martes, 29 de julio de 2014

Políticos y partidos en tiempos turbulentos (II)



Publicado por primera vez en noviembre de 2013

La presencia de miembros del PSOE en la vida municipal de Campo de Criptana durante la Segunda República entre 1931 y 1936 fue notable, hecho derivado de los resultados electorales de abril de 1931. Los temas de sus intervenciones en los plenos del consistorio reflejaban, como es lógico, su ideología y sus planteamientos políticos. Un somero repaso a algunas muestras de los mismos así lo acreditan.

Los salarios percibidos por la clase obrera les parecían insuficientes y se esforzaron por favorecer su aumento, de lo que alguna vez presumían; así el 14 de agosto de 1931 manifestaban que, gracias a la intervención de la Sociedad Obrera La Esperanza y de la alcaldía, aquí se había pagado la siega más cara que en los pueblos de alrededor. En ocasiones se hacían eco en sede municipal de las quejas de algunos sectores laborales, como en diciembre del mismo año, cuando plantearon las que estimaban justas reivindicaciones de los obreros del palillo.

Paralelamente les preocupaban los precios al alza, ya fuesen los de los alquileres de viviendas, que consideraban abusivos en Campo de Criptana, o los de los artículos de primera necesidad, especialmente el del pan. Respecto a este último en noviembre de 1931 Manuel Vela acusaba a los fabricantes de harina de presionar para elevar los precios no vendiendo harina y alegando que faltaba trigo porque no querían vender los agricultores, por lo que pedía al Ayuntamiento que obligara a los cosecheros a vender el trigo almacenado para acabar con el problema creado por algunos acaparadores. Más tarde, en julio de 1932 la Agrupación Socialista Local pedía que el Ayuntamiento se interesase por la regulación del precio del pan, en conformidad con el que tenía el trigo; la Corporación acordó por unanimidad pedir a instancias superiores que se estableciese la tasa del precio de la harina y del pan.
Gregorio Ortiz Arteaga,
alcalde entre 1932 y 1933

Eran otro asunto recurrente las condiciones de trabajo del obrero, tales como la preocupación por el acatamiento de lo dispuesto sobre la jornada laboral de ocho horas y del descanso dominical, o la discusión sobre los convenios o bases de trabajo, normativas y acuerdos no pocas veces incumplidos    – aseguraban - por los patronos.

Entre sus planteamientos figuraba la modificación de la fiscalidad vigente por entonces, que en su opinión gravaba más las rentas del trabajo que las del capital, por lo que denunciaban la gran ocultación de riqueza, sobre todo rústica, existente por entonces, y luchaban por conseguir la presencia de representantes de las sociedades obreras en las Comisiones de Evaluación del Repartimiento General para contrarrestar la influencia de los grandes propietarios.

Sin duda, fue el del paro, en aumento por aquellos años, el problema que constantemente ocupaba la actuación de aquellos políticos que representaban los intereses más acuciantes de buena parte de la población. A veces, señalaban a los que entendían culpables del problema, como cuando  acusaban  a los patronos de no dar trabajo para presionar al régimen republicano. Para combatir el paro, las soluciones que se ponían sobre la mesa eran muy variadas a pesar de que parte de ellas no se ponían en práctica por falta de recursos o por obstáculos insalvables de todo tipo. He aquí algunas:

Ø  La entrega en arriendo de los terrenos comunales a las sociedades obreras mediante el pago de una renta. Incluso se pensó en designar a una persona competente para examinar el Archivo Municipal y ver en detalle los terrenos comunales del pueblo para rescatarlos por parte del Ayuntamiento, lo que parece que no se pudo conseguir, pues se pensó en consultar la documentación del archivo de El Escorial para obtener tal información.

Ø  Dedicación del 10% de los ingresos por contribución territorial a emplear obreros en obras públicas, como se hacía en Andalucía.

Ø  Creación de una Oficina de Colocación Obrera, que debería dar trabajo por riguroso turno. Efectivamente, fue creada, si bien su funcionamiento fue una fuente de conflictos planteados entre las fuerzas políticas de izquierda y de derecha a lo largo del periodo republicano.

Ø  Realización de obras públicas, tales como la canalización del río Záncara para aprovechar los terrenos inmediatos, terminación del Camino de Nieva, construcción de nuevos grupos escolares, casas para maestros, un parque y una plaza de abastos, además de la reparación de vías urbanas. Algunas de esas obras eran ciertamente de competencia municipal, pero el problema estaba en la escasez de recursos económicos municipales, pues en 1933 se afirmaba que el Ayuntamiento sólo podía ocupar a unos 50 obreros diarios.

Ø  El recurso al crédito era otro remedio en el que se pensaba para que la iniciativa privada y pública en el plano local pudiera crear empleo. En un momento determinado la minoría socialista integrante del ayuntamiento pidió la creación de un Instituto de Crédito, a lo que se le respondió que para eso estaba el Pósito, que realmente no tenía dinero sobrante en la cantidad necesaria pues en esa época su capital se movilizaba como nunca antes se había hecho dando prestado a todos los que ofreciesen garantías.

Ø  En semejante sentido en 1933 dicha minoría Socialista (Manuel Vela, Vicente Violero, Antonio Sepúlveda, José Antonio y Santiago Olmedo, y Emilio Sepúlveda) para terminar con “el pavoroso problema del paro que somete a este pueblo trabajador a la más espantosa miseria” y para que “nuestra riqueza vitivinícola no se vea tirada por el suelo”, proponía crear un patronato (formado por algunos concejales, un obrero, un arrendatario y un propietario, todos presididos por el Alcalde), al que el Ayuntamiento habría de abrir un crédito con el Banco de España con la garantía del propio Concejo; el préstamo sería por un tiempo de 15-20 años, y de momento se sacaría 100.000 pesetas para facilitárselas a arrendatarios y colonos por un plazo máximo de diez años. El fin era replantar con vid americana; se beneficiarían los arrendatarios que acreditaran tener viñas en arrendamiento o en propiedad en 6 fanegas como máximo, que podría ampliarse hasta los que tuvieran 8 fanegas. También se harían préstamos a las sociedades legalmente constituidas.

Según se observa, en el Ayuntamiento de aquella época no todo era guirigay ni estéril lucha política, tal como a veces se afirma. Los políticos municipales, y no sólo los del signo ideológico que nos ocupa, se esforzaban y trabajaban por su pueblo. Y no cobraban por ello.





FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS

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