miércoles, 23 de julio de 2014

Acerca de nuestro Pósito


 
Pósito restaurado
Publicado por primera vez en junio de 2012


No hay duda de que el edificio del viejo Pósito es uno de los monumentos de carácter civil más interesante y atractivo de Campo de Criptana. Aparte de ser objeto de visita por gentes de muy diversa procedencia, es escenario habitual de actividades institucionales, artísticas, sociales y culturales en general.
Situado en el centro del casco antiguo de nuestra villa, su aspecto externo presta a la localidad esa vitola de antigüedad tan apreciada en estos tiempos en que los nuevos gustos constructivos han acabado por reducir casi a la nada el tradicional tipismo urbanístico. Ese aspecto es el único conocido por muchos criptanenses, los más jóvenes, que pueden pensar que lo que ven siempre ha sido la imagen paisajística de esa parte del pueblo.
Antes de la restauración
Sin embargo, quienes tenemos más edad sabemos de la degradación paulatina sufrida en otras épocas por tan emblemático caserón. Después de su pasado y largo esplendor y tras haber servido – por hablar sólo de parte de la segunda mitad del siglo XX - parcialmente de vivienda y de establecimiento comercial entre otros usos que tuvo, le llegó la hora del abandono. En los primeros años de la década de los 80 del pasado siglo, las hierbas se iban enseñoreando de sus muros, cada vez más llenos de pintadas y carteles publicitarios y destino de todo tipo de desperdicios. El panorama que contemplaba cualquiera que pasaba por esa zona, tan céntrica, era vergonzoso y deprimente.
Esta experiencia aludida es la que nos hace apreciar en su justa medida la magnífica restauración de que fue objeto hace ya casi dos décadas, cuya consecución se produjo tras un proceso temporal no exento de dificultades. A lo largo de 1985 promoví una campaña de recogida de firmas que en agosto fueron remitidas al  Ayuntamiento acompañadas de un escrito en el que se le instaba a tomar las medidas que estuviesen legalmente a su alcance para que el edificio se restaurase y fuese dedicado permanentemente a fines culturales. Por entonces el sistema político democrático actual llevaba pocos años de rodaje y tal vez por ello a algún miembro de la Corporación municipal le extrañó ese recurso a las firmas peticionarias como forma de participación ciudadana.
Antes de la restauración
Al mismo tiempo procuré que la opinión pública se hiciera eco de la problemática del Pósito. En este sentido el diario ciudadrealeño LANZA me publicó  en septiembre de dicho año un escrito en el que reivindicaba la intervención de las instituciones públicas para conseguir algo que cada vez más criptanenses apoyaban. Pasaba el tiempo y aunque en el mismo 1985 la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha inició el expediente para declarar el inmueble del Pósito como Bien de Interés Cultural, un obstáculo para que el dinero público se invirtiese en su restauración era su condición de propiedad privada.

Por mi parte yo insistía en mi idea con mis escritos publicados en los años siguientes no sólo en LANZA sino también en el semanario alcazareño ya desaparecido CANFALI. Por su parte, la familia propietaria del edificio tenía su propio proyecto de futuro para el mismo y eso de dedicarlo a fines culturales no figuraba entre sus objetivos, tal como me hizo saber personalmente en mi propio domicilio uno de sus miembros el mismo día (17 de agosto de 1990) en que uno de mis escritos apareció en CANFALI.
Por fin los propietarios accedieron a los deseos de la Corporación y por un  precio simbólico (cinco millones de pesetas), en escritura firmada a 13 de diciembre de 1991, el Ayuntamiento se convirtió en propietario, situación que permitió la llegada de fondos públicos, incluidos los provenientes de la Unión Europea, para la restauración, de la que se encargó una Escuela-Taller, cuyos miembros realizaron una estupenda obra, con el arquitecto Jesús Perucho Lizcano y el director de aquélla José Antonio Sancho Calatrava al frente. Después de dos años y medio desde su inicio, en mayo de 1996 finalizaron los trabajos, cuya trascendencia ahora disfrutamos.
Después de todo lo que va expuesto el lector se hará cargo de la satisfacción que siento al ver al día de hoy al Pósito restaurado y convertido en lo que siempre defendí y en lo que siempre soñé, un centro de actividades culturales, una meta conseguida con el apoyo y la colaboración de muchas personas, de las que una muestra es Andrés Escribano, que intervino en la recogida de firmas, y meta conseguida asimismo gracias a las decisiones de personas e instituciones que tenían, lógicamente, poder para decidir: propietarios, políticos y técnicos.

Antes de la restauración
Hay otra circunstancia que, con la perspectiva del discurrir del tiempo, ha contribuido a engrosar mi satisfacción y que paso a relatar. Hay que remontarse al 17 de agosto de 1983. Ese día la Corporación municipal aprobó, por mayoría, sustituir el nombre de Plaza del Pósito por la denominación de Plaza de Juan Carlos I. A través de la prensa y también en escrito dirigido al propio Ayuntamiento, califiqué esa decisión de lamentable error. Justifiqué mi opinión señalando que con la desaparición del nombre de esa plaza y dejando caerse el edificio del Pósito si no se rehabilitaba, las futuras generaciones ignorarían qué había sido esa institución e incluso no sabrían de su existencia; es decir, apelé al hecho de que parte de nuestra memoria histórica local quedaría así amputada. Por otra parte, dedicar una calle a nuestro rey podría hacerse utilizando otra vía urbana para ese fin. De momento no tuve éxito en mi petición de que aquella decisión corporativa fuese rectificada; incluso alguno de nuestros regidores en esos días hizo gala de obstruccionismo con tal de impedir que mi súplica fuera debatida en el Pleno. Afortunadamente, unos años después, con un Ayuntamiento de diferente composición política, la cordura se impuso y la rotulación de Plaza del Pósito volvió a su lugar.
Pero no todo son alegrías. Me explico. Un edificio como el que nos ocupa goza de protección, que también debe ser protección visual, que se ve alterada por dos circunstancias. Una es la instalación de contenedores soterrados en una de sus aceras, la de la fachada occidental. Otra es el no haber puesto obstáculos (bolardos) en dicha acera y en la meridional, por lo que con frecuencia hay automóviles estacionados sobre el acerado, junto a muros tan respetables. En fin, la felicidad no puede ser completa.


FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS

Por un Convento abierto al turismo

Publicado por primera vez en agosto de 2012

Nadie pone en duda que los criptanenses nos sentimos orgullosos de serlo, orgullosos de todo lo que constituye la esencia de nuestro pueblo, sus costumbres, sus gentes, sus tradiciones, su historia, etc., etc. Nos gusta que quienes por aquí se acercan conozcan nuestro pueblo y hacemos todo  lo posible por contarles al detalle, de arriba abajo, qué es Campo de Criptana. Es una actitud y una predisposición en la que no somos nada originales, porque en los habitantes de cualquier pueblo o ciudad, de aquí o de allá, están presentes, son naturales, como no podría ser de otra manera, esos comportamientos.
Esta breve introducción viene a cuento por el hecho de que, aunque parezca sorprendente, no siempre ocurre así en la realidad. Hay actuaciones u omisiones al respecto que nos dejan a veces perplejos, parece como si nuestro patrimonio monumental y artístico, por ejemplo, careciera de importancia o, aun reconociéndola, nos desbordase y fuéramos incapaces de ponerla en valor, utilizando una frase en estos tiempos tan repetida. Estoy pensando, en concreto, en nuestra iglesia del Convento.
No entraré en detalles sobre esa estupenda muestra arquitectónica del pasado de esta villa, para lo que remito al lector a las páginas del libro publicado en 2008 (El Convento de Carmelitas Descalzos de Campo de Criptana), cuyos beneficios se dedicaron íntegramente a colaborar en las obras de su restauración. Baste recordar que fue el templo en torno al cual transcurrió la existencia de una comunidad de frailes desde 1598 hasta 1835-36. A partir de otro anterior, el edificio fue construido en los primeros años del siglo XVIII dentro de los cánones estructurales de las iglesias jesuíticas cuyo modelo es la de Jesús (Gesú), de Roma, y en un estilo barroco notablemente austero.
Hace pocos años, y después de actuaciones parciales anteriores, se abordó su completa restauración, para lo cual se creó una Asociación, aún existente, cuyo compromiso fue promover actos de todo tipo para recaudar el dinero necesario para las obras. Al día de hoy se siguen programando actos para acabar de sufragar el importe de un  préstamo bancario concertado en su momento por la Parroquia; se trata de una pequeña cantidad en comparación con el coste total de la obra, que ascendió casi a los 800.000 euros, y que se confía en redimirla pronto. En 2009 fue reabierto el templo, una vez rehabilitado.
El objetivo era precisamente ése, es decir, que la iglesia estuviera abierta, no sólo para actos religiosos, su fin primordial, sino también disponible para que cualquier persona, incluidos los numerosos visitantes, españoles y extranjeros, que llegan a Campo de Criptana, puedan contemplarla y admirarla desde el punto de vista artístico.
Este segundo aspecto es el que lamentablemente está fallando. Salvo raras excepciones, el potencial visitante de la iglesia del Convento se marcha de nuestro pueblo sin ver su interior, visitante que ve frustrado su interés después de haber visto publicitada la iglesia en los folletos turísticos, situación claramente incomprensible cuando desde las instituciones públicas se trata de fomentar el turismo como una actividad rentable de presente y de futuro para Campo de Criptana. Y no valen excusas; si tener ese templo abierto unas horas al día es      ¡¡¡ un problema !!!, búsquense soluciones, porque el asunto las merece. Claro que el problema no es sólo del Convento, sino de muchos componentes de nuestro patrimonio monumental, visitables sólo teóricamente, pero de ellos me ocuparé en otra ocasión.


FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS

lunes, 21 de julio de 2014

La Beneficencia municipal en los albores de la Segunda República

La crisis económica iniciada en octubre de 1929 en Estados Unidos se hizo internacional y también acabó afectando a España, bien es cierto que con algo de retraso y con menos intensidad si se compara con otros países de Europa y América. Tal fue el contexto – aparte de sus particulares problemas internos - en el que tuvo que desenvolverse en nuestro país el régimen político de la Segunda República, proclamada el 14 de abril de 1931, cuyos gobiernos tuvieron que afrontar en los años siguientes las secuelas sociales derivadas de la crisis, entre ellas el paro, creciente a medida que pasaba el tiempo, con las consiguientes dificultades, en el plano local que aquí interesa,  para una buena parte de las familias criptanenses. La asistencia social a los más desvalidos económicamente hablando, explicitada en la beneficencia municipal y concretada temporalmente en el inicio de aquellos difíciles y singulares años treinta del siglo XX, es el objeto de este artículo.

A finales de septiembre de 1931 había 544 familias consideradas pobres en Campo de Criptana, lo que supone un porcentaje más que respetable del total de una población de hecho que ascendía – según el padrón municipal de 1 de diciembre de 1930 – a 14.384 habitantes, incluidas 361 personas transeúntes. El Ayuntamiento dedicaba parte de sus fondos a socorrer de diversas formas a los más necesitados. Así, pagaba a cuatro médicos, que en 1930 habían asistido de gratis a 1.020 enfermos; el gasto suponía al año 8.250 pesetas, que desde 1932 ascendieron a 10.000. Por otra parte, en 1930 el suministro gratuito de medicamentos alcanzó la suma de 6.294,44 pesetas.
El Hospital en el plano de 1911, señalado con el nº 21
Para hacerse una idea del significado de tales cifras, en el presupuesto municipal aprobado el 27 de noviembre de 1931 para la anualidad siguiente, de un total de gasto de 376.461,72 pesetas. el capítulo de Beneficencia ascendía a 36.825 pesetas , en torno al 9,8% del total y algo inferior a la mitad de lo presupuestado para obras públicas y casi el doble de lo dedicado a instrucción pública. 
En el presupuesto municipal en curso para 1931 los gastos en el capítulo de Beneficencia ascendían a 24.690 pesetas, de las que el auxilio médico-farmacéutico suponía 19.765; del resto, una parte, 3.625 pesetas, se destinaba a subvencionar al entonces denominado Hospital Asilo de San Bartolomé. El asiduo lector de este blog recordará que en el artículo titulado CAMPO DE CRIPTANA EN EL TIEMPO DE EL QUIJOTE (XI), publicado el 27 de junio de 2013, se mencionaba al Hospital de San Bartolomé como uno de los existentes en Campo de Criptana ya en el siglo XVI.
En el informe elevado en septiembre de 1931 al Gobernador Civil de la provincia de Ciudad Real se señalaba que el Hospital Asilo, de carácter municipal, estaba situado “en el punto más alto de la población”, aislado de toda vivienda y de establecimientos industriales, bien orientado, y defendido de los vientos fuertes “por una pequeña loma, en cuya falda se halla asentado”. Había sido edificado unos veinte años atrás, tras el traslado desde su lugar  original - indicado más adelante -  y estaba siempre muy limpio y con buenas condiciones higiénicas. Gozaba de las simpatías del vecindario, que lo sostenía en gran parte con sus limosnas, además de los gastos de que se hacía cargo el propio Ayuntamiento. Estaba en la calle Fuente, 57, poco después denominada, durante todo el tiempo de la República, Pablo Iglesias.
En el presupuesto de 1934 se tasaba su valor en 30.000 pesetas. Su superficie era de 3.200 metros cuadrados. Se señalaban como linderos por la derecha y la espalda la Sierra, y por la izquierda la calle Norte. Fue edificado en 1910, al tiempo que el Teatro Cervantes – levantado donde antes estuvo situado el propio Hospital -,  en terreno de uso público, junto a la Fuente del Caño, y había sido ampliado con un pabellón para enfermos epidémicos y contagiosos.
Entrada al Hospital, frente a la calle Fuente 
En el Hospital prestaban sus servicios las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, siete por esas fechas. Por entonces acogía a 15 ancianos y atendía a personas que habían sufrido accidentes y que marchaban a sus respectivos domicilios una vez que habían sido asistidos durante el tiempo que la lesión requería. El número anual de estancias era de 6.205, cuyo promedio de coste por unidad era de una peseta. El número de camas o plazas fijas de socorro permanente o temporal era de 22. De mayo de 1931 data un proyecto de construcción de una enfermería para atender a enfermos por epidemias y de una sala para parturientas, todo lo cual supondría un gasto de 4.000 pesetas.
El Hospital estaba dotado de unos bienes propios: un título de Deuda del Estado (relacionado con la desamortización de sus bienes en la segunda mitad del siglo XIX en aplicación de la llamada ley Madoz de 1855), cuyos intereses anuales le reportaban 806,80 pesetas, y una casa palomar en la calle Valenzuela (donde hoy se ubica el Conservatorio de Música), cuyo valor estaba tasado en 7.500 pesetas. Por la venta de palomas y palomina ingresaba unas 1.000 pesetas; el edificio se dedicaba en parte también a casa cuna y almacén municipal. Recibía además una subvención del Ayuntamiento de casi 3.000 pesetas; en cuanto a las limosnas, las Hermanitas aseguraban que eran de 2.000 pesetas al año de promedio. Por supuesto, el Ayuntamiento corría con los gastos de mantenimiento del local y de personal (un barbero y un facultativo, tarea en la que se turnaban los médicos titulares municipales).


FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS

Aniversarios históricos

Todo aniversario es histórico, pues todos tienen que ver con acontecimientos que implican cambio, evolución y, desde luego, memoria, esa memoria histórica que, de una manera u otra, cualquier persona conserva, por más que haya quien se empeñe, como ahora mismo ocurre a nuestro alrededor, en echar tierra por encima de ciertos hitos del pasado que, como todos los componentes de éste, nunca hay que dejar arrinconados, nos gusten más o nos gusten menos o, simplemente, no nos gusten nada.
Algunos de esos hitos del pasado se nos echan encima cada año por el mes de abril. Así, en nuestro país, la proclamación de la Segunda República, ocurrida un martes 14 de abril, dos días después  de unas elecciones municipales que a muchos, en principio, pudieron parecer inocuas pero que acabaron con el reinado de Alfonso XIII, aquel rey que en ese día marchó al exilio pensando volver pronto a España, expectativa que el tiempo se encargó de demostrar fallida. 
Otro de esos hitos anualmente se manifiesta con el comienzo del mes; en efecto, el 1 de abril de 1939 acababa oficialmente la Guerra Civil española por excelencia – hubo otras antes -, una guerra que se alargó durante casi tres años tras el fracaso de un golpe que – con apoyos civiles – un sector del ejército protagonizó en la Península el 18 de julio de 1936 después de varios meses de intensa preparación. A este aniversario, el 75º ya, me refiero en las siguientes líneas.
En Campo de Criptana, en relación con los graves sucesos acaecidos  en Madrid unos días antes, el 8 de marzo de 1939 se reunió el Ayuntamiento en sesión extraordinaria, cuyo único punto del orden del día era el cese de los consejeros pertenecientes al Partido Comunista. El nuevo alcalde fue el socialista Juan Antonio Navarro; a propuesta suya se acordó por unanimidad enviar un telegrama de adhesión al Consejo Nacional de Defensa, constituido en Madrid el 5 de marzo a raíz del golpe de Estado dirigido por el coronel Casado contra el gobierno republicano de Juan Negrín.
En la que parece ser la última sesión plenaria celebrada - el día 11- por el ayuntamiento criptanense republicano antes de finalizar la guerra participaron, además de Navarro, Francisco Escribano, Manuel Rey, José Antonio Olmedo, Amaro Torres, Domingo Flores, Julián Vela, José María Bustamante, Alfonso Cruz y Antíoco Alarcos. Duró apenas media hora y en ella el alcalde aseguró haber aceptado el cargo con la idea de que hubiera “la mayor armonía posible entre todos” pues hora era “de dejarnos de rencillas” y de emplear todas las energías cada uno en el desempeño de su puesto; su propósito, afirmó, era “la pacificación de los espiritus”.
Deseos, después de todo, sin futuro pues a finales de mes se producía la ocupación del pueblo por tropas franquistas. El nuevo régimen se estrenó oficialmente en la sesión extraordinaria de 1 de abril de 1939. A las cinco de la tarde de ese día en la sala capitular del Ayuntamiento el teniente coronel Enrique Segura Rubio, comandante militar de la villa, ante las personas que lo acompañaban y el público allí congregado, dando cumplimiento a lo ordenado por el coronel jefe de la 84 División y de las tropas de ocupación de la provincia de Ciudad Real, nombró alcalde a José Vicente Moreno Olmedo, que en su intervención afirmó que obraría “en beneficio de España y del Caudillo, para bien de la Patria”.
La Junta Gestora del Ayuntamiento estaría desde ese momento constituida, además del alcalde, por Ángel Granero Salcedo, Alfonso Cereceda Morán, Juan Miguel Irisarry Ramírez, Julián de la Guía, Ricardo Rasines, Ignacio Muñoz, Francisco Perucho, Wenceslao Ramírez, José Antonio Nieto, Abundio Escudero, Jesús Alarcos, Juan José Manzaneque, Antonio Bustamante y Antonio Ortiz Muro. El alcalde señaló que “en la España de Franco se habla poco y se trabaja mucho”, por lo que los concejales y él mismo – seguía diciendo - “en estrecha compenetración, habremos de dedicarnos nada mas que á laborar por la España de Franco, para hacerla una, grande y libre”.
La guerra aún está presente en el paisaje de Campo de Criptana, por ejemplo en su cementerio, tal como muestran las imágenes que acompañan a este escrito: la tumba del primer asesinado – un eclesiástico -  a los pocos días de producirse la sublevación militar; el conocido como monumento a los caídos (los del bando vencedor), levantado mediante aportaciones económicas como la del Ayuntamiento, que el 6 de junio de 1939 acordó colaborar con 1.000 pesetas para construir “un mausoleo en este Cementerio católico a las víctimas de la barbarie roja”, y, por último, la tumba que alberga los restos de algunos de los vencidos republicanos y que debieron esperar a la llegada de la democracia para poder ser recordados materialmente.

Acababa la guerra y se iniciaba la paz. Ha estallado la paz tituló José Mª Gironella (1917-2003), una de sus novelas relacionadas con la guerra civil. Pero no todos los españoles entendieron así lo ocurrido a partir de abril de 1939. Parte de nuestros antepasados comprobaron en ellos mismos y en sus familias que empezaba la victoria, la de una parte, la que se había impuesto militarmente en el conflicto y la que iba a imponer su particular forma de ver y hacer las cosas a lo largo y ancho del país basándose en la Ley de Responsabilidades Políticas (1939) y en la Ley para la Represión de la Masonería y el Comunismo (1940), entre otras. Una inmensa prisión es el título de una obra colectiva publicada en 2003 por la editorial Crítica dedicada al estudio de “los campos de concentración y las prisiones durante la guerra civil y el franquismo”, según reza el subtítulo.

Con la documentación – escasa - disponible en el Archivo Histórico Municipal de nuestra villa se sabe que superaban el centenar las personas que se encontraban detenidas en las dos cárceles existentes en Campo de Criptana en los primeros meses tras la finalización de la guerra. La tradición oral nos habla de su trabajo forzoso en la construcción de los muros del campo de fútbol, obra en la que se utilizó piedra procedente de lo que había quedado de la destruida iglesia parroquial. A ese número habría que añadir el de quienes fueron a parar a otras cárceles como las de Alcázar de San Juan, Manzanares, etc., etc. De todas ellas, varias decenas, un número similar al de aquéllas objeto de la represión republicana durante la guerra, fueron condenadas a muerte.
También hubo criptanenses que protagonizaron el exilio, especialmente hacia tierras francesas. De ellos se conocen los nombres de dos que acabarían encontrando la muerte, en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, en el campo de trabajo y exterminio nazi austríaco de Gussen, un anejo del también tristemente célebre campo de Mauthausen: Ángel Sepúlveda Beamud, en 1941 y Mario Sánchez Ortiz, en 1942.
En fin,  no olvidemos…, para que nada semejante a todo lo anterior nos pueda ocurrir.


FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS 

domingo, 20 de julio de 2014

¿Monarquía? ¿República?

Las encuestas acerca de temas muy diversos están a la orden del día. En el momento presente, una vez anunciada por el rey de España, Juan Carlos I, su decisión de abdicar, al hilo de ella se han multiplicado aquéllas en todos los medios de comunicación, unas con más apariencia de haber sido realizadas bajo parámetros científicos, otras simplemente reducidas a obtener algunas respuestas sobre la marcha de personas de la calle con el fin de ser emitidas en cualquier telediario.
Manuel Azaña
Si fijamos la atención en estas últimas, cuando se pregunta qué prefiere el interrogado o la interrogada                  – monarquía o república -, no es raro escuchar cómo se manifiesta el rechazo de la república como forma de Estado al identificarla con acontecimientos revolucionarios y teñidos de violencia. Si se tienen en cuenta comentarios que se oyen a veces, esto ocurre también en Campo de Criptana, especialmente en personas de edad madura, aunque no sólo entre ellas, fenómeno debido en buena parte a que la tradición oral ha ido transmitiendo a lo largo de décadas y décadas la experiencia especialmente traumática que supuso la guerra civil (1936-1939). Durante ésta las retaguardias de ambas zonas enfrentadas en aquel conflicto fueron escenario de represión violenta sobre el adversario ideológico y de desmanes de todo tipo; al estar Campo de Criptana en zona republicana durante toda la guerra, evidentemente en nuestro pueblo esos desmanes y violencia fueron responsabilidad de los sectores más radicales del republicanismo y de ahí deriva que todavía mucha gente identifique república con todo lo peor que le puede sobrevenir a una sociedad.
Alejandro Lerroux
En la coyuntura histórica en que vivimos conviene seguir haciendo pedagogía al respecto de todo ello de forma serena y sin prejuicios, haciendo ver lo que marca la diferencia entre monarquía y república. Se trata de dos modelos de Estado que, en un contexto democrático como lo es el nuestro, se distinguen uno de otro en un elemento básico: en una monarquía el del Jefe del Estado es un cargo hereditario, se trasmite de padre a hijo o hija; en una república es elegido periódicamente por los ciudadanos (cada seis años según la Constitución española de 1931). Y eso es independiente del hecho de que el gobierno sea de derecha, de centro o de izquierda, lo cual dependerá del resultado de las elecciones parlamentarias o generales, también celebradas periódicamente dentro de un sistema democrático.
Niceto Alcalá Zamora
Así, en el transcurso de la Segunda República en España, proclamada en abril de 1931, hubo periodos en que gobernó la izquierda (con Manuel Azaña, por ejemplo) y años en que gobernó la derecha o centro derecha (con Alejandro Lerroux, entre otros). Y si se habla de la Jefatura del Estado, la ocupó el propio Azaña (líder de Acción Republicana y luego de Izquierda Republicana, una izquierda no marxista, por cierto) y antes que él Niceto Alcalá Zamora, antiguo  monárquico reconvertido en líder del partido Derecha Liberal Republicana. Por otra parte, bajo la monarquía de Juan Carlos I hemos visto, asimismo, cómo gobernó el centro con Adolfo Suárez  y Leopoldo Calvo Sotelo (UCD), la izquierda, con el PSOE de Felipe González, y la derecha, con José María Aznar, por extenderme sólo hasta los primeros años del siglo XXI.
Así pues, a la hora de plantearnos el dilema monarquía-república y mostrar nuestra inclinación hacia una u otra, debemos considerar, dejando aparte circunstancias que en el aquí y ahora de nuestra particular historia habría que obviar, el siguiente interrogante:
¿Prefiero participar cada cierto número de años en la elección del Jefe del Estado, o aceptar que tal cargo ha de ser heredado por un hijo o una hija de quien lo está ocupando?

FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS

sábado, 19 de julio de 2014

Las cifras del turismo

Hace pocas semanas en uno de los espacios de nuestra televisión local podíamos escuchar de la persona responsable del Centro de Iniciativas Turísticas criptanense que el año 2005 – recuérdese, el año de la conmemoración del Cuarto Centenario de la publicación de la primera parte de El Quijote – fue el del “boom” de llegada de turistas, y que desde entonces la tendencia al crecimiento se mantuvo e incluso últimamente éste aumenta en términos relativos.
A Campo de Criptana llegan, en efecto, muchos visitantes, tanto nacionales como procedentes de otros países; hablando con propiedad, se trata de excursionistas en su más que inmensa mayoría, pues el turista propiamente dicho es el que, además, pernocta, pero son visitantes al fin y al cabo que se constituyen en una magnífica materia prima para un mejor y mayor aprovechamiento, en el futuro, para la economía de nuestro pueblo. Sin embargo, saber cuántos son resulta muy difícil, por no decir imposible; a continuación trato de explicar tales calificativos.
Centro de Iniciativas Turísticas
Hace unos meses solicité al Centro de Iniciativas la estadística de visitantes correspondiente a los años 2008 a 2013 y se me contestó que se me facilitaría una vez que el Ayuntamiento lo autorizase, al tiempo que se me indicaba que a través de la Consejería de Empleo y Economía, de la que depende todo lo concerniente al turismo en nuestra región, podría obtener tales cifras. Seguí el consejo y desde la Dirección General de Turismo y Artesanía se me aseguró que las cifras me las facilitaría “con gusto seguramente” el Ayuntamiento.
Pasaban los días y como esto último no ocurría me dirigí por escrito a la Junta de Gobierno Local criptanense, que me respondió con su negativa a darme dichos datos alegando que son confidenciales y basándose  en un artículo de la Ley de Ordenación General del Turismo de Castilla-La Mancha, aparte de que podía solicitarlos al organismo correspondiente de la Junta de Comunidades. No me parecieron válidos los argumentos utilizados por la Junta de Gobierno – entre otras razones porque yo sólo pedía cifras, no nombres y apellidos de los visitantes – y de nuevo seguí fielmente el consejo.
Me puse en comunicación sucesivamente con la Dirección General aludida más arriba y con la Consejería correspondiente y, ¡por fin!, a principios de junio obtenía los datos. Debo aclarar que yo ya contaba con las estadísticas que hasta 2007 eran publicadas en la página web www.campodecriptana.info, en las que, efectivamente, se reflejaba la gran afluencia de visitantes: independientemente de la cifra excepcional del año 2005 (134.806 visitantes), en 2006 y 2007 osciló en torno a los 60.000. Las que he recibido recientemente de la Junta de Comunidades acerca del periodo 2008-2013 distan todo un abismo de las anteriores; a través de ellas se observa que en esta última serie es el año 2008 el de más visitantes registrados, con 5.380 visitantes.  
Como es lógico, no puedo creerme, no puedo dar validez a esas cifras tan raquíticas. Basta subir con frecuencia a la Sierra de los Molinos para comprobar que nos visitan muchísimas más personas. La explicación de la disparidad de cifras entre unos años y otros está –estimo - en que sólo una mínima parte de los visitantes pasan por el Centro de Iniciativas y queda registrado estadísticamente.
Sería iluso pensar que en cualquier lugar al que llegan turistas todos ellos pasan por un organismo oficial y quedan censados, pero también es iluso pensar que es imposible acercarse a la realidad. Si en Campo de Criptana las cifras que da el Centro de Iniciativas están muy lejos de la realidad será por algo, y si este algo constituye un problema, habrá que resolverlo. Visto desde fuera - como un simple espectador, dada la ausencia de información sobre estos asuntos -, entiendo que la duplicidad que hay, en la acogida de visitantes, entre el Centro de Iniciativas y el Punto de Información Turística ubicado en el molino Poyatos es parte esencial del problema por lo que se refiere a las cifras del turismo en Campo de Criptana.
Punto de Información, en el molino Poyatos
Entiendo – repito que estas cosas se deberían explicar por parte del Ayuntamiento - que las cifras de visitantes que supongo se registran en el Punto de Información – adonde muchas personas van directamente cuando llegan - no se pasan al Centro, que es el encargado de pasar la estadística a la Junta de Comunidades; debería estar todo organizado de manera que sí las recogiese. En este supuesto, las cifras serían otras y no las cifran ridículas que figuran oficialmente, ridiculez que me hacen entender la decisión de la Junta de Gobierno Local de no hacerlas públicas. Por supuesto, no me creo esas cifras oficiales, pero tampoco esa cantidad “mítica” de 200.000 visitantes que últimamente, año tras año, oímos proclamar a nuestras autoridades; si se tiene en cuenta la serie de datos publicada, que comprende los años 2002-2007, calculo que nos visitan al año, como mucho – que ya no está mal -, y teniendo en cuenta una cierta tendencia al crecimiento, unas 70.000 personas.
Abogo, por consiguiente, por una racional estructuración de la recepción de visitantes en el sentido que constituye el meollo de este artículo, es decir, que las estadísticas oficiales del turismo en Campo de Criptana se aproximen lo más posible a la realidad; por lo demás, esas estadísticas deberían publicarse periódicamente en la página web sobre turismo del Ayuntamiento www.tierradegigantes.es.
Y, una vez expuesto todo lo anterior, quiero poner de manifiesto que, a lo largo de esta especie de “vía crucis” que involuntariamente y a mi pesar he tenido que protagonizar para poder conseguir las cifras del turismo en nuestro pueblo, como ciudadano, como ciudadano muy interesado por todo lo relacionado con el turismo en nuestro pueblo, como docente y como Cronista Oficial de esta Villa, me he sentido profundamente decepcionado y defraudado por la actitud y la actuación seguidas en este asunto por la Junta de Gobierno de nuestro Ayuntamiento, de mi Ayuntamiento.
Una última reflexión que expongo a la consideración de la ciudadanía criptanense: ¿No sería necesaria la existencia de un Patronato de Turismo en Campo de Criptana?


FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS


Una nueva etapa



Con el título AYER Y HOY DE CAMPO DE CRIPTANA, Crónicas de la villa aparece este nuevo blog que centrará en esta  villa su temática, contemplando todos los aspectos que forman parte de la Historia como disciplina académica; sociedad, economía, política, cultura, etc.
Hasta ahora mi incursión en este mundo de los blogs había tenido como vehículo de comunicación una página web privada que me ofreció en su momento la posibilidad de ir narrando episodios de nuestra historia como pueblo. Desde este momento me independizo, podría decirse.
Poco a poco iré recogiendo en este lugar los más de treinta artículos ya publicados, a los que iré añadiendo, en la medida que el tiempo me lo permita, otros nuevos. Desde un principio quiero dejar claro que el talante que me guiará será el propio de un profesional de la Historia, con mis particulares virtudes y defectos, que de todo hay. Así pues, estarán presentes la objetividad – tan difícil de alcanzar –, el compromiso social, el espíritu crítico, que no menoscaba para nada el respeto a personas e instituciones, y, claro está, como telón de fondo la defensa de los valores democráticos.
En la decisión que implica el nacimiento de esta nueva forma de comunicarme con mis lectores ha sido determinante el hecho de que mi último artículo, LAS CIFRAS DEL TURISMO, publicado a principios de julio de 2014, fuese a los pocos días eliminado del blog por el administrador de la página. Ante esa falta de respeto a mi libertad de expresión, principio básico de una sociedad democrática, no podía continuar publicando por esa vía.
Por los comentarios que últimamente se han hecho acerca del artículo mencionado he comprobado que muchas personas comparten valores que yo defiendo, por lo que agradezco sinceramente el apoyo y el aliento recibido. El artículo, que será el primero que, propiamente como tal, aparecerá en este nuevo blog pues mucha gente no ha podido leerlo, había evidentemente una crítica al poder municipal, pero se trata de una crítica constructiva, que ni aun así ha sido admitida; ojalá esa actitud sea simplemente algo episódico.


FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS