martes, 19 de agosto de 2014

GUERRA CIVIL Y REPRESIÓN DE LA DOCENCIA. DOMINGO MIRAS. (I)

En el contexto de la España del inicio de los años treinta del siglo XX, caracterizada por el atraso cultural de buena parte de su población, los dirigentes de la Segunda República (1931-1936) entendían que el maestro de escuela debería ser uno de los elementos más activos e influyentes de transformación modernizadora de la sociedad, la materialización de la escuela laica y democrática a que aspiraba aquel régimen político. Se dice por muchos historiadores que el colectivo más reprimido por el franquismo fue el de los maestros, aquellos maestros republicanos que, según algunos, constituyeron una de las mejores generaciones de docentes españoles. El Nuevo Estado franquista, pese a este calificativo, quería conservar el viejo orden y ese tipo de docente le estorbaba.


En efecto, la represión de las ideas contrarias al régimen fue sistemática bajo la dictadura franquista y abarcó todos los ámbitos, uno de los cuales fue el educativo, especialmente sobre los profesionales de la enseñanza primaria. El maestro siempre se ha considerado una persona respetable, influyente, un ejemplo a seguir por parte de la población por sus ideas y su actitud ante la vida. El poder constituido en toda España al finalizar la guerra civil en abril de 1939, y desde 1936 en las zonas sublevadas, pretendía controlar la ideología de la población desde la base, por lo que la figura del maestro era determinante a la hora de conformar la mentalidad de la “nueva España”; se trataba, en definitiva, de contar con profesorado fiel a la ideología del régimen.

En el prólogo a una obra colectiva publicada en 2003 (*) Josep Fontana asevera que “la guerra civil española no concluyó el primero de abril de 1939. Argumenta esa idea indicando que el objetivo final del movimiento militar liderado por Franco era eliminar del cuerpo social de España a todos aquellos elementos que promovían reformas progresistas y democratizadoras en el ámbito del régimen de la Segunda República, objetivo que “con una amplia participación de los sectores reaccionarios de la propia sociedad española, implicaba algo así como convertir la guerra civil en sistema político permanente”.


Sigue Fontana en su prólogo: “También para las ideas hubo un  sistema carcelario. La voluntad de depuración ideológica puede ayudarnos a entender la ferocidad con que la represión cayó, desde el primer momento, sobre los protagonistas de una de las mejores realizaciones de la República: los maestros que habían dado un nuevo impulso a la enseñanza pública, que figuran entre los primeros en sufrir castigo. Al castigo habían de seguirle, además una depuración sistemática y el establecimiento de métodos de control permanentes (…) La depuración afectó a una cuarta parte del total del magisterio público, pero estuvo acompañada de medidas tales como la clausura de 54 institutos de enseñanza media, y de un cambio radical en la forma de entender la función misma de la escuela, que queda reflejado en el discurso que José María Pemán pronunció a comienzos de mayo de 1937 en presencia del “caudillo” Franco, en que defendía una enseñanza simplista y adoctrinadora, de imposición de los valores “de arriba abajo, misionalmente”, ejemplificada en esta afirmación: “El catecismo, o el refranero, que hablan por afirmaciones, son más creídos que los profesores de Filosofía, que hablan por argumentos” ”. La cita es larga, pero merecía la pena.


(*) C. MOLINERO, M. SALA Y J. SOBREQUÉS, editores: Una inmensa prisión. Los campos de concentración y las prisiones durante la guerra civil y el franquismo. Ed. Crítica, Barcelona, 2003, págs. XI-XVI.

FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS

sábado, 9 de agosto de 2014

¿Debe haber temas de nuestra historia local intocables?

Publicado por primera vez en julio de 2012

El pasado mes de mayo se presentó en El Pósito mi libro Campo de Criptana, una villa “serrana” en la llanura manchega. En ese acto participó Francisco Alía Miranda,  profesor titular del Departamento de Historia de la Universidad de Castilla-La Mancha y presidente del Instituto de Estudios Manchegos, en cuya intervención se detuvo especialmente en la parte del libro concerniente a la historia contemporánea, época en la que él es un destacado especialista. Entre otros aspectos del libro que dicho profesor consideraba positivos mencionaba el hecho de la inclusión de referencias a la Guerra Civil (1936-1939) en nuestro pueblo, valoración que argumentaba señalando que todos los temas, por escabrosos o conflictivos que puedan parecer a los ciudadanos, deben ser objeto de estudio por parte del historiador, que debe tratarlos lógicamente con objetividad y sin ningún tipo de prevención o miedo. No puedo estar más de acuerdo con el profesor Alía.
“No podemos eliminar ni la más mínima parte de nuestra memoria histórica. Hay que afrontar nuestro propio pasado para aprender de él, considerando a la Historia como maestra de la vida, tal como se señaló ya en la antigüedad clásica. Precisamente sobre la Historia y sobre lo que debe ser el talante de los historiadores no deja de ofrecernos enseñanzas esa gran obra que es El Quijote, donde podemos leer que deben ser “los historiadores puntuales, verdaderos y no nada apasionados, y que ni el interés ni el miedo, el rencor ni la afición no les hagan torcer del camino de la verdad”; no en balde son hijos de la Historia, “émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir” (Cap. IX, 1ª parte)”.
El párrafo anterior, en negrita, es una reproducción de un fragmento del artículo breve que se me publicó en la Revista del Programa de Feria de nuestro pueblo del año 2003. Lógicamente, sigo pensando lo mismo y sigo estando de acuerdo con la idea de Miguel de Cervantes acerca de la Historia y de los historiadores.
Todo esto se trae a colación en relación con el revuelo – injustificable, en mi opinión - que se organizó cuando mi colaboración para el Programa de Feria de 2003 llegó a la imprenta. Tal colaboración versaba sobre las repercusiones que tuvo en nuestro pueblo aquel conflicto bélico español iniciado en julio de 1936. Pronto un miembro del equipo de gobierno municipal se puso en contacto conmigo para indicarme que el tema de la guerra todavía podía suscitar recuerdos desagradables en muchas personas y que no era conveniente removerlo, etc., etc. Mi respuesta estuvo en la línea de los argumentos descritos en los párrafos anteriores y por ello le manifesté que el artículo tenía que publicarse.
En una nueva conversación, en la que el representante del Ayuntamiento llegó a reconocer que aquello se trataba de censura pura y dura – en lo que coincidí con  él -, y a la vista de que por mi parte no había intención de ceder a la presión, hizo hincapié en que lo más problemático podrían ser las fotografías que acompañaban al escrito. Efectivamente, el trabajo incluía imágenes, pero imágenes cuyo contenido en vivo, real, cualquiera podía ver todos los días pues formaban y siguen formando parte del paisaje urbano de Campo de Criptana, tales como el monumento funerario a los caídos en la guerra pertenecientes al sector vencedor en ella, o alguna tumba relativamente reciente que recuerda a muertos del sector de los vencidos [fotografías que pueden verse en el artículo de este blog titulado Aniversarios históricos].
Lo más lógico habría sido que yo hubiese retirado mi colaboración al completo, pero decidí autocensurarme parcialmente, es decir, accedí a prescindir de las fotografías     – decisión que a algunas personas no pareció bien – pues pensé que, teniendo en cuenta la peripecia vivida entonces, podría pasar mucho tiempo sin que en el ámbito de nuestro municipio se pudiera leer algo relativo a la guerra a nivel de nuestra localidad.
Afortunadamente la visión de las cosas ha cambiado con el transcurso del tiempo y lo que hace una década no se consideraba normal, o a algunas personas infundía algún tipo de temor o escándalo, hoy es asumido sin complejos por la mayoría de la población. En el libro citado al principio la guerra es tratada directamente en algunas páginas, con fotografías incluidas y en mayor número que en aquella ocasión, y no por ello han temblado los cimientos de nuestra esencia y existencia como pueblo, como ciudadanos que necesitan conocer su pasado para plantearse de la mejor forma posible su futuro. Para finalizar, dando por supuesta mi respuesta negativa a la pregunta del título de este escrito, he de dejar claro que sigo investigando ese periodo de nuestra historia local tan interesante en todos los sentidos como fueron en su conjunto los años treinta del siglo XX, y espero que algún día el producto de esa investigación vea la luz, hecho que, estoy convencido, no tendrá ningún tipo de cortapisa, a diferencia de lo ocurrido hace unos años.



FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS

viernes, 8 de agosto de 2014

Mostrar nuestra historia

Publicado por primera vez en diciembre de 2012

 Conocer nuestra historia más cercana, la de Campo de Criptana, es posible gracias a la diversidad de fuentes que nos aproximan a ella. Empezando por las escritas, sabida es la importancia que el Archivo Histórico criptanense tiene por su riqueza documental,  que 
abarca desde los tiempos medievales hasta la época contemporánea. No son pocos ya 
los estudios publicados basados en gran parte en sus contenidos, de la misma forma que
 ha servido y sirve como medio de obtención de información para numerosos investigadores que consultan sus legajos. De ahí que por todos sea reconocida la tarea realizada a lo largo de los años y el impulso que desde las instituciones se viene dando desde hace unas décadas hasta poder verlo en la situación en que ahora se encuentra.

Nuestro pueblo cuenta también, afortunadamente, con otros tipos de fuentes para el conocimiento del pasado, si bien me circunscribo en esta ocasión a las monumentales, cuyo panorama podría ser aún más amplio si ciertos acontecimientos de nuestro pasado no hubiesen sido una realidad, no hubiesen sucedido; me refiero, claro está, a la destrucción de que fue objeto parte de nuestro patrimonio arquitectónico, y artístico en general, en torno a agosto de 1936.

Sin embargo, no sólo las guerras provocan desaparición o deterioro de las fuentes históricas de carácter monumental. Hay otras formas más sutiles de influir negativamente en ellas, tan sutiles que muchas veces y para muchas personas pasan inadvertidas. En ese sentido, hay que tener en cuenta que cuando hablamos de edificios de interés histórico no basta con hacer todo lo posible por mantenerlos en pie, tal como en Campo de Criptana se viene haciendo, por poner sólo unos ejemplos, con los molinos de viento y el Pósito.

Pero hay que ir más allá, pues hasta la propia legislación lo contempla; así, un edificio de interés, aunque no estuviera declarado Bien de Interés Cultural, debe ser objeto de protección visual, y en su entorno no se puede construir o realizar cualquier intervención o acto que ponga en entredicho esa protección, y es que el goce estético que en cualquier persona puede producir la contemplación de una muestra material de nuestro pasado no debería verse afectado por todo aquello que impida el cumplimiento de lo que en realidad es un derecho ciudadano – ese goce citado, pues la sensibilidad también cuenta -  y que después de todo afea al propio monumento.

Todo lo cual viene a cuento de lo que viene pasando cotidianamente en nuestro pueblo. No debe permitirse que cuando ascendemos por la Cuesta de los Molinos lo primero que veamos sean automóviles, la imagen de nuestros molinos debe ser diáfana, sin obstáculos, los vehículos deben situarse en otro lugar, que lo hay con ese fin, pero que para nada o para poco sirve al parecer.

¡Y qué decir del Pósito! ¿No estaría mejor rodeado en todo su perímetro de bolardos adecuados que impidieran que los vehículos ocuparan algunas de sus aceras? ¿No estaría mejor sin sufrir ese “atentado” que supuso la instalación de contenedores de basura en una de sus fachadas laterales? [Esto último es válido también para algunos de nuestros monumentos de carácter religioso]
¡En fin! ¡Vivir para ver! Y, si es posible, para mostrar a todos nuestra historia como ésta se merece.


FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS

miércoles, 6 de agosto de 2014

Reencuentros navideños

[Pese a referirse a un tiempo bien diferente, climatológicamente hablando, al que tenemos en estos días de altas temperaturas, reproduzco este escrito publicado en mi anterior blog en diciembre de 2013. Viene a cuento en el momento presente porque por más que la coyuntura actual nos remite a una cierta bajada del paro, sigue produciéndose la sangría de jóvenes españoles - no pocos miles de Castilla-La Mancha - que tienen que salir al extranjero en busca de oportunidades laborales]


Tiempo de Navidad …, tiempo de consumismo marcado especialmente en el calendario – cierto que ahora no poco atenuado, como sabemos todos - …, tiempo de cantinelas publicitarias, como aquélla que nos recuerda desde hace años que por estas fechas alguien vuelve a casa, alguien vuelve al hogar.
Vivimos una época en la que esa imagen del regreso al origen con motivo de las vacaciones navideñas se ha multiplicado, y teniendo que hacer muchos kilómetros para ello, pues muchas son las personas que por las circunstancias “críticas” de la vida se han visto obligadas – ¡y gracias si la suerte les ha sonreido! – a desplazarse a grandes distancias, fuera de nuestras fronteras, para ganarse un sustento que en su contexto geográfico habitual hacía tiempo que se les venía negando o hacía tiempo que buscaban por primera vez.
Entre estos viajantes al uso los hay de diferentes edades, mas sin duda la inmensa mayoría son gente joven, esos jóvenes que muchas veces son adulados en uno u otro sentido por quienes gobiernan pero que no han tenido más remedio que tratar de ir haciendo presente y futuro en Europa y en otros continentes. Jóvenes en muchísimos casos bien formados profesionalmente, todos ellos responsables consigo mismos y con la sociedad, movidos por la necesidad de dar sentido a su vida con el desarrollo de una profesión, y no simples aventureros, como alguna ministra de cuyo nombre, como diría Cervantes, no quiero acordarme, se atrevió a decir públicamente.
Fran Escribano dirigiendo a su Banda Juvenil
de la Fundación Batuta en Bogotá (Colombia)
El joven director de Banda de Música de la fotografía que acompaña a estas líneas, al que bien conozco, es uno de esos muchos a los que me refería que, tras esforzarse durante años y años en conseguir un nivel de formación más que suficiente para ejercer una profesión, no han tenido más salida, si querían poner en práctica lo aprendido en sus años de estudio, que hacer lo que en una de sus más conocidas canciones (“Pueblo blanco”), y en un contexto sólo algo diferente, recomendaba  Joan Manuel Serrat: “… Escapad, gente tierna, / que esta tierra está enferma, / y no esperes mañana / lo que no os dio ayer, / que no hay nada que hacer / […] y busca otra luna. / Tal vez mañana sonría la fortuna / […].
El joven de la fotografía puede ser aventurero, como todos los jóvenes que han tenido que buscarse un “curro” muy lejos, pero desde luego no en el sentido equívoco de la equivocada ministra a la que aludía más arriba; lo que sí son todos ellos, y van a seguir siéndolo, es VALIENTES, con mayúscula y en negrita, porque valentía se necesita para tomar una decisión como la que estoy comentando. Claro que una compensación tiene la decisión de alejarse: no tener que contemplar el indecente espectáculo que a diario se nos ofrece a quienes por aquí seguimos, porque, por poner sólo dos ejemplos, ¿cómo hay que calificar el hecho de que la administración se gaste dos millones y medio de euros en hacer publicidad de la vigente reforma laboral, o el hecho de que se destinen más de doscientos mil euros a aleccionar a una persona para que hable decorosamente en público a la hora de defender la candidatura olímpica de la capital de España, con el ridículo resultado por todos conocido?
Volviendo al contenido del primer párrafo de esta colaboración, el regreso al hogar reiterado en aquella cuña publicitaria, en el contexto de la actual crisis económica, seguirá siendo, desgraciadamente, habitual durante no pocos años a pesar de los augurios optimistas de quienes disfrutan el poder, al menos eso dicen especialistas en la materia. ¿Habrá que seguir sufriendo también habitualmente los espectáculos indecentes que pueden acabar desquiciándonos a todos? Por si acaso la respuesta es sí, habrá que aprovechar al máximo el tradicional sentimiento navideño … y que Dios nos pille confesados.

FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS

En el centenario del socialismo organizado en Campo de Criptana

Publicado por primera vez en noviembre de 2012


De 28 de diciembre de 1912 data el Reglamento de la Sociedad Obrera La Esperanza, versión inicial, con denominación propia, de la Unión General de Trabajadores y del socialismo en Campo de Criptana. Está próximo a cumplirse, pues, el primer centenario de una organización que nació vinculada al Partido Socialista Obrero Español, cuyo programa, tal como se indicaba en el artículo 1º de aquél, aceptaba en todas sus partes y en el que habría de integrarse, de la misma forma que se anunciaba que ingresaría en la U.G.T. una vez que la propia Sociedad estuviese formalmente en funcionamiento.

Por entonces la población criptanense estaba compuesta por algo más de 11.000 personas que desarrollaban su vida en el marco de una economía que desde unas décadas atrás se animaba al calor del desarrollo de la actividad vitivinícola. La modernización social iba pareja a esa situación, modernización que, por otra parte, contribuyó a que se pusieran de manifiesto las contradicciones de clase entre patronos y asalariados y a que fuesen aflorando los conflictos latentes en un marco social caracterizado desde hacía siglos por la muy desigual distribución de la propiedad. Las organizaciones patronales y obreras vinieron a ser, en ese contexto, los medios con los que los diferentes sectores sociales trataron de hacer valer la puesta en práctica de las medidas políticas y de carácter laboral más acordes con la defensa de sus intereses respectivos.

Rótulo indicador de la actual Casa del Pueblo
 Por lo demás, la condición de muchos criptanenses distaba no poco de la imagen de pueblo en proceso de crecimiento al que sonreía la vida, valga la expresión al uso. Concretamente hace un siglo más o menos en Campo de Criptana la de pobre era la condición de muchas familias. Las Listas de Beneficencia confeccionadas por el Ayuntamiento para el suministro de asistencia médica gratuita son muy elocuentes: centenares de personas, con nombres y apellidos, estaban registrados en dichos listados.

En ese ambiente anteriormente descrito surgió La Esperanza, cuya razón de ser era “mejorar las condiciones de vida de sus asociados y de los obreros en general, tanto morales como materiales”. Para ello procuraría que desaparecieran los trabajos a destajo y lucharía por unos salarios adecuados, que serían iguales para el hombre y la mujer ante un trabajo idéntico; el salario mínimo se establecería según el coste de los artículos de primera necesidad y la jornada máxima habría de ser de ocho horas. Las condiciones de trabajo también serían objeto de atención: seguridad e higienes adecuadas, no admisión del trabajo de  niños menores de la edad legal, y evitar el maltrato y la ofensa a la dignidad de los obreros.

Las condiciones mínimas para el ingreso en la Sociedad eran, entre otras, tener una edad no inferior a 16 años y ser trabajador del campo. Su primera Junta Directiva estuvo compuesta por las siguientes personas: presidente, Antonio Sepúlveda; vicepresidente, Manuel Alberca; secretario, Felipe Gómez; vicesecretario, José Antonio Lizcano; contador, Daniel Alberca; cajero, Francisco Quintanar, y los vocales fueron Ángel Carriazo, José María Cruz y Manuel Cruz Pedroche.

El número de afiliados registró un constante aumento: en febrero de 1923 eran 139, todos hombres, con una edad media de 43 años; en mayo de 1933 eran ya 560. Como para todas las agrupaciones de este tipo en general, los años de la Segunda República fueron de plenitud; es por entonces cuando el máximo dirigente en nuestra localidad de esta línea del movimiento obrero era Manuel Vela López y el secretario Jesús Almendros.

Con el paso del tiempo el número de asociaciones integradas en la Casa del Pueblo, centro vertebrador de las vertientes sindical y política del socialismo criptanense, se fue incrementando y diversificando. Son los años treinta del siglo XX, durante la etapa de la Segunda República, el periodo del que se conoce un mayor número de ellas, tales como La Defensa, de pequeños colonos y pequeños arrendatarios; El Trabajo, de albañiles; El Progreso, de obreros viticultores; La Verdad Social, de carpinteros de taller y edificación; La Constancia, de gañanes y mozos de labranza , y, dentro de un largo etcétera, no se puede dejar de citar La Aurora del Porvenir, la única asociación femenina conocida en Campo de Criptana de esta tendencia antes de la guerra civil, partidaria de la prohibición del trabajo femenino mientras hubiera hombres en paro, lo que da idea de hasta qué punto la mujer tenía asumido su papel dependiente del hombre en el seno de la sociedad española.

Una muestra de las actividades promovidas
por la Casa del Pueblo a lo largo de su historia
Cien años dan para mucho, para aciertos y errores cometidos a lo largo del devenir de esa corriente del movimiento obrero en nuestro pueblo, pero no de lo que no cabe duda es de que, con los primeros y a pesar de los segundos, esas organizaciones se hicieron necesarias en cada momento de nuestra particular historia y así deben ser tenidas en cuenta.



FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS 

Motivos de fiesta

Publicado por primera vez en agosto de 2013


En el año 2001 me cupo el honor, gracias a la invitación del entonces alcalde Joaquín Fuentes, de pregonar la Feria y Fiestas de Campo de Criptana. En mi intervención traté de alejarme de la tentación de incidir en los lugares comunes propios de ese tipo de actos, tales como el referirse casi exclusivamente a los recuerdos de infancia o a la fiesta en sus aspectos más superficiales; por aquello de que, en mi caso sí, el hábito hace al monje, no faltó algún pasaje alusivo al origen histórico de la feria criptanense ni tampoco alguna cita cervantina como aquellos consejos que Don Quijote daba a Sancho Panza antes de que su fiel escudero se dirigiese a gobernar la ensoñada Ínsula Barataria y que no vienen mal cuando de fiestas hablamos: “Come poco, y cena más poco, que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago”, o bien “Sé templado en el beber, considerando que el vino demasiado ni guarda secreto ni cumple palabra”.

En aquel momento expuse, como no podía ser de otra manera, el sentido, el porqué de las fiestas, en definitiva, trataba de hacer ver al público las motivaciones que a un pueblo o a una ciudad llevan a remarcar en el calendario unos días como especialmente festivos cuando ciertamente cada año tiene no pocos de estos, demasiados según opinan algunos. Y por aquí enlazo con lo que constituye el meollo de estas líneas y cuyo título resume cuando se trata del año 2013.

¿Qué podemos festejar aquí y ahora? Si preguntásemos sobre ello a cada uno de los criptanenses, sin  duda que no uno sino muchos motivos saldrían a relucir. Hablando por mí mismo, me ocurriría exactamente igual, pero a la hora de seleccionar quiero destacar un ámbito como motivo de celebración y de alegría que lo merece claramente y que no es otro que el musical. Ya en el pregón citado echaba mano de la música desde un punto de vista localista cuando, al recordar que “la feria y su pregón son algunos de los muchos ritos que jalonan el ciclo anual de nuestras vidas”, ponía como ejemplo de uno de esos ritos, precisamente en relación con los actos de la feria, que “en el último de los conciertos que ofrece la Banda de Música Filarmónica Beethoven ésta interpreta antes del Himno a Criptana el pasodoble Limiñana de Bernardo Gómez, y por dos veces”.

Pues bien, en el contexto de la música en Campo de Criptana, a lo largo de 2013 varios serían los acontecimientos dignos de mención, mas me centraré en dos. El pasado 11 de agosto tuvo lugar en la iglesia del Convento un estupendísimo concierto a cargo de la Orquesta de Cámara La Armónica y del Coro Tradicional de Voces Graves bajo la dirección de Rafael Calonge Campos. El centro del concierto era la interpretación del “Te Deum laudamus”, obra del navarro Remigio (Ozcoz y) Calahorra (1833-1899) que tradicionalmente y en honor del Santísimo Cristo de Villajos se incluía al final del novenario que se le dedicaba anualmente con motivo de la Feria; en 1980 dejó de cumplirse con la costumbre, desde ahora felizmente recuperada, hecho que hay que agradecer a nuestro querido director “Falín” y a todas las personas que con él han colaborado en esta tarea.

La Filarmónica Beethoven celebra en la Plaza Mayor
su triunfo al regreso de Valencia
Unas semanas antes se producía el otro acontecimiento. Fue el 20 de julio en el valenciano Palau de la Música cuando nuestra Filarmónica Beethoven, dirigida por Miguel Romea Chicote, se alzaba con el Primer Premio de la Sección Primera del Certamen Internacional de Bandas de Música Ciudad de Valencia. Interpretó el pasodoble “Agüero”, de José Franco Ribate; como obra obligada "Variacions Iròniques" de Francisco Bort Ramón, y como obra de libre elección la nada fácil “Dance movements”, de Philip Sparke. Nadie podrá negar que estar por encima de cuatro bandas valencianas en un certamen que se celebra en Valencia tiene su mérito; hay que recordar al lector que es la primera Banda de Música no valenciana que gana en la citada Sección en un certamen que ya va por la 127ª edición. Después de todo, la Filarmónica Beethoven demostraba con ello su calidad interpretativa, que ya tuvo su reconocimiento en este año en el exitoso concierto que ofreció el 31 de mayo en el Auditorio de Zaragoza. ¡¡¡FELICIDADES!!!



FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS 

Campo de Criptana en el tiempo de "El Quijote" (y XII)

Publicado por primera vez en julio de 2013

En los capítulos anteriores se ha ido completando el recorrido por el Campo de Criptana de aquellos años a caballo entre los siglos XVI y XVII en los que vivió Miguel de Cervantes y se publicó su Quijote, recorrido que, como recuerda el lector, fue el contenido de mi intervención en las II Jornadas de Historia Local celebradas en El Pósito de nuestra villa en febrero de 2013. Acabé aquella charla relacionando el pasado con el presente con el fin de hacer ver la posibilidad de sacar partido – por aquello del fenómeno turístico - a la relación de nuestro pueblo con la trascendencia mundial de tan importante obra literaria.

En efecto, hemos ido viendo, narrando, el pasado de Campo de Criptana en relación con un tiempo ya desaparecido al tiempo que indudablemente atractivo. Pero ese pasado, en cierto modo presente hoy, por ejemplo a través de algunos monumentos, podemos revivirlo y acercarlo aún más a los residentes y a quienes se deciden a venir hasta aquí alguna que otra vez.

Partiendo de la relevancia y fama de nuestros molinos de viento, y teniendo en cuenta que tenemos a la vista, para dentro de dos años, la conmemoración del cuarto centenario de la publicación de la segunda parte de El Quijote, quiero sugerir y reivindicar dos aportaciones que ninguna localidad como la nuestra puede llevar a cabo, dado que nuestra villa es la más indicada para ello, dos aportaciones que, por lo demás, no serían efímeras con motivo del 2015.

Me refiero en primer lugar a la creación de un Centro de Interpretación del Molino de Viento en general y de los molinos de viento de Campo de Criptana en particular. Está fuera de toda duda que este pueblo era el que contaba en aquel tiempo con el mayor número de molinos de este tipo en nuestra región, circunstancia que justificaría dicha creación. El Centro de interpretación no debe confundirse con limitarse a tener algún molino donde recrear la molienda tradicional; se trataría de crear un espacio museístico para cuyo fundamento y contenido Campo de Criptana tiene recursos, y no sólo históricos, más que sobrados.


En segundo lugar sugiero y reivindico que, al menos una vez al año, se represente la aventura de Don Quijote con los molinos recogida en el capítulo VIII de la primera parte de la obra. También es cierto que la opinión generalizada de los cervantistas sitúa a nuestra Sierra como lugar de inspiración para Miguel de Cervantes a la hora de redactar ese pasaje citado, por lo que llevar esto a cabo aquí también está más que justificado.

En relación con esta segunda propuesta ya en dos ocasiones, correspondientes a las dos últimas legislaturas municipales, he presentado y entregado a los respectivos equipos de gobierno de nuestro Ayuntamiento un guión para la representación de la consabida aventura. Es un guión breve, en el que el texto – muy fiel al espíritu de la obra quijotesca - se entremezcla con unos fondos musicales seleccionados a propósito del contenido, y en el que intervienen sólo tres personajes: narrador, Don Quijote y Sancho Panza. El coste del montaje, por otra parte, sería mínimo, y la duración de la representación no rebasaría los 20-25 minutos.

Dando por supuesto mi respeto a escenificaciones de temas cervantinos ubicadas junto a nuestros molinos, mi propuesta es en cierto sentido diferente. Lo más parecido es lo que se hizo en el transcurso de dos Semanas Cervantinas en los años noventa del siglo pasado, para lo cual yo también elaboré un guión. Fueron entonces actores Andrés Escribano y Albino Díaz-Ropero, y el pintor ya fallecido Ángel Morales intervino como narrador.

He de decir que al equipo de gobierno de nuestro Ayuntamiento le encantó la idea, tanto que ya se pensaba en fechas para su realización e incluso llegó a proponerle a una persona que se encargara de la dirección, persona a quien la idea también le parecía estupenda. Sin embargo  …, todo se truncó cuando el alcalde me indicó que se encontraba con un problema, problema con nombre propio y apellidos al que, por el tiempo que ha ido pasando, entiendo que no le ve solución. Estamos en un pueblo donde aficionados al teatro, con grupos constituidos, hay no pocos y seguro estarían dispuestos a darle forma al proyecto.  Contamos con un escenario natural inmejorable para una representación, de periodicidad anual, que bien publicitada atraería a muchos visitantes y que podría hacer de Campo de Criptana un lugar de referencia al respecto como ya lo es por sus molinos, en el sentido que lo son otras localidades por hechos singulares, como puede servir de ejemplo Consuegra con la representación anual de su batalla medieval. Además, se trataría de un acto de bajísimo coste. Por todo ello no puedo comprender que se argumente la existencia de un problema, tratándose, por si fuera poco lo ya señalado, de un espectáculo hecho a medida del pueblo, del que se beneficiaría el pueblo, y que se pondría en escena en un lugar, la Sierra, que es patrimonio de todos, y en torno a unos monumentos, los molinos, que no sólo son patrimonio de los criptanenses sino que son patrimonio de todas las personas amantes de la cultura en general y de todo lo cervantino en particular.

No sé si peco de ingenuidad, pero confío en que el dichoso problema se supere: Campo de Criptana saldría ganando.


FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS

Campo de Criptana en el tiempo de "El Quijote" (XI)

Publicado por primera vez en junio de 2013


Edificios no religiosos dignos de mención eran los hospitales. Según las Relaciones de Felipe II (1575), “Hay un hospital de San Bartolomé, tiene siete a ocho mil maravedis de renta, hay otros dos de particulares”. Pero en época cervantina hasta cuatro llegó a haber. Uno de ellos fue absorbido ya por entonces por el de San Bartolomé debido a que no podía subsistir por sus escasos recursos económicos: era el llamado de Corpus Christi. El objetivo de su fundación había sido acoger a clérigos peregrinos.

Teatro Cervantes, en el lugar donde antes estuvo
el Hospital de San Bartolomé
Los otros que son citados en las Relaciones sin dar su nombre fueron el de Santa María y el de San Juan. El primero lindaba con la casa de una tal Aldonza Díaz y se dedicaba a albergar a pobres y acoger a eclesiásticos, seguramente de paso por el pueblo. El de San Juan es aún menos conocido pero sí se sabe que sus medios asistenciales eran casi nulos.

El único de más relevancia fue el de San Bartolomé, que hasta 1907 estuvo en el solar que ocupa el Teatro Cervantes. Ya en 1525 se decía de él que era una casa cercana a la iglesia y que a su cargo estaba una Cofradía de San Bartolomé. En suma, para la época que nos ocupa todos ellos, más que para otro fin, servían para hospedaje y algo de atención sanitaria de lo más elemental para pobres y religiosos transeúntes que necesitasen pernoctar durante una parada en su viaje. Y de sus inmuebles nada nos queda, lo que no es el caso de los dos monumentos que se reseñan a continuación.
Fachada principal de "El Pósito"

El Pósito es un edificio del siglo XVI ampliado en el siglo XVIII, durante el reinado de Carlos III. Presenta en su fachada principal una portada de acceso bajo un arco de medio punto sobre el que es visible el escudo real con un águila de fondo, rodeado por el collar de la Orden del Toisón de Oro y flanqueado por dos cruces de la Orden de Santiago. A la altura de principios del siglo XVII contaba ya con una larga andadura y por las funciones que cumplía era una institución de referencia obligada en la vida cotidiana de Campo de Criptana.

Escudo en El Pósito
que corona su portada de acceso
Los pósitos en España parecen ser de origen medieval y se crearon por medio de convenios entre vecinos o a través de fundaciones pías para precaverse contra las malas cosechas, el acaparamiento y los altos precios de los cereales. En el contexto de un control completo del abasto de los artículos de primera necesidad por parte de los ayuntamientos ya desde el siglo XVI, el suministro de trigo era dirigido mediante los pósitos, que servían de depósitos reguladores: almacenaban cereales, sobre todo trigo, para prestarlo a los labradores y surtir a la población a precios moderados en épocas de carestía, para contrarrestar el alto precio del pan en tales circunstancias, gracias a lo cual se evitaban o atenuaban posibles conflictos sociales.

Los administradores de los pósitos adquirían grano en la recolección y prestaban al agricultor para empanar los barbechos o bien para facilitarle liquidez en el momento de la siega, en que se producían gastos obligados. Los préstamos eran reintegrados con un interés, las llamadas creces – crez en singular -, que en Campo de Criptana eran de un celemín por fanega.

Fachada occidental de "El Pósito", en cuya parte derecha
se aprecia la ampliación que tuvo en el siglo XVIII
 Puede afirmarse que el Pósito jugó un destacado papel en la vida del pueblo en general y en la economía de muchos criptanenses en particular; es más, su propia historia está estrechamente vinculada con la de Campo de Criptana, es un buen indicador de su evolución y los avatares de su existencia en la época de El Quijote son más que ilustrativas del acontecer diario de nuestro pueblo; de sus actuaciones por entonces habría que subrayar las siguientes:

·         Compras de trigo en Andalucía y en Castilla la Vieja.

·         Elaboración de pan cuando su precio se disparaba al alza. A veces, para los más pobres se vendía más barato utilizando el trigo comprado a precio más bajo.

·         Colaboración en el pago de unas cargas fiscales cada vez más agobiantes para el pueblo.

Panorámica de la Casa de la Tercia
De la Casa de la Tercia, situada en la plaza a la que da nombre, se desconoce la fecha de su construcción, que podría situarse entre finales del siglo XV y principios del XVI. Sus muros son de piedra, a base de mampostería con sillares en las esquinas; la portada se abría, al parecer, bajo un arco de medio punto, lo que hoy en día aparece desfigurado por las reformas que ha sufrido el edificio a lo largo del tiempo. De aspecto externo parecido al edificio del Pósito, como éste tiene cubierta de teja curva árabe y, como éste, la puerta de acceso tenía sobre ella un escudo con la cruz de Santiago y los símbolos de Castilla y León que, con criterio equivocado, fue trasladado hace años por sus dueños a la fachada de otra finca urbana sita en la calle del Convento.

Escudo en la calle Convento perteneciente a la Casa de la Tercia
Su finalidad era de carácter utilitario: servir de almacén de los granos que en concepto de tercias cobraba a los labradores la Orden Militar de Santiago. En su origen medieval, la tercia equivalía a las dos novenas partes de la cuantía de los diezmos percibidos por la Iglesia; con los Reyes Católicos se cobró de forma permanente. En tiempos cervantinos, como a lo largo de la Edad Moderna, el grano de la Tercia fue un recurso del que a veces se echaba mano en coyunturas de escasez por parte del Ayuntamiento efectuando compras para abastecer al Pósito.



         FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS

martes, 5 de agosto de 2014

Campo de Criptana en el tiempo de "El Quijote" (X)

Publicado por primera vez en junio de 2013

Panorámica del Cerro y ermita de Criptana
La ermita de la Virgen de Criptana es un edificio, en lo fundamental, del siglo XVI, heredero de otro anterior de época medieval, y restaurado en diversas ocasiones.

El proyecto parece ser de 1513, debido a Juan García y Esteban Sánchez, que trabajaron en las obras del monasterio de Uclés. Su construcción se alargó en el tiempo. En 1554 no estaba acabada porque sus constructores, dos vizcaínos, se habían dado muerte recíprocamente. El campanario se estaba construyendo a fines del siglo XVI. Una sala en la parte oriental, junto a la ermita, fue ordenada hacer en 1603 para que pudieran comer y dormir los fieles que a la ermita acudían con frecuencia para evitar que hicieran eso, así como danzar y bailar, en el interior de la ermita.

Ermita de Criptana: portada de acceso
 Uno de los elementos más destacados es la portada de acceso, orientada al mediodía, similar a la de la iglesia parroquial, y que nos recuerda a algunas portadas del monasterio de Uclés, lo que se explica por lo que antes señalé.

Ermita de Criptana: la vieja espadaña
Allí se veneraba, como ahora, a la Virgen de Criptana, cuya fiesta fue instituida por el Ayuntamiento el 25 de diciembre del mismo año en que nació Cervantes, 1547. En un principio el día de la Virgen  era el 25 de Marzo, día de la Encarnación. En 1610 se trasladó al primer domingo de septiembre, pero fue por poco tiempo.

Interior de la ermita de Criptana
 El 20 de febrero de 1604 el Ayuntamiento acordó hacer un camino de la ermita al pueblo para traer anualmente la imagen, lo que se hizo desde entonces: catorce días duraba habitualmente la estancia de la imagen en el pueblo.

Sobre la ermita de Villajos señalaban las Relaciones de Felipe II (1575): “media legua desta villa esta otra ermita de la Señora de Villajos”.

Exterior de la ermita de Villajos en otros tiempos
La concepción que de esta ermita tenían los criptanenses de principios del siglo XVII como referencia religiosa y mental era diferente, en parte, de la que tenemos ahora. Ninguna festividad especial había en torno de ella, si bien, como todo lugar sagrado, más o menos atendido y cuidado, era, desde el punto de vista afectivo, centro de creencias y sentimientos que el paso del tiempo no hacía olvidar.

Exterior de la ermita de Villajos en la actualidad
La idea que tenían de aquel paraje era la de un lugar antes - en un momento más o menos lejano - habitado cuyos pobladores habían ido abandonando en favor del antiguo El Campo.

Virgen de Villajos
Como recuerdo físico quedaba la ermita, puesta aún por aquellos años bajo el patronazgo de Nuestra Señora de Villajos, cuya imagen probablemente sea la encontrada en 1982 embutida en un muro de la propia ermita. El aspecto de la ermita que ahora conocemos – fruto de una reconstrucción del tercer cuarto del siglo XVII con adiciones posteriores - no era, con toda seguridad, el que presentaba aquella, edificada - aunque rehecha en parte después - probablemente dentro de los moldes de un románico de transición al gótico, más o menos acorde con el de la talla conservada de la Virgen.

Quienes vivían hace más o menos cuatrocientos años conocían perfectamente la ermita de San Benito. Así, las Relaciones filipinas afirman que había “ ...  otra ermita una legua desta villa de San Benito ...” .

Puente de San Benito

¿ Habría servido la ermita en otros tiempos de iglesia del poblado de Posadas Viejas – hasta el momento sin   localizar exactamente-, probablemente acabado de deshabitar ya a finales del siglo XIV a favor de El Campo? Es ésta una simple hipótesis. Perdido el pueblo, habría perdurado en forma de denominación de un paraje del término municipal. Abundando en ello, el término Posadas hace pensar en un lugar de frecuente trasiego de transeúntes; y la ermita estaba a muy poca distancia del cauce del río Záncara y del Puente de San Benito, punto de paso para muchas personas en aquella época.
Explotación ganadera en el lugar donde estuvo
la ermita de San Benito junto al puente

Desaparecido aquel pueblo, tal vez se entendió conveniente mantenerla en pie para atender en la práctica religiosa a las personas que tenían su lugar de trabajo por aquellos pagos, ciertamente distantes de la villa. Tenía su mayordomo, que destinaba las limosnas recibidas a la conservación del edificio, una pequeña nave de planta rectangular. 


FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS


Campo de Criptana en el tiempo de "El Quijote" (IX)

Publicado por primera vez en junio de 2013


Ermita de Santa Ana
La nómina de ermitas erigidas en Campo de Criptana, además de la de Veracruz, de la que ya se trató anteriormente, era relativamente extensa,  y algunas de ellas se remontaban a tiempos bien remotos. Los contemporáneos de Cervantes conservaban en su retina los trabajos de construcción de la ermita de Santa Ana, que estaba levantándose extramuros de la villa en 1575.

Interior de la ermita de Santa Ana

Tal como la vemos hoy en día es fruto de sucesivas reconstrucciones y restauraciones. En sus orígenes debió ser más sencilla. Con dos puertas de acceso, hacia mediodía y hacia poniente, su planta era rectangular y posteriormente se amplió lateralmente hasta adquirir en el interior la planta de cruz latina; su cubierta interior es adintelada, es decir, semejante a la de la ermita de Veracruz, construida por la misma época. En 1621 fue completado un retablo que ya existía con anterioridad: Onofre Fernández lo doró y además lo dotó de tres cuadros.

La ermita de San Cristóbal es situada por las Relaciones de Felipe II (1575) en un cerro redondo, éste por entonces con una puerta, con anterioridad dotado de una muralla, situado en una orilla del pueblo. En la misma se veneraba también, como sabemos ya, a San Gregorio Nacianceno. Ese cerro no es otro que el de la Paz. La ermita es la que ahora conocemos como de la Virgen de la Paz; el cambio de advocación es posterior a la época de El Quijote.
La antigua ermita de San Cristóbal

La ermita, si no la primera, sí de las primeras iglesias del medieval pueblo de El Campo, tenía, como ahora, planta rectangular, y tenía dos puertas, a mediodía y a poniente, esta última eliminada hace muy pocos años. En 1525 estaba recién reedificada gracias a las limosnas de los devotos y tenía un retablo inacabado. De la pobre condición de la ermita da idea el hecho de que todavía en el último tercio del siglo XVI los visitadores de la Orden de Santiago ordenaran allanar con yeso el piso para así eliminar – decían - los barrancos. De cualquier forma era referencia importante para los criptanenses del Siglo de Oro por venerarse allí esos santos protectores, el uno contra los efectos de la peste y el otro de las viñas. 


Ermita de la Concepción
Sobre la ermita de la Concepción son escasísimos los datos. Situada al este del pueblo, en principio a cierta distancia, en un paraje donde abundaban las eras de pantrillar, su existencia es segura en 1575 y desde principios del siglo XVII fue referente en las traídas de la Virgen de Criptana hasta la villa. Muy sencilla también, hoy abandonada para el culto, su aspecto, muy posiblemente distinto al original, es fruto de reparaciones hechas a lo largo del tiempo. En la segunda mitad del siglo XIX, junto a ella, se instaló el cementerio, que así la tuvo como capilla.

Portada, destruida hace pocas décadas,
de la ermita de las Angustias 
La ermita de las Angustias (conocida ahora más como de la Madre de Dios) debió de  edificarse en el siglo XVII o, como mucho, en el último cuarto del siglo XVI. La escasez de datos sobre ella nos obliga a ir a una época ya relativamente avanzada: en 1697 se dio por finalizado el concurso para realizar obras de reforma o ampliación, concretamente la realización de su cubierta abovedada. Por ello, merece más la pena referirse a la cofradía que en ella tuvo su sede, la llamada en época cervantina de Nuestra Señora de las Angustias, que hacia 1605, cuando se publica la primera parte de El Quijote ya tenía una larga andadura.


Interior de la ermita de las Angustias
a principios del siglo XX


FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS