miércoles, 4 de febrero de 2015

CERVANTES Y EL QUIJOTE EN EL CALLEJERO DE CAMPO DE CRIPTANA (VII)

DON QUIJOTE DE LA MANCHA / ALONSO QUIJANO EL BUENO (cont.)

Hacia el final de la novela Don Quijote es derrotado en Barcelona por el supuesto caballero de la Blanca Luna    - en realidad el bachiller Sansón Carrasco -, lo que le obliga a volver - será la vuelta definitiva - a su aldea. En la ciudad catalana nuestro hidalgo estaba hospedado en casa de un rico caballero, Don Antonio Moreno. “ Seis dias estuvo Don Quijote en el lecho, marrido, triste, pensativo y mal acondicionado, yendo y viniendo con la imaginación en el desdichado suceso de su vencimiento “. Sancho trataba de consolarlo y le decía que lo que debían hacer era volverse a su casa, pero Don Quijote no quería aceptar el suceso ocurrido como algo definitivo: “ Calla, Sancho, pues ves que mi reclusion y retirada no ha de pasar de un año      [pausa en su  correrías  que le había impuesto el de la Blanca Luna]; que luego volveré á mis honrados ejercicios, y no me ha de faltar reino que gane y algun condado que darte “. Dos días después de su descanso salieron de Barcelona,  “ Don Quijote desarmado y de camino, Sancho á pié, por ir el rucio cargado con las armas “  (Capítulo LXV, 2ª parte).

Don Quijote tras su derrota
(G. Doré)
Vuelve enseguida el desánimo al hidalgo. “ Al salir de Barcelona, volvió Don Quijote á mirar el sitio donde habia caido, y dijo: Aquí fue Troya; aquí mi desdicha, y nó mi cobardía, se llevó mis alcanzadas glorias; aquí usó la fortuna conmigo de sus vueltas y revueltas; aquí se escurecieron mis hazañas; aquí, finalmente, cayó mi ventura para jamas levantarse “. Y reflexiona hablando con Sancho sobre lo que le había acontecido: “ Lo que te sé decir es que no hay fortuna en el mundo, ni las cosas que en él suceden, buenas ó malas que sean, vienen acaso, sino por particular providencia de los cielos; y de aquí viene lo que suele decirse, que cada uno es artífice de su ventura. Yo lo he sido de la mia, pero nó con la prudencia necesaria, y así me han salido al gallarin mis presunciones; pues debiera pensar que al poderoso grandor del caballo del de la Blanca Luna no podia resistir la flaqueza de Rocinante. Atrevíme, en fin, hice lo que pude, derribáronme, y aunque perdí la honra, no perdí ni puedo perder la virtud de cumplir mi palabra. Cuando era caballero andante, atrevido y valiente, con mis obras y con mis manos acreditaba mis hechos; y agora, cuando soy escudero pedestre, acreditaré mis palabras, cumpliendo la que dí de mi promesa.  Camina, pues, amigo Sancho, y vamos á tener en nuestra tierra el año del noviciado, con cuyo encerramiento cobraremos virtud nueva para volver al nunca de mí olvidado ejercicio de las armas “  (Capítulo LXVI, 2ª parte).

Más adelante, continuando de regreso, es cuando Don Quijote propone a Sancho dedicarse a una idealizada vida pastoril: “ si es que á ti te parece bien, querria, oh Sancho, que nos convirtiésemos en pastores, siquiera el tiempo que tengo que estar recogido. Yo compraré algunas ovejas, y todas las demas cosas que al pastoral ejercicio son necesarias, y llamándome yo el pastor Quijotiz, y tú el pastor Pancino, nos andaremos por los montes, por las selvas y por los prados, cantando aquí, endechando allí, bebiendo de los líquidos cristales de las fuentes, ó ya de los limpios arroyuelos, ó de los caudalosos rios. Daránnos con abundantísima mano de su dulcísimo fruto las encinas, asiento los troncos de los durísimos alcornoques, sombra los sauces, olor las rosas, alfombras de mil colores matizadas los extendidos prados, aliento el aire claro y puro, luz la luna y las estrellas, á pesar de la escuridad de la noche, gusto el canto, alegría el lloro, Apolo versos, el amor conceptos, con que podremos hacernos eternos y famosos, no sólo en los presentes sino en los venideros siglos “  (Capítulo LXVII, 2ª parte).

Don Quijote y Sancho Panza
regresan a su aldea
(G. Doré)
Al entrar a la aldea encuentran  al cura y al bachiller, que estaban rezando. A la puerta de la casa de Don Quijote estaban su ama y su sobrina; después él cuenta a sus dos amigos lo que le ha sucedido: “ Don Quijote, sin aguardar términos ni horas, en aquel mismo punto se apartó á solas con el bachiller y el cura, y en breves razones les contó su vencimiento, y la obligación en que habia quedado de no salir de su aldea en un año, la cual pensaba guardar al pié de la letra, sin traspasarla en un átomo, bien así como caballero andante, obligado por la puntualidad y órden de la andante caballería; y que tenia pensado de hacerse aquel año pastor, y entretenerse en la soledad de los campos, donde á rienda suelta podia dar vado á sus amorosos pensamientos, ejercitándose en el pastoral y virtuoso  ejercicio: y que les suplicaba, si no tenian mucho que hacer, y no estaban impedidos en negocios más importantes, quisiesen ser sus compañeros; que él compraria ovejas y ganado suficiente, que les diese nombre de pastores; y que les hacia saber que lo más principal de aquel negocio estaba hecho, porque les tenia puestos los nombres, que les vendrían como de molde. Díjole el cura que los dijese. Respondió Don Quijote que él se habia de llamar el pastor Quijotiz, y el bachiller el pastor Carrascon, y el cura el pastor Curiambro y Sancho Panza el pastor Pancino “  (Capítulo LXXIII, 2ª parte).  

Cuando el ama y la sobrina oyen el propósito de Don Quijote de hacerse pastor le dicen que si no es más recomendable seguir una vida tranquila en casa, a lo que él les responde: “ Callad, hijas, (...) que yo sé bien lo que me cumple: llevadme al lecho, que me parece que no estoy muy bueno; y tened por cierto que, ahora sea caballero andante, ó pastor por andar, no dejaré siempre de acudir á lo que hubiéredes  menester “ . Oido lo cual, “ le llevaron á la cama, donde le dieron de comer y regalaron lo posible “  (Capítulo LXXIII. 2ª parte).

En el capítulo LXXIV de la segunda parte se nos cuenta el fin de su andadura por este mundo: “ ya fuese de la melancolía que le causaba el verse vencido, ó ya por la disposición del cielo, que así lo ordenaba, se le arraigó una calentura, que le tuvo seis dias en la cama; en los cuales fué visitado muchas veces del cura, del bachiller y del barbero, sus amigos, sin quitársele de la cabecera Sancho Panza, su buen escudero “. Fue llamado el médico, que advirtió del peligro de muerte que corría: “ Rogó Don Quijote que le dejasen solo, porque queria dormir un poco. Hiciéronlo así, y durmió de un tiron, como dicen, más de seis horas, tanto que pensaron el ama y la sobrina que se habia de quedar en el sueño. Despertó al cabo del tiempo dicho, y dando una gran voz, dijo: Bendito sea el poderoso Dios, que tanto bien me ha hecho. En fin, sus misericordias no tienen límite, ni las abrevian ni impiden los pecados de los hombres “. Y prosiguió: “ Yo tengo juicio ya libre y claro, sin las sombras caliginosas de la ignorancia, que sobre él me pusieron mi amarga y continua leyenda de los detestables libros de las caballerías. Ya conozco sus disparates y sus embelecos, y no me pesa sino que este desengaño ha llegado tan tarde, que no me deja tiempo para hacer alguna recompensa, leyendo otros que sean luz del alma. Yo me siento, sobrina, á punto de muerte; querria hacerla de tal modo, que diese á entender que no habia sido mi vida tan mala, que dejase renombre de loco: que puesto que lo he sido, no querria confirmar esta verdad en mi muerte. Llámame, amiga, á mis buenos amigos el cura, el bachiller Sansón Carrasco, y á maese Nicolas, el barbero, que quiero confesarme y hacer mi testamento “.

Cuando los tres entraron en el aposento de Don Quijote, éste les dijo: “ Dadme albricias, buenos señores, de que ya yo no soy Don Quijote de la Mancha, sino Alonso Quijano, á quien mis costumbres me dieron mi renombre de Bueno. Ya soy enemigo de Amadis de Gaula, y de toda la infinita caterva de su linaje: ya me son odiosas todas las historias profanas de la andante caballería: ya conozco mi necedad, y el peligro en que me pusieron haberlas leido: ya por misericordia de Dios, escarmentando en cabeza  propia, las abomino ”.

Confesó e hizo testamento, cuyas mandas fueron las siguientes: “ es mi voluntad que de ciertos dineros que Sancho Panza, á quien en mi locura hice mi escudero, tiene, que porque ha habido entre él y mí ciertas cuentas, y dares y tomares, quiero que no se le haga cargo dellos ni se le pida cuenta alguna, sino que si sobrare alguno, después de haberse pagado de lo que le debo, el restante sea suyo, que será bien poco, y buen provecho le haga: y si como estando yo loco fui parte para darle el gobierno de la ínsula, pudiera agora, estando cuerdo, darle el de un reino, se le diera; porque la sencillez de su condicion y fidelidad de su trato lo merece “. Es entonces cuando Don Quijote, contestando a las consideraciones que manifiestan Sancho y el bachiller pronuncia esas palabras tan conocidas: “ ya en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño: yo fui loco, y ya soy cuerdo; fui Don Quijote de la Mancha, y soy agora, como he dicho, Alonso Quijano el Bueno “ .

A Antonia Quijana, su sobrina, deja toda su hacienda, “ á puerta cerrada (...) habiendo sacado primero de lo más bien parado della lo que fuere menester para cumplir las mandas que dejo hechas;  y la primera satisfacción que se haga quiero que sea pagar el salario que debo  del tiempo que mi ama me ha servido, y  más veinte ducados para un vestido “ . 

Hasta qué punto Don Quijote estaba arrepentido de su afición a los libros que le habían producido la locura, da idea la condición que le pone para heredar: “ es mi voluntad que si Antonia Quijana, mi sobrina, quisiere casarse, se case con hombre de quien primero se haya hecho información que no sabe qué cosas sean libros de caballerías: y en caso que se averiguare  que lo sabe, y con todo eso mi sobrina quisiere casarse con él y se casare, pierda todo lo que le he mandado, lo cual puedan mis albaceas distribuir en obras pias, á su   voluntad “.

Don Quijote en su lecho de muerte
(G. Doré) 
Tres días más vivió. Nos dice Cervantes: “  Andaba la casa alborotada; pero con todo comia la sobrina, brindaba el ama, y se regocijaba Sancho Panza; que esto de heredar algo borra ó templa en el heredero la memoria de la pena que es razon que deje el muerto. En fin, llegó él último de Don Quijote, después de recebidos todos los sacramentos, y después de haber abominado con muchas y eficaces razones de los libros de caballerías. Hallóse el escribano presente, y dijo que nunca habia leido en ningun libro de caballerías que algun caballero andante hubiese muerto en su lecho tan sosegadamente y tan cristiano como Don Quijote, el cual, entre compasiones y lágrimas de los que allí se hallaron, dio su espíritu: quiero decir que se murió “.


FRANCISCO ESCRIBANO SÁNCHEZ-ALARCOS

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