miércoles, 6 de agosto de 2014

Campo de Criptana en el tiempo de "El Quijote" (XI)

Publicado por primera vez en junio de 2013


Edificios no religiosos dignos de mención eran los hospitales. Según las Relaciones de Felipe II (1575), “Hay un hospital de San Bartolomé, tiene siete a ocho mil maravedis de renta, hay otros dos de particulares”. Pero en época cervantina hasta cuatro llegó a haber. Uno de ellos fue absorbido ya por entonces por el de San Bartolomé debido a que no podía subsistir por sus escasos recursos económicos: era el llamado de Corpus Christi. El objetivo de su fundación había sido acoger a clérigos peregrinos.

Teatro Cervantes, en el lugar donde antes estuvo
el Hospital de San Bartolomé
Los otros que son citados en las Relaciones sin dar su nombre fueron el de Santa María y el de San Juan. El primero lindaba con la casa de una tal Aldonza Díaz y se dedicaba a albergar a pobres y acoger a eclesiásticos, seguramente de paso por el pueblo. El de San Juan es aún menos conocido pero sí se sabe que sus medios asistenciales eran casi nulos.

El único de más relevancia fue el de San Bartolomé, que hasta 1907 estuvo en el solar que ocupa el Teatro Cervantes. Ya en 1525 se decía de él que era una casa cercana a la iglesia y que a su cargo estaba una Cofradía de San Bartolomé. En suma, para la época que nos ocupa todos ellos, más que para otro fin, servían para hospedaje y algo de atención sanitaria de lo más elemental para pobres y religiosos transeúntes que necesitasen pernoctar durante una parada en su viaje. Y de sus inmuebles nada nos queda, lo que no es el caso de los dos monumentos que se reseñan a continuación.
Fachada principal de "El Pósito"

El Pósito es un edificio del siglo XVI ampliado en el siglo XVIII, durante el reinado de Carlos III. Presenta en su fachada principal una portada de acceso bajo un arco de medio punto sobre el que es visible el escudo real con un águila de fondo, rodeado por el collar de la Orden del Toisón de Oro y flanqueado por dos cruces de la Orden de Santiago. A la altura de principios del siglo XVII contaba ya con una larga andadura y por las funciones que cumplía era una institución de referencia obligada en la vida cotidiana de Campo de Criptana.

Escudo en El Pósito
que corona su portada de acceso
Los pósitos en España parecen ser de origen medieval y se crearon por medio de convenios entre vecinos o a través de fundaciones pías para precaverse contra las malas cosechas, el acaparamiento y los altos precios de los cereales. En el contexto de un control completo del abasto de los artículos de primera necesidad por parte de los ayuntamientos ya desde el siglo XVI, el suministro de trigo era dirigido mediante los pósitos, que servían de depósitos reguladores: almacenaban cereales, sobre todo trigo, para prestarlo a los labradores y surtir a la población a precios moderados en épocas de carestía, para contrarrestar el alto precio del pan en tales circunstancias, gracias a lo cual se evitaban o atenuaban posibles conflictos sociales.

Los administradores de los pósitos adquirían grano en la recolección y prestaban al agricultor para empanar los barbechos o bien para facilitarle liquidez en el momento de la siega, en que se producían gastos obligados. Los préstamos eran reintegrados con un interés, las llamadas creces – crez en singular -, que en Campo de Criptana eran de un celemín por fanega.

Fachada occidental de "El Pósito", en cuya parte derecha
se aprecia la ampliación que tuvo en el siglo XVIII
 Puede afirmarse que el Pósito jugó un destacado papel en la vida del pueblo en general y en la economía de muchos criptanenses en particular; es más, su propia historia está estrechamente vinculada con la de Campo de Criptana, es un buen indicador de su evolución y los avatares de su existencia en la época de El Quijote son más que ilustrativas del acontecer diario de nuestro pueblo; de sus actuaciones por entonces habría que subrayar las siguientes:

·         Compras de trigo en Andalucía y en Castilla la Vieja.

·         Elaboración de pan cuando su precio se disparaba al alza. A veces, para los más pobres se vendía más barato utilizando el trigo comprado a precio más bajo.

·         Colaboración en el pago de unas cargas fiscales cada vez más agobiantes para el pueblo.

Panorámica de la Casa de la Tercia
De la Casa de la Tercia, situada en la plaza a la que da nombre, se desconoce la fecha de su construcción, que podría situarse entre finales del siglo XV y principios del XVI. Sus muros son de piedra, a base de mampostería con sillares en las esquinas; la portada se abría, al parecer, bajo un arco de medio punto, lo que hoy en día aparece desfigurado por las reformas que ha sufrido el edificio a lo largo del tiempo. De aspecto externo parecido al edificio del Pósito, como éste tiene cubierta de teja curva árabe y, como éste, la puerta de acceso tenía sobre ella un escudo con la cruz de Santiago y los símbolos de Castilla y León que, con criterio equivocado, fue trasladado hace años por sus dueños a la fachada de otra finca urbana sita en la calle del Convento.

Escudo en la calle Convento perteneciente a la Casa de la Tercia
Su finalidad era de carácter utilitario: servir de almacén de los granos que en concepto de tercias cobraba a los labradores la Orden Militar de Santiago. En su origen medieval, la tercia equivalía a las dos novenas partes de la cuantía de los diezmos percibidos por la Iglesia; con los Reyes Católicos se cobró de forma permanente. En tiempos cervantinos, como a lo largo de la Edad Moderna, el grano de la Tercia fue un recurso del que a veces se echaba mano en coyunturas de escasez por parte del Ayuntamiento efectuando compras para abastecer al Pósito.



         FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS

martes, 5 de agosto de 2014

Campo de Criptana en el tiempo de "El Quijote" (X)

Publicado por primera vez en junio de 2013

Panorámica del Cerro y ermita de Criptana
La ermita de la Virgen de Criptana es un edificio, en lo fundamental, del siglo XVI, heredero de otro anterior de época medieval, y restaurado en diversas ocasiones.

El proyecto parece ser de 1513, debido a Juan García y Esteban Sánchez, que trabajaron en las obras del monasterio de Uclés. Su construcción se alargó en el tiempo. En 1554 no estaba acabada porque sus constructores, dos vizcaínos, se habían dado muerte recíprocamente. El campanario se estaba construyendo a fines del siglo XVI. Una sala en la parte oriental, junto a la ermita, fue ordenada hacer en 1603 para que pudieran comer y dormir los fieles que a la ermita acudían con frecuencia para evitar que hicieran eso, así como danzar y bailar, en el interior de la ermita.

Ermita de Criptana: portada de acceso
 Uno de los elementos más destacados es la portada de acceso, orientada al mediodía, similar a la de la iglesia parroquial, y que nos recuerda a algunas portadas del monasterio de Uclés, lo que se explica por lo que antes señalé.

Ermita de Criptana: la vieja espadaña
Allí se veneraba, como ahora, a la Virgen de Criptana, cuya fiesta fue instituida por el Ayuntamiento el 25 de diciembre del mismo año en que nació Cervantes, 1547. En un principio el día de la Virgen  era el 25 de Marzo, día de la Encarnación. En 1610 se trasladó al primer domingo de septiembre, pero fue por poco tiempo.

Interior de la ermita de Criptana
 El 20 de febrero de 1604 el Ayuntamiento acordó hacer un camino de la ermita al pueblo para traer anualmente la imagen, lo que se hizo desde entonces: catorce días duraba habitualmente la estancia de la imagen en el pueblo.

Sobre la ermita de Villajos señalaban las Relaciones de Felipe II (1575): “media legua desta villa esta otra ermita de la Señora de Villajos”.

Exterior de la ermita de Villajos en otros tiempos
La concepción que de esta ermita tenían los criptanenses de principios del siglo XVII como referencia religiosa y mental era diferente, en parte, de la que tenemos ahora. Ninguna festividad especial había en torno de ella, si bien, como todo lugar sagrado, más o menos atendido y cuidado, era, desde el punto de vista afectivo, centro de creencias y sentimientos que el paso del tiempo no hacía olvidar.

Exterior de la ermita de Villajos en la actualidad
La idea que tenían de aquel paraje era la de un lugar antes - en un momento más o menos lejano - habitado cuyos pobladores habían ido abandonando en favor del antiguo El Campo.

Virgen de Villajos
Como recuerdo físico quedaba la ermita, puesta aún por aquellos años bajo el patronazgo de Nuestra Señora de Villajos, cuya imagen probablemente sea la encontrada en 1982 embutida en un muro de la propia ermita. El aspecto de la ermita que ahora conocemos – fruto de una reconstrucción del tercer cuarto del siglo XVII con adiciones posteriores - no era, con toda seguridad, el que presentaba aquella, edificada - aunque rehecha en parte después - probablemente dentro de los moldes de un románico de transición al gótico, más o menos acorde con el de la talla conservada de la Virgen.

Quienes vivían hace más o menos cuatrocientos años conocían perfectamente la ermita de San Benito. Así, las Relaciones filipinas afirman que había “ ...  otra ermita una legua desta villa de San Benito ...” .

Puente de San Benito

¿ Habría servido la ermita en otros tiempos de iglesia del poblado de Posadas Viejas – hasta el momento sin   localizar exactamente-, probablemente acabado de deshabitar ya a finales del siglo XIV a favor de El Campo? Es ésta una simple hipótesis. Perdido el pueblo, habría perdurado en forma de denominación de un paraje del término municipal. Abundando en ello, el término Posadas hace pensar en un lugar de frecuente trasiego de transeúntes; y la ermita estaba a muy poca distancia del cauce del río Záncara y del Puente de San Benito, punto de paso para muchas personas en aquella época.
Explotación ganadera en el lugar donde estuvo
la ermita de San Benito junto al puente

Desaparecido aquel pueblo, tal vez se entendió conveniente mantenerla en pie para atender en la práctica religiosa a las personas que tenían su lugar de trabajo por aquellos pagos, ciertamente distantes de la villa. Tenía su mayordomo, que destinaba las limosnas recibidas a la conservación del edificio, una pequeña nave de planta rectangular. 


FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS


Campo de Criptana en el tiempo de "El Quijote" (IX)

Publicado por primera vez en junio de 2013


Ermita de Santa Ana
La nómina de ermitas erigidas en Campo de Criptana, además de la de Veracruz, de la que ya se trató anteriormente, era relativamente extensa,  y algunas de ellas se remontaban a tiempos bien remotos. Los contemporáneos de Cervantes conservaban en su retina los trabajos de construcción de la ermita de Santa Ana, que estaba levantándose extramuros de la villa en 1575.

Interior de la ermita de Santa Ana

Tal como la vemos hoy en día es fruto de sucesivas reconstrucciones y restauraciones. En sus orígenes debió ser más sencilla. Con dos puertas de acceso, hacia mediodía y hacia poniente, su planta era rectangular y posteriormente se amplió lateralmente hasta adquirir en el interior la planta de cruz latina; su cubierta interior es adintelada, es decir, semejante a la de la ermita de Veracruz, construida por la misma época. En 1621 fue completado un retablo que ya existía con anterioridad: Onofre Fernández lo doró y además lo dotó de tres cuadros.

La ermita de San Cristóbal es situada por las Relaciones de Felipe II (1575) en un cerro redondo, éste por entonces con una puerta, con anterioridad dotado de una muralla, situado en una orilla del pueblo. En la misma se veneraba también, como sabemos ya, a San Gregorio Nacianceno. Ese cerro no es otro que el de la Paz. La ermita es la que ahora conocemos como de la Virgen de la Paz; el cambio de advocación es posterior a la época de El Quijote.
La antigua ermita de San Cristóbal

La ermita, si no la primera, sí de las primeras iglesias del medieval pueblo de El Campo, tenía, como ahora, planta rectangular, y tenía dos puertas, a mediodía y a poniente, esta última eliminada hace muy pocos años. En 1525 estaba recién reedificada gracias a las limosnas de los devotos y tenía un retablo inacabado. De la pobre condición de la ermita da idea el hecho de que todavía en el último tercio del siglo XVI los visitadores de la Orden de Santiago ordenaran allanar con yeso el piso para así eliminar – decían - los barrancos. De cualquier forma era referencia importante para los criptanenses del Siglo de Oro por venerarse allí esos santos protectores, el uno contra los efectos de la peste y el otro de las viñas. 


Ermita de la Concepción
Sobre la ermita de la Concepción son escasísimos los datos. Situada al este del pueblo, en principio a cierta distancia, en un paraje donde abundaban las eras de pantrillar, su existencia es segura en 1575 y desde principios del siglo XVII fue referente en las traídas de la Virgen de Criptana hasta la villa. Muy sencilla también, hoy abandonada para el culto, su aspecto, muy posiblemente distinto al original, es fruto de reparaciones hechas a lo largo del tiempo. En la segunda mitad del siglo XIX, junto a ella, se instaló el cementerio, que así la tuvo como capilla.

Portada, destruida hace pocas décadas,
de la ermita de las Angustias 
La ermita de las Angustias (conocida ahora más como de la Madre de Dios) debió de  edificarse en el siglo XVII o, como mucho, en el último cuarto del siglo XVI. La escasez de datos sobre ella nos obliga a ir a una época ya relativamente avanzada: en 1697 se dio por finalizado el concurso para realizar obras de reforma o ampliación, concretamente la realización de su cubierta abovedada. Por ello, merece más la pena referirse a la cofradía que en ella tuvo su sede, la llamada en época cervantina de Nuestra Señora de las Angustias, que hacia 1605, cuando se publica la primera parte de El Quijote ya tenía una larga andadura.


Interior de la ermita de las Angustias
a principios del siglo XX


FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS

Campo de Criptana en el tiempo de "El Quijote" (VIII)

Publicado por primera vez en junio de 2013


Los criptanenses, cuyas vidas venían regidas por fechas y acontecimientos marcados por la religión, contaban con no pocos templos donde llevar a cabo sus ritos y dar satisfacción a sus sentimientos y creencias.


Exterior de la anterior iglesia parroquial
Se sentían muy orgullosos de su iglesia parroquial, colocada bajo la advocación de Nuestra Señora de la Asunción. Se había ido edificando a lo largo de muchos años durante el siglo XVI, a partir de otra anterior más pequeña, de tres naves. Maestre Juan fue uno de los canteros que en ella trabajaron; el vizcaíno Pedro de Garay se había encargado de suministrar gran parte de la madera necesaria para la construcción.

El dilatado tiempo de su construcción hizo que tuviera elementos de diversos estilos artísticos, si bien fundamentalmente era renacentista. Era de una sola nave, de unos 45 metros de longitud, cubierta por bóveda de estilo gótico.

Retablo mayor del
desaparecido templo parroquial
Nada de la iglesia era más alabado por los criptanenses que el retablo renacentista del altar mayor, hecho a principio de los años setenta del siglo XVI por el salmantino, de Peñaranda de Bracamonte, Pedro Martínez de Castañeda, discípulo de Alonso Berruguete; uno de sus colaboradores, natural de Campo de Criptana, fue el escultor Francisco Hernández.

Toda la labor en madera del retablo fue luego dorada y pintada, de lo cual se encargó, entre 1590 y 1592, Mateo de Paredes ayudado por un equipo de artesanos procedentes de Toledo, Cuenca, Huete y Madrid. En esta labor también participó un criptanense, Pedro Bascoso. Quedaban espacios vacíos que se llenaron con pinturas cuyo autor, entre 1598 y 1599, fue el toledano Blas del Prado, que murió
 en 1605.

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Pocos años antes se había establecido en Campo de Criptana una comunidad de Carmelitas Descalzos. La fundación se fue retrasando – a pesar de que Felipe II dio su visto bueno a través de una Real Cédula fechada a 14 de octubre de 1595 – porque el Consejo de las Órdenes estimaba que las limosnas que se habían ido acopiando no constituían una base económica suficiente para el asentamiento de la comunidad. Pero en marzo de 1598 un criptanense que volvía rico de América, Andrés Velazquez Arias, donó 6.000 ducados, con lo cual ese problema desapareció; el 24 de mayo de 1598 los frailes tomaban posesión oficialmente de la que iba a ser la iglesia del Convento.

Iglesia del Convento:
retablo destruido en 1936

Para tal iglesia conventual primero se había pensado en la ermita de la Virgen de Criptana, que hacia 1595 terminaba su reconstrucción, pero acabó desechándose. El Convento se fundó en la antes denominada ermita de Santiago, de tres naves, en cuya reparación el Ayuntamiento gastó bastante dinero. A partir de ella, ya a principios del siglo XVIII, se construyó la iglesia que hoy podemos contemplar.

El Ayuntamiento no sólo reparó la ermita de Santiago, sino que les entregó el dinero que guardaba el mayordomo de aquélla, compró casas y terrenos junto a la ermita para huerta y dependencias conventuales, corrió con los gastos de botica, médico y barbero, le donó entre 1598 y 1608 50.000 maravedís cada año y le facilitó préstamos en dinero y en especie de los fondos del Pósito, deuda que le acabó perdonando en 1604.

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Portada de la ermita de Veracruz
a principios del siglo XX

La Ermita de Veracruz fue sede de la, según algún autor, cofradía de Semana Santa más antigua de Campo de Criptana. De planta rectangular, se había construido –debió rematarse en 1573 según está grabado en la piedra de su portada- sobre el solar de una casa perteneciente a dicha cofradía. A principios del siglo XVII también acogía a la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario y entonces su cubierta era un artesonado de madera y tenía un retablo en el que en talla se representaba, como en su portada, la escena del Calvario, y que estaba compuesto además por varias pinturas con escenas de la Pasión, y concretamente de la Última Cena y Jesús Resucitado.


Parte superior de la portada
de la ermita de Veracruz


De aquella época nos queda la portada de acceso. Orientada  al mediodía, se abre bajo un arco de medio punto perfectamente adovelado. La parte escultórica muy probablemente es obra del ya citado Pedro Martínez de Castañeda. La mitad superior de la portada tiene aires de retablo en cuanto  a la disposición de sus elementos. Está flanqueada por dos pares de pilastras de fuste estriado,  de las cuales las dos inferiores descansan sobre sendas ménsulas colocadas a la altura de la clave del arco de entrada. Dicha parte superior queda dividida en dos espacios más o menos iguales por una cornisa moldurada; el que está a mayor altura presenta una serie de relieves: en el centro la escena del Calvario y a sus lados motivos decorativos propios del Renacimiento como copas y floreros. Bajo la mencionada cornisa otros relieves ocupan la superficie: ángeles desnudos al gusto renacentista, tres cruces y símbolos de la muerte tales como calaveras y tibias cruzadas.




FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS

Campo de Criptana en el tiempo de "El Quijote" (VII)

Publicado por primera vez en junio de 2013


Era aquélla una época en que las diferencias sociales estaban bien marcadas en los esquemas mentales de las gentes. Don Quijote se lo había dejado meridianamente claro a Sancho; en efecto, sobre la jerarquía social, dice don Quijote   a Sancho:    es menester hacer diferencia de amo a mozo, de señor a criado y de caballero a escudero. Así que desde hoy en adelante nos hemos de tratar con más respeto(Capítulo XX, 1ª parte).

El que pertenecía al pueblo llano aceptaba su inferioridad respecto al noble, por lo que echaba mano de las diferencias en materia de creencias religiosas para marcar su superioridad sobre el que no era católico. Los prejuicios de ese tipo quedan retratados en boca de los personajes y del propio autor. Dice Sancho: creo, firme y verdaderamente en Dios y en todo aquello que tiene y cree la santa Iglesia Católica romana, y (…) enemigo mortal (…) soy , de los judíos(Capítulo VIII, 2ª parte).
   
Sobre las personas de origen árabe, en relación con una Historia de don Quijote de la Mancha escrita por Cide Hamete Benengeli, historiador arábigo, dice Cervantes ser muy propio de los de aquella nación ser mentirosos    (Capítulo IX, 1ª parte) y apunta sobre lo que piensa don Quijote: de los moros no se podía esperar  verdad alguna, porque todos son embelecadores, falsarios y quimeristas(Capítulo III, 2ª parte).

Sancho, leemos en la obra, debía de ser bien nacido y por lo menos cristiano viejo(Capítulo XX, 1ª parte). Dice Sancho: yo cristiano viejo soy, y para ser conde esto me basta(Capítulo XXI, 1ª parte). Cuando el encuentro con la bella Dorotea, ésta dice de sus padres: son labradores, gente llana, sin mezcla de alguna raza malsonante y, como suele decirse, cristianos viejos ranciosos(Capítulo XXVIII, 1ª parte).

Añeja vista de la Cruz y Plazuela de Santa Ana

Ser cristiano viejo era un orgullo y acceder a cargos, por modestos que fueran, en instituciones religiosas servía para presumir. Sancho es un ejemplo cuando asegura: por vida mía que un tiempo fui munidor [1] de una cofradía, y que me asentaba tan bien la ropa de munidor, que decían todos que tenía presencia para poder ser prioste [2] de la mesma cofradía(Capítulo XXI, 1ª parte).

En Campo de Criptana, como en otras poblaciones, también encontramos en la etapa histórica de referencia a los llamados cristianos nuevos, una minoría en comparación con la inmensa mayoría de viejos cristianos. Me refiero a los moriscos, que, como los de todos los territorios castellanos y aragoneses fueron expulsados a partir de 1609. Los moriscos de Campo de Criptana  procedían del reino de Granada: en 1580 había censados 87, entre ellos algunos con resonancias “quijotescas” (por ejemplo, un tal Ricote y varios Quijada - Luis, Diego y Pedro –), según vemos cuando Cervantes se centra en la genealogía de don Alonso Quijano: Quieren decir que tenía el sobrenombre de Quijada, o Quesada, que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben, aunque por conjeturas verosímiles se deja entender que se llamaba Quijana   (Capítulo I, 1ª parte).

El arranque urbano de "El Albaicín",, según óleo de Miguel Quintanar
 Según una interpretación tradicional, la Cruz de la plazuela de Santa Ana habría servido de separación de las zonas urbanas ocupadas por los cristianos viejos y los cristianos nuevos (los moriscos), pues tal vez éstos se habrían asentado a las afueras del pueblo, en esa zona de topografía empinada que parece estar en el origen de lo que con el tiempo sería denominado Albaicín, nombre perfectamente documentado más adelante en el tiempo, en el Catastro de Ensenada, en el que Albaicín sería el sector urbano  origen de las calles Rinconada de Santa Ana, Costanilla y Libertad.

[1] Por muñidor: Miembro de una cofradía o hermandad que se encargaba de avisar a los hermanos para que asistieran a fiestas, entierros u otros actos.

[2] Mayordomo de una cofradía o hermandad.


FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS

Campo de Criptana en el tiempo de "El Quijote" (VI)

Publicado por primera vez en mayo de 2013

El nivel cultural de los criptanenses de entonces no difería del que era general en aquella España de grandes contrastes, y no digamos del que era habitual en las áreas rurales. 
Un buen porcentaje de la que denominamos “población en edad escolar” no frecuentaba ningún tipo de escuela. El analfabetismo era condición de muchísimos españoles. Dice Sancho:  yo no sé leer ni “escrebir (Capítulo X, 1ª parte). Cuando en Sierra Morena 
don Quijote hace penitencia y manda a Sancho llevar una carta a Dulcinea, dice don 
Quijote: a lo que yo me sé acordar, Dulcinea no sabe escribir ni leer (Capítulo 
XXV, 1ª parte).

Casi era algo extraordinario, sobre todo en el medio rural, que hubiera personas con conocimientos de lectura y escritura. Llamaba la atención lo contrario. Por eso en el transcurso del encuentro de don Quijote y Sancho con los cabreros, y como muestra del agasajo que querían hacerles, dice uno de los cabreros: queremos darle solaz y contento con hacer que cante un compañero nuestro que no tardará mucho en estar aquí; el  cual es un zagal muy entendido y muy enamorado, y que, sobre todo, sabe leer y escrebir (Capítulo XI, 1ª parte).
  
Eran habituales las lecturas en común. Hablando de libros de caballerías en la venta, dice el ventero: “cuando es tiempo de la siega, se recogen aquí las fiestas muchos segadores, y siempre hay algunos que saben leer, el cual coge uno destos libros en las manos, y rodeámonos dél más de treinta y estámosle escuchando con tanto gusto, que nos quita mil canas (Capítulo XXXII, 1ª parte). En efecto, capaces de leer eran pocos; entre los que sabían hacerlo se encontraban el clero, la nobleza, abogados, escribanos, médicos- intelectuales, en una palabra-, funcionarios ...  y no muchas categorías sociales más.

En los siglos XVI y XVII en la escuela que llamamos primaria se enseñaba a leer, a escribir y las más elementales operaciones de aritmética, además de, por supuesto, la doctrina cristiana; en el caso de las niñas, actividad destacada era la enseñanza de labores propias de su sexo. Dado que la instrucción no figuraba entre las previsiones de gasto del Estado, las escuelas o eran privadas o eran subvencionadas por los municipios, extremo este último que no evitaba que los alumnos tuvieran que pagar, salvo en casos de notoria pobreza, gasto que, aun siendo pequeño, hacía que buen número de familias desistieran de llevar a sus hijos a clase. A veces, también en colaboración con los ayuntamientos, las comunidades religiosas ofrecían sus servicios en este sentido.

Restos de las reliquias de las Once mil vírgenes
Dentro de ese contexto, la enseñanza en Campo de Criptana se movía dentro de parámetros de clara deficiencia. De principios del siglo XVII es una petición que la autoridad municipal elevó al Rey a través del Consejo de las Órdenes Militares en el sentido de que se le concediese licencia para contratar a un maestro, al que se le pagaría 3.000 maravedís al año procedentes de los fondos de sus bienes de Propios; se exponía que la villa tenía más de 1.500 vecinos (unidades familiares) –cifra tal vez algo exagerada para reforzar la petición- y que aquí no había ningún maestro que enseñara, con el cuidado que convenía, a leer, escribir  y  contar. El  23 de septiembre de 1603, desde   Valladolid    –donde estuvo la Corte entre 1601 y 1606- Felipe III dio su visto bueno a la solicitud formulada.

Viendo el tema con la suficiente perspectiva, puede decirse que la precariedad de los recursos educativos no mejoró mucho con el paso del tiempo.  Cierto es que en Campo de Criptana, como en El Quijote, también había algún que otro bachiller, y asimismo licenciados, como se llamaba también a parte de los eclesiásticos. Dice Sancho: anoche llegó el hijo de Bartolomé Carrasco, que viene de estudiar de Salamanca, hecho bachiller(Capítulo II, 2ª parte). En nuestro pueblo en el último cuarto del siglo XVI vivían, entre otros, el bachiller Granero, y ya en el siglo XVII el licenciado Villanueva, que era médico, y el licenciado Juan Baíllo Carrasco, que sería alcalde ordinario en 1619. En 1605 vivían, por citar sólo a algunos, los bachilleres Tardío, Sánchez Quintanilla y el licenciado Agustín Tardío.

Eran ésos títulos que hacían preciso el paso por la Universidad, para lo que requisito imprescindible era el conocimiento de la lengua latina, cuyo aprendizaje, así como el de otras materias preparatorias para estudios superiores, se obtenía en las conocidas como Escuelas de Gramática, ubicadas en poblaciones de cierta importancia. Estaban a cargo del “dómine”, que solía ser un cura o bien un estudiante que no había llegado a obtener éxito en sus estudios y se ganaba de esa manera la vida. Estas Escuelas, también llamadas de Latinidad, fueron aumentando su número en el siglo XVII pues eran el medio, en caso de aprovechamiento, para llegar al sacerdocio. A lo largo de la Edad Moderna en Campo de Criptana hubo épocas en que existió alguna que otra Escuela de este tipo, y por lo dicho no parece descabellado afirmar que este tipo de estudios los hubo aquí en torno a 1600.

Exvotos en la ermita de la Virgen de Criptana
 En aquellos tiempos en nuestro país, como en otros, cultura y religión iban de la mano.  Hay un pasaje de la segunda parte de la novela, cuando de noche caballero y escudero entran en El Toboso, una de cuyas frases se utiliza con cierta frecuencia, muchas veces fuera de contexto. Don Quijote y Sancho acceden a El Toboso una noche sólo alumbrados por la luna en busca del palacio de Dulcinea y “ (…) habiendo andado como docientos pasos, dio con el bulto que hacía la sombra, y vio una gran torre, y luego conoció que el tal edificio no era alcázar, sino la iglesia principal del pueblo. Y dijo:  - Con la iglesia hemos dado, Sancho (…) (Capítulo IX, 2ª parte).

En cualquier localidad la Iglesia Católica era omnipresente, hasta físicamente, con la presencia de los templos. Pero dejando aparte la repetida frase, de lo que no cabe ninguna duda es que cualquier forma de cultura, así como hasta los más mínimos detalles del acontecer diario, estaban entonces penetrados, de forma más que absorbente, por las creencias y el sentimiento religiosos.

Eran tiempos en los que la religión se vivía con intensidad, tanta que hasta más de una vez estaba en el trasfondo de los conflictos bélicos. Eran, por otra parte, tiempos de reformas. Lutero en la segunda década del siglo XVI había protagonizado un cisma en la Iglesia con su Reforma protestante. La Iglesia Católica, consciente de la necesidad de un cambio interno, también se embarcó en su propia Reforma, la Contrarreforma la llamaron los protestantes. Para ello celebró un Concilio, el de Trento, que se alargó durante años, entre 1545 y 1563. Cuando acabó era rey de España Felipe II, que, sintiéndose católico hasta la médula, se erigió en el defensor a ultranza del catolicismo: los acuerdos de aquel Concilio se convirtieron en leyes de obligado cumplimiento en los territorios de su monarquía.

San Sebastián
De la presencia de la religión en la vida cotidiana  en Campo de Criptana pueden aducirse no pocos ejemplos. Uno de ellos es la importancia atribuida a las reliquias de santos y santas, concretada en la llegada a nuestra villa de las reliquias erróneamente llamadas de las once mil vírgenes, en realidad, y al parecer,  de Santa Úrsula y compañeras mártires. A finales de 1615 tuvo lugar aquí todo un acontecimiento: dos cráneos y un relicario, compuesto por distintos tipos de huesos, fueron llevados en procesión solemne por las calles principales, por las que discurría habitualmente la procesión del Corpus Christi, para acabar siendo depositadas en la iglesia parroquial. Las reliquias habían sido donadas por el arzobispo de Colonia al criptanense Juan Ramírez, capitán en los ejércitos de Flandes, y éste las envió a su pueblo a través de un  paisano suyo, el alférez Sebastián Sánchez Quirós. Lo que queda del relicario está depositado hoy en la iglesia del desaparecido Convento de carmelitas descalzos, en una hornacina abierta en uno de sus muros.

San Gregorio
Nacianceno
No eran las únicas reliquias objeto de veneración. Las Relaciones de Felipe II (1575) se refieren a un fragmento del Lignum Crucis guardado en una cruz de oro también en el templo parroquial, que “tienese en grande veneracion y devocion en esta villa porque se tiene por muy cierto de que viene tempestad de piedra que jamas sacando la Cruz apedrea en este termino”.

Estaba muy extendida también en aquella época la creencia en milagros, algunos atribuidos a la Virgen de Criptana. El agradecimiento por parte de los fieles por los favores prestados se manifestaba en la donación de exvotos  que quedaban expuestos en la propia ermita: “ha habido muchas muletas, bragueros de niños quebrados en ella”, dicen las Relaciones.

También estaba extendida la creencia en la labor protectora de los santos y santas sobre distintos aspectos de la vida diaria. Es el caso de San Sebastián, considerado abogado y protector frente a las epidemias de peste, tradicionalmente venerado - por la misma razón lo era San Cristóbal -, con una misa y sermón en el día de su fiesta en su ermita, en torno a la cual también se llevaba a cabo una procesión; en 1612 el Ayuntamiento decretaría el establecimiento de la vigilia anual de San Sebastián: el día anterior a la fiesta no se podría comer carne ni las carnicerías podrían abrir sus puertas.


Otro santo protector, éste del cultivo de la vid, era San Gregorio Nacianceno: “Esta votado San Gregorio Nacianceno que es a nueve de mayo por el gusano de las viñas con una procesión y misa afirman las Relaciones.



FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS

Campo de Criptana en el tiempo de "El Quijote" (V)

Publicado por primera vez en mayo de 2013



Rollo jurisdiccional de uno
de los numerosos pueblos
y ciudades que lo conservan
Campo de Criptana desde antiguo era villa, lo que implicaba que sus alcaldes ejercían la jurisdicción en primera instancia. En aquellos tiempos la división de poderes, algo normal en un sistema político como el actual, el democrático, no existía, por lo que no debe extrañar que alguien que personificaba el poder ejecutivo ejerciera al mismo tiempo el poder judicial; en el mismo Quijote, Sancho Panza, convertido en gobernador de la Ínsula Barataria, administra justicia en el contexto de las burlas a que es sometido, según puede verse en el capítulo XLV de la 2ª parte.

Símbolo del villazgo era el Rollo, monolito en forma de columna o pilar labrado que se colocaba a la entrada de una villa; el de Campo de Criptana, desaparecido hace siglos, estuvo situado junto a la entrada del pueblo, en el entonces camino de Alcázar, a la altura de donde ahora está la ermita de San Cristóbal, denominada en otros tiempos ermita de la Soledad del Pozo Hondo.

La reorganización administrativa que Felipe II llevó a cabo en 1566 privó a Campo de Criptana de su condición de villazgo. Las Relaciones (1575) lo atestiguan: “Fue siempre villa sino fue de los nueve años aca que le quitaron la primera instancia” (…) Es villa y lo ha sido estaba sujeta a la gobernación de la villa de Ocaña de la provincia de Castilla de ocho o nueve años a esta parte, esta sujeta a la gobernación de la villa de Quintanar donde de villa la han hecho menos que aldea”.

Inicio de la Carta de Felipe III sobre venta
de la jurisdicción en primera instancia
a Campo de Criptana (1609) 
 Fue el 31 de diciembre de 1609 cuando Campo de Criptana recuperó la jurisdicción en primera instancia para sus alcaldes, lo que le costó una enorme suma de dinero de la época, 22.000 ducados, o lo que es lo mismo, 8.250.000 maravedís, hecho que contribuyó a aumentar el endeudamiento - crónico ya desde el último tercio del siglo XVI - del Ayuntamiento, que debió hipotecar sus bienes de Propios (Monte Viejo, Dehesas del Navazo, del Puerco y del Acebrón, etc., etc.).

El escudo de Campo de Criptana incluido en
la Carta de Felipe III
En ese documento de 1609, y a todo color, está reproducido el escudo de Campo de Criptana, que, por tanto, es ya bastante añejo. Recordará el lector lo que señalaba en otra de las entregas de esta serie acerca de los colores rojo y azul de los uniformes de los integrantes de la Hermandad de Nuestra Señora de Gracia; ¿serán, acaso, esos colores los reproducidos en los dos cuarteles del escudo? Por otra parte, las Relaciones de Felipe II dicen: “Tiene por armas esta villa una C que significa Campo”; ¿no cabría plantearse, siguiendo por el camino de esa afirmación, que las dos medias lunas o menguantes de la interpretación tradicional del escudo criptanense fuesen las iniciales de Campo y de Criptana? Son reflexiones que hago, más que aseveraciones, pero que como hipótesis probables ofrezco a la reflexión del lector.




FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS