viernes, 10 de marzo de 2017

LA COFRADÍA DE LA VERACRUZ DE CAMPO DE CRIPTANA (IV)

Instrumentos para hacer la burla
(Cofradía de Jesús Nazareno)

En este capítulo paso a ocuparme de la propiedades de esta Cofradía. Cuando en noviembre de 1568 la Orden de Santiago efectúa la correspondiente visita, no tenía todavía la imagen del Cristo de la Columna pero sí había procesiones en las que se sacaba a la calle una cruz grande, un crucifijo también grande, un estandarte de raso verde, cuatro cetros dorados y ocho cruces de madera que portaban los  miembros de la Junta.

Tenía también “ Un caro col grande e una trompeta  de madera para yr sonando en la proçesion el jueves santo”, utensilios que recuerdan los que poseía  – y algunos conserva - la cofradía de Jesús Nazareno; eran instrumentos con los que se hacía “la burla” a Jesús.

Muñidor
Para los enterramientos disponía de “Un cruçifixo pequeño (…). Unas andas para los difuntos. Dos açadones para hazer sepolturas y enterrar los hermanos. Un paño de terciopelo verde para enterrar los difuntos”. Además contaba con ornamentos, un cáliz de plata, una patena, candeleros, ciriales, un frontal de altar verde de paño con una cruz de raso blanco, etc., y dos arcas, una grande para los ornamentos y otra pequeña para documentos.

Entre los cofrades, uno de ellos ejercía de muñidor, que vestía “Una ropa de paño verde e una caperuça (…) e una campanylla que trae”. En la novela del ingenioso hidalgo Don Quijote, su escudero, Sancho Panza, en el capítulo XXI de la primera parte dice de sí mismo, cuando habla de su condición social “ un tiempo fui muñidor de una cofradía, y (...) me asentaba tan bien la ropa de muñidor, que decian todos que tenia presencia para poder ser prioste [mayordomo] de la mesma cofradía “.

Muñidor de la Veracruz
(Andújar)
Hoy en día hay cofradías que llevan en los desfiles procesionales su muñidor. En otras épocas este cofrade era el encargado de avisar al resto de hermanos cuando se iba a celebrar un acto de la propia hermandad; la presencia hoy en día en la procesión del Viernes Santo por la mañana en Campo de Criptana de dos campanilleros o campanilleras, que no dejan de hacer sonar las campanillas que portan, recuerda la antigua figura del muñidor.

Sobre el color verde que aparece con reiteración a la hora de describir enseres (un frontal de altar de terciopelo verde, etc., etc.), entiendo que hay que relacionarlo con alguna de las actividades realizadas tradicionalmente en España con el entorno de la Inquisición y la defensa de la ortodoxia católica.

Antes del comienzo de la celebración de un Auto de Fe (acto público organizado por la Inquisición en el que comparecían los condenados por este Tribunal) comenzaba la procesión de la Cruz Verde acompañada del estandarte del Santo Oficio. El objeto de la procesión era llevar la Cruz Verde y el estandarte de la Inquisición al lugar donde al día siguiente se iba a celebrar el Auto de Fe. Había luego otra procesión de devolución de la Cruz Verde a su iglesia de origen. En Campo de Criptana no hubo tribunal de la Inquisición pero la Cofradía, como en todos los lugares donde la había, tenía como objetivo la exaltación de la Cruz como paradigma de la defensa de la ortodoxia católica y por ello no debe extrañar lo del color verde citado. Por cierto, durante siglos, y hasta 1890, el primer tramo de la calle Fuente del Caño de nuestro pueblo, perpendicular a la calle Veracruz, en la que está la ermita del mismo nombre, se llamó calle de la Cruz Verde; por algo le pondrían ese nombre.

Auto de Fe en la Plaza Mayor de Madrid,
de Francisco Rizi (1683).
A la izquierda se observa la Cruz Verde
y el estandarte de la Inquisición
La Cofradía tuvo bienes procedentes de las donaciones que solían hacer muchas personas a través de sus testamentos. Entre ellos, una casa en la actual calle Cardenal Monescillo; el resto eran rústicos, algo más de 225 fanegas (unas 150 hectáreas) de tierra, en su mayor parte dedicadas a cereal, aunque también había algo de vid y olivo, y también tenía una era. Todos esos bienes fueron desamortizados durante la regencia del general Espartero y vendidos en subastas realizadas durante 1843 en cumplimiento de la ley de 2 de septiembre de 1841, conocida como “Ley de Espartero”. Entre los rematantes de esas subastas – propietarios de tierras, comerciantes, profesionales liberales, funcionarios municipales - curiosamente figura Santiago Mariano Escalante, entonces párroco de Campo de Criptana. Para la Cofradía esa desamortización supuso la pérdida de rentas anuales nada despreciables.

Imágenes existentes hasta agosto de 1936
Pasando a las imágenes que formaban parte del patrimonio de la Cofradía, aparte de la Cruz grande de madera y de los Crucifijos que ya tenía a la altura de 1568 y a los que se ha hecho ya referencia, a los que, por cierto, el pueblo criptanense tenía gran devoción, para empezar, como referente, debe tenerse en cuenta la fotografía anterior a 1936 que aquí se reproduce, en la que vemos las imágenes que tuvo hasta el 19 de agosto de dicho año.

Por la visita santiaguista de 1604 se sabe que en la ermita se veneraba una Virgen del Rosario, que poco después pasó a tener su propia capilla en la iglesia parroquial destruida.

El desaparecido
Cristo de la Columna
Por lo que expuse más arriba la vieja y destrozada imagen del Cristo de la Columna, como muy antigua ya del siglo XVII, pese a que no podemos determinar la fecha de adquisición. A 3 de mayo de 1877, cuando se da cuenta del inventario hecho, se dice que había entonces un Cristo de la Columna en el retablo y otro Cristo de la Columna más pequeño.

Había un San Francisco, como queda constatado en las cuentas de 1897-98, en las que se menciona el pago de 1,50 pesetas por la utilización de las andas de este santo para conducir el cadáver del hermano difunto Bienvenido Lucerón.

También una imagen de Nuestra Señora del Socorro, a la que la tradición conoció, al parecer, como el Ángel de la Guarda, pero que por la iconografía similar a otras Vírgenes así denominadas actualmente en España debía ser la que señalo en la fotografía correspondiente.

Nuestra Señora
del Socorro
El inventario de 1877 cita un “Niño Jesús pequeño” o Niño Pasionario , que también se observa en el centro de la fotografía de conjunto.

Nuestra Señora de la Encarnación, también incluida en dicho inventario, debe ser la de la derecha de la mencionada foto, si bien tengo entendido que tradicionalmente era conocida como La Candelaria.

Nuestra Señora
de la Encarnación
Por las cuentas de 1906-07 se sabe que el paso del Descendimiento de la Cruz (también denominado Desenclavo) salió por primera vez en procesión el Viernes Santo en la Semana Santa de 1907, luego se adquirió en 1906, parece ser. La gente colaboró con sus limosnas para comprarlo. Se desconoce el autor, que estuvo en Campo de Criptana y fue agasajado cuando fue inaugurado el paso pese a no citar su nombre la documentación conservada; sin embargo, puede aventurarse que se trata del valenciano José Gerique Chust, por el parecido con el conservado Descendimiento de Plasencia (Cáceres), obra suya con toda seguridad. El precio fue de 1.850 pesetas. La Junta Directiva que realizó la compra es la que se detalla a continuación:
Mayordomos: Santiago Vela Parreño y Crescencio Albacete
       Alcaldes: Jacinto Cuadra y Honorio Ortiz
        Vocales: Cesáreo Calonge, Francisco Herencia
                     Isidoro Angulo, Francisco Escribano Mayoral
                     Juan Manuel Leal y Manuel Utrilla
    Secretario: Santiago Calonge
      Capellán: José Vicente López Manzanares Villanueva
        Párroco: Antonio Martínez

El desaparecido Descendimiento,
de José Gerique Chust
Otras imágenes anteriores a 1936 eran la del Sagrado Corazón, adquirido en 1918 o 1919, y la de Jesús Resucitado, que figura en el inventario de 1877, pero posteriormente se adquirió uno nuevo, en 1928 o 1929.

Tras la destrucción de imágenes ocurrida en 1936, la actual del Cristo de la Columna se adquirió en 1942; es de talla y costó 5.770 pesetas. Como era de esperar, una de las fuentes de financiación de esa nueva imagen fueron los donativos de particulares. Se trata de una imagen obra del taller de Francisco de Paula Gomara, de Barcelona. Las andas, que costaron 570 pesetas, fueron obra del criptanense Francisco Bustamante, y fueron pintadas por el también criptanense Ignacio Valbuena, que cobró por su trabajo 140 pesetas.

El actual Cristo de la Columna,
de Francisco de Paula Gomara
El paso de la Cruz
En esos años en las procesiones de Semana Santa la cofradía sólo tenía el Cristo de la Columna para las procesiones del Jueves Santo por la tarde y Viernes Santo por la mañana, y la Cruz que, realizada por el cofrade Amador Bastante, desfilaba en la procesión del Viernes por la tarde – la del Santo Entierro – y en la del Viernes por la noche – la del Traslado -; este paso de la Cruz ya salió a la calle en 1941.

En 1946 se añadió, para el Viernes tarde y noche el nuevo paso del Descendimiento, de pasta de madera, adquirido en Olot (Gerona), uno de los pasos más populares de los desfiles procesionales de Semana Santa en Campo de Criptana. Más tarde, y hasta la actualidad, ese patrimonio ha ido incrementándose.

El actual paso del Descendimiento
 FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS


















miércoles, 8 de marzo de 2017

LA COFRADÍA DE LA VERACRUZ DE CAMPO DE CRIPTANA (III)


Cofrades de la Veracruz
con vestimenta en parte diferenciada
Inicio este capítulo fijando la atención en los hermanos o hermanas (también los documentos utilizan el término cofradas). Al no conservarse el “Libro de los Hermanos”, las cifras que se conocen deben ser consideradas aproximadas u orientativas. Eran en el año 1559, según un documento judicial, alrededor de 600, cifra que no sé si es fruto de la exageración de la documentación. De 1852 hay una lista ¿general? de todos los hermanos inscritos en la Cofradía; eran 132. En 1862 figuran 244. Tanto en 1852 como en 1862 son listados con lo que cada uno o cada una ofrecía dar para las obras de la ermita.

Se sabe cuántos hermanos nuevos ingresaban cada año. La serie de datos conocidos abarca desde 1851 hasta 1935, aunque de algunos años, siete en total, nada se sabe. El primer dato conocido, en efecto, es de la anualidad 1851-1852, cuando ingresaron dos nuevos. El último dato es de la anualidad 1934-1935, con uno nuevo, Santiago Manzaneque Huertas. En todo ese periodo de tiempo ingresaron en total 497; cuando más lo hicieron fue en 1897-1898 y en 1927-1928, con 17 nuevos ingresos en cada anualidad.
                                   
Había una pequeña cuota fijada para darse de alta en la Cofradía; hasta 1892-1893 se pagaba 6 reales [hasta ese momento utilizó aquélla el sistema monetario tradicional: real, maravedí,etc; desde entonces, el sistema basado en la peseta], desde 1893-1894 – y hasta 1909-1910 - 1,50 pesetas, y desde 1910-1911 la cantidad ascendió a 3 pesetas.
Un recibo de cofrade de 1936

Otro aspecto interesante sobre los hermanos era la cuota anual que pagaban: 1 real hasta 1892-1893, 0,25 pesetas al año desde 1893-1894, 1 peseta al año desde 1910-11. Teniendo en cuenta lo recaudado en cada anualidad, cuando más se cobró, en reales, fueron 176, que sería el número de hermanos: su número habría aumentado un 217% desde 1867, año en que la recaudación fue de 81 reales.

Mientras la cuota fue de 0,25 pesetas, la mayor recaudación fue 1908-1909, con 58,50 pesetas, que corresponderían a 234 hermanos. Cuando la cuota anual era ya de 1 peseta, los mayores ingresos fueron en 1930-1931: 211 pesetas, 211 hermanos por lo tanto.

Aunque por lo expuesto parecería que puede darse por bueno el hecho de que se puede conocer el número de hermanos por el total recaudado cada año, lo cierto es que no puede hacerse esa afirmación de forma categórica pues, ciertamente, hay que contar con la realidad de que no todos los cofrades iban al corriente de pago, según se aprecia en los estados de cuentas que se presentaban cada año. Lo que sí es indudable, a la vista de los datos conservados hasta 1935, es el incremento en el número de hermanos desde 1867, más que doblado en ese periodo de tiempo.

Las actividades de la Cofradía eran variadas. Ya se mencionaron las recogidas en las Constituciones de 1556, para cuya financiación, entonces, se recurría a pedir a la gente, si bien se desconoce si sólo a los hermanos o al público en general,  dádivas que, al parecer, no siempre eran utilizadas para los fines propios, pues los visitadores de la Orden de Santiago hacían constar en 1604 que quienes administraban la Cofradía pedían demasiado pan y dinero que luego derrochaban en comidas y ágapes.

Avanzando en el tiempo, la documentación permite concretar más. Así, en el libro que parte de 1837 se detallan las siguientes:

Para hacerse una idea de aquellos antiguos entierros
Asistencia a funerales, tanto de cofrades como de no cofrades, con la Cruz de la Cofradía, insignias de ésta y  hachones de cera. Disponía de unas andas funerarias para llevar a los cadáveres al cementerio, y cobraba por todo ello a los que no eran hermanos: 6 reales en principio, 1,75 pesetas en 1893-1894 y 1,50 en lo sucesivo, hasta 1921-1922, momento a partir del cual el precio subió a 2 pesetas.

Celebración de misas por los difuntos en general, a precios que aumentaron con el tiempo: de 2 reales se pasó a 4 en 1874-75 y a 5 en 1881-1882. Desde 1896 se cobraba ya 1,50 pesetas, importe que no dejó de aumentar, hasta alcanzar las 5 pesetas en la anualidad 1934-1935.

Había un claro interés en que en la ermita se celebraran misas por  motivos muy diversos, especialmente los domingos y días festivos, tal como se explicita a veces, por ejemplo en marzo de 1896, “procurando la prosperidad y lustre” de la propia cofradía, pues, aunque ésta pagaba al sacerdote que oficiaba, la asistencia de fieles a la ermita tenía un efecto positivo desde el punto de vista económico dado que los asistentes solían dejar sus limosnas en el cepillo que a ese efecto había allí. Algunas de las que se celebraban a lo largo del año eran en unos días muy especiales desde antiguo:
La de la Anunciación
La de la Cruz
La de la Ascensión, denominada la de la una (de la tarde)
La de la Encarnación (25 de marzo)
Mención aparte merece una muy singular, la del Descendimiento; singular porque sólo aparece en las cuentas presentadas en 1907, de lo que cabe deducir que únicamente tuvo lugar entonces por ser el año en que fue inaugurado procesionalmente ese paso en la Semana Santa.

Otra actividad era la asistencia de hermanos a las procesiones que a lo largo del año organizaba la parroquia criptanense, a las que los miembros de la Junta Directiva concurrían con el estandarte y los cetros.

Procesión de Jueves Santo
En relación con las procesiones de Semana Santa la Cofradía se encargaba de organizar, como ahora, la del Jueves Santo por la tarde, asistía a la del Viernes Santo por la mañana y, desde que existió – la primera vez que se cita es en 1925 – a la de ese Viernes por la noche, la conocida como del Traslado (llamada así porque las imágenes participantes en el desfile procesional del Viernes por la tarde se dejaban, tras finalizar, en el templo parroquial, y unas horas más tarde eran trasladadas a sus respectivas ermitas: las de Veracruz y Madre de Dios). También participaba en la procesión del Domingo de Resurrección pues la imagen de Jesús Resucitado era propiedad de la Cofradía.

Procesión de la mañana del Viernes Santo
Habituales cada año eran los sermones en días y con motivos especiales:
Sermón de la Cruz, el día 3 de mayo, en el transcurso de su festividad.
Sermón de Azotes, luego de la Flagelación, el Jueves Santo por la tarde, antes de iniciarse la procesión.
Sermón del Viernes Santo, antes de la procesión de la tarde, celebrado por primera vez en la Semana Santa de 1909. Fue denominado “del Descendimiento” o “del Desenclavo”.
Sermón de Resurrección, el Domingo de Pascua.
El sacerdote Especioso Perucho Granero
Estos sermones muchas veces corrían a cargo de los capellanes de turno, como Especioso Perucho, pero también de ellos se ocuparon en alguna ocasión otros sacerdotes, como Ángel Briega o Victoriano Beamud. En cualquier caso, siempre el sermón tenía un coste, que podía variar de uno a otro (20 pesetas, 35, etc.). 

Como actividad ligada a esta Cofradía no puede obviarse  la presencia de la Compañía de Soldados Romanos, que la acompañaban en las procesiones. Sólo se conserva de ella un libro  de  
Algunos miembros de la Compañía de Romanos
cuentas, el de  1923 – año de su  fundación -, a través de cuyo contenido se sabe que organizaba rifas, cuyo premio solía ser una imagen, para atender a los gastos de vestimenta, cornetas, tambores, etc.

La misma fuente indica que la Compañía tenía un “cuarto de ensayos”, por cuyo alquiler pagó ese año 10 pesetas. En una nota manuscrita a lápiz se cuenta que entonces fue nombrado “corneta mayor (…) Salustiano Madrid pudiendo asistir de vocal a las juntas que se celebren”, y por otra nota también manuscrita puede conocerse a algunos otros componentes: Vicente de la Guía, Sabín, un tal Ramón y uno apellidado Carramolino.

  FRANCISCO ESCRIBANO        SÁNCHEZ-ALARCOS



domingo, 5 de marzo de 2017

LA COFRADÍA DE LA VERACRUZ DE CAMPO DE CRIPTANA (II)

Tras el contexto histórico me referí a la Cofradía como institución y señalé que se trata de una Hermandad de la que José Javier Barranquero Contento  afirma que fue creada a mediados del siglo XVI (*) y es la más antigua de las de Semana Santa de nuestra localidad.
Viernes Santo por la mañana en El Calvario,
con presencia de la Compañía de Romanos


En cuanto a su organización contaba con unas Constituciones u ordenanzas (estatutos diríamos ahora), que según un documento de 1559 habían sido aprobadas y confirmadas por la Orden de Santiago en 1556. De acuerdo con ellas, algunas de las actuaciones de la Cofradía eran:
Decir misas por los cofrades y difuntos en cierto tiempo del año.
Decir misa cada segundo domingo del mes.
Llevar el crucifijo grande de la Hermandad en sus procesiones, fiestas y enterramientos,  incluyendo en éstos a los pobres sin recursos que morían en los hospitales que entonces había hay en la villa.
Las constituciones se reformaban a lo largo del tiempo. Así, se sabe que en 1766 el Prior de Uclés aprobó las Constituciones de la Cofradía.

Los órganos de gobierno eran la Junta Directiva y la Junta General de hermanos que, según las constituciones, era la encargada de nombrar a aquélla. La asistencia de cofrades a la Junta General era, al parecer, escasa (16 en 1896, por ejemplo).

El presidente nato era el párroco y el presidente efectivo era el mayordomo de caudales. Mayordomos había dos, uno el de caudales indicado, lo que llamamos tesorero, y otro encargado de la fábrica – edificio - de la ermita. Dos eran los alcaldes, equiparables a los que en muchas hermandades son los hermanos mayores.

Los vocales eran habitualmente cuatro, pero su número osciló entre tres (en 1875) y siete (en 1913).
El de secretario era un cargo remunerado, si bien a veces había secretarios que renunciaban a sus emolumentos, caso de Ramón López Manzanares, secretario entre 1881 y 1895.
Había dos visitadores, que por primera vez aparecen, en la documentación consultada, en 1852. A veces no figuran. Tal vez se encargaban de girar visita a los cofrades que tenían necesidad de asistencia por cuestiones económicas, problemas de salud, etc.
Se menciona también al portero de la ermita o santero, un cargo retribuido con una pequeña gratificación; por último, la cofradía tenía su capellán.

Los cargos cada año debían renovarse, pero muchas veces lo que se producía era la reelección de todos o la mayor parte de los miembros de la Junta anterior; las razones aducidas para ello eran que  no se presentaban candidatos, o bien la experiencia y el buen hacer de los reelegidos. Si alguien era elegido y renunciaba a tomar posesión, era multado. La renovación de la Junta tenía lugar todos los años el 3 de mayo, festividad de la Invención de la Cruz o simplemente día de la Cruz, el mismo día en que se presentaban las cuentas del periodo que empezaba a correr el 4 de mayo del año anterior.

Algunos capellanes fueron:
Julián Quirós, desde 1852
Aurelio Bardón, desde 1862
José Vicente López Manzanares Villanueva, desde 1875                  
Especioso Perucho, desde 1917

Dos personas destacadas en sus cargos fueron:
Una, Francisco Vicente Salcedo Meléndez, mayordomo de caudales ya en 1837 y hasta 1881. Rico propietario, cada año que había déficit en las cuentas lo compensaba de su bolsillo, por lo que fue muy apreciado. Nació hacia 1815 y murió entre 1881 y 1882. Descendía de una familia de hidalgos que se había establecido en Campo de Criptana en el siglo XVIII procedente de Honrubia (Cuenca). A mediados del siglo XIX era el 6º mayor contribuyente del pueblo. Según cierta documentación fue el comprador en subasta del Monte Viejo, finca de centenares de hectáreas, de propiedad municipal, vendida como consecuencia de la desamortización general de 1855, conocida como la desamortización de Madoz. Estuvo emparentado con un personaje singular criptanense, un ilustrado que tiene dedicada una calle en la población, José Antonio Fernández Calzuelas, a través de la esposa de éste, Mª Teresa Salcedo Meléndez. A finales de 1850 figuraba casado con Dª Josefa Lerín y era padre de una niña, Mª Paz.
La otra persona fue Gregorio Perucho Peñacarrillo, mayordomo de la fábrica o ermita entre 1852 y 1880, año en que dejó el cargo por su avanzada edad; murió a mediados de los ochenta.

La primera Junta Directiva que aparece en el libro iniciado en 1837 es la que figura a 1 de enero de 1852:
       Párroco: Francisco Ansaldo Llamas
       Mayordomo: Francisco Vicente Salcedo Meléndez
       Alcaldes: Dionisio Leal y Nicanor Pizarro
       Vocales: Basilio Figueroa, Pedro Antonio Luján, Gregorio Perucho
                      y Alfonso Borja      
       Capellán: Julián Quirós
       Secretario: Tomás Francisco Manzanares                        
              
La última composición de Junta Directiva que aparece en dicho libro es la elegida el 3 de mayo de 1924 :
             Mayordomos: Cesáreo Calonge Calonge y José Mª Poveda
                                     Sánchez-Alarcos
             Alcaldes: José Mª Rubio Escribano y Ramón Fernández Fontana
             Vocales: Ladislao Muñoz Barrios, Santiago Carramolino Gómez,
                             Bernardo Alberca Castiblanque, Jesús Quintanar
                             López-Pintor, Vicente Flores Ramos y Miguel Díaz-Hellín
             Secretario: Manuel Lara Calonge
             Capellán: José Vicente López Manzanares

Tras la guerra civil la primera Junta Directiva que refleja la documentación se constituyó en la reunión de 12 de febrero de 1942, presidida por el párroco, Alfredo Aranda. Ésta fue su composición (adviértase el cambio habido en la denominación de algunos cargos y en la aparición o desaparición de algunos de ellos):
          Presidente: Antonio Reíllo
          Vicepresidente: Modesto Manzaneque
          Secretario: Andrés Galera
          Vicesecretario: José Mª Lucas
          Tesorero: Jesús Quintanar López-Pintor
          Vicetesorero: Pedro Muñoz
          Vocales: Florencio Martínez-Meco, Julián Díaz-Hellín, Amador
                            Bastante y Aureliano Carramolino

Entre otros directivos, Francisco López-Casero (1º por la derecha),
Jesús Quintanar (2º por la derecha),
Amador Bastante (1º por la izquierda),
Antonio Reíllo (4º por la izquierda)
El 21 de febrero de 1944 hubo reorganización de la Junta. Así quedó:
          Presidente: Francisco López-Casero Escribano
                              [siguió siéndolo durante muchos años]
          Vicepresidente: Amador Bastante
          Secretario: Modesto Manzaneque 
          Vicesecretario: Jesús Quintanar López-Pintor
          Tesorero: Antonio Reíllo
          Vicetesorero: Julián Díaz-Hellín
          Vocales: Florencio Martínez-Meco y Aureliano Carramolino

   (*) Las cofradías de la Vera Cruz y el culto al Rosario: el caso de
          Campo de Criptana. Revista VERACRUZ, nº 13, Puertollano,
           2002, pág. 55.

FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS


martes, 28 de febrero de 2017

LA COFRADÍA DE LA VERACRUZ DE CAMPO DE CRIPTANA (I)


Denominada en la actualidad Cofradía del Santísimo Cristo de la Columna y Descendimiento de Nuestro Señor de la Veracruz, está de celebración en 2017, año en el que se cumple el 75º aniversario de la “Recuperación de la imagen del Stmo. Cristo de la Columna”, tal como ha sido titulada la agenda de actividades que han sido preparadas por la Junta Directiva, pues fue en 1942 cuando, tras los años de la guerra civil de 1936-1939, una nueva talla del mismo salía en procesión a la calle. Entre los actos programados a tal efecto se incluyó, con fecha 11 de febrero, una charla sobre la historia de la Cofradía, charla de la que yo me ocupé y cuyo contenido pretendo dar a conocer a través de este medio en varios capítulos, que abarcarán desde el siglo XVI hasta mediados del siglo XX.
Libro de Visitas
de la Orden de Santiago de 1568
(AHN)
Aunque hoy por hoy todavía existen amplias lagunas en cuanto al conocimiento del origen y evolución de esta Hermandad, de ella se conocen no pocos datos gracias a diversas fuentes documentales conservadas en archivos como el Histórico Nacional (AHN) de Madrid (Libros de Visitas de la Orden de Santiago) o el Municipal de Campo de Criptana (AHMCC) o que custodia la propia Cofradía, tales como un libro de cuentas y actas que abarca desde 1837 hasta 1944, otro libro de cuentas de la Compañía de Romanos, que desfiló en las procesiones de Semana Santa entre 1923 y 1959, aparte de las publicaciones que periódicamente van viendo la luz (revista Veracruz de Puertollano, revistas de Programas de Semana Santa de Campo de Criptana, etc., etc.).
De todas esas fuentes, una muy importante sería la documentación generada por la misma Cofradía, pero en relación con su tiempo de existencia es escasa, se ha perdido mucha a lo largo de los siglos, y año hubo, como 1875, en el que no se presentaron las cuentas anuales en la fecha acostumbrada porque no se encontraba el libro de decretos o actas y fue preciso nombrar un secretario que, entre otras funciones, se ocupase especialmente de ordenar la documentación existente; tal secretario fue el abogado Juan Manuel Alarcón Garay, que por entonces era uno de los alcaldes de la Cofradía.
Libro de cuentas y decretos
de la Cofradía (1837-1944)
Para empezar, en la charla señalé la conveniencia  de situar la Cofradía en su contexto histórico. Partiendo de la base de que la Cruz se había convertido en el símbolo que identificaba al mundo cristiano ya en el siglo IV, en el que comenzó a utilizarse de forma masiva, me referí a las andanzas por Tierra Santa protagonizadas por Elena de Constantinopla, madre del emperador romano Constantino, luego Santa Elena, de la que se nos ha transmitido su papel en la búsqueda en Jerusalén del lugar en que se depositaban las cruces utilizadas por los romanos en las crucifixiones de tantos y tantos condenados por ellos, así como en el objetivo que se marcó de dar con aquella en la que murió Jesucristo; eso sí, me propuse no entrar en detalles sobre la veracidad o no de todo lo que de ella se cuenta.
Fragmento del Libro de decretos
del Ayuntamiento
de Campo de Criptana de 1829
(AHMCC)

El historiador cristiano Eusebio, fallecido en el año 342, nos habla de Elena y no menciona ningún éxito en esa búsqueda que se propuso, a pesar de lo cual durante la Edad Media la historia de la ya entonces santa fue aceptada por muchos y, por lo tanto se tenía por cierto, como se dice que se tuvo en su momento, que, mediando un milagro, se fijó cuál era la verdadera Cruz de Cristo, la Vera Cruz, de la que ya escribía hacia mediados del siglo IV el patriarca San Cirilo que “todo el orbe está lleno de los pedazos que han sido cortados del leño de la cruz”; son esas reliquias conocidas como Lignum Crucis que en tantos lugares pueden ser contempladas. En España las hay, por supuesto; para algunos una de las primeras, si no la primera, se guarda en el monasterio de Santo Toribio de Liébana (Cantabria), y Campo de Criptana también tiene la suya, que se puede ver en el altar de San Antonio de la iglesia parroquial y a la que se refieren las llamadas Relaciones Topográficas de Felipe II fechadas, para nuestro pueblo, en diciembre de 1575, en cuya respuesta nº 51 puede leerse: “Hay [en la iglesia parroquial] una Reliquia notable en una Cruz de oro, y un pedazo del linum Crucis, tienese en grande veneracion y devocion en esta villa, porque se tiene por muy cierto de que viene tempestad de piedra que jamas sacando la Cruz apedrea en este termino …”.
Reliquia del Lignum Crucis en
la iglesia parroquial de Campo de Criptana
El caso es que el culto a la Vera Cruz se extendió pronto por la Península Ibérica y a la altura de la Edad Media su devoción había arraigado con fuerza. Precisamente, las cofradías de la Vera Cruz se desarrollaron en la Baja Edad Media y se consolidaron ya en la Edad Moderna, a mediados del siglo XVI. Los comienzos de este tipo de cofradías hay que relacionarlos, en efecto, con el culto a la reliquia de la Verdadera Cruz (Vera Cruz) de Cristo o “Lignum Crucis”. Las órdenes religiosas jugaron un papel esencial en las cofradías de Semana Santa. Precisamente al calor de los franciscanos brotaron las de la Vera Cruz. En la provincia de Ciudad Real comenzaron a surgir con gran fuerza durante la primera mitad del siglo XVI. Actualmente existen más de 250 hermandades, cofradías y asociaciones de la Vera Cruz repartidas por toda España, la mayor parte de ellas agrupadas en la  Confraternidad de Hermandades de la Vera Cruz de España, con gran similitud entre unas y otras en sus actividades habituales.
    FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS


domingo, 29 de enero de 2017

A FRANCISCO LÓPEZ-CASERO OLMEDO EN EL MOMENTO DE SU MUERTE

Francisco López-Casero en
fotografía publicada en
EL PAÍS (28-1-2017)
No es el frío de este mes de enero - en el que Campo de Criptana presencia la celebración de las fiestas de San Antón, de San Sebastián y de la Virgen de la Paz, los “santos frioleros” – el que me ha dejado helado, no ciertamente, sino la noticia de la muerte de Francisco López-Casero Olmedo, un criptanense eminente en el campo de la investigación sociológica, un criptanense referente – aquí sí que esta palabra no está usada con exceso – en el mundo universitario y de la cultura en general.

Recuerdo a Paco López-Casero, licenciado en Economía Política y Doctor en Sociología por la Universidad de Munich, y profesor en la Universidad alemana de Augsburgo, de cuando en 1982 el Ayuntamiento de Campo de Criptana nos publicó a él y a mí conjuntamente en un pequeño cuaderno (Semblanza histórico-cultural de la villa) dos breves trabajos que al fin y al cabo tenían que ver con Campo de Criptana, el suyo un breve fragmento de una de sus obras que están en el origen de La agrociudad mediterránea, obra colectiva publicada en 1989 con él como compilador.




Lo recuerdo también a través de las conversaciones que a veces mantuvimos cuando  visitaba su Criptana natal, conversaciones que – no podía ser de otra manera – versaban sobre nuestro pueblo común, a través de las cuales insistía en la importancia que para esta población se encerraba en su polígono industrial, con sus empresas en creciente actividad, cuando todavía no había hecho acto de presencia la grave crisis económica iniciada aproximadamente hace una decena de años, aquella actividad floreciente que él bien conocía a través de las entrevistas que realizaba a los empresarios allí radicados.


Solo esporádicamente y gracias a su aparición en alguna revista local de Campo de Criptana, o en alguna que otra charla que nos regaló, se le ha reconocido aquí, en su pueblo, a Paco la relevancia que su persona y su obra merecen.

Espero que en el futuro su lugar de origen le haga el reconocimiento debido y que es de justicia. Al respecto, y con el sello de urgencia con motivo de su fallecimiento, recomiendo la lectura de lo publicado sobre nuestro paisano en el diario EL PAÍS el pasado 28 de enero por Eduardo Moyano Estrada, sociólogo del CSIC, con el título Francisco López-Casero, un pionero de la sociología rural.

        FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS

jueves, 12 de enero de 2017

HOY SE CUMPLEN OCHENTA AÑOS DEL “DÍA DE LAS BOMBAS”

Así es. El 13 de enero de 1937 Campo de Criptana fue bombardeado por la aviación de una parte de España, aquélla que se había sublevado el 18 de julio de 1936 contra el gobierno legítimo del Estado de la Segunda República.

Hace unos años entrevisté a una persona, ya fallecida, que por entonces era un adolescente. Recordaba que aquel 13 de enero era ya de noche, hacia las diecinueve horas, cuando se dejaron oír los motores de los aviones y muy poco después el estruendo de las bombas, que produjeron – imagino – el lógico estupor entre la población criptanense. Otros testimonios me aseguraron a lo largo de los años que una niebla espesa envolvía a la localidad.

Efectos de un bombardeo en el transcurso
de la Guerra Civil española
¿Motivo del ataque? La tradición oral insiste en que aquel grupo de bombarderos tenía como objetivo un convoy de vehículos llenos de suministros que, estacionado cerca de la estación de ferrocarril, estaba a la espera de que éstos fueran cargados para su transporte.

El caso es que parte de la zona oriental del casco urbano sufrió directamente los efectos del bombardeo, con el resultado de tres personas muertas - según me indicó la persona citada -, que habrían sido dos si se sigue lo expuesto por cierta bibliografía; también hubo destrozos en parte de los inmuebles de dicha zona, en el entorno de la calle Guindalera.

Muchas veces he oído contar a mis mayores que la familia de mi madre vivía en la calle Blasco Ibáñez (General Mola la denominaron durante la dictadura franquista y algunos años de la presente etapa democrática) y que toda ella pasó mucho miedo, más aún cuando una de las bombas cayó en la conocida como “bodega de Juanito”, situada a pocos metros del domicilio familiar y con su entrada principal por la calle Concepción. Por suerte, la bomba no llegó a hacer explosión.

Igualmente, en innumerables ocasiones he escuchado lo ocurrido con mi abuelo materno, cuya inquietud y desasosiego ante el suceso también son fáciles de imaginar. Agricultor, se encontraba en su modesta casa de labor en el campo (cocedero, o “cocero” hablando coloquialmente) situada en la parte meridional del término municipal a unos cuantos kilómetros de distancia de la localidad. En medio del frío nocturno, junto a otro agricultor, pudo ver el horizonte iluminado por efecto del ataque aéreo, y en un momento determinado comunicó a su colega la determinación que acababa de tomar: “Me voy al pueblo, que una de esas bombas ha caído cerca de mi casa”. Desde luego, no le falló su intuición.


Me gustaría enumerar todos los detalles de aquel trágico suceso, pero desgraciadamente no cuento con más información por el momento; eso sí, lo traigo a colación y lo evoco porque, como todo lo que es pasado, aquella guerra, pese a algunas erróneas opiniones, no debe ser olvidada: será el mejor medio para que no vuelva a  repetirse. 

FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS