera un delegado municipal, sugerencia a la que se adhirió abiertamente el socialista Gregorio Ortiz y que motivó el compromiso de la alcaldía en el sentido de obligar a los patronos a cumplir las leyes vigentes.

ü   Las condiciones de trabajo de la clase obrera también estaban presentes en este sector del espectro político. Así, en noviembre de 1931 Diómedes Ortiz pedía que un delegado de la organización proletaria El Trabajo fuera al corte del palillo, pues se abusaba de los obreros pesando el producto de forma inexacta, al tiempo que los dueños de la tierra rebajaban el precio del producto.  Por su parte, Hilario Velasco mostraba en 1934 su preocupación por los parados; señalaba que en el sector de la construcción, incumpliendo la normativa, había cuadrillas de algunos maestros albañiles que trabajaban un número excesivo de horas al día en tanto que había obreros parados y, por lo tanto, sin acceso a ningún tipo de ingreso.

Juan Manuel Sánchez-Calcerrada
 El paro era un problema, en efecto, que estaba en el punto de mira del PRS. En este
 sentido, por citar sólo unos ejemplos, en 1932 Diómedes Ortiz proponía que el trabajo
de extracción de palillo se prolongara, y el propio alcalde, Antíoco Alarcos, lo mismo 
se dirigía por escrito al Gobierno de España en solicitud de dinero para la realización 
de obras públicas, que manifestaba la necesidad de que la administración estatal 
abreviara los trámites que dificultaban o hacían ineficaz la aplicación de la ley de l
aboreo forzoso de las tierras para proporcionar jornales a los campesinos en paro.

ü     La conflictividad en el campo y el procedimiento para atajarla es otro asunto en el que el PRS como Izquierda Republicana disentían de otros partidos, como es el caso de sus discrepancias con los miembros del Partido Republicano Radical cuando en 1934 se planteó la posibilidad de que guardias civiles a caballo asumieran funciones de guardería rural, de lo que es reflejo esta cita literal de una intervención de Hilario Velasco : “… se trata de traer Guardia Civil, no sólo para que guarde, sino para que ejerza una autoridad suprema sobre los ciudadanos necesitados; que ante la actitud de los patronos de no dar trabajo, no es partidario de traer guardias para apalear a los desgraciados”.




FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS

Políticos y partidos en tiempos turbulentos (II)



Publicado por primera vez en noviembre de 2013

La presencia de miembros del PSOE en la vida municipal de Campo de Criptana durante la Segunda República entre 1931 y 1936 fue notable, hecho derivado de los resultados electorales de abril de 1931. Los temas de sus intervenciones en los plenos del consistorio reflejaban, como es lógico, su ideología y sus planteamientos políticos. Un somero repaso a algunas muestras de los mismos así lo acreditan.

Los salarios percibidos por la clase obrera les parecían insuficientes y se esforzaron por favorecer su aumento, de lo que alguna vez presumían; así el 14 de agosto de 1931 manifestaban que, gracias a la intervención de la Sociedad Obrera La Esperanza y de la alcaldía, aquí se había pagado la siega más cara que en los pueblos de alrededor. En ocasiones se hacían eco en sede municipal de las quejas de algunos sectores laborales, como en diciembre del mismo año, cuando plantearon las que estimaban justas reivindicaciones de los obreros del palillo.

Paralelamente les preocupaban los precios al alza, ya fuesen los de los alquileres de viviendas, que consideraban abusivos en Campo de Criptana, o los de los artículos de primera necesidad, especialmente el del pan. Respecto a este último en noviembre de 1931 Manuel Vela acusaba a los fabricantes de harina de presionar para elevar los precios no vendiendo harina y alegando que faltaba trigo porque no querían vender los agricultores, por lo que pedía al Ayuntamiento que obligara a los cosecheros a vender el trigo almacenado para acabar con el problema creado por algunos acaparadores. Más tarde, en julio de 1932 la Agrupación Socialista Local pedía que el Ayuntamiento se interesase por la regulación del precio del pan, en conformidad con el que tenía el trigo; la Corporación acordó por unanimidad pedir a instancias superiores que se estableciese la tasa del precio de la harina y del pan.
Gregorio Ortiz Arteaga,
alcalde entre 1932 y 1933

Eran otro asunto recurrente las condiciones de trabajo del obrero, tales como la preocupación por el acatamiento de lo dispuesto sobre la jornada laboral de ocho horas y del descanso dominical, o la discusión sobre los convenios o bases de trabajo, normativas y acuerdos no pocas veces incumplidos    – aseguraban - por los patronos.

Entre sus planteamientos figuraba la modificación de la fiscalidad vigente por entonces, que en su opinión gravaba más las rentas del trabajo que las del capital, por lo que denunciaban la gran ocultación de riqueza, sobre todo rústica, existente por entonces, y luchaban por conseguir la presencia de representantes de las sociedades obreras en las Comisiones de Evaluación del Repartimiento General para contrarrestar la influencia de los grandes propietarios.

Sin duda, fue el del paro, en aumento por aquellos años, el problema que constantemente ocupaba la actuación de aquellos políticos que representaban los intereses más acuciantes de buena parte de la población. A veces, señalaban a los que entendían culpables del problema, como cuando  acusaban  a los patronos de no dar trabajo para presionar al régimen republicano. Para combatir el paro, las soluciones que se ponían sobre la mesa eran muy variadas a pesar de que parte de ellas no se ponían en práctica por falta de recursos o por obstáculos insalvables de todo tipo. He aquí algunas:

Ø  La entrega en arriendo de los terrenos comunales a las sociedades obreras mediante el pago de una renta. Incluso se pensó en designar a una persona competente para examinar el Archivo Municipal y ver en detalle los terrenos comunales del pueblo para rescatarlos por parte del Ayuntamiento, lo que parece que no se pudo conseguir, pues se pensó en consultar la documentación del archivo de El Escorial para obtener tal información.

Ø  Dedicación del 10% de los ingresos por contribución territorial a emplear obreros en obras públicas, como se hacía en Andalucía.

Ø  Creación de una Oficina de Colocación Obrera, que debería dar trabajo por riguroso turno. Efectivamente, fue creada, si bien su funcionamiento fue una fuente de conflictos planteados entre las fuerzas políticas de izquierda y de derecha a lo largo del periodo republicano.

Ø  Realización de obras públicas, tales como la canalización del río Záncara para aprovechar los terrenos inmediatos, terminación del Camino de Nieva, construcción de nuevos grupos escolares, casas para maestros, un parque y una plaza de abastos, además de la reparación de vías urbanas. Algunas de esas obras eran ciertamente de competencia municipal, pero el problema estaba en la escasez de recursos económicos municipales, pues en 1933 se afirmaba que el Ayuntamiento sólo podía ocupar a unos 50 obreros diarios.

Ø  El recurso al crédito era otro remedio en el que se pensaba para que la iniciativa privada y pública en el plano local pudiera crear empleo. En un momento determinado la minoría socialista integrante del ayuntamiento pidió la creación de un Instituto de Crédito, a lo que se le respondió que para eso estaba el Pósito, que realmente no tenía dinero sobrante en la cantidad necesaria pues en esa época su capital se movilizaba como nunca antes se había hecho dando prestado a todos los que ofreciesen garantías.

Ø  En semejante sentido en 1933 dicha minoría Socialista (Manuel Vela, Vicente Violero, Antonio Sepúlveda, José Antonio y Santiago Olmedo, y Emilio Sepúlveda) para terminar con “el pavoroso problema del paro que somete a este pueblo trabajador a la más espantosa miseria” y para que “nuestra riqueza vitivinícola no se vea tirada por el suelo”, proponía crear un patronato (formado por algunos concejales, un obrero, un arrendatario y un propietario, todos presididos por el Alcalde), al que el Ayuntamiento habría de abrir un crédito con el Banco de España con la garantía del propio Concejo; el préstamo sería por un tiempo de 15-20 años, y de momento se sacaría 100.000 pesetas para facilitárselas a arrendatarios y colonos por un plazo máximo de diez años. El fin era replantar con vid americana; se beneficiarían los arrendatarios que acreditaran tener viñas en arrendamiento o en propiedad en 6 fanegas como máximo, que podría ampliarse hasta los que tuvieran 8 fanegas. También se harían préstamos a las sociedades legalmente constituidas.

Según se observa, en el Ayuntamiento de aquella época no todo era guirigay ni estéril lucha política, tal como a veces se afirma. Los políticos municipales, y no sólo los del signo ideológico que nos ocupa, se esforzaban y trabajaban por su pueblo. Y no cobraban por ello.





FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS

Políticos y partidos en tiempos turbulentos (I)

Publicado por primera vez en octubre de 2013

El periodo de la Restauración borbónica, iniciado en 1875 tras la llegada a España de Alfonso XII después del pronunciamiento del general Martínez Campos, supone en el pueblo la existencia más o menos organizada de los dos grandes bloques de poder, conservadores y liberales, con sus notables y caciques y con sus tejemanejes municipales, como la desaparición de algún libro de actas de sesiones municipales en relación con la venta de un inmueble municipal en la calle Santa Ana, concretamente el que ahora aloja a la Casa de Cultura.

La Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930) conllevó la supresión de los partidos políticos. Sólo a partir de cierto momento comienza a organizarse el partido único permitido y patrocinado por Primo, la Unión Patriótica. La transición desde la Dictadura hacia la Segunda República hizo que la actividad política, en un contexto marcado por el progresivo avance hacia las libertades, empezara a ponerse en marcha, sobre todo ya en 1931 por lo que hace a nuestro pueblo.

El giro político habido en el plano nacional tras las elecciones de febrero de 1936, con el consiguiente triunfo del llamado Frente Popular, hizo que el 21 de ese mes fuera repuesto por orden gubernativa el Ayuntamiento, de mayoría de grupos de izquierda, que había sido suspendido en 1934 también gubernativamente.

En ésta y próximas entregas me referiré a diversas formaciones políticas que en los años treinta del siglo XX tuvieron protagonismo en Campo de Criptana.

El Partido Socialista Obrero Español fue uno de los partidos que tuvieron mayor presencia en la vida municipal en aquella década. Estaba vinculado a todas las organizaciones sindicales de UGT (Unión General de Trabajadores) y, como éstas, tuvo su sede en la Casa del Pueblo, instalada en diversos domicilios a lo largo de los años.

El 6 de marzo de 1931 la Sociedad Obrera La Esperanza – núcleo central de la UGT - comunicaba al Ayuntamiento que se iba a celebrar una reunión para organizar una agrupación socialista. Tal Agrupación Socialista figuraba como integrante de la Casa del Pueblo el 15 de julio de ese año pidiendo inversiones municipales para realizar obras y así combatir el paro. Con ese mismo nombre participaría más tarde en la Comisión Gestora de la Décima (un recargo sobre la contribución territorial establecido a nivel estatal destinado también a inversiones para proporcionar empleo).

Uno de sus miembros, Emilio Sepúlveda Muela, fue el primer alcalde criptanense del periodo republicano tras las elecciones municipales del 12 de abril de 1931. Algunos de los integrantes del partido fueron:

Manuel Vela López
Manuel Vela López, presidente de la Casa del Pueblo en octubre de 1931 y alcalde durante varios periodos entre 1933 y 1934.

Manuel Martín Casero, jefe de la minoría socialista en el Ayuntamiento a 19 de abril de 1936. Era secretario de La Esperanza en septiembre de 1931.

Francisco Bonardell: miembro del Comité Local de Refugiados durante la guerra civil.

Primitivo Pueblas Muñoz: concejal entre 1936 y 1939.

Jesús Almendros, presidente del PSOE en febrero de 1938. Había sido secretario de La Esperanza y de la Casa del Pueblo en octubre de 1931.

J. Carriazo: representante del PSOE en la Junta Calificadora de Reforma Agraria en 1938.

Matías Olivares Rubio
Ignacio Carriazo Muñoz: vocal de la citada Junta también en 1938.

Matías Olivares Rubio, alcalde de diciembre de 1936 a junio de 1937.

Vicente Manzaneque Alberca, miembro desde el 14 de julio de 1938 de la Comisión Calificadora de Reforma Agraria como representante de la Agrupación Socialista; asimismo, en ese año era presidente de la Filial de Trabajadores de la Tierra.

Sobre la actividad de este partido, así como sobre otros de esos años, trataré en siguientes capítulos.




FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS




viernes, 25 de julio de 2014

La calle General Pizarro

Publicado por primera vez en julio de 2012
En Campo de Criptana la denominación de sus calles denota en ocasiones la falta de imaginación a la hora de “bautizarlas”. Me refiero en concreto a la cantidad de vías urbanas que conocemos como “Travesía de …”, que no son pocas, con casos tan llamativos como la de Don Melitino López, con hasta tres travesías con el mismo nombre citado. Cierto es que alguna vez se ha corregido lo que yo entiendo como error en la nomenclatura: así, la Travesía de calle Convento en la actualidad está rotulada como calle Carmelitas Descalzos.
No es lo antes expuesto lo único que me hace reflexionar sobre nuestras calles, pues considero muy interesante el asunto de los motivos para ponerles nombres, que pueden ser muy variados: orientación de la misma, geográficos o astronómicos, históricos, instituciones o edificios que hay o ha habido en ellas, personajes, religión, etc., etc. En parte, los nombres tienen que ver con los gustos políticos de quienes tienen el poder en uno u otro  momento, lo que suele acarrear no pocos problemas, entre otras razones porque, frecuentemente, los gobernantes aquí y allá han sustituido unos nombres por otros en razón de sus preferencias – lo que ya de por sí puede ser objeto de discusión - en lugar de dedicarse a ubicar sus nombres predilectos en calles nuevas que van surgiendo con la expansión demográfica y urbanística de cada municipio.
Me fijaré hoy en concreto en una calle bien céntrica, la dedicada al General Pizarro. Hace tiempo su nombre era – otra vez la palabreja – ¡Travesía! de las Tiendas, dado que el primer tramo de la actual calle Murcia se denominaba calle de las Tiendas. En 1890 pasó a llamarse calle Luna, para acabar más adelante siendo la calle Castelar, nombre eliminado tras la Guerra Civil (1936-1939) para ponerle ese con el que hoy la conocemos. Mas, ¿quién fue el General Pizarro?
Manuel Pizarro Cenjor (Murcia, 1889 - Teruel, 1954) fue un militar español que alcanzó el grado de general de División y ocupó el cargo de Subdirector de la Guardia Civil y otros puestos de responsabilidad durante la dictadura franquista. El general Manuel Pizarro Cenjor fue un estrecho colaborador del general Franco y solía manifestar que no tenía problemas para llamar al dictador familiarmente “Paco” (ver www.losgenoveses.net). Tras la Guerra Civil fue designado para dirigir la represión de la guerrilla antifranquista en las provincias de Granada, León y Teruel. A esta última fue trasladado el 28 de julio de 1947 por órdenes de Franco como gobernador civil  y jefe del Movimiento en la provincia (puestos de los que fue titular hasta 1954), y también llegó a ser jefe de la Vª Región de la Guardia Civil.


Una calle de Teruel, la calle General Pizarro, llevó este nombre en su memoria desde los años cincuenta. Con motivo de la aprobación de la Ley de Memoria Histórica se cambió en 2009 su nombre por el de calle Portal de Valencia, en realidad una devolución del nombre pues era el que había tenido desde la época medieval.

Hablando de los nombres de nuestras calles, siempre he manifestado mi opinión al respecto señalando que soy partidario de que conserven sus nombres antiguos, nombres que suelen ser esclarecedores acerca de nuestra propia historia, de lo que podríamos poner muchos ejemplos; así, la actual calle de la Soledad en otros tiempos fue la calle del Hospital, por el hecho de que donde ahora está el Teatro Cervantes estuvo situado el Hospital de San Bartolomé, y también hubo alguna época en que se llamó calle de la Torre, debido a que exactamente frente a ella se levantaba la torre de la antigua iglesia parroquial, a diferencia de lo que hoy ocurre.

Igualmente opino que ninguna persona -  por muchos méritos profesionales o de otra índole que acapare - que en su trayectoria político-social haya participado más o menos directamente en la configuración o asentamiento de un sistema dictatorial es merecedora de tener dedicada una calle, ya sea en Campo de Criptana o en cualquier otro núcleo urbano. Así pues, entiendo que a la calle General Pizarro de nuestro pueblo debería devolvérsele su nombre original. Ahora bien, teniendo en cuenta lo que he indicado acerca de las llamadas “travesías”, aquel nombre de Travesía de las Tiendas no es apropiado, después de todo hay muchas posibilidades entre las que elegir. Por cierto, ¿qué le parece al lector para dicha calle el nombre de Azorín, aquel escritor que en 1905, con ocasión de la celebración del Tercer Centenario de la publicación de la primera parte de El Quijote contribuyó a difundir por todo nuestro país a través de la prensa el nombre y las singulares esencias de Campo de Criptana y de sus gentes?



FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS

jueves, 24 de julio de 2014

Festejos republicanos

Publicado por primera vez en agosto de 2013

No es raro encontrar publicaciones de contenido referente a los años de la Segunda República española en las que se incide especialmente en la inestabilidad política y social como nota dominante en aquel periodo de la historia de nuestro país. A escala de la historiografía local el panorama se repite. Parecería que en aquella etapa de nuestro pasado nada hubiera existido sino conflictos y enfrentamientos que, a la postre, habrían dado al traste con aquel régimen y no habrían hecho sino anticipar el terrible tiempo de la guerra civil iniciada en julio de 1936; sin embargo, y a pesar de que problemas muy graves acaecieron, gobernase la izquierda o gobernase la derecha, los muy variados aspectos que componen una sociedad seguían su evolución.

Si nos circunscribimos a Campo de Criptana, tampoco es extraño leer que - por citar sólo un ejemplo de la actividad local – el Ayuntamiento de entonces en su funcionamiento era un continuo guirigay, “una merienda de negros” (con perdón) o un “charco de ranas”. Si admitiéramos esas expresiones - con su significado por todos conocido - como reflejo de la realidad de la vida municipal, estaríamos tomando la parte por el todo y, por lo tanto, cometiendo una gran injusticia: el árbol no nos dejaría ver el bosque, según frase muy al uso.

En Campo de Criptana, como a lo largo y ancho del territorio español entre 1931 y 1936, la conflictividad social y política aumentó con el paso del tiempo, pero examinando con detenimiento la acción de gobierno de las sucesivas corporaciones que ejercieron el poder desde abril de 1931, no es difícil comprobar que, independientemente del signo político de unas y otras, las tareas desarrolladas por los gobiernos municipales fueron muy diversas y complejas, es decir, que no siempre estaban unos y otros “tirándose los trastos a la cabeza”, valga la expresión, sino que unos y otros trataban de hacer frente a los problemas habituales de la mejor manera posible. Una de las preocupaciones que más ocupó el tiempo de aquellos munícipes antepasados nuestros fue el paro, en aumento por aquellos años y que procuraban combatir en gran manera llevando a cabo obras en el pueblo para proporcionar trabajo. Espero que en un futuro inmediato pueda ver la luz un estudio que llevo a cabo sobre el periodo de la Segunda República y la Guerra civil en Campo de Criptana, en el que daré cuenta de los diversos aspectos de esa historia relativamente reciente, incluido el que antes apuntaba.


Entre los muy variados elementos integrantes de la actividad de la corporación municipal criptanense en aquel tiempo estaba la organización de festejos, no sólo la feria anual, sino también aquellos que tenían que ver con la conmemoración del régimen político, proclamado el 14 de abril de 1931 en sustitución de la monarquía que desde 1902 hasta dicho año había personificado Alfonso XIII. En tales festejos, referidos a 1934, se centran las líneas que siguen.

Pueden ser calificados los actos entonces planificados de muy modestos, pues no estaban las cosas para efectuar grandes dispendios. En una simple página impresa, realizada en la imprenta de Jerónimo Muñoz, se contiene el programa de los mismos. En el preámbulo, iniciado con una invocación a los ciudadanos, se señalaba que la Comisión encargada de elaborarlo interpretaba el sentir popular que en 1931 esperaba la llegada del régimen republicano, y que, pese al modesto presupuesto de que se disponía, se habían preparado unos actos que habían de desarrollarse en tres días.  Al frente de la Comisión estaban los concejales Leovigildo Romeral e Hilario Velasco, pertenecientes al Partido Republicano Radical-Socialista, integrante de la coalición republicano-socialista que gobernaba el municipio por entonces.

Comenzaría la conmemoración de la proclamación de la Segunda República el 13 de abril a las 8 de la noche con la iluminación de las calles más céntricas al tiempo que se izaría la bandera republicana en la Casa Consistorial, todo acompañado por la Banda de Música. Esa primera jornada finalizaría con una “formidable traca”.

El día 14, tercer aniversario de la proclamación del nuevo régimen, y “como estímulo a la enseñanza”, sería la “Fiesta Escolar”. Empezaría con una manifestación popular a la que asistirían las organizaciones sociales y políticas republicanas y la Banda de Música; partiría de la Plaza de la Constitución (*) a las 9 de la mañana y seguiría por las calles Alejandro Lerroux, Cervantes y Plaza del General Espartero, punto en el que se incorporarían los niños de las escuelas, para continuar por las llamadas Democracia, Mártires de Jaca, Fermín Galán, Plaza de García Hernández y Travesía Virgen de Criptana, donde se incorporarían las niñas de las escuelas, para seguir hasta la Plaza de la Constitución. Seguidamente, los niños y niñas ocuparían el Teatro Cervantes para escuchar una emisión radiofónica transmitida desde Madrid por el Gobierno republicano.

Para las 4 de la tarde se programó una carrera ciclista en la entonces denominada Carretera de la Estación, que contaría con la presencia de la Banda de Música, que, una vez concluida aquélla y “tocando escogidas piezas”, desfilaría hasta la Plaza de la Constitución, donde interpretaría “importantes obras” en el “kiosko”. Al acabar el concierto habría una “quema de las atronadoras tracas valencianas”. En el Teatro Cervantes por la noche habría una función de teatro gratuita para las familias pobres. Se pondría en escena el drama en tres actos titulado APÓSTOLES y el juguete cómico en un acto EL TENIENTE CURA; el autor de la primera obra, estrenada en marzo de 1932 en el Teatro Cervantes de Madrid, era Alberto Ballesteros, y la segunda, publicada en 1891, era de Constantino Gil y Julián Romea.

El día 15 a partir de las 10 de la mañana, también en el “kiosko de la Plaza”, la Banda daría un segundo concierto, y por la tarde en el mismo sitio se disfrutaría de una velada musical. Como final de la fiesta, continúa el programa, habría fuegos artificiales y se quemará una traca valenciana inmensamente atronadora”. Por último, se anunciaba que los días 14 y 15 “se darán donativos a los obreros más necesitados”.

El gasto de aquellos festejos, o de casi todos ellos, puede saberse a través de las facturas cuyo pago fue aprobándose en sucesivas sesiones de Ayuntamiento. Intervinieron las dos Bandas de Música que había en el pueblo, la Santa Cecilia, dirigida por Fabriciano López-Pintor, y la Sociedad Filarmónica Beethoven, cuyo director era Manuel Angulo. Cada una recibió 300 pesetas, a razón de 100 pesetas por cada una de sus intervenciones.

A Juan García Sánchez, arrendatario del Teatro Cervantes, hubo que pagarle por la utilización del local 247 pesetas. Al representante de la Sociedad de Autores, Fermin Gil Lassantas, 71,25 pesetas en razón de los derechos por las obras representadas en la función teatral. El Grupo Artístico Local recibió 125 pesetas para hacer frente a los gastos que acarreó dicha función.

Los premios entregados en la carrera ciclista costaron 30 pesetas, que se repartieron los ganadores: Lorenzo Alberca, Luis Bustamante y Juan Ángel Rodríguez. Por otra parte, Pedro Olmo, que portó la bandera republicana el 14 de abril, recibió 4 pesetas, y varios obreros del Ayuntamiento, por sus jornales en la realización de varias obras municipales extraordinarias hechas con motivo de la conmemoración republicana, recibieron 855 pesetas.

(*) La denominación actual de las calles citadas es Plaza Mayor (Plaza de la Constitución), Cardenal Monescillo (Alejandro Lerroux), Cervantes, Plaza del Pozo Hondo (Plaza del General Espartero), Convento (Democracia), Paloma (Mártires de Jaca), Reina Cristina (Fermín Galán), Plaza de los Infantas (Plaza de García Hernández), Agustín de la Fuente (Carretera de la Estación).


FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS




Molinos, Quijote ... Fomento del turismo

Publicado por primera vez en agosto de 2012

A quienes rigen los destinos en las poblaciones que cuentan con molinos de viento procedentes de siglos pasados se les puede ocurrir que un acto cultural apropiado y realizable es la representación de algo conocido universalmente como es la aventura de Don Quijote en su lucha con los molinos de viento. Sin embargo, si hay una localidad que    – sin entrar ahora en razones justificativas – está legitimada por la opinión generalizada de los cervantistas para llevar a cabo dicha representación, ésa es Campo de Criptana.
En los años recientes en dos ocasiones, la última en el mes de julio de 2011, he presentado a la Corporación municipal criptanense un proyecto para poner en escena aquel enfrentamiento del bueno de Don Quijote con los que él consideraba gigantes de largos brazos. El proyecto consiste en un breve guión de escasas cinco páginas que sólo precisa de tres personajes, es decir, los consabidos Quijote y Sancho más un narrador, en realidad su voz en “off” pues no aparecería ante el público, y todo ello acompañado de un sencillo montaje musical sin músicos en directo, que serviría de fondo. El texto es muy fiel a la obra original tanto en la letra como en el espíritu, hasta el punto de que lo presento bajo la autoría de Miguel de Cervantes pues mi papel es el de modesto adaptador.
La Sierra de los Molinos en 1895
En suma, se trataría de un acto de corta duración, unos veinte minutos o poco más que servirían para introducir al espectador en la obra cervantina con el marco, que me niego a calificar porque se califica solo, de los molinos de viento criptanenses. La idea es que al menos una vez al año se representara, convenientemente publicitado, eso sí, porque uno de los fines fundamentales es atraer, además de los criptanenses, a gentes de aquí y de allá, turistas en definitiva, para los que habría que preparar otra serie de actos – rutas por el pueblo, etc.- que llenaran su estancia en nuestro pueblo a lo largo de un fin de semana, salvando así ese gran problema del turismo en Campo de Criptana, reducido a ser, hoy por hoy, casi del todo, de puro paso.

Representación de la batalla de Consuegra
Con ello no se estaría inventado nada, porque a estas alturas casi todo está inventado. Hay lugares que han sido escenario de acontecimientos singulares que “explotan” su recuerdo. Por poner algunos ejemplos, en Consuegra se representa anualmente la importante batalla medieval entre cristianos y musulmanes, y buen provecho que le sacan. Pues bien, si la batalla de Consuegra sólo puede recrearse propiamente allí, en Consuegra, y si la escenificación de la batalla de Almansa de principios del siglo XVIII en el marco de la Guerra de Sucesión a la Corona española sólo se puede contemplar (perdóneseme la insistencia en la perogrullada) en Almansa, la aventura de Don Quijote y los molinos tiene su escenario único, que no es otro que la Sierra de los Molinos de Campo de Criptana.

Representación de la batalla de Almansa
Siendo esto así, sólo cabe decir ¡adelante, manos a la obra! Lo cierto es que a los miembros de la Corporación a los que presenté el proyecto les pareció estupendo, por lo que sólo resta hacer votos para que los obstáculos que parecen oponerse a su puesta en práctica desaparezcan, pues – no sólo es una intuición por mi parte – son obstáculos que tienen poco que ver con lo razonable.

Dicho todo lo cual, parecería que una cosa que tiene que ver con la ficción literaria tal vez no debería tener cabida en un blog de historia. Tiene cabida, claro que sí, porque por medio está algo tan real y tan tangible como son los molinos de viento, parte nada desdeñable de nuestra historia local, un fragmento de la cual se nos ha conservado a través del tiempo (Burleta, Infanto, Sardinero, etc., etc.), fragmento que debería ser el punto de partida para un conocimiento más exhaustivo de lo que fue la actividad industrial y de la historia general de Campo de Criptana, razón o motivo que está pidiendo a gritos que en nuestro pueblo exista, cuanto antes mejor, un Centro de Interpretación del Molino de Viento, necesario como necesaria es la representación teatral reivindicada en este escrito, porque en estos aspectos nuestro pueblo, dicho sea sin patrioterismo local barato, es especialmente singular.


FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS

miércoles, 23 de julio de 2014

Acerca de nuestro Pósito


 
Pósito restaurado
Publicado por primera vez en junio de 2012


No hay duda de que el edificio del viejo Pósito es uno de los monumentos de carácter civil más interesante y atractivo de Campo de Criptana. Aparte de ser objeto de visita por gentes de muy diversa procedencia, es escenario habitual de actividades institucionales, artísticas, sociales y culturales en general.
Situado en el centro del casco antiguo de nuestra villa, su aspecto externo presta a la localidad esa vitola de antigüedad tan apreciada en estos tiempos en que los nuevos gustos constructivos han acabado por reducir casi a la nada el tradicional tipismo urbanístico. Ese aspecto es el único conocido por muchos criptanenses, los más jóvenes, que pueden pensar que lo que ven siempre ha sido la imagen paisajística de esa parte del pueblo.
Antes de la restauración
Sin embargo, quienes tenemos más edad sabemos de la degradación paulatina sufrida en otras épocas por tan emblemático caserón. Después de su pasado y largo esplendor y tras haber servido – por hablar sólo de parte de la segunda mitad del siglo XX - parcialmente de vivienda y de establecimiento comercial entre otros usos que tuvo, le llegó la hora del abandono. En los primeros años de la década de los 80 del pasado siglo, las hierbas se iban enseñoreando de sus muros, cada vez más llenos de pintadas y carteles publicitarios y destino de todo tipo de desperdicios. El panorama que contemplaba cualquiera que pasaba por esa zona, tan céntrica, era vergonzoso y deprimente.
Esta experiencia aludida es la que nos hace apreciar en su justa medida la magnífica restauración de que fue objeto hace ya casi dos décadas, cuya consecución se produjo tras un proceso temporal no exento de dificultades. A lo largo de 1985 promoví una campaña de recogida de firmas que en agosto fueron remitidas al  Ayuntamiento acompañadas de un escrito en el que se le instaba a tomar las medidas que estuviesen legalmente a su alcance para que el edificio se restaurase y fuese dedicado permanentemente a fines culturales. Por entonces el sistema político democrático actual llevaba pocos años de rodaje y tal vez por ello a algún miembro de la Corporación municipal le extrañó ese recurso a las firmas peticionarias como forma de participación ciudadana.
Antes de la restauración
Al mismo tiempo procuré que la opinión pública se hiciera eco de la problemática del Pósito. En este sentido el diario ciudadrealeño LANZA me publicó  en septiembre de dicho año un escrito en el que reivindicaba la intervención de las instituciones públicas para conseguir algo que cada vez más criptanenses apoyaban. Pasaba el tiempo y aunque en el mismo 1985 la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha inició el expediente para declarar el inmueble del Pósito como Bien de Interés Cultural, un obstáculo para que el dinero público se invirtiese en su restauración era su condición de propiedad privada.

Por mi parte yo insistía en mi idea con mis escritos publicados en los años siguientes no sólo en LANZA sino también en el semanario alcazareño ya desaparecido CANFALI. Por su parte, la familia propietaria del edificio tenía su propio proyecto de futuro para el mismo y eso de dedicarlo a fines culturales no figuraba entre sus objetivos, tal como me hizo saber personalmente en mi propio domicilio uno de sus miembros el mismo día (17 de agosto de 1990) en que uno de mis escritos apareció en CANFALI.
Por fin los propietarios accedieron a los deseos de la Corporación y por un  precio simbólico (cinco millones de pesetas), en escritura firmada a 13 de diciembre de 1991, el Ayuntamiento se convirtió en propietario, situación que permitió la llegada de fondos públicos, incluidos los provenientes de la Unión Europea, para la restauración, de la que se encargó una Escuela-Taller, cuyos miembros realizaron una estupenda obra, con el arquitecto Jesús Perucho Lizcano y el director de aquélla José Antonio Sancho Calatrava al frente. Después de dos años y medio desde su inicio, en mayo de 1996 finalizaron los trabajos, cuya trascendencia ahora disfrutamos.
Después de todo lo que va expuesto el lector se hará cargo de la satisfacción que siento al ver al día de hoy al Pósito restaurado y convertido en lo que siempre defendí y en lo que siempre soñé, un centro de actividades culturales, una meta conseguida con el apoyo y la colaboración de muchas personas, de las que una muestra es Andrés Escribano, que intervino en la recogida de firmas, y meta conseguida asimismo gracias a las decisiones de personas e instituciones que tenían, lógicamente, poder para decidir: propietarios, políticos y técnicos.

Antes de la restauración
Hay otra circunstancia que, con la perspectiva del discurrir del tiempo, ha contribuido a engrosar mi satisfacción y que paso a relatar. Hay que remontarse al 17 de agosto de 1983. Ese día la Corporación municipal aprobó, por mayoría, sustituir el nombre de Plaza del Pósito por la denominación de Plaza de Juan Carlos I. A través de la prensa y también en escrito dirigido al propio Ayuntamiento, califiqué esa decisión de lamentable error. Justifiqué mi opinión señalando que con la desaparición del nombre de esa plaza y dejando caerse el edificio del Pósito si no se rehabilitaba, las futuras generaciones ignorarían qué había sido esa institución e incluso no sabrían de su existencia; es decir, apelé al hecho de que parte de nuestra memoria histórica local quedaría así amputada. Por otra parte, dedicar una calle a nuestro rey podría hacerse utilizando otra vía urbana para ese fin. De momento no tuve éxito en mi petición de que aquella decisión corporativa fuese rectificada; incluso alguno de nuestros regidores en esos días hizo gala de obstruccionismo con tal de impedir que mi súplica fuera debatida en el Pleno. Afortunadamente, unos años después, con un Ayuntamiento de diferente composición política, la cordura se impuso y la rotulación de Plaza del Pósito volvió a su lugar.
Pero no todo son alegrías. Me explico. Un edificio como el que nos ocupa goza de protección, que también debe ser protección visual, que se ve alterada por dos circunstancias. Una es la instalación de contenedores soterrados en una de sus aceras, la de la fachada occidental. Otra es el no haber puesto obstáculos (bolardos) en dicha acera y en la meridional, por lo que con frecuencia hay automóviles estacionados sobre el acerado, junto a muros tan respetables. En fin, la felicidad no puede ser completa.


FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS